Un curso que invitó a releer a KAFKA

El Instituto Superior de Estudios Judaicos de la Federación Sionista de Venezuela y el Centro de Estudios Sefardíes de Caracas de la Asociación Israelita de Venezuela auspiciaron el curso Kafka y nosotros, en la Sinagoga Tiféret Israel del Este, conducido por el poeta y escritor Harry Almela

—¿Por qué Kafka? ¿Cuál es la vigencia de este escritor en el siglo XXI y en esta Venezuela tan controvertida?

Con la obra de Franz Kafka ocurre lo mismo que con la pintura de El Bosco: cada nueva generación le asigna nuevas interpretaciones, a pesar de que sus orígenes son la puesta en escena de un palimpsesto de significados. En el caso del pintor, la lectura puede implicar una crítica profunda a los cánones religiosos de su tiempo y, sin embargo, los surrealistas franceses del siglo XX no dudaron en colocarlo entre sus filas. Con Kafka sucede que no solo los surrealistas lo asimilaron a su discurso, sino también los psicoanalistas, los marxistas y la propia cultura judía. El Desplazamiento de los significantes permite eso y mucho más. A nosotros nos interesa leerlo en las claves de la modernidad, es decir, en el cruce de los conflictos propios de la creación del yo Moderno, de su particularidad, durante el período de ascenso de la sociedad de masas, en los primeros años de la expansión del capitalismo.

—¿Existen elementos del Judaísmo en la obra de Kafka?

—Por supuesto que los elementos judíos están presentes en su obra si tomamos en cuenta su condición personal en la sociedad checa como hablante de una lengua minoritaria en su contexto praguense, como lo era el alemán. Es curioso que, apenas en los últimos años, Kafka haya comenzado a ser reconocido por los propios checos como un autor de su tierra que escribía en lengua extranjera, que caracterizaba la preponderancia del Imperio Austrohúngaro.

—La obra de Kafka pareciera reflejar a un hombre atormentado, acechado por la ausencia de valores, de creencias, de objetivos de vida, sin certezas; más que moderno, nos aventuraríamos a decir que posmoderno.

¿Comparte esta visión sobre Kafka?

—Lo que sí puedo decir es que su obra está atravesada por sus conflictos personales. Elías Canetti ha querido ver en la composición de El proceso y La metamorfosis algunos elementos de su extraña relación con Felice Bauer. Creo interesante poder descifrar cómo funciona esa máquina creativa, expresión de esa mezcla de crítica de la tradición religiosa a la que pertenece sin mucha convicción (a pesar de su tardía afiliación a las corrientes sionistas de la época), en una lengua con la que desea identificarse, en un ambiente donde la asimilación a la modernidad occidental le permitía leer y permearse de la literatura de Dostoievski, y todo eso teniendo como telón de fondo sus propios temores y deseos. Por otra parte, su obra se caracteriza por el humor y la ironía, mecanismos que le permitían marcar distancia con el horror que quiso describir; un horror que, dicho sea de paso, describió, o percibió más bien, en la atmósfera de su tiempo: la maquinaria burocrática que años después se expresó en las diversas versiones del totalitarismo del siglo XX, y que tuvo en la Shoá una de sus más perversas manifestaciones.

Temario en perspectiva

Almela explicó que se seleccionaron algunos textos y una bibliografía básica sobre el autor que permitió exponer esta propuesta, propiciando una visión dinámica, con la esperanza de que se enriqueciese con la contribución de los asistentes al seminario. «El éxito de este propósito se evalúa en la culminación del mismo. Aspiro a que los participantes se hayan solazado tanto en el curso Como yo en su preparación», agregó. Los te,sd que contempló este curso fueron los siguientes: La máquina célibe; la colonia penitenciaria; religión y modernidad: Carta al padre; lo contingente como agresividad y culpa: la condena; castigo sin crimen: el proceso; y castigo sin crimen: el proceso.

Mirian Harrar de Bierman

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