TESHUVÁ A LA SICILIANA

Néstor Luis Garrido

 

La Giudecca, el antiguo barrio judío de Siracusa, está volviendo a sus raíces hebreas, con la llegada del rabino ortodoxo sefardí Stefano di Mauro, que pasó la mayor parte de su vida en EE UU y que volvió a su Sicilia natal en 2007 para congregar unas cincuenta personas en las fiestas y Shabat. Sicilia, que en la antes de 1492 llegó a albergar una copiosa comunidad judía de 40mil almas, se vio oficialmente sin judíos como parte de la expulsión decretada por los Reyes Católicos en todos sus territorios, que incluían esta como parte de Aragón, aunque el rey Fernando refrendó esta expulsión con un decretoposterior cuatro meses después del Edicto de la Alhambra.

La presencia de los judíos en Sicilia se remonta a tiempos bíblicos y esta isla fue un importante destino de los expulsados por los romanos al comienzo de la Diáspora del año 70 e.c. Con la instauración del cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, los judíos se vieron acosados con persecuciones, en especial en Semana Santa, a raíz de la las prédicas de frailes dominicos y franciscanos.

En Módica, en el año 1478, los hebreos fueron masacrados y según algunos estudiosos, el número pudo haber llegado a 400.

Según Santo Catamare, en su artículo L’espulsion degli Ebrei di Sicilia, Palermo era la ciudad con el número de judíos más alto. Tenía «una sinagoga entre las más bellas y grandes de Sicilia», se hallaba en la plaza Meschita.

«Los judíos del medioevo siciliano llamaban “meskita” a las sinagogas, término utilizadopor respeto ante los musulmanes que llamaban “moschee” a sus lugares de culto». Otras kehilot importantes en la isla eran las de Siracusa, Messina, Vizzini y Catania.

El renacimiento del judaísmo en Sicilia tiene un punto importante en 1987 cuando se descubrió una mikve en Siracusa que se considera la más antigua de Europa. Antes de 1492, había en esa ciudad una docena de sinagogas y unos cinco mil judíos. La prestigiosa revista The Economist sacó en febrero un reportaje sobre el renacimiento judío en Sicilia y entrevistó a varios de los asistentes a la sinagoga donde oficia Di Mauro. Tres de los entrevistados son nativos de la isla que redescubrieron su origen por confesiones de sus abuelas antes de morir.
Entre los entrevistados está Gabriele Spagna, un baal teshuvá (o sea, que volvió al judaísmo) cuya abuela contó de sus orígenes en su lecho de muerte y, como en otros casos de marranismo, él se extrañaba de algunas costumbres de ella como el encendido de velas los viernes en la noche que colocaba en una ventana hacia el Este. Spagna releva a Di Mauro cuando este tiene que irse a Israel para visitar su familia. Otro de los miembros locales de la sinagoga es Salvatore Zurzolo, de 51 años, que descubrió su origen cuando su abuela se negó a recibir la extremaunción. El apellido de la dama en cuestión era Simoni y Zurzolo recordó haber oído de su boca: «Me he escondido toda mi vida y solo quiero morir como judía». Asimismo le pasó a Salvatore Palazzolo, uno de los asistentes de la sinagoga de Di Mauro, quien también conoció de su abuela moribunda el secreto de su judaísmo.
Según refiere Catamare, «En Sicilia fueron condenados 6.211 personas: 2.089 por judaizante; 395 luteranos; 608 moros y renegados; 100 herejes; 865 nigromantes y brujas. Entre 1500 y 1782 los quemados al fuego vivo fueron 584».