NACIONALIDAD ESPAÑOLA para sefardíes: los Nahón de la pequeña Jerusalén

Dr. Meyer Magarici

Especial para Maguén – Escudo

Muchos correligionarios saben ya que, en un tardío intento de reparación, el pasado mes de marzo el Congreso de España aprobó –por unanimidad– la ley que concede la nacionalidad a los sefardíes originarios de Espa- ña. Pero, para obtenerla es necesario, entre otras cosas, acreditar el origen sefardí.

El deterioro moral, económico y social que diezma a nuestra comunidad, ha convertido al Plan B de relocalización en el principal motivo de preocupación de los que hemos quedado rezagados, y la oferta de nacionalidad española parece, a primera vista, tentadora.

Za’amá (como si) no tuviera otra cosa que hacer, con la intención de comprobar que el apellido Nahón heredado por mi hijo David por parte de su madre (Simy, mi esposa sefardí) proviene de España, adopto el rol de historiador diletante e inicio mi segundo empleo: el «googleo» trasnochado de la genealogía de los Nahón, comenzando por David-2015 para terminar en España-1492.

Nada, la cosa está dificilísima, son más de una mano (cinco) siglos. Tengo que entonarme, pero el alcohol me produce arritmias, así que inicio un régimen a base de fijjuelas que Simy, quien siempre ha apoyado mis proyectos más extraños, me adosa cada vez que se percata de mis desvaríos.

Doris Benmamán (la de Samuca) canta El Paipero en Youtube acompañándose de un hermoso laúd medieval; pero, las cornetitas de mi laptop distorsionan y no comprendo lo que dice. Así que coloco el cedé que me regalaron y, alarmado por mi progresiva conversión, me descubro tarareando la letra que apareció (¿?) en pantalla, mientras divago, con cierta envidia, sobre las proezas sexuales de fray Pedro. Es en estas circunstancias como descubro que los Nahón provienen de la Aljama (comunidad judía mayor que una aldea) más septentrional de España: Naón, en la ciudad de Oviedo, capital del principado de Asturias. El apellido Nahón en hebreo se escribe Nohn, palabra inexistente que se asemeja muchísimo a Nokn (Najón) que significa «Correcto» o «Justo». Sin dármelas de lingüista jammeo (pienso) que, con el paso del tiempo, la grafía se modificó y que la Aljama de Naón debe su nombre a un judío justo, quizás un juez. Es decir, la cosa es al revés de lo que pensé: el apellido Nahón no proviene del nombre de la aljama, la aljama recibe su nombre por el apellido.

Siglos XV-XVIII

En 1492 los Reyes Católicos promulgan en Granada el infame decreto de la Alhambra ordenando la expulsión de aquellos judíos que no se convirtieran al cristianismo, y les da un plazo de cuatro meses. Esta decisión provocó un drama social que obligó a más de 100 mil personas a abandonar su hogar. Para esa época fray Alonso de Pazuela era el obispo de Oviedo y ocupaba un puesto importante en el Santo Oficio (que de santo no tenía nada). Este judío converso se encargó de acelerar la salida de los Nahón, de Naón (me detengo un minuto para maldecirlo y engullir otra fijjuela). Creo que voy a engordar como un hal’luf (cerdo). Resulta interesante saber que luego de la expulsión de «sus» judíos, el Concejo de Oviedo confiscó el cementerio judío y autorizó que las lápidas fueran reaprovechadas como material de construcción. Por eso de vez en cuando se descubren caracteres hebreos en algunas paredes de Naón (cosas tenedes, que farán fablar las piedras). Justo cuatro siglos después, en 1892 se construye el Teatro de la Ópera Campoamor sobre el cementerio donde reposan los antepasados de mi hijo. Allí se entregan anualmente los premios «Príncipe de Asturias» (ahora «Princesa de Asturias», honrando a la hija de Letizia). Llama la atención que en 1990 este premio fue otorgado a los sefardíes descendientes de los judíos expulsados, es decir, a los descendientes de los que están enterrados debajo del teatro donde entregan el premio. ¡Parece una película de terror!

La referencia a los Nahón más antigua que encontré está en una monografía del profesor J. B. Vilar, historiador español, catedrático de la Universidad de Murcia y autor de numerosas obras sobre los judíos del norte de África, quien afirma que para el año 1490 en la ciudad de Tetuán convivía una población de hispano-musulmanes y una muy pequeña y antigua población judía de origen palestino. En 1492 se asentaron allí las familias Toledano, Pariente, Nahón, Abecasis, Serfaty, Ben Tata, Garzón, Levi, Abudarham, Benasayag, Abitbol y otras que, tras sufrir muchas penurias, llegaron directamente de España o luego de una corta estancia en Tánger, Ceuta, Fez, Arcila y otros puertos. Prueba irrefutable de su existencia es la fundación del Cementerio de los de Castilla»en Tetuán, donde reposan sus restos.

Para ese año, la Aljama de Tetuán se encontraba en decadencia; pero, cobró nueva vitalidad gracias a la inmigración de estas familias, sin embargo, la constitución definitiva de la judería tetuaní data de 1530, cuando llega el rabino Haym Bibas de Fez, quien dirigió al «mel’lah» (barrio judío) y resolvió las diferencias que se presentaban entre las «Santas Comunidad de los Expulsados de Castilla» (megorashim) y la población judía autóctona (toshavim).

Halkeado (cansado), a eso de las 4:00 de la madrugada encuentro imágenes traducidas al hebreo y francés de un manuscrito con caligrafía hebrea conteniendo un Psak Din (juicio) fechado en 1764, que detalla que el fundador y primer oficiante de la sinagoga Nahón fue el rabino Isaac (I) Nahón. Cuando muere, su hijo el Rabino Menahem (I) Nahón tomó su lugar. A su muerte dejó dos hijos: Isaac (II) y Salomón Nahón. Isaac (II) fue padre del rabino Menáhem (II) Nahón, quien continuó oficiando en esa sinagoga. Su hijo, el rabino Isaac (III) Nahón continuó oficiando y hay una referencia fechada en 1783 donde se comenta que fue invitado a formar parte del tribunal rabínico de Burdeos. Este documento demuestra que la «Sinagoga Nahón» de Tetuán fue fundada en el siglo XVII, quizás antes. El profesor Vilar afirma que era la más antigua de la Aljama. Amrán (tío de Simy), me confirmó que en Tetuán meldaban (rezaban) en la «Sinagoga de Menahem Nahón», aunque en otras referencias la llaman «la Sinagoga de Isaac y Salomón Nahón»

Siglo XIX

Tetuán llegó a ser un oasis al que llamaban «Yerushalaim haktaná» (la pequeña Jerusalén). El mel’lah contaba con unas 300 caleyas angostas con paredes blancas, bajo arcos que unen un muro con otro. Ya para el año 1860 existían dieciséis eznogas (sinagogas), las cuales llevaban el nombre de sus dueños, fundadores u oficiantes. Dabagar dabagar (poco a poco) desaparecieron conforme sus habitantes comenzaron la emigración y fueron vendidas a musulmanes, quedando como testimonio de la rica vida que albergó el mel’lah solamente la sinagoga del rabí Isaac Bengualid (1777-1870, el más ilustre de los rabinos marroquíes).

En 1948 vivían en Marruecos unos 250 mil judíos. La emigración marroquí se inicia luego de la declaración de independencia de Israel, en medio de la primera guerra árabe-israelí, debido a la creciente hostilidad y retórica antisemita de los primeros. Agüera (ahora) no queda ni un minián (decena) de judíos en la pequeña Jerusalén.

A las 5:30 am Simy despierta y, aunque me nota entusiasmado con mis hallazgos, se niega a verlos y me hadrea (dice) que me vaya a dormir. No creo que la dominación sea un rasgo característico de los Nahón, porque en mi pozzada siempre tengo la última palabra (sí, mi wuena).

Durante el trasnocho siguiente Google me revela que las primeras tumbas del cementerio judío de Tetuán no tenían inscripciones, las cuales se reservaban únicamente a los difuntos sin descendencia. Las primeras inscripciones comienzan a apreciarse a partir de 1882, siendo la primera la de un rabí Isaac (IV) Nahón. Por otra parte, pude documentar fotos de las lápidas de los antepasados de mi hijo: sus tatarabuelos paternos (Salomón y Luna), maternos (Moisés y Perla), bisabuelo paterno (Isaac) y bisabuela materna (Simy, cementerio de Ceuta), que datan de los siglos XIX y XX.

Siglo XX

Sábado mediodía. Cazza de Amrán y Violeta. Recibo el premio familiar al nuevo sefardí: adafina (tesoro escondido). Al terminar el almuerzo Amrán me ayuda a revisar su libro La comunidad judía de Tetuán, 1881-1940: el libro de circuncisiones del rabino Yitzjaq Bar Vid Al HaSerfaty escrito por Ana María López, directora del museo sefardí de Toledo, cuyo original reposa en esa institución. Me impresiona encontrar que el rabino HaSerfaty le practicó la cercusión (circuncisión) a Ya’acob Nahón, hijo de Yitzjaq, de profesión Qomerci’ante, y Simhah, la Ikah de Moiseh Y’sra’el, nacido en Tetu’an el martes 18 de adar de 5690 (marzo 1930), mi difunto suegro.

Al llegar a su vida adulta, Yaacob se casó con Ruth y se establecieron en Tánger, donde nacieron Isaac (aka Emilio) y mi media naranja. En 1968 la familia emigra a Venezuela. En 1995 Simy decide arriesgarse y se casa con un ashkenazí (conmigo). Aunque para ese momento lo ignoraba, en mi ketubá dice que el rabino Cohén nos casó siguiendo las Taqqanot (ordenanzas) de Castilla, las cuales, entre otras reglas, prohíben la poligamia. Sin embargo, pienso que con una sola esposa es suficiente, ¿verdad? (¡escapada del mal!

David nació en esta ribera del Arauca vibrador en 1996. Desde pequeño rechazó dormirse temprano, pero su madre lo arrullaba con la canción del rey Nimrod hasta que se dormía. A pesar de su origen ashkefardí y de mis constantes esfuerzos por halarlo para este lado del río, siempre le gustó maklear (comer) la oriza, el pescado cocho y la alboronía. También los mazapanes que su madre introducía, a hurtadillas, en la lonchera que llevaba al colegio Moral y Luces (con la oculta intención de halarlo para su lado).

Siglo XXI

Después de más de quinientos años de la expulsión de los judíos de España, en el año 2007 Jacob y Ruth recuperan la nacionalidad española por decreto de nacionalización de sefardíes. Justo sería que Simy y David la recuperaran también. Y, por carambola, yo me convirtiera en español para poder ra’hlearme (irme) del país.

En conclusión, la línea temporal de los Nahón se extiende desde Oviedo-1492 hasta David-2015, con una prolongadísima estancia en Tetuán. Estos hallazgos deberían ser suficientes para demostrar su origen sefardí y odjála (ojalá) pueda recibir la nacionalidad española. También deberá realizar una prueba de conocimiento básico de la realidad sociocultural de España (Letizia, Barça, etc) para lo cual ya se suscribió a la revista Hola. Me tocará convertirme en sefardí, pasar el mismo examen (que boril, fastidio) y vivir doce meses en alguna ciudad española, quizás Ceuta (que tiene un clima benigno y queda cerquita de la pequeña Jerusalén). Mientras tanto continuaré tarareando El Paipero…

LOS MORISCOS también quieren la nacionalidad española

La exclusión de los moriscos de la nacionalidad española, que sí ha sido otorgada a los judíos sefardíes, es un acto «racista que emana de una política segregacionista», ha lamentado la Asociación de Memoria de los Andalusíes, que agrupa a los descendientes de los moriscos.

La asociación criticó en un comunicado la aprobación del Parlamento español de una ley que otorga la nacionalidad española a los descendientes de los sefardíes expulsados a finales del siglo XV.

La asociación, que agrupa a los descendientes de los moriscos que viven en Marruecos (también los hay en Túnez y Argelia) deploró que este acto «ignore el crimen cometido por las mismas autoridades españolas contra la población morisca, que fue arrancada masivamente de sus tierras, por decretos reales españoles, parecidos a los que decidieron la expulsión de los sefardíes».

El comunicado valora, sin embargo, la concesión de nacionalidad a los sefardíes; pero, reclama a los gobernantes y los legisladores españoles «que también reconozcan la injusticia que sufrieron los moriscos y que respeten el derecho a la rehabilitación de su memoria histórica»

La ley aprobada entrará en vigor el 1 de octubre y las familias de los sefardíes que fueron expulsados de España en 1492 podrán conseguir la ciudadanía española si acreditan su origen y su especial vinculación con España a través del conocimiento de la lengua y la cultura, aunque no tengan residencia legal en el país. Si bien los moriscos no conservaron −como los sefardíes− la lengua española (salvo en algunas palabras de la vida cotidiana), trajeron a Marruecos un estilo de vida que aún hoy es reconocible en la arquitectura o las tradiciones culinarias.

Fuente: El mundo