Recuerdos de EL CONDE

Elías Arwas Lax

Nos referiremos al aspecto humano visto por quienes éramos niños y adolescentes a mediados y finales de los años 40 del siglo XX. Las responsabilidades religiosas y educativas las dirigía el rabino Moisés Binia Z’L, de grata recordación, un hombre bueno, excelente profesor, que imponía respeto con su sola presencia, sin necesidad de alzar la voz y de un carácter sosegado y amable.

En el piso superior de la sinagoga había un salón de grandes dimensiones donde se impartían las clases de judaísmo y religión a los niños y a los adolescentes que iban a hacer su bar mitzvá.

Se nos enseñaba el alfabeto hebreo y la pronunciación en los cánticos de los rezos de un sidur. Cuando llegaba un alumno nuevo los más antiguos teníamos la obligación de ponerlo al día y lo hacíamos con mucho espíritu de colaboración.

Teníamos que aprender de memoria varios de los rezos, especialmente los de los viernes por la noche.

El rabino Moisés Binia tuvo la habilidad de formar un coro muy bien acoplado que cantaba los viernes por la noche algunos de los rezos tales como el LejáDodí, el Hashkiveinu y otros.

Los señores adultos sabían llegar temprano para tener tiempo de saludarse y conversar antes de la Minjá.

La sinagoga era no solo un tempo, sino que también funcionaba como un importante centro de reunión de la comunidad. El coro era del agrado de los asistentes y los muchachos se sentían orgullosos de participar en el mismo.
La concurrencia a la sinagoga los días viernes por la noche era masiva y el coro, una de sus atracciones.

La pequeña escuela religiosa nos reforzaba los valores judíos que aprendíamos en el hogar con nuestros padres. Yo tuve la suerte de contar con un padre estudioso y conocedor de la Torá y una madre versada igualmente en la Torá. Aprendimos unos valores judíos muy arraigados para hoy transmitirlos a nuestros hijos y nietos, resultado del aprendizaje que tuvimos en nuestra juventud.

La biblioteca judía de mi casa era impresionante: el Shuljánaruj, el SéferYetzirá, diccionarios hebreos, libros de consulta del Talmud, Maimónides, la Enciclopedia Judaica en español, una colección de literatura judía, historia del sionismo y muchos más.

La escuela religiosa también servía para todos nos conociéramos. Era una comunidad relativamente pequeña en número y muy observante en las leyes judaicas.

La urbanización El Conde, por ser la sede de la sinagoga, se pobló de una importante cantidad de familias judías.

La sinagoga era un foco de atracción para la comunidad. El Conde tenía la ventaja de que las distancias eran cortas y facilitaban el ir caminando hasta la sinagoga en aquella Caracas tranquila y segura de los años 40. Los niños podían ir solos andando por las tardes a la escuela religisoa a recibir sus clases sin que hubiese ningún peligro en las calles.

Todos los muchachos que hacía bar mitzvá siempre recibían un regalo del rabino Moisés Binia consistente en un libro instructivo de ciencia y religión.

Tuve la suerte de hacer mi bar mitzvá conjuntamente con mi hermano León ArwasLax Z’L, en la sinagoga de El Conde con la dirección del rabino Moisés Binia, quien oficiara mi matrimonio con Elsa Lejter Z’L en la sinagoga Tiféret Israel de Maripérez, con la ayudantía del rabino Moisés Sananes.

Podemos colegir que la sinagoga de El Conde era no solamente un templo para los oficios religiosos; era también una escuela para niños y jóvenes. Era, además, un centro de reunión para la comunidad. Se comentaban noticias y acontecimientos de la II Guerra Mundial y las expectativas de la creación del Estado de Israel.

Estas modestas líneas deben servir de recuerdo a los niños y jóvenes que vivieron esa época y a la vez lo hace del conocimiento de muchos miembros de nuestra comunidad que no estaban en Venezuela en esos años, y también a los correligionarios que no habían nacido en las fechas referidas o eran niños de corta edad en ese entonces.

También sirve de recordatorio a familiares –hijos y nietos– de aquellos alumnos que lamentablemente ya no están entre nosotros. Solo nos resta reconocer el honor al rabino Moisés Binia, a todos los estudiantes que asistieron a la escuela y a los directivos de la Asociación Israelita de Venezuela que la apoyaron.