TRES LIBROS, TRES TESOROS

Recibí tres libros de mi querido amigo Moisés Garzón Serfaty, a los que considero tres verdaderos tesoros, cada uno con brillo propio, y por lo que le quedo muy agradecido.

Los leí dos veces antes de decidirme a escribir esta crítica. Héla aquí.

Voz de Eternidad
Aunque las comparaciones son siempre odiosas, es tal vez el más maduro de sus poemarios. Sin perder ni un ápice de la calidad poética a la que ya nos tiene malacostumbrados don Moisés Garzón, en este se respira judaísmo por los cuatro costados. Aquí tenemos la urgencia de sumergirnos en el dolor, en el orgullo, en el temor de Dios, en el patriotismo, en la unicidad. Garzón se muestra en este libro, en perfecta consonancia con toda la acción de su vida, como lo que es por sobre todas las otras grandes cualidades que ostenta, un judío a carta cabal, en lo personal, en lo familiar, en lo comunitario, en lo político y en lo que trasciende desde el umbral de su casa hasta el corazón de Jerusalén, sin escalas, sin bajarse en ningún otro puerto. Los poemas son en muchos casos desgarradores, porque son un canto al sufrimiento, a la persecución, a la muerte… pero también son un canto a la vida, a la redención, a la esperanza. Este poemario que nos recuerda las cosas del pasado que creíamos muertas en muchos sentidos, cobra vigencia a la hora de la profanación sufrida por nuestro querido templo y sede comunitaria de Maripérez.

Tetuán. Relato de una nostalgia
Este ensayo costumbrista es un documento impecable. Tengo que confesar que encontré en él muchísimos de los paisajes y escenas que me habían sido narradas de niño por el único tío sefardí, Samuel (Melo) Cadoche (ZL), a la sazón también tenuaní como sus parientes cercanos, los Bergel y los Abecasis. No es casual que haya comenzado a hablar de Tetuán.Relato de una nostalgia, precisamente con otra nostalgia, venida desde el mismo lugar del mapa.

Una comunidad dueña de un tesoro cultural inapreciable. Personas conocedoras y respetuosas del judaísmo, pero además excelentes vecinos, en la mayoría de los casos políglotas, personas refinadas pero con una envidiable sencillez y modestia, una especie de elite judía sin aspavientos. Casas adornadas de tapetes y arabescos, vasos de plata y finos cristales, comidas exquisitas… confluencia de lo mejor de Europa y de Oriente adornando al ya rico tronco judío. El Tetuán de Moisés Garzón es un viaje a un mundo tan exhuberante que se me hace fantástico, pero que sé fue real. Es un tratado costumbrista en el que vi reflejados no solo los relatos del tío Melo, sino de muchas de las cosas que aprendí en las casas de la extensa familia sefardita de la Asociación Israelita de Venezuela. Tetuán. Relato de una nostalgia, es una acuarela, llena de música y poesía, de profundas reflexiones jugando en la mesa familiar y en el entorno de cualquier casa, de cualquier familia judía de Tetuán, porque si este lector polaco, nacido en la Argentina, pudo emocionarse hasta las lágrimas con algunos de los pasajes del libro, calculo que habrá sido una experiencia alucinante leerlo por quienes tuvieron el privilegio de vivir allí y de vibrar con Garzón al ritmo de su propia nostalgia. Una verdadera obra de arte, en la que también Moisés recopiló algunos trabajos que publicó oportunamente en Maguén, cada uno de los cuales es en sí mismo un valioso ensayo literario, documental, costumbrista y como no podía ser de otro modo: judío hasta la médula.

Apuntes para una historia de la judeofobia
Fue el primero de los tres libros que recibí y lo leí casi inmediatamente. Sería en octubre de 2008 durante un viaje a Florida. El vuelo fue largo, y, sin embargo, no alcancé a terminarlo porque tenía que leer algunos de los capítulos varias veces, tanto para subrayarlos como para retener y para entender no solo la información que es clara y precisa, sino la filosofía que trasciende a la información, el mensaje, el razonamiento global y la exquisita profundidad que a veces se me hizo algo desordenada, no porque realmente lo sea, sino porque en un avión tengo una buena concentración para leerme una hermosa novela… pero, no para analizar un libro razonado de historia.

Alguien me había comentado la sorpresa de ver al doctor Garzón transformado en un cuidadoso y detallista historiador. Pues esa persona no tiene idea de quién es Moisés Garzón. Puede que no tenga un título universitario en Historia (yo mismo no lo sé, ni me interesa)… pero el trabajo de hormiga que viene haciendo en Maguén desde hace varias décadas y el que realizó en el Nuevo Mundo Israelita, tenían la meticulosidad del historiador, del coleccionista, de la persona obsesionada con el recuerdo, con el retorno a las raíces, con el ashkesefardismo y con el judaísmo y el sionismo en el mejor y más cabal sentido de la palabra, es decir, con el pensamiento y la acción, especialmente la presencia en la vida comunitaria.

Criticando a su más reciente poemario, hablaba yo de la vigencia… ¿entonces, qué me queda para este libro? ¿Cómo calificarlo si la segunda vez que lo leí fue en la mañana posterior a los actos vandálicos en Maripérez…? ¡Urgente! ¡Obligatorio! ¡Imprescindible!!.. .Todo eso junto. La judeofobia es tal vez anterior al Imperio Romano y se retroalimenta casi todo el tiempo como una lombriz solitaria. La virulencia del fanatismo islámico y la mordaza que le han puesto al llamado mundo libre, que sin suficiente coraje para combatirlo, se arrodilla a sus pies, pide disculpas por cualquier menudencia que pueda incomodarlo y le permite continuar con la metástasis de la que tal vez ya no pueda curarse.

Los «Apuntes» de Garzón han trascendido la pretensión de ser sencillamente apuntes, para transformarse en versículos que deberíamos estudiar y analizar una y otra vez, seguirlos analizando más adelante y cotejarlo con las fuentes que cita el autor en la extensa bibliografía que consultó. Claro, apuntes habrán sido los que él iba tomando, los que fue tomando no para esta obra sino para la gran obra de su vida, porque el poeta que hay en él jamás apostó a la guerra frontal, sino a la guerra sutil de mostrarle al mundo la belleza de nuestra cultura.

Pero no fueron solo poemas. Moisés Garzón peleó palmo a palmo junto a otros extraordinarios líderes (algunos de los cuales ya no nos acompañan) para hacer que la nuestra sea una comunidad sionista, sin menoscabo de la práctica religiosa y de la educación. Garzón colectó dinero para las grandes obras de nuestra comunidad; pero, también para reverdecer a Israel, tal vez la más ecologista de todas las campañas (sin desmedro de las demás que son desde luego necesarias). En este libro, Garzón no renuncia a esa apuesta, pero saca del cofre mucho material que jamás había dado a la luz, y sorprende positivamente a propios y extraños por la originalidad, por la calidad y cantidad del material vertido en su obra.

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