Más allá de la diplomacia… UN DEBER MORAL 25 años del establecimiento de relaciones entre España e Israel

Por Nicole Mischel Morely

Israel y España cumplen un cuarto de siglo en sus relaciones diplomáticas. La historia de cómo se orquestaron los encuentros y desencuentros para establecer una relación tan necesaria, nos lleva a comprender la época y los cambios que ha vivido la comunidad internacional.

El referente de esta historia fue recogido en un libro, de manera magistral y entretenida, por el periodista José Antonio Lisbona. Su publicación me ha guiado para entender desde la posición del generalísimo Francisco Franco, hasta el socialista Felipe González.

Las negociaciones resultaron complejas. Durante varias décadas el Estado judío se encontraba rodeado de conflictos con países árabes que sostenían mejores relaciones con la España franquista. Fue hasta enero de 1986 cuando las negociaciones dieron sus frutos. El entonces presidente, Felipe González y el premier israelí, Shimón Peres, firmaron el acuerdo definitivo en La Haya, y comenzó un intenso intercambio económico y cultural entre ambas naciones.

Franco e Israel Durante la dictadura franquista resultaba muy complicada la relación hispano- israelí, tanto por los conflictos que Israel sostenía con el mundo árabe, como por las buenas relaciones que España sostenía con algunas de estas naciones.

España vendía armamento a Egipto y a Siria a finales de la década de los 40, mientras que Israel peleaba una guerra contra ellos. Hacia 1956, durante la Crisis de Suez, Israel solicitó a España actuar como intermediario en las negociaciones con Egipto; pero, el entonces ministro de Exteriores, José María Castiella, no aceptó la solicitud. En 1960 las relaciones mejoraron. Miembros de la Tercera Sección del Servicio Secreto Español cooperaron con su par israelí (Mossad), en la Operación Yahkin, que salvó la vida a miles de judíos marroquíes, muchos de los cuales encontraron refugio en España; la mayor parte era de origen sefardí; otros confiaron positivamente seguir en Marruecos. Dos años después se creó en Madrid el Instituto Cultural Hispano Judío.

Pero, imperó durante el franquismo una relación agridulce entre el gobierno de España, los judíos e Israel. Para el año 1956, Franco apreció una distinción entre el mundo sefardí y el Estado de Israel, por lo que la diplomacia israelí, que tan solo tenía ocho años en función, consideró que el mejor medio para modificar la opinión del dirigente español, era idear un plan con el que fomentar un movimiento de amistad hacia lo sefardí para que llevara a una mejor penetración de Israel. Pero, dentro de todo era lógico los desencuentros entre las dos partes: España, para la época, era el franquismo: autoritarismo; e Israel: un Estado socialista.

La mayoría de los habitantes que fundaron Israel provenía de Europa del este; allí las decisiones la tomaban hombres y mujeres que se habían formado bajo las revoluciones rusas de 1905 y 1917 y para quienes el punto de vista social se gestaba por aquellos acontecimientos y mediante pensamientos socialdemócratas alemanes y austríacos. Pero, hay que recordar que Israel reconocía y tenía relaciones diplomáticas con otros gobiernos de tintes autoritarios, como los de Estalin, Tito o Perón.

Al contrario de Franco, los republicanos tenían una gran afinidad con la causa israelí. Desde París, la Liga Española de los Derechos del Hombre llegó a escribirle a Jaim Weizmann (primer presidente israelí): «Es para nosotros, republicanos españoles, todavía exiliados muy enardecidos sabernos siempre sostenidos por vuestra amistad y compresión. Esta nos fortalece y nos da esperanza». Incluso el Comité D´Unitat Catalana le escribió al israelí Moshé Sharett, muy relacionado en las negociaciones, pidiendo que se intensifique su acción solidaria para liberar a España del «régimen infamante que el nazi-fascismo internacional instauró». Israel, desde su ingreso en la ONU, fue tajante con la España de Franco, a lo que el Generalísimo estaba dolido porque esperaba una actitud distinta del Estado Judío; decía, según recogió su biógrafo George Hills, que ellos no debía olvidar las acciones que había desarrollado en la protección de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, lo cierto es que para la época, la profunda aversión del Islam al comunismo, el sentimiento antibritánico y antifrancés causado por la colonización y el fuera de juego de Estados Unidos por su relación íntima con Israel, que hasta nuestros días continúa, hicieron que Franco se mostrara al mundo como único interlocutor occidental válido ante los países árabes.

¡Imagínense cómo han cambiado los tiempos! Franco, para obtener votos favorables en la ONU, y sabiendo la influencia de Israel, llegó a movilizar a los sefardíes, recordando que los askenazíes (judíos oriundos de Europa Central y Oriental) eran los que manejaban la política israelí. La diplomacia española se encargó de mover comunidades judeoespañolas en Madrid, Barcelona, Tánger, la Marruecos española y francesa, Grecia, Estambul, Orán y hasta Bogotá. El sefardí marroquí, íntimo amigo por cierto de Juan Carlos I, José Salama le «suplicó» al embajador israelí en París, que su Gobierno votara a favor de la admisión de España en la ONU. Pero, aunque el país ibérico salió favorecido en la ONU, el voto israelí, al final, fue contrario. Esto cayó como agua fría para Franco. Ellos decían que se lo esperaban. Y los israelíes argumentaban: «Aunque sabían que España no había tomado parte en la exterminación del pueblo judío, no había duda de que el régimen de Franco apareció solamente por la ayuda de Hitler y Mussolini, y que Franco se mantuvo con estos dos regímenes con las esperanza de su victoria».

Areilza-Oreja-Pérez Llorca En la década de los 60 el gobierno español rechazó tres peticiones oficiales de su homónimo israelí para abrir un consulado en España. En 1974 España reconoció a la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), pero aún no al Estado de Israel. Incluso antes de que en 1975, don Juan Carlos de Borbón fuera proclamado rey de España, ya había manifestado la importancia del establecimiento de las relaciones con Israel. Quien fuera ministro de Relaciones Exteriores, designado por el Rey, del gobierno de Arias Navarro, José María de Areilza, actuó como motor de las relaciones entre Israel y España.

Encuentros secretos en París con el judío Walter Eytán, viejos amigos cuando ambos eran embajadores en la ciudad gala, y negociación de agendas, fueron parte de las movidas que Areilza realizó. Los países árabes le pusieron muy difícil la situación a España si reconocía el Estado israelí. Le manifestaba la balanza de qué les interesa más: los veintitantos que eran o un pequeño Estado. Muy complejo todo.

Pero, magistralmente, Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos, en una visita que realizó a Madrid, ante la pregunta de Areilza de qué reacciones eran previsibles por parte de los países árabes si España establecía relaciones con Israel, le responde: «Mire, usted, amenazas todas; reacciones, ninguna».

Los intereses económicos petroleros de España con Arabia Saudita y Kuwait fueron puntos importantísimos y álgidos que en aquel momento impidieron las anheladas relaciones. Llega Adolfo Suárez al poder. Marcelino Oreja Aguirre sustituye a Areilza. Fija sus primeros viajes por el Magreb aludiendo razones de vecindad y amistad históricas. Habla de Israel en tono catedrático. Para Oreja había que esperar, y menciona la necesidad de la retirada israelí de los territorios ocupados y el reconocimiento de los derechos palestinos. Pero, más que nada la realidad era que España necesitaba levantarse; los créditos y el petróleo árabe era el mejor perfume para el olfato español.

Pero, fue el tratado de paz entre Egipto e Israel el que reabre el debate en España. Por otra parte, Arafat viajó a Madrid y le dio un efusivo abrazo a Suárez. En menos de diez días después de ese abrazo, Oreja interviene en la Asamblea General de la ONU en Nueva York y la noticia fue el reconocimiento explícito del derecho a la existencia del Estado de Israel, ¡toda una novedad! Sin duda hubo muchos disgustos también entre Oreja y el lobby judío norteamericano. En 1979 estuvieron presentes Pérez Escolar y Maurice Hatchwell.

Los intentos fueron muchos. En septiembre de ese mismo año Oreja es sustituido por José Pedro Pérez Llorca, quien consigue paralizado el dossier de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Su discurso fue de más apertura hacia las relaciones diplomáticas con Israel en un principio. Pero, con él no se llegaron a abrir las relaciones, aunque mantenía amistades muy estrechas con judíos sefardíes. Dimite Suarez y llega Calvo Sotelo, muy allegado de Pérez Llorca. Samuel Hadas es el personaje israelí que asume todas las gestiones con España y ejerce una actividad lobbista, encontrando en la Organización Mundial del Turismo con sede en Madrid, una plataforma para instalarse. El Consejo de Embajadores Árabes protestan por los movimientos de Hadas. Sin embargo, en las exequias de Anuar el Sadat, por primera vez los mandatarios israelíes y españoles estrecharon las manos. Lo que Sadat no pudo cerrar con la paz que deseaba, lo logró con su muerte entre España e Israel.

Es importante señalar que la prensa española para la época estaba a favor de la relación diplomática entre ambos países. España, en 1981 entra a la OTAN, objetivo primordial de Pérez Llorca. El ministro llegó a reunirse en secreto con Yitzjak Shamir en Nueva York, mas lo sucedido en los campos de refugiados de la región libanesa de Sabra y Chatila, hoja negra en la historia israelí, alejó las posibilidades.

La intención estaba. Y llegó el momento con Felipe Con Felipe González se establecieron las relaciones diplomáticas. González es un socialista, e Israel es un Estado que se creó con esa misma filosofía.

Al principio del gobierno de González, 1982, Israel desconfiaba. Los encuentros de Felipe con Golda Meir y Yigal Alón en congresos internacionales socialistas, fueron parte de los lobbies. También varias veces Shimón Peres invitó a González a Israel, además de sus estratégicas maniobras. Y sin olvidar el principal asesor, Samuel Hadas. Uno de los significativos hechos era abrir la línea aérea Madrid-Tel Aviv, lo cual se realizó con muchas dificultades a priori, más que nada por temores a objetivos terroristas. Uno de los grandes obstáculos en ese momento era la influencia de los príncipes saudíes y los millones de millones de dólares en compra de armamento. Además del tema de la OLP, Arafat, y la Liga Árabe.

Kissinger, hábil como siempre, llegó a decirle a González: «Lo que no puede esperar de los árabes y menos de los saudíes, es la luz verde expresa». Pero, el político estadounidense, de origen judío, también le afirmó que los países árabes son muy importantes para Occidente y que cuidara la manera de hacer relaciones con Israel, sin perder ese capital.

Lo cierto es que el momento llegó. Las relaciones diplomáticas se establecieron. Pedro López Aguirrebengoa, experto diplomático en Medio Oriente y Norte de África, fue el primer embajador de España en Israel. Aunque era considerado proárabe, fue bien recibido en el Estado judío por el ex presidente Jaim Herzog.

Samuel Hadas, por su parte, fue el primer embajador de Israel en España. Hace pocos meses falleció y con él se fue parte de esa historia y lucha que demostró cinco años antes de ser nombrado diplomático en España y a posterior: su excelente labor entre Madrid y Jerusalén.
Gradualismo fue el primer toque diplomático que se dio entre ambos países. El Rey y los sefardíes Los reyes de España siempre han demostrado sensibilidad con el tema judío, un pueblo que ha marcado al país, la Sefarad de los recuerdos. Gracias al ex embajador israelí Shlomó Ben Ami, y su esfuerzo con González, logró llevar a los reyes, en 1991, a un importante acto en la sinagoga de Madrid en la calle Balmes, al conmemorarse los 500 años de la expulsión de los judíos de España.

Un acto lleno de mucho significado. La Reina fue el ejemplo de elegancia y sobriedad, junto a don Juan Carlos, al lado del Séfer Torá, libro sagrado del judaísmo. En 1993, los monarcas realizaron un histórico viaje a Israel. El rey Juan Carlos fue el primer monarca en pronunciar un discurso en la Knésset (parlamento de Israel).

Independientemente de la bandera política, los gobiernos españoles, después de la apertura de estas relaciones, han mantenido acuerdos económicos, culturales, armamentista y de logística, como es normal en la diplomacia.

Hace unos años el Instituto Cervantes abrió sus puertas en Tel Aviv, donde entre las varias actividades, hace unos meses, el escritor español Manuel Ceballos presentó su libro Tánger:
Ciudad Internacional; con lo que hizo presencia el castellano en tierras hebreas. Israel ha demostrado que su pequeño territorio puede ser más útil de lo que se pensaba. El ex presidente José María Aznar ha sido siempre un gran aliado de Israel. Como buen estratega económico, ha sabido valorar cómo Israel salió de la nada para ser una potencia democrática, militar y económica en MedioOriente. Este año ha sido galardonado por la comunidad judía de Madrid, con el premio Or Janucá, en su segunda edición. Lo llegaron a comparar como un macabeo, ante lo que Aznar, con una cómplice sonrisa, dijo que nunca le habían dado tal calificativo. Su discurso en la cena de gala del pasado 11 de diciembre de 2010, en presencia de los judíos sefarditas; de su esposa, Ana Botella; de periodistas, diplomáticos; algunos representantes de su viejo gabinete, como Ana Pastor, o personajes como Esther Koplowitz, Hermann Tertsch; estuvo enfocado en su nueva organización «Amigos de Israel». Agradeció las palabras que por vídeo le envia ron sus amigos, Benjamín Netanyahu y Shimón Peres. E instó a la paz en la región.

El año pasado fue premiada la Casa Sefarad Israel, consorcio del ministerio de Relaciones Exteriores, creado en el gobierno del presidente Rodríguez Zapatero, por interés reconocido del ex ministro Miguel Ángel Moratinos y en conjunto con la comunidad de Madrid y el alcalde Alberto Ruiz Gallardón.

Casa Sefarad Israel, dirigida actualmente por Diego de Ojeda, es un ejemplo de avance en la relación España, Israel y el mundo judío. Hace pocas semanas organizaron un importante evento. Llegaron hispanos judíos marroquíes que hoy en día viven en Caracas, Nueva York, Ginebra, Toronto, París, Tánger, Tel Aviv. Se reunieron con el rey Don Juan Carlos en su palacio. Uno de los sefardíes le comentó al Rey: «Una reina nos expulsó, y después de 500 años un rey nos recibe”». A lo que el monarca respondió: «Yo atiendo normalmente compromisos aquí, pero los sefarditas son un deber moral».

El filósofo cordobés judío Maimónides bien lo dijo: «Sabed que la verdad y la justicia son joyas para el alma, y dan heroísmo y seguridad».

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