SEFARAD: ¿la otra Ley del Retorno?

Sebastián Scherman

El Parlamento Español avanza en el tratamiento de un proyecto de ley que prevé otorgar la nacionalidad a los judíos sefardíes, es decir aquellos descendientes de los expulsados de España en 1492, y que –según diversos cálculos– podría beneficiar a unas 3,5 millones de personas.
Esta noticia es tomada con grandes expectativas y al mismo tiempo con cautela por algunos sectores israelitas de España y de la diáspora, habida cuenta de que el proyecto se encuentra en ciernes. Consultamos diversos referentes en la temática.
Hubo un tiempo, hace poco más de 500 años, que los judíos formaban parte de la pujante y multicultural sociedad ibérica, en donde convivían con musulmanes y cristianos. De hecho, el historiador inglés Paul Johnson, en La historia de los judíos, sostiene que en la Edad Media temprana, e incluso todavía a principios del siglo XIV, España era «el territorio latino más seguro» para los israelitas. Por su parte, en su libro La época judeo-islámica, el historiador ruso Abraham Halkin apunta que en los territorios donde los musulmanes se expandieron, los judíos eran respetados por ser poseedores del Libro revelado y por lo tanto, «no tuvieron que enfrentarse con alternativa de muerte o conversión al Islam». Esta exención, que aplicaba a otros grupos étnicos y religiosos como cristianos y zoroástricos, estaba acompañada de la obligación de pagar una capitación. Halkin sostiene que pese a esta carga los judíos se sintieron conformes con el ascenso de los musulmanes, «puesto que su suerte bajo los cristianos no había sido nada envidiable».
Entre los exponentes de la cultura judeoespañola previa a la expulsión se destacan Benjamín de Tudela, el primer censista del pueblo hebreo, quien durante el siglo XII visitó diversas juderías de Europa y Asia, y Maimónides –contemporáneo a De Tudela– rabino, médico, filósofo, Talmudista y halajista cordobés.
Ese mosaico comenzó a resquebrajarse con la irrupción de la Inquisición, brutal maquinaria estatal de los Reyes Católicos que expulsó de su comarca a los israelitas que no aceptaran la conversión a la religión oficial. Es así como muchos judíos se esparcieron por América y el Mediterráneo –especialmente norte de África e Imperio Otomano–. Baruj Spinoza, filósofo racionalista y heredero intelectual de Maimónides, es uno de los hijos de esa cultura sefardí que se dispersó por el nuevo y –en su caso– el viejo continente: nació en 1632 en Ámsterdam, Holanda, adonde su familia había llegado huyendo de la Inquisición.
Para el historiador Joseph Pérez, el término Sefarad o sefardí es preferible reservarlo para designar al conjunto de los judíos expulsados de España a partir de 1492 y no a uno de sus usos actuales, es decir, el que lo opone con askenazí, categoría empleada para designar a los judíos de Europa Central y Oriental. Según refiere en su libro Los judíos en España, que el término Sefarad «es un topónimo bíblico, pero de difícil interpretación», ya que la Sefarad bíblica remite a una ciudad en Oriente Próximo, que no tendría nada que ver con ningún lugar del Oeste, como podría ser la Península Ibérica. Para Pérez, los israelitas que vivieron en la España previa lo hicieron en el Al-Ándalus (España musulmana) o en la cristiana.

El anteproyecto
En la actualidad, los sefardíes que quieran acceder a la nacionalidad española deben realizar las mismas gestiones que cualquier persona que quiera gozar de dicho beneficio: acreditando una residencia de dos años o bien mediante una carta de naturaleza, en cuyo caso es el Consejo de Ministros el que evalúa el otorgamiento. En ambas situaciones el interesado debe renunciar a su nacionalidad de origen, requisito que el Anteproyecto propone suprimir.
Este último punto trajo aparejado no poco ruido en Israel: una nota publicada el 10 de febrero de 2014 en el diario El País, de España, da cuenta de que los consulados españoles en Tel Aviv y Jerusalén se encuentran saturados de consultas. En dicho artículo, su autor, David Alandete, analiza que el silencio del gobierno israelí ante el anteproyecto respondería a «cierto recelo hacia la idea de que otro país conceda pasaportes propios a un significativo grupo de judíos, muchos de ellos israelíes», aun cuando el proyecto «se interpreta como de buena voluntad».
Entre 1924 y 1930 los sefardíes pudieron acceder a la nacionalidad española, en virtud del decreto legislativo del 21de diciembre de 1924. Solo 3 mil sefardíes realizaron el trámite. Sin embargo, finalizado el plazo –acota el texto del Anteproyecto–, «muchos recibieron la protección de los cónsules de España incluso sin haber obtenido propiamente la nacionalidad española».
Consultado por nosotros, el director de Relaciones Institucionales del Centro Sefarad-Israel, Fernando Martínez-Vara de Rey afirma: «Contemplamos el anuncio del anteproyecto con gran entusiasmo y con cierta cautela. El entusiasmo obedece a que desde nuestra puesta en marcha en 2007 hemos dado máximo relieve al fortalecimiento de vínculos entre España y las comunidades sefardíes en la Diáspora: hemos visitado comunidades de todo el mundo y trabajado con ellas en el impulso de una plataforma denominada Erensya que ha dado pie a iniciativas culturales e institucionales y a dos Cumbres (Bulgaria 2011 y Turquía 2013) que han congregado a sus representantes. La cautela responde a que el anteproyecto es aún susceptible de diversos trámites parlamentarios, si bien de salida el texto resulta atractivo y desde luego innovador por cuanto flexibiliza los cauces y los medios de prueba». Martínez-Vara de Rey asegura que en su contacto cotidiano con la diáspora sefardí «hemos apreciado el profundo apego de las comunidades de diferentes latitudes a su origen español: la lengua, el folclor, los nombres, son señas de identidad de un mundo empeñado en seguir vinculado a sus raíces» y cree «que es de justicia que los poderes públicos españoles faciliten que tal sentimiento se sustancie en el derecho a la nacionalidad de sus ancestros, y que la sociedad española conozca la identidad y la peripecia de tantos millones de compatriotas».
Los cuatro abuelos de Marcelo Benveniste –destacado estudioso de la temática sefardí y editor del portal eSefarad (www.esefarad.com) – nacieron en la Isla de Rodas (actual Grecia y protectorado italiano entre 1912 y 1943), en el seno de una emblemática comunidad sefardí que tiene sus orígenes aun antes de 1492, pero que tras la expulsión de los judíos de la Península recibió una gran cantidad de ellos. La comunidad fue exterminada por los nazis: sus 1.800 miembros fueron deportados a Auschwitz, de los cuales solo sobrevivieron 160.
Benveniste considera: «Es muy importante que el gobierno español ponga en evidencia la influencia de su propio pasado judío, que en definitiva es parte de su propia historia. Si bien algunos pueden pensar que esto tiene ver con una conveniencia politicoeconómica de España, creo que es un símbolo importante como reconocimiento al aporte realizado por el colectivo judeoespañol desde su paso por las juderías de España hacia toda la humanidad, y también es un reconocimiento no solo del error histórico que significa haberlos forzado a la expulsión, la conversión o la muerte, sino, y en especial, del error cometido aún mucho después negando o al menos manteniendo casi oculta esa parte de la historia».
El investigador argentino baja las expectativas que despertó el anteproyecto y opina: «En principio no parece tan amplio como muchos piensan, plantea claramente como requisito una identificación del interesado con España, lo cual se traduce en mantener las tradiciones, las costumbres y eventualmente el idioma judeoespañol, el ladino». Y advierte a los que creen que la nacionalidad se obtendría simplemente por cargar con un apellido sefardí, «no es suficiente, es solo un indicio y solo en algunos casos –marca–. Hay mucha mentira en las redes sociales, en donde se informan supuestas listas de apellidos brindadas por el gobierno español y eso no es así: ni el gobierno español ha publicado listas de apellidos ni estos serán una condición suficiente de demostración de la condición de sefardí e identificación con la cultura española. En el caso de los mizrajim [NdR: judíos procedentes de Medio Oriente] la gran mayoría no tienen «origen español» y quien lo tenga, además de demostrar esa condición, debería demostrar esa identificación con España de la que hablaba».

Sefardíes, shoá y antisemitismo
David Galante es uno de los 160 judíos de la isla de Rodas que sobrevivieron al Holocausto. Finalizada la Guerra viajó de contrabando en un camarote y llegó a Argentina, país que tenía prohibida la entrada a los sobrevivientes. Si bien Galante también mantiene cierta cautela, considera que de convertirse en Ley el proyecto sería «una reivindicación para los sefardíes», una forma «de recuperar su españolidad».
El anteproyecto se enmarca en una España en la que el antisemitismo no es un tema menor. Hace poco tiempo el académico Jesús Casquete publicó una tribuna de opinión en el diario El País, titulada Más que antisemitismo, donde se difunden los datos de una encuesta publicada en 2012 por la Liga Antidifamación, en la que se pidió a ciudadanos de diez países europeos su opinión sobre cuatro estereotipos aplicados a los judíos: 1) «Son más leales a Israel que a este país»; 2) «Tienen demasiado poder en el mundo de los negocios»; 3) «Tienen demasiado poder en los mercados financieros internacionales», y; 4) «Hablan demasiado sobre lo que les ocurrió en el Holocausto». Según la encuesta, España se ubica en el segundo lugar (luego de Hungría) con un 53% de encuestados que contestaron al menos tres de las afirmaciones con un «probablemente cierto». La batalla también se libra en lo cultural. Y es que el mismísimo Diccionario de la Real Academia Española aún incluye entradas peyorativas hacia el colectivo judío, como son las definiciones de «ladino», «judiada», «hebreo», «Sabbat» y «sinagoga» (embárquese el lector en la empresa de buscar estas palabras y analizar sus definiciones, en http://www.rae.es). Cabe destacar, sin embargo, que en el caso de «sinagoga», la versión on line del Diccionario aclara la enmienda para su 23a. edición, que consiste en la eliminación de su tercera acepción: «f. peyor. Reunión para fines que se consideran ilícitos».
El Anteproyecto seguirá trayendo cola durante su tratamiento y después de su aprobación. Habrá que esperar si la Ley se mantiene o sufre grandes modificaciones respecto de su borrador y cuáles serán las repercusiones de su promulgación, dentro y fuera de España.
El texto completo el Anteproyecto de Ley puede leerse en el siguiente link: http://www.esefarad.com/images/anteproyecto_de_ley_nacionalidad_sefardies_-_eSefarad.pdf
Agradecimientos: Fernando M.- Vara de Rey; María Royo, Jefa de Prensa de la Federación de Comunidades Judías de España; Marcelo Benveniste; Martín Hazan; y David Galante.

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