NOMBRES DE JUDÍOS Y CONVERSOS en la Galicia Medieval

María Gloria de Antonio Rubio

El análisis de los nombres de personay la evolución de las formas de designación son instrumentos valiosos para el historiador. Los datos aportados por la antroponimia constituyen un relevante testimonio sobre la sociedad medieval y son, en consecuencia, una herramienta de interés para analizar, entre otros, los grupos religiosos.

La onomástica judía presenta unas características tan diferentes de la cristiana que permite, en una gran mayoría de los casos, la identificación casi segura de la pertenencia de un individuo a una religión o a otra. Los nombres usados por los judíos españoles, con excepción de los de Cataluña y, en parte, de los de Mallorca, en la Baja Edad Media se caracterizan por su arabización. Es decir, persisten a lo largo del período los nombres de familia o “apellidos” de tipo árabe procedentes de la tradición cultural y del modelo de sociedad de las grandes juderías de Al-Ándalus. Sin embargo, en el siglo XV, estos nombres ya se habían castellanizado, navarrizado, etc., suficientemente, aunque persistían algunas características del judaísmo arabizado.

Los judíos en Galicia no son ajenos a esta norma general de modo que en la documentación del siglo XIV se registran personajes como «Abrafan Aben Subxe», que vende una huerta de su propiedad en Betanzos; «Zaaben Viniste», prestamista de Pontevedra, a los que hay que añadir nombres como Samuel Abenax, Zulema Aben Pex, Suleyman o ÇulemaAbenarroy de los que, aunque se registra su presencia en la documentación gallega se desconoce su procedencia. En el siglo XV esta tendencia había desaparecido y los judíos gallegos se designaron, básicamente, con los nombres y apellidos que se mencionan a continuación.

Entre los nombres propios existe un claro predominio de la onomástica de raíz bíblica, la cual suele aparecer fundamentalmente en versión castellana y no en su grafía original. Entre estos el más usado es Abrahán, documentándose también Moisés, Jacob, Isaac, Salomón, Samuel, David, Judá, o Matusalén. Es frecuente también el uso de nombres castellanos, como es el caso de GoterreAfonso, Carrasco o Cracominero, a los que es posible identificar como judíos porque siempre van acompañados de la palabra judío. Con menos frecuencia aparecen Barzelay, Rabiaco o Cabrasan. En cuanto a los nombres utilizados por las mujeres judías, se puede observar que proceden de dos tradiciones: de la castellana, con nombres como Ouro, Donouro, Alegría, Clara o Rica; y de la bíblica como Judit. Existe, además, un tercer grupo de nombres de origen desconocido como es el caso de Çinfaa, Mazantona, Abiziboa o Loytosa.

En cuanto a los apellidos judíos en Galicia, su origen parece ser muy similar al de los apellidos cristianos. Jaime Salazar y Acha afirma que, en general, durante los siglos VIII y IX lo habitual fue utilizar un único nombre para distinguir un individuo de otro. Sin embargo, en el último tercio del siglo IX los nobles empezaron a firmar con su nombre de pila, seguido del nombre del padre. Durante el siglo X esta costumbre se fue generalizando y, ya en el siglo XI, todas las personas citadas en los documentos aparecen con un nombre seguido de un patronímico.

Cuando las costumbres adoptadas por la nobleza se hicieron extensivas al pueblo llano, al utilizar este los nombres usados por la nobleza, todo el mundo se llamaba más o menos igual. Había que buscar, por lo tanto, otro sistema de diferenciación y se realizó mediante la alcuña o apodo. Se formó esta, en la gran mayoría de los casos, por el oficio ejercido por el cabeza de familia, por alguna característica física, por el lugar de residencia o por su origen familiar.

Latoeiro, Albeitar y Çurigiano

De los apellidos que tienen su origen en una profesión se tiene constancia documental de Latoeiro (fabricante o vendedor de latón), Albeitar (veterinario) o Çurigiano (cirujano), en este último caso, sí se refleja en el documento que esta era su profesión. El origen familiar queda de manifiesto en apellidos como León, Ribadavia, Millmanda, Allariz o Baiona. También es posible encontrar apellidos de raigambre judía como Cohén o Corcos; árabe como Bemveniste, judío morador en Noia; o castellana como Pérez y Marcos. Finalmente, se documentan apellidos cuyo origen se desconoce tales como Cominero o Cavaleiro.

Aunque pueda parecer que Cavaleiro puede identificarse con el término «caballero», no puede entenderse, en ningún caso, su pertenencia al estamento nobiliario, puesto que los judíos tenían vetado el acceso a todo cargo público que llevase aparejada jurisdicción sobre los cristianos, negándoseles de esta manera el acceso a los títulos nobiliarios.

Por su parte, las mujeres suelen aparecer sin apellido. Solamente en dos ocasiones se documenta un nombre, Judía, seguida por un apellido que puede identificarse como un topónimo. Es el caso de La judía de Monterrey y la judía de Nouto. Sin embargo, el uso de nombre tan genérico seguido de un topónimo parece, más bien, desconocimiento de datos concretos por parte de la persona que redactó el documento que un nombre real.

Frente a las teorías ampliamente difundidas de que los judíos al convertirse adoptaron unos apellidos «típicos» y similares que permiten su fácil identificación, en la documentación gallega se observa cómo eligieron nombres cristianos muy comunes que les permitieron pasar inadvertidos. En el caso concreto de Galicia, la identificación de un converso puede hacerse de varias maneras: por el cambio de su nombre judío por otro cristiano; por sus relaciones familiares; o, muy excepcionalmente, porque se cite expresamente en el documento.

El cambio de un nombre judío por otro cristiano se documenta en A Coruña(La Coruña) con García Álvarez antes llamado Samuel Deus Ayuda y en Ourense(Orense) con Luis Alonso antes llamado Judá Pérez. La presencia de García Álvarez se data en el año 1411, en el contexto del cumplimiento de una sentencia instada contra las autoridades municipales por Alfonso Martís y García Álvarez, arrendador de diezmos de los puertos de mar. En el documento se hace referencia, hasta tres veces, al cambio de nombre: «Gar¢iaAluares que soyan chamar Don Samuel Deus Ajuda; Don Samuel que ahora he Gar¢ia Alvares, o Gar¢iaAluares que a eses tenposchamauan Don Samuel».

Los nombres confirman la conversión al cristianismo

En Ourense, el caso de Judá Pérez es muy similar. Este personaje se documenta en los años finales del siglo XV al servicio de don Bernardino Pérez Sarmiento, conde de Ribadavia, ejerciendo como mayordomo –responsable de la casa en sus aspectos económicos y financieros–, actividad que compatibiliza con la de recaudación de impuestos. En 1492 desaparece de la documentación hasta 1497, momento en que reclama unas deudas derivadas del impago de tributos –ya convertido en Luis Alonso–, a Galaor Mosquera y Alonso de Miranda, gallegos. La identificación de los dos nombres es incuestionable puesto que en el texto se dice: «Luys Alonso, que antes se soliadezirYudaPeres». En los dos casos expuestos, el hecho de cambiar un nombre claramente judío, Samuel o Juda, por otro cristiano, García o Luis, son la clave para afirmar la conversión al cristianismo.

En el segundo caso, el análisis de las relaciones familiares, ha permitido conocer la condición de conversos de Diego López o de Juan Fernández. El primero, Diego López, fue hijo de un Judá Pérez que vivió en Ourense en los primeros años del siglo XV y hermano de AbraanPeres, filloYudaPeres. Por lo tanto, si era hijo y hermano de judíos; pero, llevaba un nombre cristiano, no podía ser si no un converso. Otro ejemplo es el de Juan Fernández, platero, que tuvo un sobrino llamado Abrahán. Textualmente se le cita como «Abrafán, sobriño de joanfernandesprateiro», es decir, que un hermano o hermana de Juan Fernández así como su hijo eran judíos y, por lo tanto, el propio Juan Fernández había pertenecido a una familia judía. De nuevo, el hecho de llevar un nombre cristiano en un entorno claramente judío, no está sino certificando su condición de converso.

Finalmente, los tres únicos casos documentados con referencias explícitas al bautismo se registran en Ourense en los años 1483 y 1504. En el primer caso se menciona a Mencía, hija de Abrahán, que se tornara cristiana y en el segundo a Pedro Sánchez y Juan de Mazeyredo, a los que se denomina como cristiano novo.

En conclusión, la onomástica judía en Galicia permite la identificación segura de un personaje como judío, bien por utilizar nombres de origen bíblico que en el siglo XV ya no utilizaban los cristianos, bien por llevar un nombre no bíblico seguido de la palabra judío.

En cambio, los apellidos sí se ciñen a las normas generales de formación, utilizando la profesión del cabeza de familia, el lugar de origen o alguna característica física que los identifique. Con respecto a los conversos, tanto en los casos en los que la conversión se deduce del cambio de nombre, de las relaciones familiares o en los que está explícita en el documento, los nombres adoptados al convertirse no siguen ningún patrón que permita identificarlos como conversos. La única característica común a todos ellos es la utilización de nombres lo más comunes posibles que les permitan pasar inadvertidos dentro de la comunidad cristiana.

* Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento”

CSIC Xunta de Galicia.

Bibliografía

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