SANZ BRIZ: el Ángel de Budapest, Por Momy Sultán

Por Momy Sultán

La comunidad judía húngara vivió en relativa calma hasta marzo de 1944, y eso empezó a cambiar cuando los alemanes decidieron eliminar al almirante Miklós Horthy.

Unos 825 mil judíos vivían en Hungría, y en las regiones que ese país se había anexado con la ayuda de Alemania al final de los años treinta y al principio de la guerra.

El 19 de marzo de 1944 el ejército alemán entró en Hungría, y el gobierno pro nazi de Döme Sztojay se instaló con su patrocinio, accedió a ayudar a los alemanes. Himmler le dio instrucciones a Eichmann de organizar y dirigir un grupo especial de la SS para la deportación y eliminación de los judíos. el 19 de marzo de 1944 Eichmann llegó a Budapest y empezó a poner en práctica la «Solución final».

En un período de nueve semanas entre fines de abril y el 4 de julio, Eichmann envió a Auschwitz cerca de medio millón de judíos húngaros con la ayuda de la SS y varios miles de policías húngaros. A principios de julio de 1944 solo quedaban en Budapest y sus alrededores 247 mil.

Cuando el ejército ruso bloqueó Budapest el 24 de diciembre de 1944 e irrumpió en el gueto la noche del 17 de febrero de 1945, cuando quedaban en la capital 125 mil judíos de los cuales 30 mil se habían salvado gracias a la defensa y protección de los países neutrales, uno de esos países fue España.

En junio de 1944, llegó Ángel Sanz Briz a Budapest a encargarse de la legación española. Las comunidades de Tánger y Tetuan fueron los primeros en formular su petición al gobierno español para que ayudara a salvar judíos. Varios cientos de húngaros habían hallado refugio en Tánger antes de la guerra y algunos hicieron prósperos negocios como la familia Reichman.

El 22 de mayo de 1944, los presidentes de estas comunidades apelaron al Alto Comisario de España en Marruecos, para que autorizar la entrada en Tánger de 500 niños en edades comprendidas entre cinco y quince años con setenta adultos que los acompañaban.

El 20 de julio de 1944, Sanz recibió instrucciones junto con la Cruz Roja de seleccionar a niños, y solicitó de organizaciones judías que le enviaran a huérfanos dejados por la guerra. En septiembre de 1944, volvieron a acceder a la petición de los dirigentes israelitas de Tánger de que España concediera visados de entrada a 700 judíos. El ministerio de Asuntos Exteriores proporcionó a Sanz su pleno apoyo a todas sus solicitudes, que tanta falta le hacía. El 15 de julio de 1944 envío un informe sobre la legislación antisemita húngara, y comentó que para las autoridades, sólo la guerra era mayor preocupación que la cuestión judía, Sanz Briz conocía toda la tragedia del pueblo judío húngaro con todos sus penosos detalles.

No hay una cifra exacta de judíos que salvó Sanz Briz, los documentos españoles atestiguan que salvó unos 5.200 y también lo corroboró su viuda Adela Quijano; pero, de otras fuentes como el escritor y catedrático Jaím Avni considera esa cantidad entre 2 mil y 2 mil 800. En Budapest alquiló ocho edificios y los puso bajo la protección de la Legación Española, había hasta treinta personas por habitación, reunió entre los refugiados cien expertos calígrafos y dibujantes para falsificar documentos, pasaportes y órdenes de los alemanes y españoles.

La Legación logró 200 pasaportes y salvoconductos para judíos sefarditas, el cual los multiplicó para que sirviera a una familia completa, y después los falsificaron. Añadiendo letras a la numeración original todos estos se multiplicaron para salvar judíos, la policía le dio una orden donde le indicaban que entregaran a los alemanes los judíos que tenían en la Legación, los falsificaron y los alteraron en sentido contrario.

Expedió pasaportes con una validez de tres meses a 45 judíos españoles, 352 judíos más recibieron pasaportes especiales, y 1898 cartas de protección. Cuando los rusos estaban por entrar en Budapest, Sanz Briz temió por su seguridad y salió de Budapest en secreto unos días antes que entraran los rusos, sus protegidos y las casas por él amparados quedaron indefensos, pero no las tocaron, entonces es cuando entra un nuevo personaje en la Legación Española, Giorgio Perlasca, quien fue la persona que se quedó en la Legación cuando el cónsul español la abandonó.

Nació en Trieste (Italia), y vivió en Padua (Italia). Perlasca luchó como voluntario en la guerra civil española (1936-1939), con las tropas franquistas el gobierno español, que le facilitó un salvoconducto donde le especificaban que podría acudir a las legaciones españolas en cualquier parte del mundo si se encontraba en dificultades. No estaba de acuerdo con el fascismo, en su familia los alemanes eran vistos con antipatía, y sus mejores amigos eran judíos.

Entró en la compañía Saib que importaban de varios países europeos y a él lo mandaron a Budapest. Cuando los nazis húngaros (Los Nylaz) lo buscaron, logra refugiarse en la Legación Española, donde le entregan un pasaporte a nombre de Jorge Perlasca, con rango diplomático e igualmente un automóvil con placa diplomática, gracias a eso pudo salvar muchos judíos.

Comentò Perlasca, en la estación de Budapest, mayo de 1944 : «Veo transportar a un grupo de judíos a los campos de exterminio, en un momento de descuido de los alemanes observó a unos gemelos de unos once años y les dijo que se introdujeran en su automóvil,un mayor le amenazó con su pistola y le contestó que estaba bajo la protección de la LegaciónEspañola, en ese momento apareció un coronel y le dice al mayor: “Mayor, para tipos como este ya les llegará su hora”, ese coronel era Adolf Eichmann. Recuerdo que mi última acción fue ayudar a dos hermanas que habían sido llevadas al Danubio para asesinarlas; eran niñas, hoy en día son abuelas como yo».

El día 16 de octubre de 1994 en una sesión solemne en el parlamento, el presidente de Hungría condecoró a la viuda de Ángel Sanz Briz, Adela Quijano, con la máxima condecoración de ese país y dijo: Debe sentirse orgullosa y honrada de la labor que desarrolló su marido, solo siento el gran dolor de no haberlo conocido personalmente». En mayo de 1998, con ocasión del 50 aniversario de Israel, el Ayuntamiento de Madrid le puso el nombre de Ángel Sanz Briz a una calle del casco histórico, con la participación en el acto de personalidades del gobierno de Israel.

Adela Quijano, en una entrevista que le hicieran, dijo que uno de los recuerdos que guarda con más cariño, es un folleto escrito en un bello sefardí, la vieja lengua de los judíos españoles que termina en estos términos : «Un hidalgo español al servicio de Di-os y la humanidad en Budapest» (Isaac R. Molho).

Extracto de un artículo publicado en Nuevo Mundo Israelita

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