Se cayó la casa de oración de los judíos de CORO, Por Néstor Luis Garrido

Por Néstor Luís Garrido

El 1º de diciembre, las lluvias que afectaron al Estado Falcón acabaron con una de las reliquias del judaísmo venezolano como lo era la sala de oración de los judíos de Coro, ubicada en una casa que perteneció a la familia Sénior en Santa Ana de Coro.

La sala, que había sido acondicionada y refaccionada por la Asociación Israelita de Venezuela en 1996, a petición de la gobernación del Estado Falcón, (por medio del arquitecto Alberto Moryusef), era propiedad de la UNEFM, y estaba administrada por el departamento de Cultura de esa casa de estudios.

La Fundación del Patrimonio Cultural Hebreo Falconiano, presidido Herman Henríquez, había advertido el estado de deterioro de la planta física de esta casa de oración, así como había expresado su preocupación por el mobiliario que estaba allí en calidad de comodato y que era propiedad de dicha fundación.

Recientemente, la Constructora Sambil, por medio del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, refaccionó algunas de las bienhechurías del cementerio judío de Coro, como un muro exterior y el zaguán, y en estos momentos el CESC se encontraba buscando ayuda para preservar las tumbas de los que allí están enterrados.

La sala de oración de los judíos de Coro se encontró por una investigación del rabino Isidoro Aizenberg, quien tras revisar algunos documentos en los que se decía que en la casa de la familia Sénior se reunían para rezar en uno de los cuartos y, siguiendo las especificaciones, se logró identificar el sitio exacto.

En la sala de oración data de mediados del siglo XIX y allí había lámparas, bancos de madera, una tebá, una mapá, un parójet y un arón hakódesh o hejal (sin rollos de la Torá), un piano que perteneció al coleccionista de arte Alberto Henríquez, una mesa, vitrinas con objetos rituales y libros.

Originalmente, había un piso de arena (a la usanza de los judíos del Caribe); pero, este fue retirado hace ya un año y medio a causa de la humedad. La casa, además de presentar filtraciones, también estaba infestada de comején (polillas o termitas).

La comunidad judía de Coro es la más antigua de Venezuela, y estuvo conformada por curazaleños de origen portugués que se residenciaron allí como parte de un proceso de emigración de la isla a distintos puertos del Caribe, incluyendo Panamá, Barranquilla, Santa Marta y Río Hacha.