TRES CABALLEROS de la cultura sefardí

Con motivo de los 15 años del Museo Sefardí de Caracas Morris E. Curiel, se realizaron una serie de actos. En el central, las palabras de honor estuvieron a cargo de la licenciada Priscila Abecasis, miembro del consejo directivo y miembro fundador de esta institución. He aquí sus palabras

Priscila Abecasis

Crear un museo para mostrar los grandes aportes de la cultura sefardí, tanto al mundo, como a nuestro país, fue un viejo anhelo del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, cuya trayectoria de más de 20 años entonces, le concedían toda la legitimidad para dar este gran paso.  Sus eventos, su labor editorial y la siempre esperada revista Maguén-Escudo, conformaban hacia los años 80, un aval más que apropiado para emprender este proyecto. Obligado es entonces, mencionar a dos de sus grandes promotores, nuestros apreciados don Jacob Carciente y don Moisés Garzón.

 

El gran empuje se consigue gracias a la generosa colaboración de don Morris E. Curiel, Z’L, por cuyo aporte, el Museo Sefardí logra salir del mundo de los anhelos para convertirse en una realidad: Un museo, con acta constitutiva, con un espacio proyectado, con una colección de objetos de judaica a conformar, con una programación expositiva a desarrollar en el tiempo y con un fondo  presupuestario. Un museo con el apoyo irrestricto de su institución madre, la Asociación Israelita de Venezuela y un consejo directivo de personalidades comunitarias, de distintas profesiones y experticias, voluntarias todas y con el compromiso y el reto enorme de echar adelante este sueño.

En diferentes épocas y a lo largo de estos quince años, es importante reconocer el  valioso aporte que ellos realizaron en su momento: Ellos son David Bassán, Sete Bassán, Simy Bentata, Lilliam Beracasa, Reina Farache  Silvia Albo y Marina Wecksler. Recordamos hoy también a nuestra querida Trudy Spira Z’L –quien  nos acompañó desde el principio.  Y a la junta actual, integrada por Ana Caufman, José Chocrón, Esthercita Chocrón, Samuel Dezman, Monique Harrar, Alberto Moryusef, Mauricio Obadía, Sol Ponte, Mary Taurel y Federica Palomero.

 

A la cabeza de esta gran mesa rectangular, desde el año 1999, tres figuras de nuestra comunidad,  tres hormigas tesoneras, constantes y persistentes, quienes aún, cada miércoles, durante estos quince años siguen siendo los primeros en llegar a la reunión,  siguen trabajando después de la reunión, no se amilanan por las dificultades e infunden el ánimo necesario a los demás. Son grandes benefactores y recaudadores de fondos,  se enfrentan a uno que otro  que considera un museo un lujo innecesario; creían y siguen creyendo en la necesidad de preservar  y difundir nuestros valores culturales como un acto de comunicación y bienvenida al mundo que nos circunda. Alberto, Abraham y Amram. Tres caballeros de la cultura sefardí.

 

Cuando mis queridas amigas y compañeras del Museo Sefardí;  Federica y Ana me encargaron hacer esta semblanza de nuestro triunvirato, no tenía muy claro por quién comenzar: Los tres nombres empiezan por A. Por edad tampoco, porque confieso que no manejo estos datos y no pienso a estas alturas meterme en problemas. Decidí entonces que lo haría por el cargo que ellos han ocupado, por mera ayuda metodológica, porque hago la salvedad,  cada uno de ellos  ha sido crucial en la creación y sustentabilidad de nuestro museo.

 

Alberto Botbol, que para quien no lo sepa se llama Abraham, es nuestro presidente. Nació en Tetuán y llegó a Venezuela en 1963. Desde entonces ha sido un incansable trabajador comunitario, tanto en la AIV, como en CAIV y en Hebraica. Estudió Economía en Ginebra, Suiza. Aunque sabe mucho de números, su gran habilidad es la diplomacia y las relaciones públicas. Tiene un don especial para relacionarse con embajadores y cónsules. Él sabe que es una magnífica puerta de entrada para dar a conocer al museo y en definitiva para hacer la mejor hasbará hacia nuestra kehilá y hacia la causa judía. Gracias a Alberto, la labor del Museo Sefardí de Caracas se conoce en países como Canadá, Reino Unido, Alemania, Austria, Estados Unidos, Grecia, Francia, Israel, Marruecos y España. Vale decir que tenemos en Casa Sefarad de Madrid una institución aliada.

 

Cuando comenzamos a trabajar en el proyecto del museo, aunque no entendía mucho la especificidad de una institución museística, sí contaba con la sensibilidad  y la visión para saber la envergadura que un Museo representa para una sociedad. Muy pronto aprendió que dentro de ese espacio donde se exhiben objetos, obras de arte o documentos, se cuentan historias y se producen procesos de comunicación entre los seres humanos, quienes allí en los museos tienen oportunidad de encontrarse con su propia identidad o acercarse a la diferencia de los otros.

 

Alberto es un hombre con una gran pasión por lo que hace, con una especial alegría que contagia a todos a su alrededor. Ha publicado varias novelas y ensayos. Enérgico y apresurado, no es posible caminar a su lado sin que su paso largo lo deje a uno bien atrás.    Cariñoso, atento y amigo leal.

 

Todos los años, nos invita a su casa a desayunar para decirnos que está cansado y que se quiere retirar. Este año tampoco Alberto, el Museo te necesita…  Con favor de Di-os, hasta 120 años más.

 

Nuestro vicepresidente  es Abraham Levy.  Nació en Los Teques y Abraham es bioquímico graduado de la UCV, donde impartió clases por más de  30 años. Todos lo conocemos porque ha sido presidente de casi todas las instituciones comunitarias. Su capacidad de trabajo es inagotable como lo es su devoción por el judaísmo y por esta comunidad venezolana.  Dotado de gran sabiduría y  sentido de la justicia  Cronista de la comunidad; nadie conoce mejor la historia de nuestra presencia en estas latitudes,  escrita y contada en numerosos artículos de prensa, libros y entrevistas.

 

Abraham encabeza también la gran mesa  de los miércoles. Su aporte a la gestión del Museo Sefardí podría resumirse en dos grandes aspectos.  Por un lado sus amplios y profundos conocimientos acerca de la historia judía en Venezuela, de la cual ha sido testigo buena parte de ella. Varias de las exposiciones presentadas por el Museo Sefardí han contado con el soporte teórico de sus textos curatoriales. Por la otra, su capacidad de analizar los hechos con objetividad y equilibrio. Su ponderación ha sido un pilar que ha sostenido la gestión del Museo así como de muchas instituciones comunitarias.

 

Quienes hemos tenido la dicha de compartir con Abraham sabemos que es un gran narrador oral y fanático del cine.  Escucharlo contar las películas, es mejor que ir a verlas, créanme. Combina a la perfección su racionalidad como científico y su sensibilidad de humanista. Una vez, frente a un anuncio de un show de magia que se presentaría en Caracas, nos sorprendió su inusitado interés. «Yo necesito ver estas cosas, confesó, que me descuadren un poco»… Solo alguien con una gran amplitud de mente es capaz de un comentario tan sensible…

 

El triunvirato lo completa nuestro querido Amram Cohén, tesorero del Museo Sefardí. Nació en Marruecos y llegó a Venezuela en los años 50. Aquí ha sido también un incansable trabajador comunitario, siendo Presidente de Hebraica y del CESC.

 

Amram, experto en números, siempre sus análisis  han sido de gran valor para la mejor utilización de los recursos del Museo. Es también un conocedor de los últimos avances en informática. Gracias a Amram, el Museo logró realizar una base de datos a través de un programa de registro de colecciones al mejor estilo de los grandes museos.

 

Alegre y con un gran sentido del humor,  Amram tiene una especial consciencia de la necesidad de preservación de nuestro patrimonio cultural, desde el cuido de un objeto ancestral hasta la grabación de las melodías de la liturgia sefardí para que no se pierda el meldado como se hacía en Tetuán.

 

Para las generaciones que hemos tomado este camino de trabajo comunitario y para quienes nos siguen,  ellos tres: alberto, abraham y amram han sido sin duda un faro inspirador, el mejor ejemplo.  permita di-os que los tengamos aquí por muchos años más, plenos de salud, activos y luchadores. todavía hay mucho por hacer y mucho por decir.