Siento a Melilla como algo mío

ENTREVISTA CON VICTORIA BENARROCH

* La poetisa venezolana Victoria Benarroch fue a Melilla en calidad de invitada de honor para presentar su libro Entretejido, y allí la revista Mem Guímel de la comunidad judía local la entrevistó, conversación que reproducimos a continuación.

Victoria Benarroch, hija de padre melillense, y madre de Casablanca, nació en Caracas en 1962. Educadora en mención preescolar con estudios en psicología y psicoanálisis. En artes gráficas ha realizado diversos estudios de fotografía y, de escultura Valerie Brathwaite, de dibujo en plumilla. Por vía de concurso, participó en el taller de Poesía de Celarg (2001-2002) Expuso una breve selección de sus poesías en diálogo con la exposición de fotografía de J.J. Castro, titulada «Apuntes para una retrospectiva 1954- 2003», realizada en el Hotel Tamanaco Intercontinetal de Caracas, celebrada dentro del marco del Mes de la Fotografía (Nov.2004).

MG: Usted es descendiente de judíos melillenses, ¿Melilla ha estado presente en su familia a pesar de vivir desde hace años fuera de la ciudad?
—La presencia de Melilla en mi vida ha sido desde mi infancia, tengo grandes recuerdos que me han transmitido mis padres, abuelos y tíos. En particular, lo referente a la fábrica de uniformes militares que tenía mi abuelo y de la que tanto me han hablado. Recuerdo anécdotas que contaban mis padres y mis tíos, por ejemplo del colegio, también mencionaban que veían a mi abuelo, Yamín Benarroch Z.L, conversando con un obispo sobre toda la problemática de Melilla. Pero, principalmente, el amor, el cariño y la añoranza que tenían en mi familia por la ciudad, estos son mis recuerdos de la infancia. Pero, ahora me doy cuenta de algo más: soy como soy por el interés por la educación, el amor al prójimo, etc. Son los valores que llevo.

MG: ¿Qué sensación tuvo al saber que tenía la oportunidad de venir a Melilla?
—Eso fue increíble; no me lo esperaba. Yo tenía ganas de venir y dejar algo acá, como lo han hecho mis padres y mis abuelos. Dejar algo de mí en esta tierra, creo, era una deuda pendiente. Venir suponía encontrarme con conmigo misma y con mis raíces. Con sinceridad, me dieron ganas de llorar cuando el señor (Blas Jesús) Imbroda me lo propuso por una carta. Pesando que el libro ha logrado que esto ocurriera, es el poder de la palabra.

MG: ¿Qué impresión tuvo al ver Melilla desde conforme se acercaba el a avión?
—Primero me impresionó; luego lo más natural del mundo fue ver la secuencia de imágenes que tenía en mi cabeza contadas en tantas ocasiones. A mis padres les enviaron una película de la Melilla de hoy, y eran estas las imágenes que se aparecían conforme nos acercábamos a tierra. Al ver el mar me dieron ganas de llorar, sin saber por qué. Sabía que cada vez estaba más cerca de mis raíces. Al otro lado Melilla me esperaba y tenía muchas cosas en mi interior que en estos días han ido fluyendo de forma espontánea. Mis valores y el respeto por los demás, soy judía y tengo que transmitírselo a los demás por el bien. A Melilla, desde que llegué, la he sentido como algo mío.

MG: ¿Qué le ha parecido la convivencia en la ciudad?
—De los conocimientos previos que tenía, me parecía genial, ya que crecí en un país, Venezuela, donde mis amigas han sido de todas las religiones. Lo que he oído es que hay menos judíos que antes, esto me entristeció un poco. Pero, a pesar de ello y de cualquier problema hay que seguir manteniendo esta convivencia, Melilla es un ejemplo para el mundo. Nosotros como judíos tenemos la misión de conservarlo.

MG: D. Yamín Benarroch Z.L. ha sido una prominente destacada e influyente en nuestra ciudad.
—Me han dicho que era un hombre noble, caballero, humilde, generoso y siempre estaba dando, incluso lo que no tenía. Mi papa lo recordaba con mucho dolor y amor, ya que era el menor de sus hijos. Cuando en mi casa se habla de él, lo hacen con orgullo. Estos valores de mi abuelo, los conocí por medio de mi padre y mi madre, que siempre saludaban a todos y nos transmitió que todos somos iguales, independientemente de lo material u otra condición. Cuando a una nieta le dicen que le van a poner el nombre de su abuelo a una plaza, un monolito como el que se encuentra en la plaza de la cultura, después de 50 años de fallecido, se enorgullece; piensa que su recuerdo está más allá de cualquier vínculo religioso, y que quizá porque fue una persona que entregó mucho a todos, lo hizo merecedor de esta plaza.

MG: Uno de los íconos de Melilla es la sinagoga Or Zaruah, construida por su abuelo. Cuando entró en el edificio, ¿qué le transmitía cada escalón hasta llegar a la puerta de la sinagoga?
—La verdad no pensaba que tenía tantas escaleras; cada escalón fue emociones nuevas, fueron como las escaleras que tenía que superar para poder llegar a Melilla. El viaje lo organicé para poder pasar un shabat y disfrutar este día tan soñado en la sinagoga de mi querido abuelo. Al subir a la hazzará , las lágrimas corrían por mis mejillas de la emoción y al dar a cada rincón de la sinagoga un recuerdo que tenía en mente desde niña. Me impresionó la menorá y tantas lámparas. Tardaré un tiempo en poder asimilar todo esto; es como cuando el poeta escribe, se irá tejiendo y entretejiendo.

MG: ¿Melilla es la ciudad que esperaba encontrar?
—Esperaba encontrar una ciudad moderna y conservada; en general sí, aunque nunca me puse una expectativa. Lo que me impresionó fue la ciudad vieja: ese muro que la protege. Se asemeja un poco al judío errante que le protege el muro, un poco el muro de mis poemas, sin saber que iba a llegar a Melilla.

MG: ¿Y los judíos que hoy estamos en Melilla?
—Los judíos de Melilla son espléndidos, principalmente me alegré mucho de ir a buscar a la hija de Irene y Salomón, sin saber que iba al primer colegio que fundó mi abuelo. Aplaudo el hecho de que hoy se tenga un colegio privado judío en Melilla.

MG: ¿Qué representa el libro «Entretejido» en su vida?
—Ahora me estoy dando cuenta de qué es lo que significa; creo que fue cuando supe que iba a venir a Melilla, comenzaron a pasar muchas cosas casuales, es decir, causales. Sin ser observante, soy muy tradicionalista y religiosa en mi forma de ser. Todo está entrelazado y hay una búsqueda con este libro muy importante en mí y en otras personas. Di-os me ha dado la posibilidad de dar a conocer algunas cosas, mediante su lectura, que es leer a mi familia.

MG: Algunos escritores dicen que Melilla tiene un aroma especial…
—Cada escritor tiene una perspectiva especial, a mí me impactó la mirada del otro; cómo se cruzan las miradas afectivas entre los melillenses. La mirada hace ser uno solo.

MG: ¿Qué representa la cultura en el pueblo judío?
—Es importantísima, siempre hemos destacado en todo tipo de la actividad cultural. Es una manera de comunicarle al mundo cómo somos, y somos muy auténticos. Podemos derribar muchos muros, somos personas muy amplias y diversas. La literatura puede transmitir un campo muy grande de valores. Es por ello que coloqué el glosario explicando cada termino judío incluido en el libro.

Boletín Mem Guímel nº 103

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