LA HIDALGUIA VASCA: los judíos de Vitoria, Por Momy Sultan

Por Momy Sultan

La judería o aljama es el barrio donde vivían los judíos. La judería de Vitoria, en la provincia de Álava, en el País Vasco, fue creada por el rey Alfonso X el sabio, en 1256 y en 1492, tras el edicto de expulsión dado por los Reyes Católicos, pasó a denominarse Calle Nueva.

La historia de los judíos de Vitoria es sumamente conmovedora, y pone de manifiesto el carácter e hidalguía del pueblo vasco. La ciudad de Vitoria y sus autoridades nunca expulsaron a los judíos, sino que la abandonaron por motivo del decreto de expulsión antes mencionado.

La aljama de Vitoria era muy numerosa, según Alfonso Fournier estaría formada aproximadamente por 2.000 personas, para una población de 10.000, es decir un 20%.

Es muy difícil saber el número exacto; pero, hay un dato indicativo: una escritura fechada en Huete en septiembre de 1290, en el cual se verifica que en el repartimiento hecho por mandato del rey don Sancho el Bravo a todas las aljamas del reino correspondió pagar a la de Vitoria ocho mil quinientos veinte y uno maravedies.

Los asaltos a las juderías comenzaron en 1391 como resultado de los incendiarios sermones pronunciados en la diócesis de Sevilla, por Ferrán Martínez, arcediano de Écija. Las masas atacaron a las juderías sevillanas, y como reguero de pólvora, el asalto se propagó por otras ciudades andaluzas, y llegaron hasta Toledo y ciudades del norte de Castilla; las matanzas alcanzaron Valencia, las islas Baleares y Barcelona, desde donde la agitación se extendío a toda Cataluña.

Este desastre acabó con algunas de las comunidades más preciadas del judaísmo hispano, como la de Barcelona y Valencia; y dejó empequeñecidas y miserables a otras del glorioso pasado, como la de Toledo que nunca recobró su anterior grandeza; todos estos hechos no afectaron a la aljama de Vitoria (ahora conocida en vasco como Gazteiz).

Las relaciones entre ambas comunidades en Vitoria, la cristiana y la judía, estuvieron precedidas por una cordialidad manifiesta, aunque no es menos cierto que en algún tiempo se vieron mediatizadas por un entorno hostil, desde la primera, especialmente en los años previos de su expulsión.

Fiel reflejo de esta relación amistosa, es la cesión del cementerio judío llamado indistintamente Judamendi, Judizmendi, o Judimendi, Monte de los judíos, a la ciudad de Vitoria.

El compromiso vitoriano fue supervisado por parte judía, por el rabí Mosseh Bálid, juez de la aljama; Ismael Moratán procurador y regidor; y los vecinos Samuel Bejamín, Gaón y su primo Albiatar Tello, Jure Fal y el señor Samuel de Mijancas.

Por parte de Vitoria, que se comprometía al acuerdo y condiciones de la cesión de los terrenos, se encontraban su procurador general Juan Martínez de Olabe, junto a los testigos Pedro Galarreta, Andrés Martínez de Herendio, Juan de San Juan, Besejiler y Pedro González de Junquitu.

El documento fue redactado en castellano y hebreo, fechado cuatro días antes de la expulsión, el 27 de junio de 1492. La cesión tuvo lugar en la judería, uno de los párrafos decía: «¡Para siempre jamás! Quédase para pasto, dehesa, común del cuerpo mismo de la dicha ciudad». Y se le confió así el reposo de sus muertos en consideración a las buenas obras que habían recibido.

La laboriosidad y probidad comercial de los judíos les habían proporcionados la forturna, y en muchas ocasiones los reyes y los magnates acudían a sus arcas en busca de recursos o fiaban a su cuidado la administración de los réditos públicos.

Por entonces monopolizaban igualmente el arte de curar, el cirujano David debía de ser muy ducho en este arte cuando el consejo le tenía señalado un sueldo para que se obligase a vivir en Vitoria «usando su oficio lo mejor que le diera Di-os a entender».

Hay otro caso muy singular como ya comenté anteriormente de unos de los problemas que se le planteó a Vitoria por la expulsión de los judíos, fue la dificultad para encontrar médicos, pues la mayoría eran judíos.

Así el Ayuntamiento el 29 de octubre de 1492 dio el siguiente edicto : «Conosciendo la nescesidad en la dicha cibdad e de comarcas, acordaron de rrogar e rrogaron al Licenciado Maestre Antonio de Tornay, físico para que quedase e rresidiese en esta cibdad e usase de su oficio, por este presente anno e le darían e pagarían en nombre de dicha cibdad por su trabajo por el dicho anno diez mill maravedís».

Este parque de unos 18 mil metros cuadrados está hoy pendiente de una remodelación y su estratégica situación lo convierte en un lugar de esparcimiento, en el mismo corazón del barrio se localizan también hoy en día numerosos símbolos en memoria de la población judía. La calle Médico Tornay denominada así desde el 23 de marzo de 1966, es un ejemplo de ello.
En 1992 se bautizó con el nombre de Sefarad a una plaza, frente al Centro Cívico del barrio. Cuando dos comunidades como he repetido varias veces han vivido juntas respetándose lo suficiente para dejar a un lado diferentes religiones y costumbres, se deben tanto mutuamente que ni el paso de los siglos debilita el respeto que se tuvieron, ejemplo palpable es el acuerdo de los terrenos de Judismendi.

Me refiero a que dos pueblos bien distintos puedan dialogar a pesar de todas las condiciones adversas, incluida una expulsión que infieta, ren en el caso; y es testimonio fiel de la teoría expuesta al principio de que los judíos tuvieron en Vitoria más que una casa un hogar.

Transcurridos 460 años, el compromiso de respeto de la cesión del campo santo de los judíos, quedó anulado por acuerdo de ambas partes, en la fecha del viernes 27 de junio de 1952, el documento escrito en lenguas castellano y francesa, fue leído en esta última lengua por el entonces secretario de la ciudad, Ignacio Diez de Berricano. Era alcalde de Vitoria, Gonzalo Lacalle Leloup, para dicho acto llegaron desde Bayona (Francia) una representacion judía, encabezada por André Pereyre, Caleb Castro, Roger Gomey, Vaez y Perre Abraham, su presidente por razones de salud no pudo asistir, Benjamín Gómez, Caballero de la Legión de Honor francesa, y presidente del consistorio israelí de los Bajos Pirineos y de Las Landas. El acuerdo fue leído por parte judía por André Pereyre en francés y en nombre de su presidente ausente, el alcalde de Vitoria, prometió en contestación colocar en sitio digno una lápida o placa para recordar a perpetuidad el pacto entre judíos y vitorianos, que tuvo una duración de 460 años desde aquel lejano 1492 cuando fueron expulsados y robados por el entonces Gobierno español, y que si se hallaran restos humanos serían depositados en lugar digno. El acto tuvo lugar en la sala de recepciones del Ayuntamiento de Vitoria.

Cuatrocientos sesenta años de fidelidad a un pacto como premio a la palabra cumplida, palabra de Gran Señora Vitoria, está a punto de recibir un gran premio a la virtud. A tan hidalga Señora, hidalgo Galardón. No quisiera terminar este artículo sin dar mis más expresivas gracias a la Alcaldía de Vitoria, en particular a su Departamento de Prensa por la gran ayuda y colaboración que me prestaron para su realización, y finalmente deseo darles las gracias en las lenguas de las «TRES CULTURAS», que es la esencia de estos recuerdos y remembranzas.

MUCHAS GRACIAS, TODA RABBA, ESKERRIK ASCO.

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