Aproximación a la historia de los CEMENTERIOS JUDÍOS DE VENEZUELA

Alberto Moryusef Fereres

Presentación dictada en la Biblioteca Herrera Luque de los Palos Grandes el 25-05-16 en conmemoración de los 100 años del Primer Panteón de la Asociación Israelita de Venezuela en el Cementerio General del Sur 1916-2016

 

La relevancia de un cementerio judío, en términos históricos,radica en que generalmente esel más antiguo testimonio, en muchos casos el último, que posee la comunidad hebrea de la ciudad donde se encuentra.¿Qué mejor testigode la presencia judía en Venezuela que el cementerio judío de Coro?

 

Mientras un cementerio “habla” de la presencia de su comunidad, sus lápidas sepulcrales “informa” sobre sus miembros.A través del epígrafe podemos saber si el que yace debajo de ella falleció joven o viejo, de donde vino y en que época vivió.A través del epitafio podemos descubrir si dejó hijos, cónyuge o padres, a veces cuanto dolor produjo su partida.Aceptando que podemos saber de la vida de una persona a través de su lápida, podemos entender porque uno de los nombres que en hebreo se da al cementerio es bet-jayim, casa de la vida; otros son bet-kvarot, casa de tumbas, y bet-almayan, casa de almas.

 

Para introducirnos de una manera completa en el tema de los cementerios judíos sería interesantetocar la fascinante visión de la filosofía judía sobre la vida y la muerte, las normas y costumbres que rigen el ritual funerario y el luto, y la relevancia comunitaria de la Santa Hermandad, la JevráKadisháJesed Ve-Emet, una organización que existe en todas las comunidades judías desde la antigüedad, que se hace presente tanto en momentos festivos como luctuosos. En estos últimos,los miembros de la Jevráse encargan de la preparación del cuerpo del fallecido para su entierro y del ritual que le sigue; además acompañan a los deudos, desde el último aliento del agonizante hasta que culmina el primer año de luto.

 

Pero esta presentación se limitará a darunbrevevistazo del origen del cementerio judío y de su manifestación en Venezuela.

 

EN TIEMPOS BIBLICOS

 

La primera referencia en la Torá a una sepultura es la de la matriarca Sara, a cuyo efecto su viudo, Abraham compró una cueva en la ciudad de Hebrón, la meará hamajpelá. Esta cueva se convirtió en el panteón familiar de los patriarcas, con excepción de Raquel, quien murió en el camino de Belén, trayendo como consecuencia otra primera referencia en la Torá, la de un monumento funerario.

 

Llama la atención que los judíos sefardíes de origen marroquí continúan hasta hoy llamando meará, cueva, al cementerio. Ir al cementerio es “subir a la meará”, el “subir” se puede referir a que en la mayoría de las ciudades de Marruecos los cementerios se hallaban en colinas, cosa que también sucede en los panteones judíos de Caracas.

 

La costumbre de enterrar a los muertos en cuevas la mantuvo el pueblo hebreo hasta entrada la era común. Los evangelios cristianoscuentan que Jesús de Nazaret fue sepultado en una cueva cuando fue bajado de la cruz, justo antes del atardecer, en vísperas del shabat, el día de descanso, que de haber comenzado, habría impedido mover el cuerpo de donde estaba, según la ley judía.De esa época se han encontrado osarios de piedra, que hacen suponer que transcurrido un tiempo del fallecimiento, los restos eran depositados en estos cofres mortuorios. Pero es tras la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén en el siglo I, y el comienzo de la era talmúdica, cuando se adoptó la costumbre babilónica del entierro del cuerpo directamente en tierra y se fijaron las leyessobre el ritual funerario,las cuales, salvando ciertas costumbres que varían de una región a otra, se siguen hasta hoy en día.

 

El Cementerio del Monte de los Olivos en Jerusalén, es testigo mudo de la presencia hebrea en la capital de Israel, desde sus primeros tiempos. Con más de 2.500 años, es el cementerio judío más antiguo del mundo aun en uso, y con sus más de 150.000 sepulturas es también el más extenso. En su parte más antiguase hallaronlápidas del siglo I, dispuestashorizontalmente, simulando un altar o un pequeño tabernáculo, un modelo que se replicará en todos los cementerios judíos de Israel, medio oriente y el norte de África.Fue parcialmente vandalizado durante la ocupación jordana de Jerusalén entre 1948 y 1967.

 

EN LA DIASPORA

 

Las tumbas judías más antiguas de Europa se encontraron en las catacumbas de Roma. Hay que tomar en cuenta que la diáspora judía en el centro de Europa, donde se desarrolló el judaísmo askenazí, estuvo marcada por la restricción, la persecución, la expulsión y la destrucción. Esto ocurrió también en la España que dio origen a los sefardíes. No se conservan cementerios judíos en Europa anteriores al siglo X pero abundan lápidas sepulcrales que fueron encontradas dispersas en los lugares más insólitos, como carreteras o estructuras de viviendas.

 

El famoso cementerio judío de Praga,que algunos llaman el más viejo de Europa, se menciona por primera vez en 1278, aunque seguramente ya estaba en uso desde mucho antes. Este cementerio es un buen ejemplo de las condiciones de vida en el gueto medieval. Ante la imposibilidad de crecer en extensión, tuvo que crecer en altura, llegando a tener en ciertas partes hasta doce niveles de sepulturas, separadas entre sí por capas de tierra de una altura mínima de unos 60 cm, seis tefajot, una medida bíblica, como establece la ley judía en esa materia. Eso explica la adopción de la lápida vertical, y la yuxtaposición de varias sobre una misma fosa. La lápida vertical será la norma en los cementerios askenazíes de toda Europa, muchos de los cuales fueron arrasados por los nazis y sus colaboradores durante el Holocausto.

En el norte de África, bajo dominio musulmán, los judíos vivieron alternadamente épocas buenas y malas. El cementerio judío de Tetuán probablemente fue establecido después de la expulsión de los judíos de España en 1492.El espacio no era una limitante en Marruecos, lo que permitió mantener la tradición que venía de la antigüedad de la lápida horizontal, elevada como un altar o a ras de suelo, y en algunos casos con cierto antropomorfismo.

 

Estos doscementerios, Praga askenazí y Tetuán sefaradí,además de su valor histórico, sirven para hacer notar la fuerza de la tradición en el judaísmo, incluso a la hora de erigir las lápidas de los fallecidos.Veremos más adelante que en los primeros panteones judíos dentro del Cementerio General del Sur en Caracas, donde había total libertad de diseño delápidas, se puede notar la preminencia de la vertical en el de la Unión Israelita de Caracas (UIC), askenazí,y la horizontal en el de la Asociación Israelita de Venezuela (AIV), sefaradí. En ambos hay cierta presencia de combinación de ambas, horizontal y vertical.

 

Los rabinos establecieron que la inscripción de la lápida debe ser en bajo relieve y basta con que registre el nombre hebreo del difunto y la fecha hebrea de fallecimiento. Puede incluirse el nombre secular y la fecha gregoriana de deceso, así como un epitafio, aunque algunos rabinos recomiendan minimizar esto último.El empleo de imágenes humanas en las sepulturas está prohibido, pero se permite el uso de motivos animales y florales, y de símbolos. Los más frecuentes son el árbol truncado en la lápida de un joven, las manos extendidas para un cohen, descendiente de la clase sacerdotal, e instrumentos que se asocien al oficio del fallecido, por ejemplo tijeras en la lápida de un sastre. Pero esta práctica cayó en desuso y a partir de la segunda mitad del siglo XX la estrella de David es prácticamente el único símbolo que aparece en las lápidas judías.

 

Si bien no hay reglas para la forma de la lápida, si hay una recomendación general de no erigir monumentos ni hacer ostentación, aunque hay excepciones, entre ellas el suntuoso mausoleo de la familia Rothschild en el cementerio judío de West Hamptom, cerca de Londres.

PARTICULARIDADES DEL CEMENTERIO JUDIO

 

Cuando los judíos llegan a cualquier lugar de la Diáspora una de sus primeras preocupaciones es asegurar un lugar digno para enterrar a sus muertos. El cementerio comunitario manifiesta que así como uno quiso ser parte de la comunidad en vida, se quiere seguir siendo parte de la misma aún después de la muerte.

 

Los cementerios comunitarios judíos, a diferencia de los cementerios privados, no son propiedad de particulares, por lo tanto no tienen fines de lucro. Las parcelas o fosas nose venden:a cambio del derecho a enterrar a un fallecido, sus familiares aportan una contribución a su comunidad. El dinero que ingresa por ese concepto se redistribuye totalmente en la comunidad.Ningún judío deja de ser enterrado en un cementerio comunitario por no tener medios para pagar, la comunidad cubre todos los costos.

 

Para que el cementerio se considere comunitario debe estar bajo supervisión de su JevráKadishá,  conforme a las normas de la tradición judía. Una de ellas establece que el cementerio quede separado de cementerios no judíos, incluso que se pueda llegar a él sin atravesar lugares de entierros no judíos.Cuando eso no es posible, y el lugar de entierro judío queda dentro de un cementerio no judío, como sucede en el Cementerio General del Sur en Caracas, se debe marcar una separación en todo el perímetro.Esta es de paso la diferencia entre un cementerio y un panteón. Dicho de otro modo, hablamos de cementerio cuando se trata de una parcela de terreno independiente, que da directamente a una vía pública, mientras que un panteón es un lote de terreno que está dentro de un cementerio.

 

VENEZUELA

 

La historia de los cementerios judíos en Venezuela es tan larga como la de la presencia judía en el país, puesto que junto con el primer asentamiento surgió la necesidad de dar sepultura a los fallecidos, de acuerdo con las leyes y costumbres propias de este pueblo. Abarca gran parte de la geografía nacional.

 

CORO, EL PRIMERO

 

El cementerio judío de Coro, estado Falcón, es el más antiguo en el país y el más antiguo aun en uso en Tierra Firme. Fue establecido en 1832 cuando Joseph Curiel, uno de los primeros judíos sefardíes de Coro, compró el lote de terreno para enterrar a su hijita, Hana el 14 de enero de 1832. El cementerio posee un total de 182 monumentos funerarios. En sus lápidas predominan los apellidos Curiel, López-Fonseca, Henríquez, Levy-Maduro y Capriles. La única lápida con inscripciones en hebreo es muy posterior, de 1942 y pertenece a la tumba de una judía askenazí, FrajdaSzomstein.

 

En este cementerio llama la atención la presencia de esculturas, figuras de plañideras y de ángeles, estos últimos en tumbas de niños, evidencia del proceso de asimilación de esa primera comunidad judía de Venezuela, de origen curazoleño, cuya historia se desarrolló principalmente entre los años 1830 y 1900. El cementerio es Patrimonio Cultural del Municipio Miranda desde 2003 y monumento histórico regional del estado Falcón desde 2004. Está al resguardo de la Fundación del Patrimonio Cultural Hebreo Falconiano, la cual solicitó al Ministerio de Interior y Justicia su declaratoria como patrimonio nacional en 2007, aún sin concretarse.

 

En 1970, la AIV aportó recursos para su restauración integral, junto con la Gobernación del Estado Falcón encabezada por José Curiel, descendiente de los judíos fundadores de la comunidad. Nuevamente la AIV colaboró en 2009, esta vez para la reparación de sus muros en conjunto con la Constructora Sambil.

 

Este cementerio está bien documento en varias publicaciones. Como ya se dijo sigue en uso, pero los entierros que en él se efectúan ya no se rigen por las normas que establece la ley judía en esa materia.

 

BARCELONA

 

Al cementerio judío de Coro le sigue en antigüedad el de Barcelona, estado Anzoátegui, establecido en 1875 por sefardíes igualmente provenientes de la isla de Santo Tomás y de Curazao, cuya comunidad dio los fondos para la adquisición de la parcela. Se trata de una parcela de apenas 120 m2 en el casco viejo de la ciudad, atrapado hoy entre edificios de vivienda.

 

Se aprecian en las sencillas lápidas, también carentes de inscripciones en hebreo, apellidos tales como Valencia, De Lima, Baíz y Morón. Tiene apenas 19 sepulturas y el último entierro tuvo lugar aparentemente en 1975. La historia de sus inicios y la lista de las tumbas identificadasnforman parte de trabajos publicados por el Dr. Jacob Carciente.  El Instituto de Patrimonio Cultural lo declaró «bien de interés cultural» y fue reparado durante la gestión del gobernador del estado Anzoátegui, David de Lima (2000-2004), descendiente de esos judíos.

 

CARACAS

 

En la cuarta década del siglo XIX, mientras un grupo de judíos curazoleños se asentaba en Coro, otro más pequeño lo hacía en Caracas, por las oportunidades comerciales que ofrecía la capital del país. Hacia 1838, según cuenta Isidoro Aizenberg[i], algunos de ellos, encabezados por Moisés Abraham Jesurún solicitaron al reino de Holanda un aporte económico para la construcción de un cementerio judío en esta ciudad. La solicitud se hizo mediante la sinagoga Mikvé Israel de Curazao, su comunidad de origen.

 

La petición fue reiterada en 1844 cuando estos mismos señores constituyeron un comité financiero pro cementerio judío en Caracas. En esta ocasión fue dirigida al ministerio de Asuntos Exteriores del Reino de Holanda. No existiendo precedentes de contribución de este tipo, el ministro elevó la petición al rey Guillermo II, que en 1845 concedió 250 florines para tal fin, una suma en realidad pequeña para la época. Se necesitaban 10 mil florines.

 

Dada la urgencia y ante la falta de recursos para un cementerio propio, ese mismo año, el comité se dirigió a los administradores del cementerio Británico (o de los ingleses) de Caracas para solicitar la concesión gratuita de un terreno adyacente a aquel. El Comité siguió activo hasta 1854; pero, en vista del fracaso del esfuerzo para edificar un cementerio judío, donó lo poco recaudado, 1.870 florines, a la junta pro huérfanos de la comunidad judía de Curazao.

 

El cementerio Británico, establecido en 1832, era el único en la ciudad que contaba con el consentimiento de las autoridades locales para el entierro de no católicos. El primer judío fue el hijo recién nacido de un inglés residenciado en Caracas, Elías Mocatta, y mano derecha del cónsul general de Gran Bretaña, KerrPorter. En años posteriores otros israelitas, incluso no británicos, fueron enterrados allí, con apellidos tales como Pardo y Henríquez.El cementerio Británico estaba situado en un extremo de la ciudad, al sureste del centro, en los confines de la parroquia Santa Teresa. Aparece en el plano de Caracas elaborado en 1843 por el topógrafo judío Ángel Jacobo Jesurún, hermano del promotor de la campaña para el cementerio.

 

En 1896, el general Joaquín Crespo, presidente de la República,  forzó a los británicos a venderle la parcela del cementerio para integrarla a los terrenos de su finca que se extendía hasta las orillas del río Guaire. El sector fue urbanizado a principios del siglo XX y desde entonces se le conoce como Quinta Crespo.

 

A partir de entonces, los judíos enterraron a sus muertos en parcelas privadas dentro del Cementerio General del Sur, un cementerio católico que había sido establecido en 1876 por el presidente de la República Antonio Guzmán Blanco, quien ordenó la eliminación de todos los camposantos dispersos por la ciudad, en iglesias y conventos, para centralizar en aquel todos los sepulcros. Consta que algunas familias judías procuraron crear una separación entre las tumbas de sus seres queridos y las de gentiles por medio de rejas. Tal es el caso de David Ricardo, que enterró a su nieto recién nacido en 1897. David Ricardo había sido mohel (circuncidante) durante más de 20 años en Curazao y luego en Caracas, donde se radicó hasta su muerte, y fue enterrado en el mismo panteón.

 

PRIMER PANTEON DE LA AIV EN EL CEMENTERIO GENERAL DEL SUR

 

Una disposición del Cementerio General del Sur, propiedad de la nación, prohibía la venta de lotes o parcelas a confesiones u organizaciones. Esto se oponía a la posibilidad de edificar un panteón judío propiamente dicho. Los nuevos inmigrantes sefardíes que llegaban a Caracas, de origen marroquí, empezaron a adquirir parcelas privadas colindantes entre sí. Los primeros fueron las familias Sabal y Coriat, las cuales el 5 de marzo de 1916 llevaron a su última morada a un pariente de ellos, Moisés J. Pilo, y lo sepultaron en una parcela que, más tarde, formaría parte del lote de terreno que terminaría constituyéndose en el primer panteón judío de Caracas. De ello se están  cumpliendo cien años.

 

La vida institucional judía corría paralela a la del panteón judío: en 1907 se había creado la primera institución sefardí, la Asociación Benéfica Israelita y en 1919 se fundó la Sociedad Israelita de Venezuela, ambas predecesoras de la Asociación Israelita de Venezuela, que se estableció más tarde, en 1930.

 

Con intención de configurar el lote para edificar ese primer panteón judío, a partir de los panteones familiares Sabal y Coriat, la comunidad compró a la gobernación del Distrito Federal (a quien el Estado cedió el Cementerio del Sur) cuatro parcelas de 100 m2, cada una a nombre de igual número de miembros.

 

El conjunto refleja la austeridad propia de la tradición judía en asuntos funerarios. El mayor apego a las leyes y tradiciones judías por parte de estos sefardíes que venían de Marruecos, en comparación con los de Curazao, se evidencia en la forma y en las inscripciones de las lápidas: ausencia total de figuras humanas, predominio de la lápida horizontal, elevada o a ras de suelo, y preeminencia de la combinación de inscripciones en hebreo y español, aunque las más antiguas, incluyendo las de los Sabal, están solo en español. La mayoría están elaboradas en mármol de color claro.

 

A los panteones familiares mencionados se sumaron en años siguientes los de los Benaim, los Benatar, los Beracasa y los Pariente, todos apellidos de origen marroquí. El mismo origen se reconoce en las lápidas de losChocrón, Levy, Obadía, y Benshimol; y el origen mesoorientalen las de los Mizrahi, Alazraqui y Nessim, entre otros. Unas pocas lápidas corresponden a descendientes de los predecesores curazoleños y hay diez de judíos askenazíes, que para entonces no tenían terreno propio.

La poeta Jacqueline Goldberg escribió un hermoso libro que tituló la Vastedad del Adiós, en el que narra, entre otras historias, el fallecimiento y entierro en este panteón de la niña askenazí Rita Kohn.

 

Llama la atención que este panteón no cuenta con una sección específica para los cohanim, descendientes de los sacerdotes: las trece lápidas que pertenecen a difuntos de apellido Cohén están dispersas entre el resto.

 

Hoy en día, con posteriores ampliaciones, este panteón constituye una sola parcela de forma irregular con unaextensión de 1.400 m2. Se encuentra resguardado por un muro bajo y un portón de entrada. Hay un total de 379 sepulturas, unas pocas sin lápida, con lápida rota o con inscripciones ilegibles. El último entierro tuvo lugar en 2002.

 

En 1999 se efectuó un levantamiento planimétrico, que permitió determinar la ubicación exacta de cada sepultura, que posteriormente fue cotejada con la respectiva foto tomada en 2015. En líneas generales el panteón se encuentra en buen estado, gracias al cuidado de  la AIV.  Está ubicado muy cerca de la entrada del cementerio y ya no está en uso.

 

SEGUNDO PANTEON DE LA AIV EN EL CEMENTERIO GENERAL DEL SUR

 

Adelantándose al agotamiento del primer panteón, a comienzos de 1961 la AIV compró un segundo lote de terreno de unos 2.194 m2 en el mismo Cementerio General del Sur, esta vez en la parte alta del camposanto en su extremo sur. Para obtener los fondos se emitieron títulos de préstamos que fueron adquiridos por miembros de la AIV.

 

El primer entierro fue el de Morris Levis, el 22 de noviembre de 1961. Aunque el panteón es comunitario, es decir, todas las fosas pertenecen a la colectividad judía, y no a particulares, la AIV permitió la reserva de grupos de parcelas para configurar panteones familiares, como se había hecho en el Primer Panteón.

 

Como innovación con relación al Primer Panteón, en su construcción se incluyó un salón de mediano tamaño, que se usaba para el esper, la elegía funeral que se dice antes del traslado del cuerpo a la fosa. También se incluyó una guenizá, una fosa especial para enterrar libros y manuscritos litúrgicos deteriorados o fuera de uso. Todo el lote está protegido por un muro alto.

 

La forma y material de las lápidas siguen la pauta tradicional, aunque hay mayor presencia de granito en tonos grises o negro, junto con el tradicional mármol blanco. Algunas, sin caer en la ostentación, dejan ver la buena posición económica de la familia, evidencia de una comunidad que crecía y prosperaba en la Venezuela pujante de la segunda mitad del siglo XX.  La cantidad de lápidas con inscripciones solo en español es mínima, reflejo de su creciente apego a la religión, la proporción de apellidos de origen marroquí o mesooriental es mayorque en el primer panteón; y los cohanim sí cuentan con una sección aparte.

 

El plano que se encuentra en los archivos de la AIV corresponde al plan maestro; pero, no aparece quién lo elaboró. No refleja la realidad actual, puesto que al panteón se le dio un uso más intensivo que el que muestra el plano, colocando sepulturas en una proyectada explanada que se ve en el plano. La numeración de las parcelas no sigue el orden cronológico de los fallecimientos, por lo que el plano  tampoco sirve de guía para la ubicación de cada parcela. Todo esto se aclararía con los levantamientosplanimétrico y fotográfico pendientes de ejecución.

 

Lo que hasta el fin de esa década era un paraje de montaña, hoy está flanqueado por un barrio de viviendas precarias, cuyos habitantes tienen esa vía como una de sus rutas de acceso. A pesar del deterioro de su entornoel panteón se encuentra en buen estado.  Hay un total de 635 sepulturas, el último entierro tuvo lugar a principios de la década de 2000 y ya no está en uso.

 

PANTEON DE LA AIV EN EL CEMENTERIO MONUMENTAL DEL ESTE

 

En 1980, al cumplir 50 años, la AIV compró, ahora sí a nombre de la institución, un lote de 10.000 m2, en el Cementerio Monumental del Este, en el sector de La Guairita, al este de Caracas. Se trata de toda una terraza de forma regular, completamente abierta y con una impactante vista sobre el valle y la cordillera de El Ávila. El acto de consagración y colocación de la primera piedra tuvo lugar el 28 de junio de 1981, con la presencia del presidente de la AIV, Moisés Garzón Serfaty, el secretario general Abraham Levy Benshimol, el rabino Jacob Garzón, así como otros rabinos y directivos comunitarios.

El primer entierro fue el de David ChitritMazuda, fallecido el 26 de abril de 1983. Para la elaboración de las futuras lápidas, la AIV, conjuntamente con los administradores del cementerio, estableció una norma según la cual todas debían ser idénticas en su forma y material: horizontales, rectangulares, a ras de suelo y en mármol blanco, perfectamente alineadas una con otra.

 

Las dos caminerías internas, una longitudinal y otra transversal, dividen el lote virtualmente en tres secciones. El sector de los cohanim está cerca de la entrada. La distribución de las fosas y la forma de las lápidas evita la configuración de panteones familiares.

 

Cuenta con un salón para el esper, diseño de Mario Benmergui; un lavatorio de manos, una guenizá y un imponente monumento a la memoria de las víctimas del Holocausto, obra de la artista Irene Pressner, que sirve como punto focal del acto comunitario de conmemoración de YomHaShoá (día del Holocausto).

 

Desde el punto de vista espacial, el panteón resulta ser una matriz monótona de lápidas idénticas, con muy pocos elementos de referencia visual (algunos árboles en el perímetro), lo que refleja cabalmente el principio de que en la muerte todos somos iguales ante Dios y ante los hombres, pero dificulta la orientación del visitante. Hace unos años se implementó una señalización de las filas y se habilitó un directorio alfabético de las sepulturas para facilitarla. Para la fecha contabiliza más de 1.500 sepulturas y tiene capacidad para unas 750 más. En 1996, la AIV adquirió otro lote, colindante a un nivel inferior, que servirá para ampliación del panteón en futuras décadas.

 

OTROS PANTEONES EN CARACAS

 

La UIC, la institución que agrupa  a los judíos askenazíes, posee en la parte alta del Cementerio General del Sur un panteón, aun en uso, conformado por una serie de terrazas adquiridas entre 1937 y 1959, los cuales suman más de 10.000 m2 que a la fecha contienen 2.450 sepulturas, lo que lo convierte, por ahora, en el más grande camposanto judío de Venezuela. Predomina la lápida vertical, que por lo general lleva el epígrafe, combinada con una horizontal que cubre la fosa, muchas veces sin inscripción.

Antes de su apertura, algunos fallecidos judíos de origen centroeuropeo fueron enterrados en el primer panteón de la AIV en el mismo cementerio.

 

En 1993 la UIC adquirió una parcela de 15.000 m2 en las afueras del Cementerio Metropolitano Jardines del Cercado, en la entrada de Guarenas, estado Miranda, al que se le dio el nombre de GanMenujá (jardín del descanso) y con capacidad para 3.300 tumbas. Fue inaugurado en 1997, obra del arquitecto Isaac Meilijson y del Ingeniero Salomón Epelboim. Posee igualmente un monumento a la memoria de las víctimas del Holocausto, elaborado sobre un proyecto de Uri e Israel Ghelman. En esta ocasión la UIC determinó que todas las lápidas serían idénticas, horizontales y en mármol blanco. Los registros de este Panteón están disponibles on-line desde su propia página web.

 

El Gran Rabinato de Venezuela, otra institución askenazí, posee un panteón propio en una de las colinas del Cementerio General del Sur, que data de los años 1960, aparentemente con más de 500 sepulturas y que se encuentra en uso.

 

EN OTRAS CIUDADES DE VENEZUELA

 

Hay evidencia de entierros de fallecidos judíos en cementerios cristianos en otras ciudades de Venezuela a finales del siglo XIX y principios del XX, principalmente en el llamado cementerio de los extranjeros de La Guaira, estado Vargas, establecido en 1840 y el  cementerio de los alemanes de Puerto Cabello, estado Carabobo, establecido en 1844. Ambos en proceso de restauración para su conservación patrimonial.

 

Hay testimonios que datan de finales del siglo XIX y principios del XX que se refieren a entierros de judíos en un par de cementerios no católicos de Maracaibo, el Alemán y el de los Británicos, que fueron demolidos en el siglo XX; y de otras sepulturas judías dentro de los viejos cementerios católicos El Cuadrado y El Redondo, aun en pie.En 1944, recién constituida la Sociedad Israelita de Maracaibo adquirió un panteón comunitario, sefardí y askenazí, dentro del Cementerio Corazón de Jesús en la Avenida La Limpia, aun en uso aunque está al tope de su capacidad.

 

En el cementerio La Primavera de Maracay, estado Aragua, hay dos pequeños panteones judíos que fueron adquiridos por la pequeña comunidad local, hoy prácticamente desaparecida, pero que también servía a los vecinos israelitas de Valencia, estado Carabobo. El primero es de la década 1930 y el segundo de 1970, con un poco más de 50 sepulturas entre ambos y fuera de uso.Mucho más reciente es el panteón del Centro Israelita de Valencia en el Parque Jardín Cementerio El Oasis en Tocuyito, adquirido en 2002 y con capacidad para casi 100 sepulturas.

 

Dentro del cementerio municipal en San Cristóbal, estado Táchira, está un pequeño panteón que data de 1961 con capacidad para unas 36 sepulturas propiedad de la Colonia Hebrea de San Cristóbal, aun en uso y muy bien cuidado.

No se puede descartar la presencia de sepulturas judías en otros cementerios católicos de distintas ciudades y pueblos de Venezuela, no citados en esta reseña, puesto que a lo largo del siglo XX judíos de diferentes orígenes se establecieron a todo lo ancho y largo de la geografía nacional.

 

 

Fuentes bibliográficas

Revista MAGUÉN-ESCUDO / Centro de Estudios Sefardíes de Caracas (CESC) de la Asociación Israelita de Venezuela (AIV).
La Comunidad Judía de Coro 1830-1900 / Isidoro Aizenberg.
Diccionario de la Cultura Judía en Venezuela / Abraham Levy Benchimol y Jacqueline Goldberg.
La Comunidad Judía de Venezuela / Jacob Carciente.

Encyclopedia Judaica.
Noticias de una diáspora: La comunidad askenazí en Tierra de Gracia / Dirección de Cultura de la Unión Israelita de Caracas.

http://nmidigtal.com
http://www.jewishgen.org
http://wikipedia.org

Agradecimiento a los señores Jacob Carciente, Max Sihman, Meyer Abadí y Bernardo Zinguer por los datos aportados y a Néstor Luis Garrido por las correcciones. A.M.F.

[i] Los intentos de establecer un cementerio judío en la Caracas del siglo XIX

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