¡NO ME LLAMES HEBREO! Los orígenes misteriosos del primer insulto antisemita

Dr. Yitzhaq Feder

Mucho antes de que los hijos de Jacob fueran llamados judíos, ellos eran hebreos (עברים). A pesar de su uso generalizado de hoy en día (como equivalente a la lengua, que nunca aparece llamada así en la Biblia) (1), la Torá no ofrece ninguna explicación explícita para este término, como sí lo hace con el nombre Israel en Bereshit(Génesis) 32:29.

La mayor parte de las menciones de la pa-labra «hebreo» se halla en los libros de Shemot(Éxodo) y Shmuel (Samuel), donde aparecen como un mote para los nacientes israelitas en forma de desprecio por parte de egipcios y filisteos (2). ¿Qué significa este vocablo de carácter difamatorio? Más allá, si realmente se trata de un insulto racial, ¿por qué las Escrituras lo usan frecuentemente, mismo cuando los israelitas –por no decir que el mismo Dios– emplean esta designación al referirse a sí mismos?

Explicaciones tradicionales

Los comentaristas rabínicos sugieren por lo menos dos posibles etimologías para este vocablo:

1. Hebreo: ‘ever (עבר) con el significado de «lado»

La primeras de estas interpretaciones, anticipada por la propia Biblia es su relación con ‘ever (עבר)que significa «lado», en referencia a los orígenes de Abraham en la otra orilla del río Éufrates (3). La ceremonia del pacto descrita en Yehoshúa (Josué 24) comienza con un prólogo histórico que narra la sepa-ración de Abraham de las raíces idólatras de su familia:

«Y Yehoshúa dijo a todo el pueblo: Así dice Hashem, Dios de Israel:

“Al otro lado del río habitaban antiguamente vuestros padres, es decir, Téraj, padre de Avraham y de Najor, y servían a otros dioses. Entonces tomé a vuestro padre Avrahamdel otro lado del río y lo guie por toda la tierra de Canaán, multipliqué su descendencia[c] y le di a Yitzjak». (Ye-hoshúa 24:2-3).

Este pasaje sirve como de interpretación interna cuando se refiere a Avram, el hebreo (אברם העברי) que aparece en Bereshit 14:13, con lo que se describe al patriarca como pionero que cruzó las fronteras culturales y religiosas para fundar una nueva fe.

2.-Hebreo: ‘Ever (עבר), el nieto de Shem

La segunda interpretación señala a ‘Ever, nieto de Shem (Sem), hijo de Nóaj (Noé) que se halla en Bere-shit 10:21-24 (4). Aunque Shem tuvo numerosa descendencia, a él se le llama «progenitor de todos los descen-dientes de Éber» en Bereshit 10:21, lo que le da prominencia al linaje del que surgirá Abraham (11:16-27). Un mayor apoyo a este planteamiento se hará más adelante. Sin embargo, será muy útil en primer examinar una teoría moderna que ha surgido a la luz de la evidencia histórica de carácter extrabíblico

Apirus (¿hebreos?) en el antiguo Canaán

En una investigación moderna, causó una gran sensación el descubrimiento de un tipo de pueblo llamado habiru o apiru. Este grupo aparece mencionado en más de 200 documentos de todo el antiguo Medio Oriente alrededor del segundo milenio antes de la era común (5). La similitud de estos gentilicios con ‘ivrí, aun considerando la variación de las consonantes iniciales, son evidentes en los términos ‘apiru/habirumismos, lo que ha sugerido a muchos académicos que se ha hallado, de hecho, una evidencia extrabíblica de los hebreos. Aunque la caracterización precisa de los apirus todavía se está debatiendo, pareciera que este término se aplicaba generalmente a los grupos de refugiados o inmigrantes que mantenían el estatus de forasteros en relación con las tierras donde habitaban.

La evidencia más importante relacionada al asunto de los hebreos viene de las cartas de El-Amarna, fechadas en Canaán a mediados del siglo XIV antes de la era común(7). En estos textos, que nos proveen un atisbo que sugiere la situación política en Canaán antes del surgimiento de Israel, se describe a los apirus como rebeldes ante la autoridad egipcia en la zona. Por ejemplo, el gobernante de Jerusalén suplica al rey de Egipto que envíe apoyo militar para defenderse de los apirus: «Que el rey ponga atención a sus tropas regulares, para que las tropas regulares del rey, mi señor, puedan venir en lo sucesivo. ¡El rey no tiene tierras! Los apirus han saqueado todas las tierras reales. Si hubiera tropas regulares este año, las tierras del rey, mi señor, podrán per-manecer. Pero, si no hay tropas regu-lares, las tierras del rey, mi señor, se habrán perdido». (EA 286:53-60).

La gran revuelta de los campesinos hebreos

Pasajes como este motivaron al investigador George Mendenhall (1916 – ) a sugerir que los antiguos israelitas no eran un pueblo nómada que conquistaron la tierra desde afuera, sino que eran cananeos marginales que se rebelaron contra la autoridad feudal egipcia (9). Esta visión fue refinada posteriormente por Normal Gottwald (1926 – ) en su teoría sobre una revuelta de campesinos en los orígenes de Israel (10). Mientras una facción de los futuros israelitas pudo, en efecto, haber abandonado Egipto, la verdadera liberación del yugo del faraón y la fase clave en la formación de Israel podría haber tenido lugar en la Tierra. En las décadas desde que esta teoría apareció por primera vez, su aceptación ha sido mixta. Por un lado, la teoría de la rebelión de los campesinos ha sugerido una manera de explicar los orígenes de Israel sin ninguna invasión masiva o una inmigración multitudinaria desde afuera de la Tierra Prometida, lo que podría explicarse en parte por la falta de evidencia arqueológica de una conquista israelita a gran escala.

Por el otro, la identificación de los hebreos con los apirus ha encontrado mucha mayor resistencia. Además de las dificultades lingüísticas, una diferencia fundamental en estos dos términos no se puede soslayar fácilmente: mientras que la palabra apiru se usa consistentemente para designar un grupo so-cial y no uno étnico en la evidencia proveniente del Medio Oriente antiguo en todos los período, el término «hebreo» en la Biblia se usa explícitamente en re-ferencia a un pueblo, los israelitas.

¿Una simple coincidencia?

Un asunto ulterior tiene que ver con la fecha de los textos. Mientras que la evidencia mesooriental de los apirus desparece a finales del segundo milenio antes de la era común, muchos investigadores pueden datar la aparición de materiales bíblicos relevantes a un período mucho más tardío. Por lo tanto, se mantiene la intriga de si las referencias bíblicas a los hebreos se concentran en los primeros tiempos de la existencia nacional de Israel, es decir, que aparecen en un contexto narrativo apropiado. Este punto sugiere que la confiabilidad de las tradiciones bíblicas no debería desecharse a priori solo basado en el asunto refutado de las fechas de los textos.

A la luz de estos asuntos contradictorios, una cosa certera aparece: no es posible establecer una identificación sencilla entre los apirusy los hebreos. Pero, una pregunta persiste: ¿pudieran ser simples coincidencias las similitudes abrumadoras entre ambos vocablos desde el punto de vista fonético, su referencia a grupos marginales y sus connotaciones negativas, o es posible que el Autor de la Biblia se haya apropiado del término apiru y le haya dado un significado modificado (de carácter étnico) y una etimología popular?

El primer insulto antisemita

El último abordaje al tema empieza desde una base mucho más segura: un análisis del uso del término «hebreo» en la propia Biblia. Como se explicó anteriormente, el mayor cúmulo de apariciones de esta palabra en el Tanaj aparece en boca de egipcios y filisteos para referirse a los israelitas y una revisión detallada de su uso sugiere que la palabra se usaba en una forma despectiva, como insulto de carácter racista (ver ejemplos más adelante).

La exposición más prolija a este asunto es la crítica literaria en el trabajo épico de Meír Sternberg titulado Hebrews Between Cultures(1999), donde se explica que «hebreo» es un código usado por el grupo al que se refiere la Biblia cuando era visto inadecuadamente desde afuera por los forasteros de ese entonces, como una expresión de la visión antigrupo y anticultura camita [de Ham, Cam, hijo de Nóaj] (14). En otras palabras, los comentaristas rabínicos que hicieron derivar la palabra ‘ivríde ‘Eber, hijo de Shem, captaron la subtrama intrincada con que la Biblia describe a los vástagos de Sem desde la perspectiva de sus opresores antisemitas, o sea, los descendientes de Ham (egipcios y filisteos).

Los hebreos salvajes

Un ejemplo lo podemos hallar en la táctica inteligente de estas comadronas hebreas (17) para evadir la culpa de incumplir las órdenes de asesinar a los varones israelitas (Shemot 1:19):

«Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues tienen el instinto de la vida (וֹת הֵ֔נָּה֣ )כִּֽי־חָיy dan a luz antes que la partera llegue a ellas».

En este texto se interpreta el término(חיות) como la capacidad de alumbramiento de las hebreas, tal como se ve en la etimología del nombre Eva (חוה) dada en el Bereshit 3:20 como la «madre de todo lo viviente» (אם כל חי), pero también se puede leer como «porque ellas son animales (חיות)». Por consiguiente, las parteras usan la paranoia del Faraón ante la explosión demográfica de los israelitas contra él arguyendo que ellas no pueden detener la tasa de natalidad fenomenal de características «animales» de las hebreas. He aquí la deshumanización de los hebreos utilizada con un sentido irónico, mientras que la solución final propuesta por el Faraón es atacada desde su propia lógica racista.

Dios de los hebreos: verse a sí mismos como los otros los ven

Un aspecto clave en el análisis de Sternberg está en el planteamiento de la siguiente pregunta: Si «hebreo» es un término despectivo, ¿por qué lo encontramos siendo utilizado por los israelitas, por el narrador e incluso por Dios? Su intento de solucionar este reto lo lleva a nociones fascinantes. Un caso particularmente interesante es el episodio de la zarza ardiente. Al asignarle su misión a Moshé, Dios emplea el vocablo Israel como un énfasis a su elección y la promesas de «liberar a Mi pueblo, los israelitas (בני ישראל), de Egipto». (Shemot 3:10). Empero, pocos versículos más tarde, cuando le da el mensaje que debe darle al Faraón, Dios cambia el código y adopta la perspectiva egipcia

ם֤לֶךְ מִצְרַ֗יִם וַאֲמַרְתֶּ֣ וּבָאתָ֡ אַתָּה֩ וְזִקְנֵ֨י יִשְׂרָאֵ֜ל אֶל־מֶה עָלֵ֔ינוּ וְעַתָּ֗ה נֵֽלֲכָה־נָּ֞א֣ נִקְרָהָֽעִבְרִ יִּים֙ אֵלָיו֙ ה’ אֱלֹקי לַֽה’ אֱלֹקינוּה ֖שֶׁת יָמִים֙ בַּמִּדְבָּ֔ר וְנִזְבְּחָ֤רֶךְ שְׁלֹ֣

«Y tú irás con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: “Hashem, el Dios de los hebreos, nos ha salido al encuentro. Ahora pues, permite que vayamos tres días de camino al desierto para ofrecer sacrificios a Hashem, nuestro Di-os”».

Ambas referencias al «Di-os de los he-breos» y a «nuestro Di-os» (con un contexto referencial relativo) se adaptan para mostrar deferencia al sentimiento de superioridad ra-cial del Faraón. Sin embargo, cuando llega el momento de confrontarlo de verdad, el profeta tartamudo cambia los códigos:

ה’֤ה כֹּֽה־אָמַ֑וּ אֶל־פַּרְעֹ֖ה וְאַהֲרֹ֔ן וַיֹּאמְר֣אוּ מֹשֶׁ֚ וְאַחַ֗ר בָּי בַּמִּדְבָּֽר֖גּוּ לִ֥י יִשְׂרָאֵ֔ל שַׁלַּח֙ אֶת־עַמִּ֔י וְיָחֹ֣אֱ

«Después Moshé y Aharón fueron y dijeron a Faraón: “Así dice Hashem, Di-os de Israel: ‘Deja ir a mi pueblo para que me celebre fiesta en el desierto”». (Shemot 5:1). El intento del legislador de derogar el decreto es un completo fracaso. Como cabría esperar, el faraón se cobra la falta de respeto:

־֖ע בְּקֹל֔וֹ לְשַׁלַּ֣ר אֶשְׁמַ֣י ה’ אֲשֶׁ֤אמֶר פַּרְעֹ֔ה מִ֣וַיֹּא אֲשַׁלֵּֽחַ֥ל לֹ֖ם אֶת־יִשְׂרָאֵ֥א יָדַ֙עְתִּי֙ אֶת־ה’ וְגַ֤ל לֹ֑

«Pero, el Faraón dijo: “¿Quién es Has-hem para que yo escuche Su voz y deje ir a Israel? No conozco a Hashem y, además, no dejaré ir a Israel”». (Shemot 5:2). En este punto, Moshé y Aharón tratan de sal-var la situación con un enfoque menos frontal:

דֶּרֶךְ֣֩ינוּ נֵ֑א עָלֵ֣נִקְרָים ֖י הָעִבְרִ֥אֱלֹקאמְר֔וּ ֣ וַיֹּ פֶּ֨ן־יִפְגָּעֵ֔נוּלַֽה’ אֱלֹקינוּ שְׁלֹ֨שֶׁת יָמִ֜ים בַּמִּדְבָּ֗ר וְנִזְבְּחָה֙ וֹ בֶחָֽרֶב֥בֶר א֖בַּדֶּ

«Entonces ellos dijeron: “El Dios de los hebreos nos ha salido al encuentro. Déjanos ir, te rogamos (נה), camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios a Hashem,nues-tro Di-os, no sea que venga sobre nosotros con pestilencia o con espada». (Shemot 5:3). No solo se remiten al mensaje original del Dios, sino que tratan compensar su error ini-cial mostrando respeto y enfatizando el peligro para ellos si los sacrificios no se ofrecen. Pero, es muy poco, muy tarde: su petición es rechazada. Muchos ejemplos parecidos se pueden dar: el punto clave es que la referencia a los «hebreos» refleja la adaptación de los israelitas (e incluso Dios) al código de opresor camita. Pero, lo que parece ser una «identificación de uno con su propio captor» se convierte en un despliegue irónico, que prepara la mayor reversión de la fortuna.

Convertir insultos en lemas

Este es un juego elaborado de perspectivas que caracteriza el tratamiento bíblico de la hebraicidad. Mientras cierto etnocentrismo (tal como todos los textos religiosos del mundo tienden a ser), está muy lejos de ser ingenuo. En un nivel básico, esta autoapropiación del lenguaje despectivo del «Otro» sirve de expresión subversiva de autoempoderamiento, comparable al uso (aunque controvertido) de la palabra nigger (niche o negro) en la música hip-hop (21). Pero, va mucho más allá de eso.

La asunción del término «hebreo» en la Biblia tiene lugar en múltiples niveles: uno pudiera decir en universos paralelos. En un contrato tácito (pacto) entre el Autor (Divi-no) y la audiencia israelita, los descendientes de Ya’akov están destinados a alcanzar su supremacía sobre los hijos de Ham, según la bendición de Nóaj en Bereshit 9:25-26 (22). Esta buenaventuranza está exactamente al revés en el contexto narrativo donde los hebreos están subyugados por los camitas. La promesa implícita es que, puesto que los roles se verán finalmente revertidos en la acción narrativa (en el Éxodo), así también la sumisión experimentada por los lectores israelitas en su propio contexto sociopolítico (ya sea en el exilio o sometidos a potencias extranjeras en su propia tierra) debe llegar inevitablemente a un fin.

Conclusiones

En resumen, hemos revisado aquí tres líneas de interpretación de un término enigmático: «hebreo». Cada una de ellas lleva su propio mensaje al lector moderno. La primera se enfoca en el papel de Avraham, el que cruza fronteras e iconoclasta que no teme romper con su familia idólatra. El segundo punto de vista aborda la lucha de los apirus canaanitas de liberarse a sí mismos de la opresión económica y política. La tercera (que concuerda con la derivación rabínica del término del nombre de ‘Ever, hijo de Shem) lo aborda desde las connotaciones despectivas de esta etiqueta, especialmente cuando la usan los protagonistas camitas. Esta interpretación sugiere incluso una emancipación mucho más profunda: librarse de su propia identidad a partir de estereotipos subyugantes impuestos por otros.

La saga de los israelitas haciéndose pasar por «hebreos» llama la atención por la disparidad entre estas falsas imágenes y la realidad que intenta representar. En consecuencia, en su subtexto de múltiples matices, la Biblia «hebrea» nos invita a una lectura mucho más profunda de su contenido, de los otros y de nosotros mismos.