UNA RARA CANCIÓN sefardí de Marruecos

José Manuel Pedrosa

En 1927, el erudito sefardí don José Benoliel publicó este epitalamio recogido por él mismo de su tradición nativa del norte de Marruecos:

Así se me arrimó
hacia la cama,
a ver las almohadas
si eran de lana,
a ver a nuestra novia
si era galana.

Me arrimé yo a la cama,
me nació una flor,
tan de mañana, hermana,
tan de mañana,
como nace el sol.1

Puede afirmarse que prácticamente todas las canciones sefardíes publicadas por Benoliel tienen un interés extraordinario, porque fueron recogidas en una época, la de comienzos del siglo XX, en que la tradición sefardí del Estrecho gozaba de vitalidad mayor que la que encontraron los encuestadores de décadas posteriores. Ello explica que los textos de Benoliel suelan ser muy extensos y completos, y que tengan el interés añadido de haber sido recogidos y seleccionados por alguien que nació dentro de, vivió y conoció a la perfección la cultura sefardí del norte de Marruecos.
La canción reproducida es una de las más breves, pero también de las más interesantes, de la colección de Benoliel. Y ello a pesar de que se trata, en realidad, de una amalgama de microtextos poéticos, de una especie de «canción de aluvión» en que se aprecia una incidencia excepcionalmente alta de los procesos de «contaminación» comunes en el repertorio nupcial marroquí. Efectivamente, en las bodas de la zona del Estrecho solían cantarse, sin orden preestablecido y dentro de un contínuum musical marcado por el carácter variable y festivo, muchas breves cancioncillas con argumentos y formas poéticas independientes y el solo nexo de unión de su ocasionalidad epitalámica. En este documento en concreto han quedado integradas varias de esas cancioncillas; pero, su sorprendente nivel de cohesión poética y la rareza de alguna de ellas revisten un interés merecedor de análisis pormenorizado.
La primera de las dos estrofas editadas por Benoliel corresponde a la canción La cama de los novios, que se halla bastante difundida en el repertorio sefardí de Marruecos, donde suele mostrar una tendencia a la contaminación similar a la del texto que ahora analizo. Una versión recogida en Tetuán por Manuel Alvar la integraba dentro de un contínuum de 33 versos en cuyo seno se contaminaba con otros dos epitalamios, los de Los ojos de la novia y La novia remilgada. Comprobémolos a partir de los versos 22-31 de la versión de Alvar:

Que los mis ojos,
que morenita yo,
aquí se me arrimó
así a la cama,
a ver las almohadas
si eran de lana.
Y a ver a nuestra novia
si era galaná.
que yueve a lo menudito
y me mojaré.2

Pero es sin duda la segunda estrofa del texto de Benoliel la que muestra los elementos excepcionales y la estrecha cohesión de micromotivos poéticos que hacen de este epitalamio uno de los más interesantes entre los documentados en la tradición del Estrecho:

Me arrimé yo a la cama,
me nació una flor,
tan de mañana, hermana,
tan de mañana,
como nace el sol.

El primer verso de esta estrofa tiene una evidente función de enlace y cohesión con la canción anterior, la de La cama de los novios, que empezaba «Así se me arrimó / hacia la cama». Pero, es, además, un verso introductorio de otra canción, la de La flor en la cama, de la que solo se conoce este testimonio en toda la tradición sefardí, tanto de Marruecos como de Oriente. Con el interés añadido de que se contamina con dos o tres versos de otra canción, la de La llamada a la hermana, que sí que era conocida en otras versiones marroquíes, como prueba, por ejemplo, la siguiente editada también por Manuel Alvar:

Hermana, hermana,
venís por la mañana,
verís al novio, hermana,
verís al novio de la cara blanca.

No sé qué le diga, hermana,
ni sé qué le hable:
tan de mañana, hermana,
tan de mañana, como alboreaba.3

Los versos 1-2 (La flor en la cama) de la segunda estrofa de Benoliel forman una simbiosis tan perfecta con los versos 3-4 (La llamada a la hermana), que el verso 5, «como nace el sol», resulta ser una especie de fruto redondo del perfecto maridaje de ambos motivos. Porque, por un lado, ese último verso recoge la rima en -ó (flor/sol) de La flor en la cama, y, por otro lado, prolonga el tópico formulístico y argumental («tan de mañana, como alboreaba» / «tan de mañana, como nace el sol») conclusivo de La llamada a la hermana:

Me arrimé yo a la cama,
me nació una flor,
tan de mañana, hermana,
tan de mañana,
como nace el sol.

Un rito de adivinación mágico-amorosa en España
Pero, no es este hibridismo lleno de equilibrio y belleza poética lo único que da interés a nuestra canción. Su trasfondo simbólico resulta igualmente excepcional dentro del repertorio de la poesía tradicional sefardí, en que el sentido de esa enigmática Flor en la cama solo queda aclarado por contraste con determinados ritos y canciones que han sido documentados en diversas regiones de la península Ibérica y de otras áreas de Europa y África. Así por ejemplo, sabemos que en la tradición rural de la región valenciana las creencias y tradiciones mágicas propiciatorias de los noviazgos acontecían la noche de san Juan. La práctica más común era la de la [flor] carxofa borda, que se colocaba debajo de la cama y si al siguiente día aparecía abierta, significaba una respuesta positiva del novio deseado.4

El trasfondo erótico de este ritual se aprecia muy bien en la tradición catalana, en la que además se acompañaba de alguna cancioncilla: Según una costumbre, tan gerundense como catalana en general, las muchachas solteras en busca de un guapo novio del que enamorarse, ponían una rosa la noche de san Jorge debajo de la almohada, y al irse a dormir, recitaban una cancioncilla que decía:

Rosa blanca, rosa d’amor,
per la virtut que Déu t’ha donat,
fas-me somniar en el meu enamorat.5

En la tradición insular de Ibiza, era tradicional que si alguien deseaba saber si era apreciado por alguna persona determinada, la noche de san Juan, cogía una semilla de la planta conocida como escarteva y al acostarse la ponía debajo de su cama. Al día siguiente al amanecer la recogía y si la misma había sacado tallo era que efectivamente era apreciado por dicha persona y si por el contrario estaba tal como la había puesto el día antes, era al revés. Cuando iba a celebrarse una boda, para saber la suerte que tendría el futuro matrimonio, se hacía la prueba siguiente: la noche del día de san Juan se cogían tres habas, una entera, una sellada y otra pelada; se ponían debajo de la cama al acostarse, y a la mañana siguiente el consultante cogía una al azar. Si la elegida era la entera, significaba riqueza; si era la sellada, mitad y mitad; y si era la pelada, hambre o miseria.6

Jesús Taboada nos recuerda, en relación con la tradición gallega, que las muchachas en Verín ponen la noche de san Juan un cardo seco debajo de la cama y, como en la leyenda de Dafne, de la vara florida, del narciso, jacinto y flor de Corel, aparece a la mañana siguiente verde y florido.7

En Andalucía tampoco es desconocido nuestro rito. Véanse estos dos testimonios de Granada y Huelva: donde mayor abundamiento de discursos hubo fue en la manera de asomarse al tiempo las mujeres para ver a su futuro novio. Dijeron que soñarían con él si contaban diez estrellas durante diez días consecutivos, inmediatamente anteriores a la noche de san Juan. Y si ponían una flor blanca de trébol debajo de la almohada, y prestaban atención al despertar, el primer nombre de varón que oyeran sería el de su marido.8

La noche de san Juan se cogían tres cardos borriqueros que se turraban un poco y se ponían en agua. Cada uno llevaba el nombre de un hombre que a la mujer le gustara. Y entonces, uno de aquellos florecía, o los tres, y por eso se sacaba quién quería a la muchacha. Si eran los tres, pues los tres iban detrás de una y se podía escoger. Lo malo era cuando no florecía ninguno.9

En Castilla, la costumbre que estamos analizando presenta variantes curiosas, como las que documentó en tierras salmantinas don Luis Maldonado: el día de san Juan se cogen tres cardos, se queman, poniendo en cada uno un papelito con el nombre de un joven. Se ponen debajo de la cama. El cardo que florezca será el joven que ha de ser el novio de la que lo colocó allí.10

Lo mismo puede decirse de la tradición murciana, donde las muchachas, para averiguar si les quiere su novio, queman por la noche una clavellina; si esta a la madrugada florece, el novio las quiere; si no, no.11

En Extremadura, este tipo de rituales tuvo también amplia difusión: al anochecer se cortan cardos en capullo, tantos cuantos sean los pretendientes. Se recortan o queman los tallos. Se ata a cada uno una cinta de distinto color y materia, segn el lugar: en Mérida la cinta tiene que ser de alpaca; en Valverde y Benquerencia, de lana; en Montehermoso, han de ser las ligas de la consultante; en Galisteo, los ataderos del moño. Cada cardo representa a cada uno de los pretendientes y se colocan debajo de la cama. El que por la mañana haya florecido indicará cuál de los mozos sorteados ha de ser el inevitable cónyuge.12

En muchos lugares de Extremadura, lo normal era realizar un ritual de este tipo con una alcachofa: «Los mozos y mozas frexnenses […] cogen las alcachofas, que por S. Juan se hallan en flor, y apenas oyen la primera campanada, que marca la media noche en el reloj de la parroquia, corren a quemar sus estambres a la luz del candil, de modo que, al sonar el último golpe de la hora que separa el día 23 del 24 de junio, puedan colocar los amantes sus respectivas alcachofas, previamente señaladas para no confundirlas, debajo de la cama. La del más enamorado debe aparecer florida de nuevo al día siguiente, por obra milagrosa del Santo que se complace en delatar los galanteos engañosos: si ambas lo están igualmente, es que los dos novios se quieren con pasión igual; si una lo está más que la otra, el grado de afecto también es desigual y la más florida designa al más enamorado […] El fenómeno de la reaparición o desaparición definitiva de los estambres en las alcachofas, da lugar a muy acaloradas discusiones entre los amantes durante muchos días; y no suele ser extraño que, por no haber florecido una alcachofa, lleve su desgraciado dueño calabazas, y por haber aparecido desigualmente renovado el prodigioso verticilo, se promueva discordia entre los novios y acabe esta por un rompimiento injusto, puesto que los dos verdaderamente se aman».13

Muy interesantes son los ritos y prácticas que muchachas jóvenes de extracción urbana siguen realizando en la actualidad, en el área de Madrid, con el fin de adivinar el aspecto de su futuro novio, soñar con él o estimular su pronta aparición. El hecho de que el elemento floral haya desaparecido en estas tres versiones que vamos a conocer no llega a borrar sus estrechos vínculos simbólicos e ideológicos con el resto de las prácticas que hasta aquí hemos conocido:

«Para saber con quién te vas a casar, sólo tienes que, la noche de san Juan a las doce de la noche, meterte tú solo en una habitación lo más oscura posible con un espejo y desnudo. Dicen que, si cierras los ojos durante dos o tres segundos, al abrirlos y mirar el espejo se te aparecerá la silueta del hombre o de la mujer con la que te vas a casar.

»Si quieres conseguir al chico o a la chica que te gusta, la noche de san Juan a la medianoche, tienes que quemar con una vela un trozo de papel en el que hayas escrito el nombre del chico o de la chica. Inmediatamente haces lo mismo con otro trozo de papel en el que hayas escrito tu nombre. Las cenizas de ambos, debes guardarlas en un sobre y atarlo con un lazo. Si llegases a salir con la persona deseada, deberás quemar el sobre con las cenizas dentro. Si no, deberás guardarlo hasta que se cumpla.

»Dicen que antes de ir a dormir, en las noches de verano, si cuentas diez estrellas y dices las siguientes palabras, dicha noche soñarás con el chico que te ama:

San Antonio bendito,
patrón de las mujeres,
haz que esta noche sueñe
con el chico que más me quiere».14

La amplia difusión tradicional de este tipo de ritos en toda la geografía española sugiere su antiguo arraigo. Confirma este extremo el que, desde el siglo XVI, se hayan documentado en España –sobre todo en las actas de procesos inquisitoriales que reflejan la represión de estas prácticas– ritos de adivinación amorosa parecidos, practicados por muchachas que, en los casos que conocemos atestiguados, no utilizaban flores, pero sí otros objetos (como los huevos o el plomo), a los que se atribuían poderes y funciones mágicas similares a los que en otras ocasiones se asociaban a las plantas:

«Los deseos de las jóvenes por encontrar marido y saber cómo iba a ser se desbordaban en esa noche [de san Juan]. Por lo general se utilizaba un huevo, con el que se realizaban diversas prácticas. Por ejemplo, en Madrid rompían un huevo fresco de gallina en una escudilla repleta de agua y según la forma que tomase al juntarse con el líquido deducían el oficio que tenía.
»En Murcia el sistema era algo diferente, pues a medianoche colocaban el huevo en un orinal, desnudándose totalmente y tumbándose sobre una tabla cubierta de harina, recitando en esa posición esta oración: “San Juan Bautista, antes santo que nacido, intercede con mi señor Jesu Christo, que me otorgas lo que os pido”. Naturalmente, lo que pedía era un novio».

Al día siguiente se examinaban las señales y por ellas deducían si ese año se iban a casar.

Una famosa hechicera de Valencia, que luego vivió en Madrid, conocida como La Desnarigada, para el mismo fin cogía una cazuela, un caldero, un barreño y un orinal de vidrio, todos llenos de agua, un poco de plomo derretido, cera virgen, asimismo derretida en una cazuela nueva, y un huevo puesto ese mismo día. A las once y media de la noche de San Juan se hincaba de rodillas y comenzaba a rezar hasta que sonaba la primera campanada de la media noche, estrellando en ese momento el huevo en el orinal, la cera en el barreño y el plomo en la cazuela, y según las formas que adquirían se sabía si habría o no un amor en ciernes, rezándose seguidamente una oración a san Juan.

En tierras de Cuenca, extensibles a gran parte de Castilla, también se echaba un huevo en un orinal y se tapaba. En un altar casero, previamente preparado, se colocaba junto con dos velas y la pretendiente a boda se hincaba de rodillas y comenzaba a rezar hasta que las velas se apagasen. Inmediatamente se asomaba a la ventana y allí permanecía hasta que veía pasar un bulto, tras lo cual se acostaba. Al día siguiente, tan pronto salía el sol se exponía el orinal a sus rayos y en él se veía el sujeto con el que había de casarse.17

La tradición chilena
En algunas tradiciones hispanoamericanas, los rituales de adivinación amorosa practicados en la noche de san Juan sí se asociaban al florecimiento de diversas plantas o flores. Así por ejemplo, en la tradición de Iquique (Chile), los rituales que se realizaban en el día de san Juan eran muy curiosos. Por un lado, se pensaba queen la noche de San Juan, quien viese la flor de la higuera le iría bien todo el año.

Por otro lado, en ese día también se hacen ritos como el siguiente:

«Los estudiantes pelan tres patatas (una pelada entera, otra a medio pelar y la otra entera). Entonces deben esconderlas y depende de cuál encuentren primero, será cómo les irá en el año venidero: si es la pelada, les va a ir mal (por ejemplo, en los estudios); si es la medio pelada, podrá pasar el curso, pero con dificultades en las pruebas y exámenes; si es la pelada entera, no tendrá ningún problema y aprobará fácilmente el curso».16

Un rito parecido se practica como sistema adivinatorio para augurar fortuna:

«Esa noche hay que dejar tres papas bajo la cama: una pelada, otra con pelos –con cáscara– y otra a mitad de pelar. Bueno, hay que animarse a la noche y sacar una, según la papa que salga uno va a ser pobre; si sale la pelada, va a tener plata, si sale la peluda, o medio pobre si sale la otra.17

La tradición argentina
Otro ámbito en el que se tienen creencias y se practican ritos parecidos a los chilenos es en el argentino. De allí sabemos que, en relación a la festividad de san Juan, se entierran en la víspera tres dientes de ajo cortado. Si al día siguiente ha brotado alguno es que la que realizó la prueba va a casarse… Entre las pruebas relacionadas con el sueño, la más importante es la que consiste en colocar dos o tres hojas de laurel debajo de la almohada, la noche del 23. Lo que se sueña esa noche, tiene un significado especial. Por ejemplo, si una mujer sueña con un determinado hombre, ese será su marido, o si sueña con un nombre, ese será el de su futuro esposo, etc. El sueño de esa noche es premonitorio.18

La tradición lusobrasileña
También en Portugal ha estado muy difundido un ritual de este tipo, realizado con una alcachofa –igual que era común en la Extremadura española–, tal y como prueban las completísimas explicaciones que ofreció al respecto Zófimo Consiglieri Pedroso:
«Toda a rapariga solteira, na noite de são João queima à fogueira uma alcachofra florida, dizendo estas palavras: “Em louvor de são João, a ver se o meu amor me quer bem ou não”, e dedicando-a secretamente ao namorado, que pela sua parte faz o mesmo. Esta alcachofra com a flor assim queimada é cuidadosamente levada para casa e posta ao relento. Deve recolher-se de madrugada antes de o Sol nascer, e se floriu de novo durante a noite é um sinal de felicidade e que o namorado ou namorada corresponde ao afecto que lhe é dedicado; no caso contrário, isto é, se se conserva queimada, é o pressago indício de um amor infeliz. A força com que floresce, representa além disso a intensidade da paixão. Na noite de são João vem esta crença popular descrita pela seguinte forma:

»Como eu queimo esta alcachofra
em vossa fogueira benta,
assim queime a saudade
que no peito me arrebenta.

»Como arde esta alcachofra
na vossa fogueira benta,
assim arda a negra barba
do moiro que me atormenta.

»Como esta fogueira abrasa
a minha alcachofra benta,
ao meu cavaleiro abrase
a chama do amor violenta.

»Sacudi do alto do céu
vossa capela de flores,
que neste ramo queimado
renasçam por meus amores.

»Em Alenquer, e ainda noutros pontos, esta superstição apresenta a seguinte variante: queima-se à fogueira da véspera de são João a “erva-pinheira”, e depois leva-se para casa e pendura-se à cabeceira. Se reverdece é a pessoa (rapariga ou rapaz) correspondida no seu amor, se não reverdece, pelo contrário, não é. Ainda na Beira se encontra uma terceira variante: na noite de são João colhe-se uma folha de figueira, passa-se três vezes pelo fogo (da fogueira?) e pôe-se no quintal ou no telhado ao relento. Se de manhã está olvalhada é a pessoa correspondida no seu amor, se não está, não é».19

Según José Leite de Vasconcelos,

«Na noite de S. João, em Óbidos, queima-se a alcachofra e diz-se ao queimá-la:

»Alcachofra do amor,
onde se pinta a vontade,
se me saíres florida,
trato-te com lealtade.

»Depois espeta-se ao relento e pela manhã, antes de o Sol nascer, vai ver-se se está florida: quanto mais florida estiver mais amada é a pessoa.20

También el etnógrafo luso Antônio Thomás Pires reprodujo algunas de las cancioncillas que acompañaban al ritual portugués:

Ali vêem as três Marias,
na noite de S. João,
a ver s’as alcachofras
‘stão floridas ou não.

Ellas não ‘stão floridas,
ellas põem se a chorar,
dizem umas par’as outras:
–São João não nos quer casar.21

En algunas tierras de Brasil, el rito se realiza con un diente de ajo:

«…As moças que querem casar enterrem um dente de alho no pé do mastro [mástil de bandera] de são João [mástil que se pone frente a la casa o en la plaza durante las celebraciones de San Juan]. Na manhã seguinte, aquela que encontrar seu alho brotada, casará ainda este ano».22

La tradición francesa
En Francia han sido también muy comunes prácticas rituales como las que acabamos de conocer en sus variantes hispano-portuguesas. Entre los numerosos testimonios recogidos por el gran etnógrafo Paul Sébillot extracto los siguientes:

«En Guernesey, la jovencita que quiere ver en sueños a quien será su esposo, coloca en cruz bajo su almohada, el día de santo Tomás, dos ramas de agrimonio, unidos mediante dos alfileres puestos en cruz; cada una de estas ramas debe de tener nueve hojitas, y la joven deberá recitar una oración dedicada al santo…
»Para averiguar quién de entre tres o cuatro personas nos quiere más, hace falta coger tres o cuatro capullos de cardo, cortar las puntas, dar a cada capullo el nombre de alguna de esas personas, y ponerlas enseguida bajo la cabecera de la cama; el cardo que desarrolle nuevas puntas será el que indicará a la persona que nos tiene más cariño. En La Lorena, esta prueba se hacía igual a mediados del siglo pasado: los lunes, las cabezas que hubieran desarrollado durante la noche la más bella flor indicarían cuál de entre tres personas, por la constancia de su cariño, tenía más derecho a ser tratado con especial afecto».23

La tradición británica
El arraigo internacional de este ritual amoroso propio –en la tradición española– de las noches que precedían a la festividad de san Juan, queda todavía mejor corroborado por el hecho de que en tradiciones como la británica haya sido también muy conocido y practicado precisamente en la festividad de «Midsummer Eve», es decir, en plena coincidencia con nuestra «víspera de san Juan». Entre los numerosos ejemplos aducidos por Iona Opie y Moira Tatem figuran los siguientes, cuya documentación original data de fuentes inglesas de 1797 y de 1873, respectivamente:

«La mujer nunca se iría a la cama en la víspera de san Juan sin haber puesto en su habitación la bien conocida planta llamada “el hombre de la víspera de san Juan”, cuyo pliegue de hojas, según se incline hacia la derecha o hacia la izquierda, indicará sin posibilidad de error si Jacob… está verdadera o falsamente comprometido…
»En Gander Lane vimos en las riberas algunas de esas plantas llamadas “hombre de la víspera de san Juan” que mi madre recuerda que las jóvenes doncellas y campesinas llevaban a sus casas y a sus habitaciones en la víspera de san Juan con el propósito de adivinar cosas sobre sus amantes».24

La etnógrafa Susan M. Drury ha publicado un profundo estudio sobre la existencia y documentación de esta tradición magicoamorosa en las Islas Británicas. En él señala que, a mediados del siglo XIX, era muy común que en la víspera de santa Inés, que se celebraba cada 20 de enero, las muchachas se dirigieran a los campos de cereal y arrojasen puñados de grano, repitiendo la siguiente fórmula:

Agnes sweet and Agnes fair,
hither, hither, now repair;
Bonny Agnes, let me see
the lad who is to marry me.

Es decir:

Dulce Inés, buena Inés,
aquí y allá, ahora actúa;
hermosa Inés, déjame ver
al muchacho que se casará conmigo.

Se suponía que esa noche, si santa Inés atendía la petición, la muchacha podría ver en un espejo la cara de su marido. Otra modalidad del rito consistía en coger una ramita de tomillo y una de romero, rociarlas tres veces con agua, y poner una ramita en el zapato derecho y otra en el izquierdo. Cada uno de los zapatos debería ser colocado durante la noche a cada lado de la cama, lo que se creía que facilitaría que la muchacha soñase aquella noche con su futuro marido. En Lincolnshire, también en la víspera de santa Inés, se cogía un puñado de cebada y se sembraba bajo un manzano, diciendo

Barley, barley, I sow thee
that my true-love I may see;
take my rake and follow me.

Es decir:

Cebada, cebada, te siembro
para que yo pueda ver a mi verdadero amor;
toma mi rastrillo y sígueme.

A esta operación se suponía que le seguiría la visión del futuro marido en ademán de rastrillar el grano que la muchacha estaba dispersando. También en la víspera de san Valentín, entre el 13 y el 14 de febrero, se realizaban diversos rituales específicos. Uno de ellos se realizaba con hojas de un laurel (Laurus nobilis): dos hojas eran salpicadas con agua de rosas y colocadas por la noche en la almohada. Cuando la muchacha se iba a la cama, tenía que ponerse un camisón limpio al revés y acostarse diciendo:

Good Valentine, be kind to me;
in my dreams, let me my true love see.

Es decir:
Buen Valentín, sé bueno conmigo;
en mis sueños déjame ver a mi verda dero amor.

Era común que muchos más ritos, con detalles y elementos muy similares, se realizasen en numerosos lugares de las Islas Británicas en las vísperas de las fiestas de san Marcos (entre el 24 y el 25 de abril) y de san Juan (entre el 23 y el 24 de junio).25
La tradición malgache
Extraordinariamente interesante y sugestivo resulta el hecho de que también en una tradición tan alejada de la europea como es la de Madagascar se sigan realizando, hasta hoy, rituales de este tipo, que nos permiten intuir su amplísima difusión internacional:

«Para conocer a su futuro esposo, la muchacha soltera coloca siete hojas y un espejo boca abajo encima de estas debajo de su almohada al acostarse, en una noche de luna llena. La muchacha tiene que escoger siete hojas porque la cifra siete es una cifra bendita entre los malgaches. Y a medianoche debe levantarse y mirar al espejo: allí encontrará el rostro de su enamorado.

»Pero, eso era una pura mentira, ya que hacíamos la experiencia. Cuando tenía doce años, mis primas y yo decidimos intentarlo. Hacíamos todo conforme a lo indicado; pero, no aparecía nadie en el espejo. Sin embargo, afuera, había alguien; había una sombra en la ventana, aunque sabíamos muy bien que eso fuera imposible, que nadie podría entrar en nuestro jardín a causa de los vigilantes.
»Nuestra conclusión era la siguiente: el rito que practicábamos sólo atraía a los brujos.26

Una canción medieval y más florecimientos prodigiosos
Los sugestivos ingredientes mágico-supersticiosos y el profundo arraigo de este rito a lo largo y ancho de toda la geografía folclórica peninsular y de otros países de Europa, América y África son indicios de que sus orígenes deben de ser muy antiguos. Ayuda a confirmarlo una bellísima canción incluida en el Cancionero musical de Palacio compilado a fines del siglo XV y comienzos del XVI en la corte de los Reyes Católicos, que nos vuelve a presentar la ansiedad de una muchacha incapaz de conciliar el sueño a la espera de ver florecer su rosa:

No pueden dormir mis ojos, no pueden dormir.

Y soñava yo, mi madre,
dos oras antes del día,
que me floreçía la rrosa,
el lyino so ell agua frida.
No pueden dormir.27

La fe en florecimientos mágicos conoce expresiones de otro tipo y función dentro de nuestra geografía tradicional. Hasta no hace mucho, en pueblos de toda España, se guardaba una «rosa de Jericó» en el cuarto de las mujeres que estaban a punto de parir: «Introducida (esta última), en un vaso de agua, se abre cuando también lo ha de hacer el cuerpo de la mujer que da a luz, o permanece cerrada en caso contrario»28. Por otro lado, en el País Vasco, Aragón o Galicia ha sido común hasta hace muy poco recoger o plantar flores el día de san Juan y esperar a verlas florecer en Nochebuena (o viceversa)29. Y en algunos lugares de Andalucía se creía que «una alcachofa quemada a las doce de la noche de S. Juan se abre a la madrugada y sirve para predecir la buena o mala armonía en los matrimonios»30. Se trata de manifestaciones funcionalmente distintas, pero simbólica e ideológicamente muy relacionadas con las que nos han ocupado.

Puede concluirse, en definitiva, que el texto sefardí de La flor en la cama, conocido gracias a la labor recolectora y editora de don José Benoliel, resulta que ha preservado el único eco sobreviviente en la tradición del Estrecho de un ritual que ha sido observado desde muy antiguo por las muchachas enamoradas de la península Ibérica y de otros ámbitos de Europa, América y África, y que ahora, condensado en esta breve cancioncilla puesta en boca de una novia sefardí, se nos presenta con tanto lirismo, pureza y emotividad poética como interés desde el punto de vista literario y etnológico.

Notas:
1. José Benoliel, «Dialecto judeo-hispano-marroquí o hakitía», Boletín de la Real Academia de la Lengua Española 13 (1926) pp. 209-333, 342-363 y 507-538; 14 (1927) pp. 137-168, 196-234, 357-373 y 566-580; 15 (1928) pp. 47-61 y 188-223; y 22 (1952) pp. 255-289, p. 373.
2. Otras versiones del epitalamio sefardí de La cama de los novios fueron publicadas en Arcadio de Larrea, Cancionero judío del Norte de Marruecos III Canciones rituales hispanojudías (Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1954) III, p. 80; Oro Anahory-Librowicz y Judith R. Cohén, «Modalidades expresivas de los cantos de boda judeo-españoles», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 41 (1986) pp. 189-209; Susana Weich-Shahak, Cantares judeo españoles de Marruecos para el ciclo de la vida (Jerusalén: The Hebrew University, 1989) núm. 14b; y Weich-Shahak, Música y tradiciones sefardíes (Salamanca: Diputación, 1992) pp. 54-55.
3. Manuel Alvar, Cantos de boda judeo-españoles (Madrid: CSIC, 1971) núm. 47. Hay otras versiones publicadas en Larrea, Cancionero judío del Norte de Marruecos III, p. 120; y en Weich-Shahak, Cantares judeo españoles núm. 9. La canción sefardí es en realidad supervivencia de una canción española vieja que fue incluida fragmentariamente en una ensalada de Laso de la Vega publicada en 1601: “Vente a la mañana, hermana, / vente a la mañana”. Véase sobre ella Margit Frenk, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (Siglos XV a XVII) (Madrid: Castalia, 1987) núm. 451; y José Manuel Pedrosa, «Notas y adendas al Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII) de M. Frenk (y apostillas a dos reseñas de D. Devoto)», Anuario de Letras 32 (1994) pp. 209-250, p. 238.
4. José Luis Bernabeu Rico, Los límites simbólicos: hombres de la Foia de Castalla y Vall de Xixona (Alicante: Diputación Provincial, 1984) p. 221. Una descripción similar, pero más extensa, del rito del nacimiento de la flor falaguera en la región valenciana se puede encontrar también en Francés Martínez y Martínez, Folk-Lore valenciá: arreplega de llegendes, tradicions i costums del Reine de Valencia (Valencia: Societat Valenciana de Publicacions, 1927) pp. 141-142. Véase además la canción publicada en Adolf Salvà i Ballester, De la marina i muntanya (Folklore), ed. R. Alemany (Alicante: Diputació Provincial-Ajuntament de Callosa d’En Sarriá, 1988) p. 140: “Eres como aquella brossa / apellada falaguera, / que en la nit de sant Joan / floreix, grana i se seca”.
5. Traduzco (del catalán) de Carles Vivó, Llegendes i misteris de Girona (Girona: Diputació-Caixa, 1989) p. 73. Véase además Esteve Busquets i Molas, Oracions, eixarms i sortilegis (Ripoll: Maideu-Terra Nostra, 1985) p. 242: “També per sant Jordi es pren una rosa blanca a l’anar-se’n al llit, es posa sota el coixí i es diu: Rosa blanca, rosa d’amor, / per la virtut que Déu t’ha donat, / fes-me somniar l’enamorat”. Un ritual similar se describe en Gonçal Cutrina i Sorinas, Llegendes i tradicions de les Valls del Ter i del Freser (Ripoll: Maideu, 1981) p. 176: “S’agafen tres faves: una de peluda (amb la tavella), una de pelada i una última de repelada. Es tiren sota el llit, i a la primera campanada de les dotze s’aixeca la noia i en recull una a les palpentes. Si és la peluda significa que l’home que es casarà amb ella serà ric; si és la pelada no serà gaire ric; i si és la repelada significa que serà pobre”. Muchas más informaciones al respecto se encontrarán en Josep Romeu i Figueras, La nit de Sant Joan (Barcelona: Barcino, 1953) pp. 87-95.
6. Michel Ferrer Clapés, Cuentos, creencias y tradiciones de Ibiza (Ibiza: [edición del autor], 1981) p. 16. Véanse ritos y costumbres parecidas en Marià Torres Torres, Antropologia d’Eivissa i Formentera. Mitologia, creences, costums i festes I (Ibiza: Editorial Mediterrània-Eivissa, 1988) p. 112. Informes sobre la misma tradición en Mallorca se encontrarán en Antoni Galmés Riera, Cultura popular mallorquina (Palma de Mallorca: Taller Gràfic Ramón, 1982) p. 101.
7. Jesús Taboada, Folklore de Verín: las creencias y el saber popular (Orense: La Región, 1961) p. 16; véase también Jesús Taboada, «La noche de san Juan en Galicia», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 8 (1952) pp. 600-632.
8. Antonio Díaz Lafuente, Duendes y leyendas de Granada (Málaga: Arguval, 1993) p. 21. En Antonio Limón Delgado, Costumbres populares andaluzas de nacimiento, matrimonio y muerte (Sevilla: Excma. Diputación Provincial, 1981) pp. 103-104, se describe además el siguiente rito: “A las doce de la noche de la víspera de S. Juan, suelen dos Juanas y dos Marías echar una alcachofa silvestre en un recipiente con agua, y a las doce horas ven si está fresca, señal infalible de que en el mismo estado de frescura se conservan sus muchos cariños”.
9. Manuel Garrido Palacios, «La medicina popular en las voces de Fuenteheridos», Revista de Folklore 217 (1999) pp. 27-33, núm. 100.
10. Luis Maldonado Ocampo, «Para encontrar novio», Hoja Folklórica, 14 (7-11-1952) p. [1]. El mismo autor describe también este otro rito: “Prácticas bastante generalizadas, relativas a las tradicionales vísperas y mañanitas de San Juan: si una joven soltera, víspera de San Juan, se acuesta con una moneda de 2 céntimos bajo la almohada y a la mañana siguiente se la da de limosna al primer pobre que encuentre y le pregunta su nombre, este nombre será el mismo del novio que la buenaventura le deparará dentro del año”.
11. Julio Caro Baroja, Apuntes murcianos (De un diario de viajes por España, 1950) (Murcia: Universidad, 2ª ed. 1984) p. 94.
12. José Sendín Blázquez, Tradiciones extremeñas (León: Everest, 2ª ed. 1992) pp. 191-192.
13. Servando A. Dios, «Las Sanjuanadas», El Folk-Lore Frexnense y Bético-Extremeño (Fregenal: El Eco, 1883-1884; reed. Badajoz-Sevilla: Excma. Diputación Provincial de Badajoz-Fundación Machado de Sevilla, 1987) pp. 276-280, p. 279.
14. Estas tres leyendas me fueron comunicadas en Coslada (Madrid) por diversas muchachas que contaban entre 15 y 16 años de edad, entre abril y mayo de 1998.
15. Juan Blázquez Miguel, Eros y Tánatos: Brujería, hechicería y superstición en España (Toledo: Arcano, 1989) pp. 166-167. Véase además Blázquez Miguel, Castilla-La Mancha: magia, superstición y leyenda (León: Everest, 1991) p. 131; y Blázquez Miguel, Hechicería y superstición en Castilla-La Mancha (Toledo: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 1985) pp. 61-62. Todos estos rituales son, en realidad, formas especiales de ovomancia o prácticas de adivinación mediante la observación de figuras formadas por el contenido de huevos vaciados en vasos de agua. Y tienen también paralelos muy estrechos en la tradición hispánica moderna. Así, Francisco Navarro Artiles y Alicia Navarro Ramos, en Aberruntos y cabañuelas en Fuerteventura (Las Palmas de Gran Canaria: Excma. Mancomunidad de Cabildos, 1982) p. 66, afirman que, en el día de San Juan, tradicionalmente “se toma un plato con agua y se le echa la clara de un huevo del día. Se oculta el plato. Un rato más tarde se vuelve a poner el plato a la vista y se dicen estos versos: San Juan Bendito: / mañana es tu día; / preséntame aquí / la fortuna mía. Entonces se verá en el plato la semejanza con un barco, con una guitarra o una cabra, etc. lo que quiere decir que se casará con un marinero, con un parrandista, con un pastor, etc.”. Sobre otras modalidades de prácticas de ovomancia en las tradiciones hispánicas y extra-hispánicas, puede verse Sebastián Cirac Estopañán, Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva (Tribunales de Toledo y Cuenca) (Madrid: CSIC, 1942) pp. 55-56; Romeu i Figueras, La nit de Sant Joan pp. 87-88; Dr. Jaime Lopes Dias, Etnografia da Beira VI volume, 2ª ed. (Lisboa: Ferin, 1967) p. 99; Venetia Newall, An Egg at Easter: a Folklore Study (Londres: Routledge & Kegan Paul, 1971) pp. 62-67; Antonio Scarpa, Etnomedicina (Milán: Franco Lucisano, 1980) pp. 237-238; George M. Foster, «Relaciones entre la medicina popular española y latinoamericana», La antropología médica en España (Barcelona: Anagrama, 1980) pp. 123-147, pp. 134-135; Xosé Ramón Mariño Ferro, Cultura popular (Santiago de Compostela: Museo do Pobo Galego, 1985) p. 139; Xosé Manuel González Reboredo, A festa de San Xoán (Vigo: Ir Indo, 1989) pp. 48-50; y Laura de Mello e Souza, El diablo en la tierra de Santa Cruz: hechicería y religiosidad popular en el Brasil colonial ed. Teresa Rodríguez Martínez (Alianza: Madrid, 1993) p. 150.
16. Eva Soussana, «Mitos, cuentos, supersticiones, creencias, leyendas y canciones del mundo hispánico», Literatura tradicional sin fronteras: el repertorio multicultural de Montreal. Recueilli dans le cadre du Séminaire “Littérature et Folklore”, ed. José Manuel Pedrosa (Montreal: [ed. J. M. Pedrosa], 1997) pp. 240-260, p. 242.
17. El libro de la amistad, eds. Graciela Beatriz Hernández y Jessica Anahí Visotsky (Villa Rosario, Argentina: Escuela de Adultos, 1999) p. 12.
18. Silvia P. García, «La fiesta de San Juan en la provincia de Formosa», Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología 8 (1972-1978) pp. 125-148, p. 126.
19. Zófimo Consiglieri Pedroso, «Algumas superstições e crenças populares relativas à noite e ao dia de São João», O Positivismo 2 (1879-1880) pp. 325-347; reeditado en Contribuções para uma Mitologia Popular Portuguesa e outros escritos etnográficos, ed. J. Leal (Lisboa: Dom Quixote, 1988) pp. 109-127, pp. 113-114.
20. José Leite de Vasconcellos, Etnografia, 10 vols. (Lisboa: Imprensa Nacional-Casa da Moeda, 1933-1989) VII, pp. 533-534.
21. Antonio Thomás Pires, «Cantos populares portuguezes recohidos da tradição oral, na provincia do Alemtejo», El Folk-Lore Frexnense y Bético-Extremeño (Fregenal: El Eco, 1883-1884; reed. Badajoz-Sevilla: Excma. Diputación Provincial de Badajoz-Fundación Machado de Sevilla) pp. 197-203, p. 200.
22. Francisco van der Poel y Lélia Coelho Frota, Abecedário da Religiosidade Popular (Vida e religião dos pobres no Brasil), s.v. São João Batista, en prensa.
23. Sébillot, Le Folk-Lore de france III La faune et la Flore (reed. París: G.-P. Maisonneuve et Larose, 1968) pp. 487 y 506.
24. Iona Opie y Moira Tatem, A Dictionary of Superstitions (Oxford: University Press, reed. 1992) s.v. Orpine: divination (p. 295) y s.v. Flowers in pairs: divination (p. 163); véase además W. C. Hazlitt, Dictionary of Faiths & Folklore: Beliefs, Superstitions and Popular Customs (reed. Londres: Bracken Books, 1995) s.v. Orpine, p. 467.
25. Véase un detalle muy pormenorizado de todos estos ritos y fiestas en Drury, «Love Divination Using Plants», Folklore 97 (1986) pp. 210-214.
26. La informante fue Dolores Randriamalandy, de 27 años, de la etnia merina de Antananarivo, de Madagascar. Me entregó esta información en Alcalá de Henares (Madrid) el 21 de abril de 1999.
27. Véase sobre esta canción Frenk, Corpus núm. 302C. Con respecto al simbolismo mágico del árbol o de la flor nacidos del agua, y de su incidencia sobre esta canción en concreto, véase José Manuel Pedrosa, «La mujer-árbol y el hombre-mar: simbolismo mítico y tradición indoeuropea del epitalamio sefardí de La galana y el mar», Acta Poética, en prensa.
28. D. Luis Maldonado Ocampo, «La rosa de Jericó», Hoja Folklórica 69 (8-3-1953) p. [4]; véase además G. Adriano García Lomas, Mitología y costumbres de la Cantabria montañesa (Santander: [edición del autor] reed. 1987) p. 185; El ciclo vital en España (Encuesta del Ateneo de Madrid, 1901-1902) tomo I, vol. I Nacimiento, ed. A. Limón Delgado y E. Castellote Herrero (Madrid: Museo del Pueblo Español-Asociación de Amigos del Museo del Pueblo Español, 1990) pp. 340-361; y Díaz Lafuente, Duendes y leyendas de Granada p. 105.
29. Véase al respecto Julio Caro Baroja, Sobre la religión antigua y el calendario del pueblo vasco (San Sebastián: Txertoa, 1984) p. 121: “En Garay (Vizcaya) creen que poniendo un clavel en tierra la noche de Navidad, brota. Estas supersticiones se relacionan con los supuestos florecimientos y fructificaciones que se dice que tienen lugar la noche de San Juan”. Un rito parecido es descrito en Antonio Beltrán, Costumbres aragonesas (León: Everest, 1990) p. 130: “Las comidas [de Navidad], excepcionales, conocieron un rito muy particular, recogido por Ángel Gari en Tierrantona, ya que sobre el mantel de la colación del día 24 al 25, una vez terminada, se colocaban las malvas que se habían recogido en la noche de San Juan y, al día siguiente, se abrían, en forma muy semejante a los ritos pirenaicos de las flores (la rosa canina) que se abrían para anunciar el nacimiento de un niño”. César Morán Bardón, en «De folklore salmantino», en Obra etnográfica y otros escritos, ed. Mª J. Frades, 2 vols. (Salamanca, Diputación: 1990) I, pp. 241-253, p. 247, señala también que “cogiendo, mejor dicho, arrancando el día de San Juan a las doce de la noche una mata de malvas floridas se la cuelga en casa y naturalmente se seca; observando esa misma mata la noche de Navidad a las doce en punto se le ve florida y lozana como estaba en el momento de arrancarla. Creencia de Salamanca y de Zamora”. También Taboada, en su Folklore de Verín p. 16, alude a ritos similares: “En la madrugada de San Juan se recogen flores de malva y se guardan hasta Nochebuena en que renacen con toda su pompa y gallardía”.
30. Julio Caro Baroja, Notas de viajes por Andalucía, en De etnología andaluza, ed. A. Carreira (Málaga: Diputación Provincial, 1993) pp. 21-232, p. 230.

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