MANASSEH BEN ISRAEL (1604-1657)

María del Carmen Artigas

Especial para Maguén – Escudo
Manasseh (o Menasseh) ben Israel nació en Madeira, Portugal, de una familia de conversos españoles. Fue bautizado con el nombre de Manoel Días Soeiro. Su padre Gaspar Rodríguez Nuñez escapó de Lisboa a Ámsterdam después de aparecer como penitente en un auto de fe. Allí retornó al judaísmo y se cambió el nombre por el de Joseph ben Israel y, asimismo, cambió el nombre de sus dos hijos a los que llamó Ephraim y Manasseh. A los doce años Manasseh fue aceptado como miembro de la hevrá del Talmud Toráy comenzó sus estudios en la yeshivá cuando tenía catorce años. A los diecisiete escribió la gramática SafáBerurah. Era pariente por su esposa del célebre hombre de letras don Isaac Abravanel.
Manasseh fue un hombre de una cultura extraordinaria y de un profundo conocimiento talmúdico. A pesar de que nunca se lo declaró rabino oficial, dirigió la congregación de Nevé Shalom. En 1626 estableció la primera impresora de Ámsterdam, y allí los judíos españoles publicaron sus libros en diversas lenguas: español, portugués y hebreo. Debido a su extraordinaria contribución literaria y a sus profundos sermones fue considerado como uno de los más grandes humanistas de su tiempo.
Entre sus obras se encuentran las siguientes: un índice al Midrashim, PeneiRabá, que apareció en 1628; el Conciliador, cuya primera parte la escribió en español, en donde defiende la consistencia de las Sagradas Escritura apareció en 1628; la segunda parte en latín y las tres restantes en español (1641-1651); trabajos en latín dirigidos a la población en general: De Creatione (1635 en latín); De Termino Vitae (1634); De ResurrectioneMortuorum (1636); De Fragilitate Humana (1624); una codificación de la Ley dirigida a sus hermanos de religión que retornaban a la fe (1645-47); Piedra Gloriosa con grabados de Rembrandt (1655); y NishmatHayyim (1651) sobre la naturaleza del alma.
En 1640 fue excomulgado cuando intervino en una discusión entre su cuñado, Jonás Abravanel y la sinagoga. A pesar de su intensa actividad académica, nunca ganó suficiente dinero como para vivir holgadamente. Por lo tanto en 1640 pensó viajar al Brasil para probar su habilidad comercial y mejorar su situación económica.
En 1649/1650 publica en español La esperança de Israel, sobre las «diez tribus perdidas». Manasseh firmó la versión el 13 Shvat de 5410 y la dedicó a los líderes y gobernantes de la comunidad sefardí de Ámsterdam, entre ellos Isaac Belmonte, Michael Espinoza y Abraham Franco. Manasseh explica que el título de su obra, Mikvé Israel, lo tomó de Jeremías 14:8.
Inmediatamente el libro fue traducido del castellano al latín, ya que, según Manasseh, los hombres de letras ingleses deseaban profundizarlo. Luego, esta versión fue traducida al inglés. Sin embargo, la versión latina contiene errores de nombres y hay secciones que no aparecen en el texto español. Hay que aclarar, que no fue Manasseh quien compuso esta última versión2.
Manasseh trató de persuadir al parlamento inglés para que dejara entrar a los judíos nuevamente en Inglaterra y presentó las ventajas humanas y económicas que esto traería. Pensaba que los judíos podían reunirse en KetzéhaÁretz (el fin de la tierra, palabra medieval hebrea por Angle-Terre) en paz y armonía. Según él, había dos razones importantes para volver a readmitir a los judíos que habían sido expulsados en 1290. Una de estas era mística y la otra comercial. Ponía énfasis en la mística porque creía que el retorno de los judíos a la Tierra Prometida era inminente. La razón comercial tenía que ver con el intercambio de bienes, ya que consideraba a los judíos expertos en el ramo. Explicaba que el capital judío en Italia y Holanda era considerable y que esto ayudaría al intercambio mercantil. Le parecía que el comercio era la verdadera habilidad hebrea, ya que ningún país les permitía poseer tierras3.
Asimismo, escribió VindicaeJudaeorum (1656) para defender al pueblo hebreo en contra los ataques y las calumnias de la población. Este libro fue escrito cuando viajó a Inglaterra.
Manasseh tenía dos representantes en aquel país, que lo habían ayudado con anterioridad en sus gestiones: su amigo Manuel Martínez (David Dormido Abravanel) y el hijo de este. En 1655 por fin pudo viajar a Inglaterra y entregó personalmente su pedido a Cromwell. Si bien no consiguió el permiso para que los judíos entraran libremente, consiguió que se abriera una sinagoga para servicio de los que se encontraban en el reino y el establecimiento de un cementerio. Sin embargo, se sintió desilusionado con la visita a Cromwell, aunque este le otorgó una pensión de cien libras esterlinas. En 1657 volvió a los Países Bajos y murió en cuanto llegó a Middelburg.
Manasseh pensaba que había sido elegido especialmente por Di-os para cumplir una misión de paz y creía firmemente que nuevas épocas gloriosas llegarían nuevamente para Israel.
Según Cecil Roth, los sabios y los estadistas consultaban a Manasseh sobre temas judaicos, ya que se había convertido en un verdadero representante del pensamiento hebreo4. En realidad se puede decir que su relato sobre las diez tribus perdidas influyó en Cromwell y en el pueblo inglés, y creó un ambiente favorable para la eventual vuelta de los judíos a tierra anglosajonas.

Las diez tribus perdidas
La idea de que las diez tribus perdidas retornarían a la Tierra Santa y que se reunirían con las otras dos tribus apareció con intensidad después de la expulsión española. Esto no es sorprendente, ya que la vuelta de las diez tribus señalaría la llegada del Mesías y el final de los sufrimientos.
La historia sobre las tribus perdidas se encuentra en II Reyes, 16:6. A este pasaje se añaden los de I Crónicas 5:26 y las profecías de Isaías (11:11), Jeremías (31:8) y sobre todo el libro de Ezequiel (37:19-24). Las diez tribus formaban el reino del norte de Israel, cuyos habitantes fueron exilados en el año 722 antes de la era común; el reino del sur, Judá, estaba formado por las tribus de Judá y Benjamín.
Los historiadores creen que estos diez clanes fueron asimilados por las poblaciones que los rodeaban. En el período del Segundo Templo y en el del Talmud la creencia continuó, sobre todo por la visión de Esdras IV (13:34-45). La única oposición se encontró en la Mishná.
Se explicaba que estas tribus perdidas no podían encontrar a las otras dos debido a que los habitantes de estas últimas se encontraban en todas partes del mundo. Se decía que las tribus se encontraban detrás de un misterioso río Sambatión, en Antioquía y dispersas alrededor del mundo.
Durante la Edad Media la creencia se mantuvo viva. El viajero judío del siglo IX Eldad ha-Daní, que pensaba que él era descendiente de la tribu de Dan, aseguró que las diez tribus vivían en completa paz y armonía. Los hombres eran valerosos, honestos y justos, y se dedicaban al estudio de la Torá. Gobernaban a otros pueblos, los cuales les pagaban tributo5. A esto se añadieron las descripciones de Benjamín de Tudela, el viajero medieval español, quien describió extensamente las diez tribus. Tudela relata específicamente que los judíos de Persia se habían asentado en la ciudad de Nishapur y era allí en donde se encontraban las tribus de Dan, Naftalí (Neftalí), Asher (Aser) y Zevulún (Zabulón). También explica que en Jaibar se habían asentado las tribus de Reubén (Rubén), Gad y la media tribu de Menashé (Manasés). Prácticamente con las mismas palabras de Tudela fue la explicación que dio el visionario David Reubeni que se decía descendiente de la tribu de Reubén.
La esperanza mesiánica es, en realidad, una característica esencial del pueblo hebreo. Los textos sacros están impregnados de la misma, tanto la Biblia como el Talmud y la Mishná. La liturgia diaria y la de las diversas festividades afirman la inminente llegada del hijo de David. Por lo tanto, cuando la expulsión española ocurrió, la amargura, el desengaño y los sufrimientos hicieron pensar que las penurias eran una anticipación a la llegada del Mesías.
No es de extrañar entonces que cuando Antonio de Montezinos (Aaron Leví m.-¿1650?), un converso que había viajado al Perú entre los años 1641-42, afirmó que había escuchado a los indios recitar la Shemá y que estos estaban familiarizados con otros rituales judaicos, Manasseh lo creyó firmemente.
Cuando Montezinos regresó a Ámsterdam en 1644 se entrevistó con Manasseh y le afirmó que los indios eran descendientes de la tribu de Reubén y Leví. Montezinos volvió al Nuevo Mundo y murió en el Brasil, pero Manasseh escribió el tratado La esperança de Israel (1650) sobre el tema. Para Manasseh, el relato de Montezinos indicaba que las profecías se cumplirían inmediatamente y que las diez tribus se reunirían con la de Judá.
Existen cartas de Montezinos sobre el tema dirigidas a Abraham Israel Pereyra, uno de los líderes de la comunidad de Ámsterdam, y discípulo acérrimo ShebataiZeví.
La creencia de que los indios americanos eran las diez tribus había circulado extensamente por Europa, ya que, por ejemplo, en 1567 JoannesFredericusLumnius publicó un tratado, Extremo Dei Iudicio et Indorum vocatione6, sobre el tema. Thomas Thorowgood (1595-1669) publicó Iewes in America, orProbabilitiesthattheAmericans Are of thatRace, en donde explica que realmente los indios podrían ser las tribus perdidas. Los cronistas de Indias, como Bartolomé de las Casas y Motolinía comparan a los indios con «nuestros israelitas».
La impresión de La esperança de Israelprovocó gran alegría y al mismo tiempo admiración, no tan solo en la comunidad hebrea de Ámsterdam, sino en los círculos cristianos de diversos lugares de Europa. Asimismo, se debe recordar que don Quijote de la Mancha en Sierra Morena, dice así: «…Estoy ya para quedarme y para aguardar aquí solo no solamente la Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de las doce tribus de Israel, y a los siete macabeos, y a Cástor y a Pólux…» (vol. I, cap. XXIII).

Sumario de La esperança de Israel
El texto comienza con la relación de Montezinos y luego en una segunda parte, Manasseh menciona a todos los hombres sabios –filósofos, historiadores, y conquistadores– tanto de la antigüedad pagana como a sus contemporáneos que habían creído o especulado sobre las diez tribus y habían mantenido la esperanza mesiánica.
Manasseh explica que la Indias habían sido pobladas por los descendientes de las diez tribus que pasaron a través del estrecho de Arian. Manasseh anota que las tribus no se encuentran en un lugar, sino en diversas regiones; la idea está basada en que los profetas han explicado que las tribus volverán a reunirse de diversas partes del mundo; Isaías especialmente explica que las tribus deberán ser ocho. Ellas no volvieron durante el período del Segundo Templo. Hasta hoy han mantenido la religión judía. Las profecías sobre su vuelta a Jerusalén deben ser realizadas. Desde un lugar a otro en el universo, estas tribus se reunirán en Asiria y Egipto (Isaías 27:13); volverán a Jerusalén como los pájaros a su nido (Isaías 60:8). El reino no será dividido nunca más y se formará uno con el Mesías, el hijo de David, y el pueblo de Israel nunca será forzado a dejar su tierra.
Entre las personalidades cuyas opiniones aduce para su argumento se encuentran las siguientes: Arias Montano, el famoso sabio converso judeoespañol, quien pensaba que los indios de la Nueva España eran descendientes de Ofir, el hijo de Joktan, el nieto de Eber. Montano creía que el nombre de Ofir tenía similitud con el de Perú.
Manasseh menciona también al cronista de las Indias Francisco López de Gómara, quien pensaba que el nombre de la península de Yucatán podría ser derivado de Joktan. José Acosta en su Historia natural anota que los indios ya habían dado a su tierra el nombre de Perú, aun antes de la llegada de los españoles. Manasseh menciona a Garcilaso de la Vega, el Inca, que en los Comentarios reales, cuando narra las antigüedades de los indios, describe un magnífico edificio y conjetura que hubiera podido ser una sinagoga.
Entre los cronistas cita a Alonso de Ercilla, a Juan de Castellanos, y al filósofo italiano MarislioFicino. De la antigüedad, señala la opinión del rabino Salomón Jrachi (Rashi), y al historiador Flavio Josefo. Luego menciona a Najmánides, que según Manasseh, fue un gran cabalista, y a ShebataiZeví.
Luego, Manasseh pasa a describir las características físicas de los indios y dice que tienen la piel oscura y no tienen barba, pero que se sabe que hay hombres blancos y con barba en la región. Desmiente los juicios sobre los indios que el doctor Juan Duarte de San Juan hizo en su obra Examen de los ingenios.
Luego vuelve nuevamente a los textos bíblicos y los analiza detalladamente, y concluye esta segunda parte explicando sobre Montezinos y los nombres de las diferentes partes de las Indias.

Resumen de la Relación de Montezinos
Anoto el siguiente resumen debido a la dificultad de lectura que el texto presenta. La aventura de Montezinos tiene lugar en Nueva Granada, o en la actualidad Colombia, en las orillas del río Magdalena, entre Honda y Medellín. Montezinos cruzó la cordillera junto a unos indios. Bajó desde Cartagena hasta la altura de Honda y luego se encontró con los israelitas al borde del río Cauca, al sur de Medellín. En el cruce de la cordillera uno de los indios, Francisco, le dijo algo sobre un grupo de gente que se encontraba escondida y que ayudarían a los indios a defenderse del mal trato de los españoles. Pero, en ese momento Montezinos no prestó atención a las palabras del indio.
Pasó un tiempo y cuando Montezinos fue encarcelado en Cartagena por la Inquisición, comenzó a reflexionar en el pasado y la conversación con Francisco. Lo que el indio le había dicho volvía continuamente a su memoria. Prometió entonces que si se libraba de la cárcel, buscaría a Francisco para pedirle mayor explicación.
Tuvo la suerte, como él mismo lo explica, de que encontró a Francisco en cuanto salió de la cárcel. Conversó con el indio, lo que tiene lugar en el campo, por motivo obvios, ya que pensó que le sería imposible hablar de un tema tal en la ciudad. Montezinos le confiesa al indio su fe y quiénes eran sus padres espirituales.
El indio, al principio, se negaba a creerle, hasta que le dijo que lo siguiera por las montañas, cosa que Montezinos hizo.
Los dos hombres llegaron a un río, que Montezinos compara con el Duero. Era el río Cauca, detrás del cual vivían unos indios que eran diferentes a los otros. Llegaron a la ribera y Montezino alcanzó a ver a un grupo de indios en la otra orilla.
Después de una serie de saludos formales, los indios recitaron la profesión de fe de Israel en hebreo.
Montezinos no pudo cruzar el río para llegar a la orilla en donde se encontraba el grupo, pero algunos de ellos lo visitaron varias veces con nueve mensajes. Los indios que se entrevistaron con Montezinos le explicaron que eran descendientes de Abraham, Isaac, Jacob y Rubén. Dijeron que algún día saldrían de su escondite y que solamente estaban esperando un mensajero que supiera escribir.
Montezinos describe la apariencia física de estos indios y explica que tenían el pelo largo, algunos hasta las rodillas. Después de tres días Montezinos y Francisco retornan al puerto de Honda. Francisco le confirma que los indios eran ciertamente israelitas.
Transcripción
A continuación transcribo la relación de Montezinos. He corregido la ortografía y la he modernizado. He dividido los párrafos para una mejor lectura. Además he tenido que añadir proposiciones y vocablos para una mejor lectura, de otra forma hubiera sido difícil comprender el significado del texto. Desgraciadamente en este texto que transcribo no he podido mantener la pureza del lenguaje de la época, lo cual hubiera deseado.

Esto es
Esperança de Israel
Obra con suma curiosidad compuesta por
Menasseh Ben Israel
Theólogo, y Philósopho Hebreo
Trata del admirable esparcimiento de las Diez Tribus y su infalible reducción con
los demás, a la patria: con muchos
puntos, y historias curiosas y declaración de variosas
prophecías por el author rectamente
interpretadas.
Dirigido a los señores Parnasim del K.K. de Talmud Torá
En Ámsterdam, 5410
. . . .

Relación de Aharón Leví, alias, Antonio de Montezinos
En 18 de Elul del año 5404, vulgo, 1644, llegó a esta ciudad de Ámsterdam Aron Leví y en otro tiempo en España Antonio de Montezinos y declaró delante de diversas personas de la nación portuguesa la Relación siguiente:
«Que hará dos años y medio que saliendo del puerto de Honda, en las Indias Occidentales, para hacer su viaje a la gobernación de Papian, o provincia de Quito, alquiló unas mulas a un indio mestizo llamado Francisco del Castillo, en cuya compañía por arriero, con otros indios y va otro indio llamado también Francisco, al cual los demás indios llamaban Cacique.
»Con este, cuando estaban por pasar de la montaña, llamada Cordillera, un día de mucha agua y viento, le sucedió que trayendo muchas cargas los indios y enfadados del trabajo y del día empezaron a decir mal de su fortuna.
»Decían que esto que pasaban y mucho más merecían por sus pecados. El dicho indio Francisco animándolos dijo que tuviesen paciencia que en breve tendrían algún día de franco.
»A esto le respondieron que no era justo que le tuviesen, pues que trataron tan mal a una gente santa y la mejor del mundo. Y todos los trabajos e inhumanidades que los españoles usaban con ellos las tenían bien merecidas».
Llegando pues el día de tomar puesto en la dicha montaña, la noche siguiente Montezinos sacó de una caja de cuero algún bizcocho y dulces, y trayéndolos a Francisco, le dijo: «toma esto, aunque digas mal de los españoles».
A lo que el indio respondió: «Que no se había quejado de ellos con mucha parte de lo que debía porque eran gente cruel, tirana y del todo inhumana, pero que en breve se vería bien vengado de ellos por vía de una gente oculta».
Habiendo pues pasado esto y llegando Montezinos a la ciudad de Cartagena, en las Indias, fue preso por la Inquisición y cuando estaba en la cárcel, encomendándose un día a Di-os, dijo estas palabras, «Bendito sea el nombre de Ado-nay, que no me hizo idólatra bárbaro, negro ni indio».
Y al decir indio se retractó luego. Y dijo: «Estos indios son hebreos».
Luego, tornando en sí, de nuevo volvió a retractarse diciendo: «Estoy loco, o fuera de juicio. ¿Cómo puede ser que estos indios sean hebreos?»
Lo que también le sucedió el segundo y el tercer día. Haciendo la misma oración y dando en ellas las mismas gracias a Di-os, la cual imaginación considerando que no podía ser acaso, recordándose juntamente de lo que había pasado con el sobredicho indio, se resolvió con juramento de averiguar la verdad de esto, siéndole posible.
Y que sacándole Di-os de la prisión, buscaría luego a este indio para informarse de raíz del sentido de las palabras que en la pasada jornada le había dicho.
Y allí luego que Di-os por su misericordia lo libró de la prisión, se fue al dicho puerto de Honda donde fue su ventura que halló al mismo indio Francisco, con el cual empezando a hablar le trajo a la memoria la historia de la montaña y las palabras que en aquella ocasión le había dicho.
El indio respondió que no se había olvidado de ellas. Lo cual oído por Montezinos, le dijo que él tenía en pensamiento de hacer con él una imagen. A lo que respondió que él estaba pronto para cuando justifique.
Conque Montezinos le dio patacas para comprar provisión, pero el indio las empleó en alpargatas.
Y siguieron su camino, en el cual y entonces platicando, se descubrió Montezinos con el indio diciéndole estas palabras: «Yo soy hebreo de la tribu de Leví. Di-os es Ado-nay y todo lo demás es engaño».
A estas palabras el indio alterado preguntó: «¿Cómo se llaman tus padres?»
Y respondió Montezino que se llamaban «Abraham, Yshac y Iacob».
Pero el indio replicó el dicho con «¿no tienes otros padres?»
Respondió que sí y que se llamaba Luys de Montezinos.
El indio no satisfecho con esto, le volvió de nuevo a decir: «Por algunas cosas que me has dicho me has causado contento y por otra parte estoy para no darte crédito, por cuanto no me sabes decir quiénes fueron tus padres».
Mas Montezino volvió a responder con juramento que le decía la verdad y gastando algún tiempo en demandas y respuestas, y ya enfadado.
El indio le dijo: «No eres hijo de Israel», algo alterado dijo, «Me tienes confuso y muerto».
Montezinos dijo: «Mas descansemos un poco y bebamos que luego hablaremos».
Conque al cabo de un rato el indio le dijo: «Si eres hombre de ánimo, valor y esfuerzo, que te atreves a ir conmigo, sabrás lo que deseas saber, pero adviértote que has de ir a pie, has de comer maíz tostado y has de hacer en todo y por todo lo que yo te dijere».
A cuyas palabras, respondió Montezinos que él estaba resuelto a seguir todo lo que le ordenase.
El día siguiente, un lunes, vino a su aposento el indio diciéndole: «Quita todo cuanto tienes en las faltriqueras, cálzate estos alpargatas. Toma este palo y sígueme».
Así le hizo y dejado la capa y espada y todo lo demás que consigo llevare, Montezinos fue con el indio.
Llevando el indio a cuestas delante de sí almudes de maíz tostados, dos cuerdas, la una de ellas de nudos con un gancho de dos garabatos, para subir por las peñas y la otra delgada, para atar en las balsas y pasajes de nos, y un machete y alpargatas. En esta forma pues caminaron toda aquella semana hasta el sábado en el cual reposaron y volvieron a caminar el domingo y el lunes y martes a las 8 de la mañana.
Llegando a un río mayor que el Duero, dijo el indio: «Aquí has de ver a tus hermanos», y haciendo bandera de dos paños de algodón que llevaban ceñidos al cuerpo, hizo una señal.
De allí a un rato vieron grande humo y el indio dijo: «Ya saben que aquí estamos», y al momento en respuesta hicieron la misma señal levantando la otra bandera.
Luego un hombre con una mujer se partieron en una canoa y se vinieron donde ellos estaban. La mujer salió en tierra y los hombres se quedaron en la canoa. Esta, después de largos coloquios que tuvo con Francisco, que Montezinos no pudo entender. El indio les relató lo que pasaba a los hombres que estaban aún en la canoa.
Los cuales, habiendo estado hasta entonces mirándolos con gran atención, saltaron della fuera. Y abrazaron al indio y lo mismo hizo la mujer. Y esto hecho, uno dellos se volvió a la canoa y los dos con la mujer quedaron.
Llegándose pues estos dos hombres para el indio Francisco, este se arrojó a sus pies, pero ellos lo levantaron con muestras de humanidad y aflicción, y puestos a hablar con él.
De allí a un rato le dijo Francisco a Montezinos: «No te asombres ni perturbes ni imagines que estos hombres te han de decir segunda cosa hasta que hayas bien apercibido la primera».
Y luego los dos le metieron a Montezinos entre sí y le dijeron en hebreo el cuarto verso del Deuteronomio 6: «Shemá Israel, Ado-naiElokenu Ado-naiehad. Escucha, Israel, el Señor nuestro Di-os es uno».
Y después informándose a cada cosa del intérprete, Francisco aprendiendo de él cómo se decía aquello de lengua española, «en ella misma», ellos mismos le dijeron los siguiente, entremetiendo al mismo tiempo entre una razón y otra:
Primera: «Mi padre es Abraham, Yshac, Jacob, Israel»7.
Y señalando de dónde nombraban estos cuatros. Y luego acrecentaron Reubén y señalaron los dedos.
Segunda: «Los que quieren venir con nosotros les daremos tierras».
Tercera: «Josef vive en medio de la mar», haciendo señal con dos dedos cerrados y después abriéndolos en dos partes.
Cuarta: Luego, con brevedad (diciendo esto muy de prisa): «Saldremos unos pocos a ver y a pescar». Y a este tiempo señalaron con los ojos y patearon los pies.
Quinta: «Un día hablaremos todos». Haciendo en este tiempo con la boca: «ba, ba, ba», y «saldremos como que nos parió la tierra».
Sexta: «Irá un cierto mensajero».
Séptima: «Francisco te dirá más de estas cosas». Señalando con el dedo cosa que no se debe hablar.
Octava: «Nosotros nos debemos preparar». Haciendo las caras para todos lados. Y rezando a Di-os, «No estés mucho tiempo».
Novena: «Envía doce hombres». Señalando que envíe hombres con barba, que sepan escribir bien…

NOTAS
1 Las noticias bibliográficas sobre Manassé ben Israel han sido tomadas de la Encyclopedia Judaica, 16 vols. (Jerusalem, Israel: Keter Publishing House, Ltd., 1971-1972).
2 Henry Méchoulan y Gérard Nahom, ed. de una de las versiones inglesas de The Hope of Israel (Oxford: TheLittman Library, Oxford University, 1987), 6163.
3 H. Graetz, History of theJews, 6 vols. (Philadelphia: JewishPublicationSociety of America, 1891-1898), vol. 5, 39-41.
4 Cecil Roth, A History of the Marranos (Philadelphia: TheJewishPublicationSociety of America, 1960), 261,
5 Abraham Gross, «TheExpulsion and theSearchforthe Ten Tribes,» Judaism, vol. 41 (1992), 130-147.
6 Sobre Lumnius y el origen de los indios, véase, Lee EldridgeHuddleston, Origins of the American Indians: EuropeanConcepts, 1492-1729. (Austin: TheUniversity of Texas Press, 1967), 34.
7 En realidad no serían, cuatro, sino tres, ya que Jacob es el mismo Israel, Génesis 32:28.