Una historia de casi 200 años: CEMENTERIO JUDÍO DE CORO

Texto y fotos Blanca de Lima
Cihpma-Unefm

Especial para Maguén – Escudo
El rescate de la pluralidad de las fuentes para la investigación histórica es tarea laboriosa para cualquiera que se aproxime a la reconstrucción del pasado. Y utilizo las palabras rescate y pluralidad porque se trata de traer del olvido las diversas fuentes que el positivismo decimonónico desechó al imponer el imperio de la escritura, eje de la episteme racionalista para la investigación histórica considerada científica. Labor de filigrana la que hoy debemos hacer aquellos historiadores que buscamos abordar el relato histórico desde nuevas y plurales expresiones, lo que Vattimo denomina «imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista»i. El uso del arte funerario como fuente para la historia forma parte de estas variantes técnicas utilizadas para hacer nuevas propuestas de abordaje del relato histórico.
Los espacios funerarios son una rica cantera para la investigación histórica en sus múltiples expresiones: del arte, social, cultural, de las mentalidades, entre otras. Pese a su alto valor como fuentes para la historia, los espacios funerarios apenas han sido de interés como posibilidad de lectura entre los historiadores y conservadores-restauradores venezolanos. Tenemos, dolorosamente, declaratorias patrimoniales que no se acompañan de las medidas consecuentes a los efectos de restaurar, conservar y hacer autosuficientes a los cementerios patrimoniales. Por el contrario, se advierte el olvido, la indolencia, la negligencia y sus devastadoras consecuencias sobre el legado patrimonial. El cementerio judío de Coro es síntesis perfecta de tal problemática y tales características. Una colección que nos grita en silencio una de las más ricas historias del arte, demográficas, antropológicas, económicas y sociales de la Venezuela republicana de los siglos XIX al XXI.
En el cementerio judío de Coro convergen las manos y el arte de diversos maestros del mármol provenientes de Italia, mismos que dejaron su huella en distintos cementerios venezolanos y que marcaron un punto de ruptura con los cánones venidos del período colonial, al traer consigo nuevos conceptos, ideas y gustos en materia de arte funerario; mismos que pueden verse en cementerios de todo el continente y el área caribeña. La estética italiana asociada a los camposantos improntó a la emergente burguesía latinoamericana, que la usó masivamente como símbolo de estatus sin distingo de religión.
Iniciado en los años treinta del siglo XIX, el cementerio judío de Coro avanza hacia sus 200 años de historia como camposanto aún activo, con dos declaratorias patrimoniales emanadas de autoridades municipales y estadales; pero, sin recibir aún la atención integral que merece como excepcional y valioso conjunto historicoartístico del Estado Falcón, Venezuela y el mundo.

Arte en el cementerio judío de Coro
El cementerio judío de Coro abre las puertas al estudio de la pequeña comunidad sefardí que hubo en la ciudad. Formada por emigrantes de la isla de Curazao, los sefardíes holandeses conocieron la tierra firme venezolana desde mucho antes de nuestra independencia, por medio del intenso comercio de contrabando que desde el siglo XVII y sin parar se hizo entre esta isla y numerosos puntos sobre la cuenca del Caribe. Su presencia como residentes se da a partir del triunfo grancolombino, naciendo una comunidad que, en algún momento, se enfrentó a la muerte en tierra firme, dando con ello lugar al nacimiento del cementerio judío. Dos versiones orales hay sobre su origen: la primera lo data del año 1832, a partir de la lápida de la niña JohebethHaná Curiel, hija de Joseph Curiel y Débora Levy Maduro, uno de los primeros matrimonios que llegara a Coro. La inesperada muerte obligó a buscar un espacio funerario para su reposo, el cual fue un terreno baldío entonces fuera de la ciudad. La segunda versión habla de la prematura viudez de una joven judía, cuyo esposo murió de tifus y viéndose impedida de inhumarlo en los cementerios locales –en manos de la iglesia católica–, compró un terreno para el entierro y comenzó a pagar un celador que vigilara la tumba de su esposoii. De aquella vigilancia diurna y nocturna, y de posteriores muertes nacería el cementerio judío de Coro. Imposibles de corroborar hasta hoy en fuentes escritas, ambas narraciones marcan la lógica demográfica de la época y resultan lógicas para explicar el origen de ese camposanto: muertes prematuras, enfermedades infectocontagiosas, angustia por carencia de espacios para la ritualidad funeraria, inseguridad ante la xenofobia religiosa.
El cementerio judío de Coro posee 178 puntos de entierro, de estos 141 están identificados, correspondiendo 61 tumbas a varones, 54 a mujeres, 25 a niños (15 niñas y 10 niños) y un punto de exhumación identificado. 37 puntos de entierro carecen de identificación, correspondiendo 36 a tumbas innominadas –dos de ellas de menores–, y un punto de exhumación sin identificación.iii
Doce tumbas están adornadas con ángeles o niños, y se tiene constancia fotográfica de otras dos tumbas de menores que tuvieron estatuaria similar, hoy desaparecidas. Hay dos obeliscos, una mujer pensante o plañidera, columnas y medias columnas, lápidas con motivos vegetales y presencia de símbolos masónicos, entre otros.

En medio de la variedad de monumentos predominan cuatro tipologías:
La primera se corresponde casi por completo a tumbas sin identificación, que son las más antiguas. Sencillas tumbas de mampostería, frisadas, integradas por dos cuerpos: el superior presenta molduras rectangulares cuyos vértices aumentan de altura hacia el centro. En otros casos tiene forma de bóveda de cañón. El inferior forma la base de la tumba y mantiene la forma rectangular. Carecen en su totalidad de decoración, siendo lo más cercano a este concepto la presencia de achaflanados o terminaciones ligeramente redondeadas. Esta tipología se encuentra también en el Cementerio Ouderkerk (Ámsterdam) y en el BethHaim de Curazao.
En la segunda aparecen los decorados arquitectónicos y el mármol en las lápidas. Los túmulos son de mampostería, con una altura de alrededor de 80 centímetros y en su mayoría tienen tres cuerpos. En el superior descansa la lápida, generalmente con una ligera inclinación y sobresaliendo de la estructura que la soporta, haciéndola más visible y fácil de leer. El segundo cuerpo es de mayores dimensiones, sobresaliendo los bordes, generalmente moldurados. Este descansa en el cuerpo inferior, donde se puede apreciar decoración basada en medias columnas, pilastras esquineras, molduras y elementos similares. Este tipo de tumba también se puede ver en el BethHaim y el BergAltena de Curazao.
La tercera tipología emerge en el último cuarto del siglo XIX, cuando la ascendente burguesía judía coriana cubre las tumbas de mármol y comienza a decorarlas con estatuas, motivos arquitectónicos y otros. Este fenómeno se empleará particularmente en tumbas de niños y será más intenso entre los años 80 y 90 de ese siglo, aunque se encuentra estatuaria hasta entrados los años veinte del siglo XX. Es la llamada «escultura de encargo, celebrativa y funeraria».iv Estos burgueses asumen el reencuentro europeo con la herencia grecolatina y el neoclásico, que Italia ha llevado a grados sumos en el arte funerario. El parnasianismo se impone y en las tumbas la imaginación se desborda en combinación de objetos y figuras asociados a conceptos, y que evocan los más variados tiempos: el gótico, el antiguo Egipto, la Grecia clásica…
La escuela escultórica italiana marcaba a Venezuela en cuanto a escultura funeraria, y los encargos no se hicieron esperar.v En el cementerio de Coro –en medio del anonimato que caracteriza a la escultura y lapidaria– se encuentran hasta ahora identificadas las firmas de los talleres Marmolería Carrara, J. Roversi (Caracas), I. Roversi M. C.A., F. Roversi, Emilio Gariboldi (Caracas) y RomanelliTelli (Florencia). Hay además una firma ilegible (¿R. Batorche?) de un taller de Puerto Cabello y un ángel –al parecer un vaciado de porcelana– grabado con la palabra «ESCRIBE». La burguesía nacional pugnaba por expresar de muchas formas su estatus, su éxito y su ascendente camino hacia el progreso; una de ellas la funeraria. Gracias a esa intención y a ese gusto hoy Venezuela cuenta con joyas que esperan por su des-olvido, como el Cementerio General del Sur, el Centurión en Ciudad Bolívar, el Cuadrado en Maracaibo, y en Coro el cementerio Judío.
Mientras en el BethHaim de Curazao, comunidad madre de todas las colectividades sefarditas de la cuenca del Caribe, prevalecen la sencillez y austeridad; en Coro se avanzó hacia el uso de figuras humanas y la simbología parnasiana; generando un escenario heterogéneo y excepcional, cuya lectura es la lectura de la progresiva asimilación cultural a la sociedad criolla venezolana, la cual, en el caso específico de los sefarditas corianos, concluyó con la pérdida de identidad cultural y religiosa judía para convertirse al catolicismo.
Los judíos sefardíes curazoleños dejaron una estética funeraria similar en el cementerio BergAltena, que naciera a raíz de la división de los sefarditas curazoleños en dos comunidades: la de rito ortodoxo portugués y la Comunidad Reformada Judía Holandesa, creada en Curazao el 28 de mayo de 1864. Estos eran judíos reformados de rito estadounidense, muy liberales, alejados de la ortodoxia de sus orígenes portugueses. Sin embargo, a diferencia de los sefardíes corianos, no procedieron a un cambio de fe religiosa. Las manifestaciones artísticas de BergAltena nunca rebasaron los aspectos puntuales del gusto de la época y las expresiones de dolor asociadas al parnasianismo, particularmente en tumbas de niños y mujeres. En cambio, los varones sefarditas corianos avanzaron y, más allá de una cuestión de buen gusto o muestra de estatus social, procedieron en forma gradual a uniones consensuales o matrimonios con gentiles, mientras las mujeres de su propia comunidad quedaron solteras. Estos enlaces, unidos a la ausencia de rabino y sinagoga en la ciudad de Coro, culminaron en la pérdida del imaginario colectivo y la incapacidad de reconocerse como un grupo original y distinto. El resultado fue la conversión progresiva, en la mayoría de los casos, de primeros los niños y luego sus padres. Este proceso se intensificó en los comienzos del siglo XX y, unido a procesos migratorio extraestadales, terminó por consolidar el cambio cultural en los descendientes de la segunda generación nacida en tierra venezolana.vi
Los monumentos funerarios del cementerio judío de Coro carecen por completo de la simbología tradicional utilizada en el BethHaim. No hay estrellas de David, no hay personajes bíblicos, no hay epitafios ni relatos en la piedra sobre la vida o muerte del difunto. No hay lápidas bilingües portugués-español. En Coro se imponen los ángeles y objetos que remiten a cualidades, en un amasijo de simbolismos: obeliscos, columnas truncadas, pisos ajedrezados, ánforas que evocan vasos canopios, frutos de la amapola, garras de león, uroboros, anclas, flores, clepsidras, triángulos, cipreses… Por ello es excepcional la tumba de la señora FradjaCirlaSzomstein, de origen askenazí, quien murió en la ciudad el 30 de noviembre de 1945. Su lápida es la única en el cementerio judío de Coro con la estrella de David, y la única en tres idiomas: yidis, hebreo y español.
El sitio conocido como Rincón de los Ángeles –por aglutinar la mayoría de estas esculturas– se corresponde con el área que concentra la mayor cantidad de tumbas de niños. Es muy posible que inicialmente fuera el espacio escogido para dar sepultura a los infantes, como se acostumbra en los cementerios judíos. Sin embargo, con el pasar de las décadas se advierte cómo el cementerio fue segmentándose espontáneamente en parcelas familiares, pudiendo el ojo observador encontrar hacia el norte y noreste la mayoría de los Senior, Capriles y Álvarez Correa; hacia el centro y centro oeste a los Curiel, hacia el sur y sureste a los López Fonseca y Levy Maduro; por ello hay tumbas de niños dispersas en las diversas parcelas familiares.
Las representaciones de ángeles fueron utilizadas en tumbas de niños y de mujeres que murieron al parto, destacando las de Carmen A. C. de Senior –primera esposa de Josías Senior– quien muriera a los 20 años, en 1887, junto a sus gemelos.vii Su monumento presenta el único arcángel del cementerio, es la escultura de mayores dimensiones y la única que con certeza proviene de Italia, rubricada por el Taller RomanelliTelli, de Florencia; y la tumba de su hermana Emma, esposa de MorrySenior, fallecida al parto de su hijo Raúl, en 1902, adornada con el segundo ángel más grande de este cementerio.
La tumba de la niña LeahSenior, fallecida en 1869, presenta la figura angelical de más antigua data, además de un diseño singular: una tumba de mampostería con forma de columna; en cuya parte superior aparece un pinjante invertido que descansa sobre tres anillos en forma de escalera, el último está sobre una moldura en chaflán que remata en un rectángulo enmarcado en todas sus caras por una sencilla moldura. En su fachada frontal una placa de mármol y en ella, burdamente grabada en bajo relieve, la dinámica figura de un angelito en actitud de caminar, con la pierna derecha delante de la izquierda y sujetando con sus manos una guirnalda que pasa por arriba de su cabeza, a manera de arco floral. A partir de allí, con la llegada del guzmancismo los ángeles y niños se dispersarán para dar origen al Rincón de los Ángeles.
Exceptuando el arcángel de Carmen de Senior, obra apegada a una lectura literalmente católica, por ser la representación del ángel de la Anunciación; las figuras de este rincón emanan la tristeza y el dolor de la joven vida truncada. El ángel de Emma de Senior, posado sobre una nube, sostiene triste una corona de flores. La niña de HanahCohén Henríquez se sienta en la roca devastada y aprieta sus manitas con dolor. El angelito de Cecilia María Capriles se yergue cabizbajo sobre la roca sujetando un ramo de rosas, y así sucesivamente.
Obra única y que rompe la dinámica angelical marcada por las tumbas de niños es la estatua de «Mujer de pie pensativa recostada sobre columna con ánfora» (98 x 41 x 44 cm. Fecha: circa 1921), de la tumba de Honoria Curiel. Esta figura forma parte del conjunto de «Mujeres Pensantes» que el italiano Emilio Gariboldi dejó en diversos cementerios de Venezuela, como la «Mujer de Pie» del panteón Valarino y las «Mujeres Pensantes» de los panteones Poleo, Savino y Ricardo Álvarez de Lugo en el Cementerio General del Sur.viii Este conjunto estatuario guarda fuerte similitud formal, temática y estilística, y es interesante advertir que el dolor de la muerte se asocia a lo femenino o lo andrógino-femenino. Son mujeres pensativas, tristes, llorosas, desesperadas; plañideras bajo diversas presentaciones.
En el cementerio judío de Coro se han ubicado, hasta el momento, cuatro obras de Gariboldi. La primera es el túmulo de Ernesto A. Correa (1874-1912), con placa de mármol blanco sobre base de mármol gris. La segunda y tercera son las lápidas de Raquel Curiel (1853-1923), firmada en Caracas, y de Johebeth A. Curiel de Rois Méndez (1833-1924); ambas de mármol blanco colocadas en forma directa sobre túmulos de mampostería. La cuarta y de mayor interés es la antes mencionada «Mujer Pensante» de la tumba de Honoria Curiel (1901-1921). Es una imagen convencional, de forma compositiva neoclásica pero con contenido expresivo, alejada tanto del hieratismo como de la ortodoxa función religiosa. Una exquisita plañidera con el rostro casi cubierto por un velo, evocando la esperanza perdida en la prematura muerte de esta joven, cuyo suicidio la memoria oral lo atribuye a un amor imposible, bien con un joven católico, bien con un joven de su comunidad quien finalmente casó con otra de su misma fe religiosa.ix
También es único el obelisco en mármol de la tumba de Abraham de Meza Myerston, cuya autoría se desconoce, y donde se advierte un planteamiento neoclásico con elementos decorativos masónicos referidos al paso del tiempo (reloj alado), la eternidad (el uroboro o serpiente que se muerde la cola, enmarcando un globo terráqueo), el coraje y la nobleza (garras de león) y el sueño eterno (flores de amapola). Estos elementos se distribuyen simétricamente siguiendo una composición de diseño ascensional con cuatro cuerpos: un zócalo en forma de pirámide truncada sobre el cual descansa una columna cuyo capitel moldurado y decorado es piso para un obelisco que se apoya en garras de león ubicadas en cada una de sus esquinas. El monumento honra a quien fuera industrial y comerciante, personaje distinguido de la Logia Unión Fraternal N° 17, fallecido en 1887.
La última tipología retorna a la sencillez del monumento, ahora recubierto en su totalidad de mármol, granito o una combinación. Estructuras funerarias generalmente de dos niveles, apareciendo la lápida en posición vertical y floreros fijos o móviles.

Personajes en el cementerio judío de Coro
Pero, los valores del cementerio judío de Coro no giran solo en torno al patrimonio artístico. En él reposan personalidades destacadas de los siglos XIX y XX en el Estado Falcón, cuya huella abarca muy diversas áreas de conocimiento y actividades que impulsaron la economía y sociedad coriana y falconiana. Hace años leí un texto donde recogí algunos de estos personajes, pero hoy, con mayor información, selecciono otros como ejemplo de la riqueza humana que muda nos habla desde el pasado y desde ese cementerio.
David Curiel. Nació en Coro el 29 de marzo de 1828, recibiendo el nombre de un tío paterno.x Hijo de Joseph Curiel Suares y Déborah Levy Maduro López-Fonseca. Fue circuncidado por su padre y es el más antiguo registro de una circuncisión en la ciudad de Coro.xi Casó el 21 de noviembre de 1860 con ExildaAbenatar,xii teniendo por hijos a Débora, Abenatar, Elías David, José David, Johebeth e Isaac. Fue miembro de la Sociedad Estudiosa, creada en Coro en 1843 y que tenía por objetivo «el progreso en las materias aprendidas y la adquisición de conocimientos literarios, la versación en las prácticas republicanas y la consecución y familiaridad con las técnicas parlamentarias».xiii Fue el primer Curiel en obtener un título universitario venezolano, al graduarse de farmacéutico en la UCV en el año 1853, a los 25 años de edad; y el primer falconiano de nivel universitario en esa profesión. Instaló la primera farmacia que existió legalmente en la ciudad de Coro.xivMiembro fundador en el año 1856 de la Logia Masónica Unión Fraternal Nº 44, antecedente de la actual logia masónica coriana. Murió a fines de 1872. Está enterrado al lado de su esposa. Si se llegara a comprobar la existencia de un baño ritual en la antigua casa de comercio de I. A. Senior e hijo, tal vez ExildaAbenatar fuera una de las mujeres que hicieron uso de esa estructura.
Raquel Cohén Henríquez de Abinun de Lima. Nació en 1848. Hija de David Cohén Henríquez y Esther Abinun de Lima. Fue la única mujer sefardita en Coro que destacó como comerciante, manejando una firma exportadora-importadora, que quedó en sus manos a la muerte de su esposo, Moisés Abinun de Lima, en 1883. Aparece como importadora en documentos del último cuarto del siglo XIX.xv En 1895 figuró entre los acreedores en el juicio de quiebra del Ferrocarril La Vela-Coro, como poseedora de bonos de dicha empresa.xvi En el año 1900 solicitó permiso para vender una casa sobre la cual tenían derechos sus hijos menores: Esther, América y Rodolfo Abinun De Lima.xvii Al retirarse de la actividad dejó su casa de comercio a sus hijos. Murió en Coro el 5 de octubre de 1924. La prensa coriana reseñó su fallecimiento llamándola cariñosamente «Sión Yeyé», y destacando sus cualidades como mujer de lucha y trabajo.xviii
Déborah Curiel. Nació en Coro el 30 de enero de 1862 y murió el 30 de enero de 1866. Fue la primogénita de David Curiel y ExildaAbenatar. Está enterrada al lado de su abuela paterna Déborah Levy Maduro de Curiel e inmediata a la tumba de su hermano Abenatar Curiel y a la de su abuelo Joseph Curiel, quien escribió en el Libro de Familia: «El 30 de enero de 1866 (e v) o sea el 14 de Sebat de 5626 (e M) fue día de duelo para nuestra familia. En la edad de la inocencia, contando apenas cuatro años de su existencia, la inexorable Parca tronchó los días de mi querida nieta Deborah. Respetemos los decretos insondables del Altísimo y resignémonos a regar su sepulcro con nuestras lágrimas. Coro».xix
José David Curiel Abenatar. Nació el 19 de julio de 1863. Otro hijo de David Curiel y ExildaAbenatar. De su unión con Francisca Chirinos, católica, nacieron Héctor y Edmundo Curiel. De su unión con Aurelia Ruiz nació una hija: Irma Curiel.xx Doctor en Farmacia por la Universidad Central de Venezuela en 1884. Escritor, fue uno de los fundadores de la Sociedad Armonía Literaria. Fundó en 1886 la Sociedad Farmacéutica de Coro, siendo su primer presidente. En 1885 fundó la Botica Americana, que en 1897 se convirtió en la Farmacia Curiel, donde además hubo una peña literaria, y para 1895 se le ubica como regente de la Farmacia Cook e hijos, alcanzando en 1910 la presidencia del Centro Farmacéutico del Estado Falcón.xxiDirector del Colegio Nacional de Puerto Cumarebo y subdirector del Colegio Federal de Coro (1912), donde además dio clases de química. Presidente del concejo municipal, del consejo de instrucción pública y de la asamblea legislativa del Estado Falcón. Diputado suplente al congreso nacional. Condecorado con la orden del Busto del Libertador en su tercera clase. Miembro de la Logia Masónica Nº 17 de la ciudad de Coro, alcanzó el grado 33. Murió el 23 de mayo de 1933.
José Curiel Abenatar. Nació en Coro el 19 de mayo de 1870. Hijo de Salomón Curiel y Celinda Abenatar. Graduado de médico en la Universidad Central de Venezuela el 8-02-1893. Casó en Coro el 16-12-1896 con María Sánchez Atienza, católica.xxii Hijos: Salomón, Raúl, Celinda, Aída, Juvenal, Benjamín, Darío y José. Escritor y poeta de activa vida pública en la ciudad de Coro. Fue venerable de la Logia Masónica Nº 17 de Coro, presidente del concejo municipal del Distrito Miranda (1906), vicerrector del Colegio Federal de Primera Categoría del Estado y finalmente director y examinador del Colegio Nacional de Varones de Coro cuando menos desde 1904 y hasta su muerte. Murió en Caracas el 26 de marzo de 1910. Por ser considerado hombre ilustre, sus restos fueron trasladados en 1921 al Panteón Regional del Estado Falcón por Resolución de la Asamblea Legislativa del Estado Falcón; panteón ubicado para el momento de su muerte en el templo católico de San Gabriel.xxiii En 1987, al desaparecer el panteón de hombres ilustres, sus cenizas fueron trasladadas al cementerio judío de Coro, donde reposa junto a sus padres y su hijo Raúl.xxiv
Salomón Levy-Maduro Vaz. Nació en Coro el 23 de octubre de 1873.xxv Hijo de David Levy-Maduro y BetziVazCapriles de Levy-Maduro. En su juventud fue tenedor de libros de la firma Isaac A. Senior e hijo. Para 1906 se anunciaba como dentista.xxvi La Dirección de Sanidad Nacional le extendió una licencia especial para ejercer dicha profesión el 28-09-1926. Obtuvo el título de odontólogo expedido por el Colegio de Odontólogos de Venezuela el 16 de enero de 1946. De su unión con Ignacia Acosta, católica, tuvo un hijo: Ángel Maduro Acosta (1889-1995), protoarqueólogo falconiano e historiador regional. La madre murió al parto, siendo el niño criado por sus abuelos paternos y educado como católico. De una unión posterior, con Rosario Rodríguez, también católica, tuvo por hijos a Armando, Arturo, Roger, Aurora, Ana y Amalia Maduro Rodríguez. Se considera a Salomón Levy-Maduro Vaz el último oficiante religioso que tuvo la comunidad sefardita coriana, ya que leía textos en hebreo y dirigía la ritualidad que conservaba el grupo.xxvii Murió en Coro el 11 de mayo de 1964. Está enterrado al lado de sus padres.
Otoniel López-Fonseca. Nació el 6 de octubre de 1882.xxviii Hijo de Isaac López-Fonseca y Abigail Curiel Delvalle. Tuvo descendencia con Nerea Chapman,xxix católica. Hijos: Marta Ramona, Elba, Lil, Lourdes, Alí y Orfa López Chapman. Participó en los movimientos literarios y culturales de comienzos del siglo XX, siendo amigo de la escritora Virginia Gil de Hermoso. Hizo carrera política, llegando a ser diputado suplente al congreso nacional en representación del Estado Falcón en el período 1927-1930, y diputado principal al congreso nacional en el período 1936-1941.xxx Murió en Coro el 9 de marzo de 1964.
Elías Capriles López-Fonseca. Nació el 5 de diciembre de 1919. Hijo de Manasés CaprilesMyerston y Débora López-Fonseca de Capriles. Casó con Ana Isabel Granadillo Ramos, católica; teniendo por única hija a Débora. Bachiller en filosofía por el Colegio Federal de Coro. Periodista autodidacta; hizo estudios inconclusos de Derecho en la Universidad Central de Venezuela y en Panamá.xxxi Fue miembro del Partido Comunista de Venezuela y uno de los fundadores del PCV Falcón, compartiendo responsabilidades en los organismos de dirección. Sufrió cárcel y confinamiento en varias ocasiones debido a sus ideas políticas.xxxii En julio de 1958, tras caer la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, fue designado vicepresidente de la Junta Distrital Electoral del Distrito Miranda del Estado Falcón. Murió en Maracay el 27 de abril de 1978.
Por último, cierro esta lista con un personaje muy especial, del cual la memoria oral ha rescatado los últimos instantes de su vida en el apego estricto a su fe religiosa; se trata de Samuel López Fonseca Curiel. Nació en Curazao el 12 de septiembre de 1855.xxxiii Hijo de Elías López-Fonseca y Sarah Curiel Levy-Maduro. Murió el 15 de mayo de 1928. Thelma Henríquez heredó de su madre la crónica de los últimos instantes de su vida: Samuel enferma gravemente en Caracas, siendo recluido en el Hospital Vargas, donde fallece. Don Daniel Henríquez se encontraba en la capital y al saber del deceso se trasladó al hospital, donde encontró al doctor Pedro Manuel Arcaya, que tenía buenas relaciones con la familia López Fonseca. Arcaya le expresó que el sacerdote le había preguntado quién era el caballero que acababa de fallecer, y le narró que fue, como sacerdote, a ofrecerle sus oficios para ayudarlo a bien morir. Samuel le contestó que él toda la vida había reconocido en Jesucristo a un gran hombre, pero en el momento supremo de la muerte no podía presentarse apóstata ante Di-os. El sacerdote lo acompañó hasta cerrar los ojos, respetuoso de la sólida fe de aquel desconocido.xxxiv
Este camposanto, aún en uso, fue reconstruido por Mario Abinum de Lima en 1945. Una placa colocada al interior del pórtico del cementerio así lo hace constar, colocando los años 1865-1945, de lo cual se deduce que en 1865 debió ejecutarse algún trabajo de importancia en el lugar, tal vez en relación con el retorno de la comunidad tras los sucesos xenofóbicos de 1855.xxxv Años de deterioro condujeron a la vandalización del sitio y pérdida de varias de sus estatuas. Fue rescatado del abandono en 1970 por la unión de esfuerzos de Sara Celinda López-Fonseca Curiel, Iván Capriles López, Esther de Lima de Senior, Hnas. López-Fonseca Curiel, Miguel Ángel Senior Correa y los hermanos Alberto, Thelma y Herman Henríquez López, todos ellos descendientes de la comunidad sefardita coriana; la Asociación Israelita de Venezuela y organismos oficiales, recuperándose así para la ciudad de Coro un preciado monumento y patrimonio del colectivo falconiano. El 5 de diciembre de 2003 fue declarado Patrimonio Cultural del Municipio Miranda, y el 20 de julio de 2004 Monumento Histórico Regional del Estado Falcón. Constituye, junto al templo y cementerio de San Nicolás, una unidad de alto valor histórico-arquitectónico y artístico que, inexplicablemente, no fueron considerados en la Declaratoria de Patrimonio Mundial de 1993. Un error que a futuro se deberá subsanar.

Fuentes de archivo:
– Archivo General de la Nación (AGN). Sección Guerra y Marina.
– Archivo Histórico del Estado Falcón-Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (AHEF-UNEFM). Sección Instrumentos Públicos (SIP), Sección Civiles, Sección Nacimientos-Nacimientos Coro (NC).
– Archivo Municipio Miranda, Fondo Histórico, Sección Secretaría de Cámara, Serie Matrimonios.

Manuscritos
– Curiel, Joseph (S/F). Libro de familia. Escrito en el siglo XIX, este valioso manuscrito se encuentra bajo guarda y custodia del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas. Fue donado gentilmente por el Rab. Isidoro Aizenberg en noviembre del año 1983, junto a instrumentos de circuncisión de Joseph Curiel y el libro de Ángel Jesurun «Principios Elementales de Instrucción Religiosa y Moral. Impreso en Caracas en 1845». Revista Maguén-Escudo. AIV-CESC. Segunda Época. Enero-marzo 1983. Pp. 29-31.
– Curiel, Rafael Ángel (S/F). Historia del apellido Curiel en Coro. Manuscrito inédito. Coro.
– Van Grieken, Ismael (S/F). La familia López-Fonseca Curiel en la ciudad de Coro. Manuscrito inédito. Coro.
Fuentes bibliográficas
– Aizenberg, Isidoro (1983). La comunidad judía de Coro. 1824-1900. Coedición Biblioteca de Temas y Autores Falconianos-Asociación Israelita de Venezuela. Caracas.
– Bakkum, Maarten (2001). La comunidad judeo-curazoleña de Coro y el pogrom de 1855. Coedición INCUDEFCIHEF-V Coloquio de Historia Regional Falconiana-Biblioteca Óscar Beaujón Graterol. Caracas.
– Briceño, Gabriel (S/F). El estado Falcón y sus médicos nativos hasta 1950. Ediciones L.E.O. España.
– Carciente, Jacobo (1997). Presencia sefardí en la historia de Venezuela. Edición AIV-Centro de Estudios Sefardíes de Caracas. Caracas.
– Calzadilla, Juan y Briceño, Pedro (1997). Escultura/Escultores. Un libro sobre la escultura en Venezuela. Edición Maraven. Caracas.
– De Lima, Blanca (2011). Informe final historia. Proyecto Cementerio Judío de Coro: estudio integral. Inédito. CIHPMA-UNEFM. Coro.
– De Lima, Blanca (2002). Coro: fin de diáspora. Isaac A. Senior e Hijo: redes comerciales y circuito exportador (1884-1930). Edición CEP-FHE/UCV. Caracas.
– De Lima, Blanca (1996). The Coro and La Vela Railroad and Improvement Co. 1897-1938. Edición UNEFM. Coro.
– Emmanuel, Isaac (1973). TheJews of Coro, Venezuela. American Jewish Archives. EUA.
– Gutiérrez, Rodrigo (2004). Monumento conmemorativo y espacio público en Iberoamérica. Ediciones Cátedra. Madrid.
– Pineda, Rafael (1980). Narváez. La escultura hasta Narváez. Ernesto Armitano editor. Caracas.
– S/A. (S/F). Corona fúnebre en memoria de José Curiel Abenatar.
– Silva, Carlos (1999). La escultura en Venezuela en el siglo XIX y la presencia italiana. Edic. Istituto Italiano di Cultura-Armitano editores C. A. Caracas.
– Suárez, Ana María. (1994). Emilio Gariboldi y Pietro Ceccarelli. Bosquejo biográfico e inventario de sus esculturas en Venezuela. Tesis de licenciatura no publicada. Facultad de Humanidades y Educación, Escuela de Artes, Universidad Central de Venezuela. Caracas.
– Vattimo, Gianni (1990). La Sociedad Transparente. Ediciones Paidós. Barcelona.
Fuentes hemerográficas
El Conciliador. Coro, 1906, 1924.
El Falconiano. Coro, 1978.
Tribuna. Coro, 1978.
Fuentes orales
Entrevista al Sr. César Maduro Ferrer (ECM). Coro, 6 de abril de 1999.
Entrevista a la Srta. Alicia López-Fonseca Mendoza (EAL). Coro, 15 de abril de 1999.
Entrevista a la Srta. Thelma Henríquez (ETH). Coro, 16 de junio de 1999.
Entrevista al Sr. Alí López Chapman (EALCH). Coro, 31 de abril de 2009.
Entrevista al Sr. Oscar Senior Castillo (EOS). Caracas, 4 de febrero de 2014.
Entrevista a la Sra. Inés Aguerrevere de Senior (EIA). Caracas, 5 de febrero de 2014.
iVattimo, 1990: 76.
ii La narración se la hizo una tía abuela paterna al Sr. César Maduro Ferrer, nieto de Salomón Levi-Maduro, último oficiante religioso de la comunidad sefardita coriana. ECM. Coro, 1999.
iii De Lima, 2011.
iv Pineda, 1980: 48.
v Calzadilla, 1997; Silva, 1999; Gutiérrez, 2004.
vi De Lima, 2002.
vii EIA. Caracas, 2014.
viii Suárez, 1994.
ix EAL. Coro, 1999; EIA, EOS. Caracas, 2014.
x Libro de familia de Joseph Curiel.
xi Emmanuel, 1973: 29.
xii AHF-UNEFM, SIP, T. LXVIII (1858-1862), f. 267-267v.; cuaderno de familia de Joseph Curiel.
xiiiCarciente, 1997: 131.
xivCarciente, 1997: 129.
xv AGN, Guerra y Marina, 1900.
xvi De Lima, 1996.
xvii AHEF-UNEFM, Sección Civiles. Expedientes sueltos, Caja 1.
xviii El Conciliador. Coro, 13-10-1924, p. 2.
xix Libro de familia de Joseph Curiel.
xx Curiel, Rafael (S/F). Historia del apellido Curiel en Coro.
xxiCarciente, 1997: 129-130.
xxii Archivo Municipio Miranda, Fondo Histórico, Sección Secretaría de Cámara, Serie Matrimonios, Libro 1, Caja 2, Folio 20-20v.
xxiii Briceño, S/F.
xxiv S/A. S/F.
xxv AHEF-UNEFM, NC 1873, f. 25v, Acta Nº 26.
xxvi El Conciliador, Coro, 15-03-1906, p. 1.
xxvii ECM. Coro, 1999.
xxviii AHEF-UNEFM, NC 1878, F. 8, Acta Nº 72.
xxix EALCH. Coro, 2009.
xxx Van Grieken, S/F. La familia López-Fonseca Curiel en la ciudad de Coro.
xxxi Tribuna. Coro, 5-05-1978.
xxxii El Falconiano. Coro, 4-05-1978. Tribuna. Coro, 5-05-1978.
xxxiii En el registro civil del NationalArchief van de NederlandseAntillen está inscrito como nacido en Curazao el 12 de octubre de 1855, es decir, ocho meses después de los eventos xenofóbicos anti-judíos ocurridos en Coro. Debe haber sido circuncidado en Curazao, ya que su hermana menor Raquel también nació en Curazao poco más de dos años después; indicativo de que la familia permaneció en la isla cuando menos tres años.
xxxiv ETH. Coro, 1999.
xxxvBakkum, 2001; Aizenberg, 1983.

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