Evocación de Tánger

Nuestro apreciado amigo y colaborador don Fernando de Ágreda Burillo, alto funcionario de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), dirección de Relaciones Culturales y Científicas, del ministerio de Asuntos Exteriores español, nos ha hecho llegar un discurso que, en homenaje y evocación al padre Francisco Patrocinio García Barriuso, pronunciara el recientemente fallecido don Juan María López Aguilar, diplomático de brillante y dilatada trayectoria, quien durante su misión en Tánger, donde gozó de general aprecio, conoció al mencionado sacerdote franciscano, profesor estudioso y musicólogo.

El diplomático español seguramente será recordado por nuestros lectores tangerinos. En su hermoso discurso pinta de forma vívida y amena el Tánger los años 50.

En atención a esto y como homenaje a la memoria del ilustre diplomático, reproducimos en esta edición de Maguén- Escudo un extracto del discurso que avivará la nostalgia de los que vivieron en esa bella ciudad de Marruecos. Agradecemos su gentiliza a don Fernando de Ágreda Burillo

A ti, Tánger me dirijo
la perla de las ciudades
que en el norte de Marruecos
bañan espuma los mares.

Eres reflejo moderno
de países orientales
de callejas y de zocos
junto a plazas, bulevares
G. Gonzalbes Busto

Señor director del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos; señor presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto de Tánger, queridas amigos, amigos, señores y señores.

Difícil tarea la nuestra si queremos resumir con acierto y objetividad, vida, escenario y trabajos de un hombre tan original, fecundo y generoso en su obra como fue el padre Patrocinio: 88 años de una vida dedicada, centrada en su labor como sacerdote franciscano; pero, con vertientes y vocación de docente, de jurista, de investigador, de ensayista y como impulsor de cuanto la música podía significar en las culturas marroquí y española desde los años cincuenta.

… El padre Patrocinio tenía una enorme capacidad de trabajo. Investigaba, analizaba, tenía olfato intelectual, era muy autodidacta, bastante libre en su formación e inquieto en su vocación. Podía ser algo o muy conservador; pero ¿acaso no eran también los años de su entorno, de su circunstancia orteguiana? Le gustaba mucho la ironía, el juego de palabras, el chergui o levante, vientos de este, o vientos del oeste, vientos del estrecho de Gibraltar, ¡purificadores!

En aquel caleidoscopio excepcional de un Tánger cosmopolita, abierto e irrepetible (siempre oí que en la reciente historia con varios «Tánger» habría menos conflictos en Israel y Palestina o en India y Pakistán), los franciscanos eran referencia indudable en docencia, formación e investigación histórica …Volvamos a Tánger. La ciudad que nos acoge…

En los zocos asolados
en las calles retorcidas
hay un misterio que vive
y un secreto que palpita
La noche de Tánger tiene
algo que nadie se explica;
pero que deja una huella
indeleble a quien la mira
José María Delgado Arnau

Los invito en esta tarde madrileña a contemplar conmigo una vieja postal tangerina. De color ocre, amarillenta y pálida, en ellas vemos cómo la ciudad desciende generosa hacia el mar. En lontananza la costa española, Tarifa, Andalucía, tan cerca y tan lejos, más acá el Estrecho y, acunando la avenida de España, la hermosísima bahía, colinas que miran al oeste… La mezquita de Sidi Bouabid, la iglesia protestante de Saint Andrews, lo que parece una sinagoga judía, ¿quizás la sinagoga Nahón? El alminar de la kasbah, la iglesia de la Purísima, una iglesia italiana y otra francesa, y sobre todas ellas, la catedral…

Es el Tánger de los cincuenta y sesenta, el del padre Patrocinio, internacional y mítico, magia y misterio entre sus plazas, Zoco Grande y Chico, callejuelas y escaleras ¡porque vaya que sí había cuestas! La de la playa, la de San Francisco, la de la calle Rembrandt…

¿Y para ir al correo? Podríamos elegir. The British Post Office, la Poste Française, el Español, en el Zoco Chico con su buzón leonado que se diría sacada de un circo, el Correo Alemán durante unos años y Les Postes Cherifiennes, «Al Barid al Makhzani».

Si en nuestro paseo vespertino, «el paseo», pensamos en dulces y pasteles ¿por qué no elegir entre Madamme Porte, Casa Pilo o la Española; y si un aperitivo, ¿cómo no evocar el Café Fuentes, el Central, los dos en el Zoco Chico, el bar Romero, el Gran Café de París, y ya en camino al Boulevard, el Paname o el Claridge?…

Tánger fue un excepcional escenario cultural y artístico. Por el Instituto Español yo recuerdo a Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, a Gerardo Diego (allí lo oí por vez primera al evocar el ciprés de silos a que «Enhiesto surtidor de sombra y sueño, que acongojas al cielo con tu lanza, chorro que a las estrellas casa alcanza, devanado a sí mismo en loco empeño, mástil de soledad, prodigio isleño, flecha de fe, saeta de esperanza…»), en clase de literatura, ¡cuidado! Eran los años cincuenta y algo o mucho sabíamos ya de Federico García Lorca y Rafael Alberti…

El gran teatro Cervantes construido hacia 1913 fue obra de una sevillana generosa y enérgica, doña Esperanza Orellana… Acogió a doña María Guerrero; pero, también, a partir de los 40, ¡vaya elenco! A Estrellita Castro, Imperio Argentina, Catalina Bárcenas, Pepe Blanco y Carmen Morel, y hasta Manolo Caracol y Lola Flores…

Pero, volvamos brevemente a nuestra historia: capital de provincia romana, Tingis, centro de la Mauritania Tingitania, dominada por los vándalos se transforma en plaza bereber a partir del 700. Tránsito de los moulay idris, de los almorávides, (los del Castillo o Almorabitum), de los almohades, hasta que en 1471 la ocupa y fortifica Alfonso V de Portugal…

Portuguesa y española, británica y, al fin, capital diplomática de un Marruecos acosado; su posición estratégica y comercial como vigía y atalaya en el Estrecho, tientan a Francia y España y en la Conferencia de Algeciras, en 1906, se firma el primer capítulo de su internacionalización, lo que permitirá a Francia, España, Gran Bretaña, Italia después, ratificar en 1924 la convención definitiva del estatuto como ciudad internacional. Las tropas del general Franco la ocupan de 1940 hasta 1945 y su desarrollo a partir de este año, final de II Guerra Mundial, es excepcional…

Plaza financiera de primer orden, de intenso ritmo ¿recordáis aquellos cambistas al aire libre en el Zoco Grande? Acoge una inmigración dispar hospedando, abrigando con sentido de libertad y hospitalidad, gracias a sus gentes, belleza, su clima, una heterogénea sociedad que habla español, francés, inglés, jaquetía o judío ladino, italiano…

Vivíamos una ciudad que no superaba en número de habitantes las cien mil personas; pero, con la posibilidad de estudiar primarias o enseñanzas medias en centros docentes de esas nacionalidades. En todo caso en instituciones en las que la comprensión, la libertad, el diálogo, y el respeto figuraban como lemas en sus respectivos frontispicios.

En la pintura, quizás fue esa muy especial luz tangerina, esa claridad y nitidez del Estrecho, las que sedujeron sin mucho esfuerzo a Eugéne Delacroix, en 1932 («En esta ciudad hay un cuadro en cada esquina») a Henri Matisse, Mariano Fortuny, Beruchi, Fuentes, José Hernández, Iturrino, Apperley y Ramis…

Para muchos ingleses y gibraltareños, ¡tan próximos!, Tánger era la verdadera BBC, es decir no la de la British Broadcasting Corporation, sino la BBC de bazares, bares, cafés… y a través de la marchante de Picasso conocida en el mundo, Gertrude Stein, hacia 1950-53 nos llega la «Beat Generation»… Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs y sobre todos ellos, dominantes y polémicos, pero creativos, Paul y Janes Bowles…
No quiero cansarlos… me dejo a Truman Capote, a Paul Morand que sitúan a la ciudad en escenario de contrabandistas y aventureros y cierto es que mucho de ello había en la dinámica y ritmo tangerinos…

Tolerancia, liberad, diálogo e historia como la curiosa de aquel faro que desde al atalaya de nuestra costa, el cabo Espartel regulaba el tráfico marítimo del Estrecho tras largas negociaciones entre, ¿saben ustedes entre cuántas administraciones? Austria, Francia, Bélgica, España, EE.UU, Gran Bretaña, Italia, Países Bajos, Portugal, Noruega, Suecia y, naturalmente, el «sultán de Marruecos y Fez» como afirmaba el documento fundacional de 1862.

Al padre Patrocinio, como al padre López, como al padre Pazos y al padre Lourido, amén del señor Obispo, les correspondía una delicada tarea de formación y orientación cristianas. Tánger era «ciudad internacional» privilegiada, como apunto, en muchos aspectos; pero, a la vez, algo atrevida e innovadora. Nuestra primera juventud, años de bachillerato, veranos de asuetos y descubrimiento también, como no, mil tentaciones. El cine de los Roxy, Goya, Mauritania, Rex, Le Paris, El Capitolio o el Alcázar… No había censura…

Eran los años de Brigitte Bardot en Di-eu crea la femme o de Marpesa Dawn en Orféu Negro, premiada con justicia en festivales y que nosotros admirábamos mejor en sesiones de matinée a las tres y cuatro de la tarde…

En el Instituto Español, el Colegio Americano o el Liceo Francés, qué decir de los centros musulmán, judío e italiano. En ellos recuerdo cómo se educaba con orden, disciplina y estímulo…

Y eso que al alumnado, sobre todo masculino, también nos tentaban las escapadas a los cafetines de las kasbah o del Marchán, los primeros rock and roll en los pasillos centrales de un cine, las noches de la calle Sanlúcar o los escarceos furtivos ante un océano y un Estrecho aliados en la playa de Merkala. ¡Cuántas noches de luna llena quedaron en nuestras retinas y nostalgias! ¡Y cuántos tés a la mente en los cafetines «morunos» en donde gracias a las radios y su música permanente transcurrían inolvidables las horas y las vidas…!
Las nuestras, las de tantos, forjadas así entre la luminosidad excepcional de la capital del Estrecho y el embrujo y misterio que presentaba la adolescencia…

…Queridas amigas, queridos amigos, así fueron mi infancia y bachillerato. Creo que llegué a ser feliz. Mi padre, don Juan María, en la dirección del instituto primero y siempre desde su cátedra de literatura, me dio pautas para enfocar mi curiosidad literaria y profesional. Tuve esa suerte que agradezco. En mi casa almorzaban o cenaban ilustres residentes, por ejemplo, del diario Tánger, Gregorio Corrochano, Antonio Colón, Eduardo Haro Tec-glen, Cerezales, marido de Carmen Laforet, quien tímida y sencilla memoraba su premio Nadal. Alberto España, Abraham Laredo, Ángel Vásquez y su «Juanita Narboni»…

Y en el terreno de la música, que aquí tanto nos interesa, fui niño afortunado cuando en el Instituto o en el «Salón de actos de grupo» conocí y escuché a un Joaquín Rodrigo, Esteban Sánchez, Joaquín Achúcarro, Teresa Berganza y Antonio Baceiro, entre otros…

Y hablando antes ustedes en Madrid, en período de feria taurina de san Isidro, ya voy terminando, tengo en la memoria aquella plaza de toros que se inauguró en 1950 en la carretera de Tánger a Tetuán. Fue tal la expectación y la afluencia de público en la primera tarde que ni los espadas llegaron a tiempo…

Dejo ya la voz y la palabra a quien con más razón y autoridad que yo nos va a ilustrar sobre la personalidad y obra musical del padre Patrocinio…
Falleció en Galicia, en 1997; pero, su obra y trabajos están vivos, ¡inch-Al.lá!

Mi esbozo, mi evocación y recuerdos en donde he tenido la ayuda generosa de un franciscano, el padre Lourido y de un catedrático, don Manuel Segura –a los dos mi agradecimiento– ha querido ser esta noche una sencilla aportación en honor de esta figura que luchó, creó y trabajó por un diálogo renovado con la cultura marroquí…

Fue en esa ciudad que así describía en verso fácil, un brillante diplomático español, Fernando Sebastián de Erice:

Meridional y del Norte,
Oriental en Occidente,
rosa de todos los rumbos,
mar de todas las corrientes.

Los avatares del siglo
se estrellas en sus rompientes
y en su playa vasta y fina
hay un mundo sonriente

Vida fácil, sin premuras,
aire tibio, grato ambiente,
muchas flores, cielo claro
que ninguna sombra empaña

Y a lo lejos, transparente,
parte del mapa de España
que recordado en saliente
al África casi toco

Como si fuera la boca
que recibe el beso ardiente
que se dan de roca a roca
continente a continente

Muchas gracias.

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