BENITO ARIAS MONTANO: ¿Hebraísta o hebreo? Por Dr. Alberto Osorio Osorio

Por Dr. Alberto Osorio Osorio

El instituto adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con sede en Madrid, y dedicado a la investigación, preservación y divulgación del inapreciable legado sefardí, lleva el nombre inmortal de Benito Arias Montano.

Sacerdote católico, genial y enigmático, zafado de los modelos ortodoxos intocables de su época, filólogo del hebreo y del latín, perteneciente a sectas esotéricas, protegido del rey ultracristiano don Felipe II.

Vale preguntar: ¿qué y quién fue en su interioridad indescifrable Arias Montano? No ha transcurrido medio siglo de la expulsión de los judíos en 1492 y ya encontramos en la España del siglo XVI una figura clerical que bien puede ser catalogada como heterodoxa por sus posturas y obras nada coincidentes y menos complacientes con la doctrina rígida de la iglesia oficial.

Ofreceré primero una condensada biocronografía que nos dará las etapas de su incesante quehacer intelectual, donde destaca su opus mágnum, la Biblia Sacra Cuadrilingüe, el trabajo gigantesco que lo ha inmortalizado.

Benito llega al rejuego de las ideas en la coyuntura más oportuna: la novedad de la imprenta, el medio más adecuado para difundir las Sagradas Escrituras, por entonces privilegio controlado por clérigos y eruditos. Ya en las universidades de París, Alcalá y Lovaina la pasión por el aprendizaje de las lenguas bíblicas se hace proverbial.

Su pauta temporal es la siguiente:

1527 – nace en Fregenal de la Sierra, poblado próximo a Badajoz, en el corazón de Extremadura y cercano al borde la tierra portuguesa. Portugal de los judíos.

1527 – 46 – Se piensa que pasó estos años formándose en Sevilla.

1541 – Fecha de su obra numismática sobre el valor y equivalencia de las monedas antiguas y las nuevas.

1546 – 47 – Estudia arte y física en la universidad hispalense.

1548 – Se gradúa de bachiller en artes en Alcalá de Henares.

1549 – Año de su ordenación sacerdotal.

1558 – En su viaje a Italia adquiere libros «peligrosos».

1560 – Debe comprobar genealógicamente que tiene «sangre limpia» (no ser descendiente de moros ni judíos) para ser admitido como fraile en la Orden de Santiago. Obtiene el grado de maestro.

1561 – Va a Salamanca y traba amistad con otro sospechoso de judaizar: nada menos que con el eximio literato fray Luis de de León.

1562 – Participa en la asamblea ecuménica de Trento con temas tocantes al divorcio y la eucaristía.

1562 – 65 – Retiro voluntario en su remanso campestre de la Peña de Aracena.

1566 – Capellán real de Felipe II, quien lo estima sobremanera.

1567 – 72 – Supervisa y dirige la impresión de la Biblia políglota.

1571 – Año de su preciso trabajo sobre los doce profetas.

1572 – 76 – Abundante intercambio epistolar con el Monarca. Sale bien librado de acusaciones disparatadas desde Salamanca por León de Castro.

1574 – Año cumbre, de apogeo intelectual. Se publica la Biblia Sacra en Amberes, todo un hito bibliográfico europeo.

1577 – Organizador de la monumental biblioteca de El Escorial.

1579 – 82 – Se refugia en Aracena, un paisaje bucólico e inspirador, lejos del mundanal ruido para reponer fuerzas y meditar.

1583 – Publica De Óptimo Imperio.

1584 – Edita la Biblia Hebraica Eorundem Latino interpretato.

1586 – En Heidelberg ve la luz su Sacra Biblia Hebraica, Graece et Latine.

1587 – 89 – Está en la Corte afanado en asuntos que el Rey le confía.

1588 – 92 – Nueve libros de antigüedades judías y una meritísima traducción del Cohélet, Eclesiastés.

1592 – 98 – El declive de su existencia discurre entre la Peña de Extremadura y Santa María de las Cuevas de Sevilla. Ya se le tenía por místico y los humildes aldeanos afamaban sus conocimientos como curandero conocer de los secretos de la botánica.

1593 – La soledad y la comunión con la naturaleza le inspiran el Tratato de Ánima y la Natural Historia (editada póstumamente en 1601).

1598 – Pasó de este mundo en Sevilla, en casa de su amigo Simón de Tovar, el 6 de julio. Sus restos han recibido diversos entierros a lo largo de cuatro siglos.

El somero recuento anterior nos persuade de una existencia inquieta, es verdad, y, sobre todo, su interés primordial por la traducción, clarificación y respeto de los textos sagrados del Tanaj (Biblia). No hay más que transcribir sus propios términos.

«Los israelitas antiguos tuvieron gran respeto religioso por la conservación de la lectura de los libros sagrados en otro tiempo y un gran cuidado y les fue confiado y encomendado por Di-os el tesoro que se mantuvo dignísimo».

Y agrega que esta conservación debía respetar intacta la Escritura con el fin de que «no sufriera deterioro ni siquiera una sola palabra», con el prurito de no distorsionar la letra ni el espíritu del hagiógrafo.

En tal virtud, fray Benito se consagró al estudio asiduo y arduo hasta dominar las raíces y etimologías de los conceptos, porque la Palabra divina creadora es el fundamento del universo entero.

La liturgia sinagogal la expresa en una hermosa frase: Ribón col haolamim, base de todos los mundos. Arias Montano lo manifiesta así: «Di-os, constructor de este mundo, estableció Su Palabra la admirable estructura de la naturaleza y de todas las cosas que comprendida por el abrazo del cielo llamamos mundo».

De lo que antecede se deduce que la indagación filológica del hebreo bíblico no consistía solo en un interés puramente teórico. El sabio extremeño nos lo recomienda para que esa Palabra que nunca pasa, ordene la vida y coadyuve a encontrar la auténtica felicidad. Estas ideas son el pórtico a la edición de la Real Biblia Sacra.

La portada de la edición nos introduce en el contenido del Libro por antonomasia: a partir del hebreo, caldeo y griego, un esfuerzo personal al cual Arias Montano dedicó lo mejor de us capacidades y energía. Fue allende la versión de la Vulgata Latina y del texto griego de la Septuaginta para remitirse al vocabulario escriturístico legítimo sin ambigüedades ni distorsiones.

Tan convencido estaba del valor de su trabajo que pretendió concertarse con los cardenales de la Curia Romana y hacerles ver que su Biblia Políglota superaba ampliamente a la Vulgata; pero, no tuvo éxito entre los ceñudos y desconfiados purpurados.

Antes bien, la Vulgata fue corroborada por Trento como versión oficial de la Iglesia Romana de los libros sagrados. Su fidelidad lexicográfica lo llevó a Amberes a serios roces con la Inquisición porque la exégesis hebraísta se distanciaba ostensiblemente del texto de la Vulgata de Jerónimo (siglo V), considerada prácticamente de inspiración divina.

Para colmo de males, los colaboradores de este trabajo ciclópeo eran poco fiables en la ortodoxia religiosa, tendientes casi todos al erasmismo y la crítica implacable contra el catolicismo institucional. Cristóbal Plantin presidía a los discrepantes. Bien nos lo enseña Ben Rekers en su obra Arias Montano (Taurus- Madrid 1973): «El sabio hebraísta más representativo de la Contrarreforma» y que producto de su época perteneció a los círculos erasmistas de Flandes y a la Familia del Amor que impugnaba el fanatismo, fomentaba la tolerancia y el respeto y propiciaba una paz duradera, justo en el instante de las atroces guerras religiosas, de expulsiones y degradaciones de seres humanos por causa de su fe diferente o porque unos eran limpios y otros manchados, ya que respectivamente tenían sangres puras o contaminadas.

La Famille de la Charité, indiferente a los artícula fidei, rechazaba categóricamente el fundamentalismo creciente de los católicos posttridentinos y del tozudo calvinismo flamenco.
Los Arias Montano de Fregenal insistían en pertenecer a la clase impoluta de cristianos viejos, hidalgos o hijos de algo por contraste con judaizantes y moriscos, los hijos de nadie, socialmente bastardos y advenedizos.

De la tajante escisión humana derivó un largo y complejo proceso probatorio según el cual el padre Benito no tenía ni una sola gota de hemoglobina hebrea gracias a lo cual fue admitido en el monasterio de San Marcos de León.

Su ortodoxia siempre estuvo en entredicho. ¿Prueba? La década entera que paso en San Lorenzo de El Escorial clasificando los incunables la aprovechó para ganar adeptos entre los frailes para su secta liberal. Al unísono, en nombre de la temible Inquisición, expurgó libros y textos; pero, hábilmente sorteaba los rigores del Índex.

Le debemos versiones de obras médicas y ¡Oh, asombro! la traducción del hebreo al latín de los periplos medievales del viajero navarro con el título de Itinerárium Benjamini Tudelensis (Itinerario de Benjamín de Tudela).

No pocas veces llovieron sobre él adjetivos denigrantes: el rampante antisemitismo, el estima de judaizante, porque, como escriturista se alimentaba y sostenía en la venerable trayectoria del rabinismo talmúdico.

A quienes le impugnaban llamaba genéricamente «leones», sobre todo los fuertes bramidos de dominicos de Sevilla que en él veían –cuan sabuesos inquisidores– a un hombre peligroso y disociador.

Hay pasajes suyos en los cuales «se cura en salud» y hace protestas ante el Inquisidor General, el arzobismo de Toledo, de que el Santo Oficio es su seguro refugio al cual sirvieron su padre, hermanos y otros familiares.

Era preferible precaverse que caer de pronto en un auto de fe. En concreto, jamás se le probó nada adverso. Persiste, empero, la densa incógnita: del célebre Benito Arias Montano, excepcional en su ciencia, amante de las letras sacras y clérigo poco disciplinado en los cánones entonces vigentes, ¿qué fue en el fondo des conciencia inescrutable? Porque Benito no es otra cosa que la versión del hebreo Baruj, Bendito o Benedicto como lo fue el otro gran heterodoxo, Spinoza, el de Ámsterdam. Y Arias fue un apellido muy usado entre los cristianos nuevos judeoconversos o judíos ocultos.

Se suponía que todos los hebreos se habían marchado después del 31 de marzo de 1492. En realidad, no ocurrió así. Miles se ingeniaron para quedarse camuflados, ascender en el escalafón social, clerical y militar, e incluso trasladarse a la promisoria América, entonces en ciernes. Aquella indiferenciación complicó como nunca a España en los siglos XVI y XVII. ¿Estaba Arias Montano en este contingente de «acomodo»?

Sus actitudes reprobadas por la Iglesia nos lo presentan como un fraile incómodo que no se sentía a gusto dentro del esquema que se le imponía. No fue el único del estilo. Innegable es que descolló por sus ideas «rebeldes» que fraguaba en la Peña de Aracena y luego propalaba por Flandes, Roma, Alcalá, Sevilla y en la propia corte de Felipe II, su mentor.

Es probable que nunca logremos adentrarnos en las reconditeces subjetivas del alma singular de Arias Montano. Algo salta a la vista: su herencia bibliográfica transida «empapada » de judaísmo y que aflora no sólo en lo lingüístico o gramatical. Todos, absolutamente todos sus escritos rezuman el espíritu de Israel. La veneración patente del erudito por el legado del pueblo de la Alianza, la devoción por el contenido bíblico como patrimonio de toda la humanidad.

Buceó, si cabe la palabra, el sustrato inamovible de la Gran Revelación; fue al encuentro del alma misma de la Biblia, alejándose de traducciones amañadas y pasajes mal entendidos que distorsionaban la pureza del logos eterno.

En tal sentido, Arias Montano fue y sigue siendo judío, si no de hecho sí de derecho como tantos lo fueron en España, antes y después de los tiempos convulsos en los cuales desenvolvió su ciclo vital.

Benito Arias Montano simboliza la perenne actualidad del Verbo sagrado escrito y encarna la resistencia para que de Sefarad nunca desapareciera un valor perpetuo que es elemento consustacial del mundo hispánico.

Panamá, Simjat Torá 5771 – 2010.

Agradecimientos: A la Biblioteca de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla – CSIC.

A mi entrañable amigo sevillano don Elicio Luis Virel de la Guerra, quien, de manera tan desprendida, me ofreció su abundante biblioteca personal, lo cual enriqueció esta investigación.

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