LOS SEFARDÍES Y EL JUDEOESPAÑOL de Marruecos

Liane Lillich

1. Introducción

Según la Real Academia Española sefardí se desprende del hebreo Sefarad y «se dice de los judíos oriundos de España, o de los que, sin proceder de España, aceptan las prácticas especiales religiosas  que en el rezo mantienen los judíos españoles» (RAE: sefardí).
Este trabajo en primer lugar se dedica a la historia de aquellos judíos hispanos que se vieron obligados a abandonar la Península Ibérica y se instalaron en Marruecos. Principalmente trata los sucesos históricos desde el momento decisivo de la expulsión del reino español en 1492 hasta el siglo XXI.

En este paso se considera la manera con la que factores políticos y sociales influenciaron la historia de este grupo étnico, lo que se presenta sobre todo por medio de la comunidad de Tetuán en un contexto general de la historia marroquí. Aparte de eso se tienen en cuenta los acontecimientos históricos que afectaron la ḥakitía, la variedad marroquí del judeoespañol, que en general se desprende del castellano medieval y en cada lugar se transformó debido a su ambiente. Los sefardíes marroquíes usaron esta variedad durante siglos y cabe preguntarse si hoy en día todavía quedan hablantes de modo que la variedad siga viva.

Por eso en segundo lugar el trabajo se concentra en la ḥakitía, debate de que surgió este
término y cuáles son los rasgos característicos de esta variedad. Ello se realiza por medio de una transcripción de fábulas contadas por un joven marroquí sefardí y un comentario con respecto a las particularidades fonéticas, morfológicas, sintácticas y lexicológicas de la variedad que se pueden observar en estos ejemplos bastante actuales en comparación  con el castellano normativo de España.

2. Los sefardíes en Marruecos: un panorama histórico

Como este trabajo se concentra en la historia de los judíos sefardíes, 1492 parece ser el año adecuado para comenzar; pero, sin pesar es importante mencionar que ya existía una tradición judía en Marruecos hace muchos siglos antes. Richard Gold data la llegada de los judíos en el siglo IV antes de la era común, cuando se establecieron los comerciantes fenicios, mientras que Salomón J. Bensabat propone dos teorías: una que se refiere a los tiempos del rey Salomón, es decir al siglo X antes de la era común; y otra que dice que llegaron los judíos después de la destrucción del Templo de Jerusalén en el siglo VI antes de la era común (cf. Gold 2009: 482, Bensabat 1952:17s.). Explica que en los siglos siguientes los judíos vivieron el dominio de diversos pueblos más y menos bien intencionados, pero lo que destaca de esta época es que en los siglos XI y XII se produjeron muchas obras importantes del judaísmo en árabe y hebreo, como lo describe Simón Levy, con la consecuencia de que esa época se denomina «la última edad de oro» (Levy 2008: 215).

Según él, ya en 1391 se podía observar cierta emigración hacía Marruecos a causa de motines antijudíos en Sevilla, un acontecimiento al que todavía hoy en día recuerda una fuente en Debdú que lleva el nombre «Ain Svilia (Fuente de Sevilla)» (Levy 2008: 216). En contraste, Esther Benbassa y Aron Rodrigue describen que los refugiados que abandonaron la Península debido a este pogromo, que consideran indicativo en cuanto a la expulsión en 1492, rehuyeron Marruecos por una crisis interna y prefirieron establecerse en Argelia (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 51).

Lo que es un hecho es que había una inmensa ola de inmigración después de 1492.
Este año, que se puede denominar un año clave en varios sentidos, los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla promulgaron el Decreto de Expulsión, lo que significaba el punto culminante del odio a los judíos que creció en las décadas anteriores intensificado por la inquisición, como lo exponen Benbassa y Rodrigue (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 35). Ellos explican que en consecuencia los judíos quienes ni antes y ni después de la promulgación del Edicto de Granada estaban dispuestos a aceptar la conversión forzosa, se veían obligados a abandonar la Península Ibérica. En este contexto se manifiesta lo difícil de averiguar cuantas personas huyeron en total, Haim Beinart habla de 200 mil, mientras que Benbassa y Rodrigue mencionan que había entre 50 mil y 400 mil refugiados (cf. Beinhart 2002: 167, Benbassa y Rodrigue 2005: 35).

En cuanto a Marruecos, los dos autores tampoco aluden cifras inequívocas, se refieren a una fuente que habla de 4 mil refugiados judíos en el año 1541 en total y otra que cuenta 20 mil inmigrantes que llegaron solamente a Fez después de 1492, un número que también propone Daniel J. Schroeter (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 52, Schroeter 2008: 150). Asimismo Bensabat describe que el destino de los sefardíes muchas veces eran las ciudades portuarias, a menudo ocupadas por los portugueses, como Rabat, Tánger, Arcila y otras como Fez, Mequinez, Tetuán, Alcazarquivir, Debdú, Salé, Larache y Safí (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 51, Bensabat 1952: 21). Mientras que Gold considera indiferente la actitud de la dinastía wattásida, los soberanos marroquíes de esta época, tanto Benbassa y Rodrigue como Tito Benady hablan de las habilidades de los judíos y la prosperidad que trajeron (cf. Gold 2009: 483, Benbassa y Rodrigue 2005: 51, Benady 2009: 487). Levy incluso explica que los funcionarios del sultán recogieron a los judíos en Larache y los llevaron a Fez por el ambiente hispanófono (cf. Levy 2008: 215).

Según Benbassa y Rodrigue la inmigración continuó por los marranos en el siglo siguiente, es decir los que convirtieron al cristianismo por fuerza, pero querían conservar su religión verdadera. Afirman que eso resultó posible incluso en las ciudades ocupadas por Portugal, lo que a ellos les parece una paradoja que Schroeter disuelve dado que los portugueses valoraban a los judíos en la función de comerciantes al menos hasta la introducción de la Inquisición en Portugal y los territorios ocupados en 1536 (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 51s., Schroeter 2008: 150). Conforme a Levy algunas ciudades, como Mazagán, quedaron en manos de los portugueses varios siglos, mientras que otras, como Tánger en el siglo XVII, luego fueron recuperados por el sultán (cf. Levy 2008: 218).

En cuanto al sector social se puede decir que, si no trabajaron como comerciantes, los judíos en esta época muchas veces eran diplomáticos, administradores, trabajadores manuales o dueños de tiendas (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 52).

Mencionar los judíos autóctonos de Marruecos también es importante con respecto al encuentro que se produjo entre ellos y los sefardíes, una relación que Benbassa y Rodrigue describen como tenso, porque según ellos los judíos hispanos tradicionalmente se veían en la posición de liderar y no siempre estaban dispuestos a hacer concesiones (Benbassa y Rodrigue 2005:52s.). Aún encima Bensabat describe detalladamente las diferencias en cuanto a la manera de vestirse (el estilo europeo y árabe), las lenguas (hakitía y árabe o bereber), costumbres y ritos e incluso el aspecto físico (cf. Bensabat 1952: 23ss.). Conforme a Benbassa y Rodrigue los refugiados de la Península fundaron juderías y sinagogas propias, y no se unieron con los judíos autóctonos durante un periodo largo, pero en varias comunidades como en las de Fez, Mequínez y Mazagán creció la influencia mutua y los descendientes sefardíes fueron perdiendo la conexión con lo español.
Los autores continúan que de esa manera surgía una nueva identidad y una cultura árabejudía, marcada por lo sefardí, mientras que en otras comunidades como las de Tetuán y Tánger las tradiciones hispanas se mantenían más tiempo (cf. Benbassa y Rodrigue 2005:53)

Conforme a Benady la comunidad judía de Tetuán, una palabra que según Levy significa «las fuentes» en bereber, se organizaba autónomamente desde 1530 y en los siglos XVI y XVII la ciudad se caracterizaba por su prosperidad (cf. Benady 2009: 488, Levy 2008: 217ss.). Jacobo Israel Garzón expone que Tetuán disponía de importancia por su «puerto abierto al tráfico comercial» (Israel Garzón 2000: 60) y se convirtió en el centro de diplomacia en Marruecos; pero, según Benady sufrió por los enfrentamientos de las diferentes dinastías marroquíes, sobre todo en 1665, cuando una sinagoga grande se quemó.
Asimismo relevante en cuanto a la historia de Tetuán era el año 1770, en el que los consulados extranjeros fueron trasladados a Tánger, lo que intensificaba la decadencia de la ciudad en cuanto a su relevancia comercial.

Además, Benady en su ensayo revela un capítulo muy oscuro de la historia de los sefardíes marroquíes en general: el dominio del sultán Mulay Yazid, quien inició una masacre en Tetuán en el que sus tropas encendieron las casas de la judería y mataron a los habitantes.
Esta violencia también se podía observar en otras ciudades como Arcila, Alcazarquivir y Larache. Describe que debido a este acontecimiento y la creación de una nueva judería en Tetuán en 1808 varios judíos decidieron moverse a Tánger. A parte de eso, Levy sostiene que en el siglo XIX unos incluso abandonaron Marruecos y a sus familias para instalarse en Brasil y fundar una nueva comunidad (cf. Levy 2008: 220). Tanto su texto como el de Israel Garzón hablan de la pobreza que experimentaban muchos de los judíos en todo Marruecos, lo que muchas veces significaba que las familias vivían en pisos muy pequeños si no era muy ricas.

Conforme con ellos, la asistencia médica era insuficiente pero la situación mejoraba por el esfuerzo de personas conocidas como Salomón Rothschild y el doctor húngaro Philip Hauser, quien, entre otras cosas, promovió el establecimiento de una propia atención médica en la comunidad (cf. Israel Garzón 2000: 60s.). La descripción de Benady es aún peor: explica que los judíos tenían que pagar más impuestos y llevar cosas negras para diferenciarse de los musulmanes, resume que en general sufrían por la inestabilidad del Estado (cf. Benady 2009: 487).

Según Israel Garzón, Tetuán resultó ocupada por España a causa de la guerra hispano marroquí en febrero de 18601; pero, se encuentran diferentes perspectivas en lo que concierne a las consecuencias de esta ocupación que duró hasta mayo de 1862 (cf. Israel Garzón 2000: 61). Levy menciona que varios judíos tetuaníes emigraron a España, Orán y Gibraltar por la violencia que traía consigo la guerra (cf. Levy 2008: 218, 229). Tanto-Benady como Israel Garzón constatan esta emigración al comienzo de la guerra; pero, explican que muchos judíos luego regresaron y colaboraron con las autoridades españoles (cf. Benady 2009: 488, Israel Garzón 2000: 61). Además Israel Garzón considera notable el  efecto que la ocupación española tenía en la evolución de la hakitía, habla de un período de hispanización por ese contacto directo y Levy incluso opina que en esta época se perdían varios elementos particulares (Levy 2008: 229).

En 1863, después de la ejecución precipitada de un joven judío que acusaron de asesinar a un representante español, como lo cuenta Levy, el sultán de esta época, Mohamed Ben Abderrahmán, promulgó un decreto que concedía los mismos derechos para judíos y musulmanes, lo que marca otro punto importante en la historia de los sefardíes y los judíos marroquíes en general (cf. Levy 2008: 219).

1862 fue un año muy importante para los judíos tetuaníes y otras comunidades judías porque la Alliance Isrealite Universelle (AIU) intervino en la historia de los judíos marroquíes estableciendo sus escuelas laicas. Israel Garzón confirma que ya en la primera de estas escuelas, que se abrió en Tetuán, también estudiaban chicas, lo que no era natural para las niñas sefardíes en esta época (cf. Israel Garzón 2000: 61). La organización francesa se fundó en 1860, según Benbassa y Rodrigue, con el objetivo de reducir los prejuicios contra israelitas y consolidar la cultura judía (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 145ss.). Levy afirma que se enseñaba español, francés, inglés e incluso hebreo en la escuela tetuaní de la Alianza en 1878 y describe los motivos de aquella institución como «las primeras avanzadillas del proyecto francés en Marruecos» (Levy 2008: 219), lo que también significaba un número creciente de galicismos en la hakitía.

Benbassa y Rodrigue añaden que se introdujeron otras asignaturas como historia de los judíos y religión judía, y subrayan la intención de establecer una educación europea y formar una actitud abierta frente al oeste (cf. Benbassa y Rodrigue 2005: 147). Aparte de eso Christoph Marx confesa que esta coneconexión, el interés y la intervención de la organización francesa también se puede explicar por parte con los enfrentamientos militares entre Francia y Marruecos en 1844 (cf. Marx 2004: 81). Israel Garzón afirma la importancia de la Alianza, cuya enseñanza a muchos jóvenes posibilitaba emigrar a otros lugares como Tánger, Argelia y Egipto, España, Inglaterra o Latinoamérica, un fenómeno que según él se basa en la falta de oportunidades para los jóvenes en Tetuán en esta época. Expone que 193 de 417 alumnos abandonaron la ciudad entre 1862 y 1869, Levy habla de 193 emigrantes de 335 alumnos en total en el año 1865. Aparte de eso sostiene la promoción de formaciones prácticas a través de la Alianza, como por ejemplo la zapatería, hojalatería o la carpintería, y menciona que los judíos tetuaníes en las postrimerías del siglo XIX muchas veces trabajaban como sastres, zapateros u hortelanos (cf. Levy 2008: 219s.). Continúa diciendo que a mediados del siglo XIX, más preciso en 1866, una quinta parte de todos los habitantes de Tetuán eran judíos, en cifras 7.000 – 7.500 de 30.000 a 35.000 personas.

James N. Sater expone que a principios del siglo XX razones financieras, las ambiciones internacionales de Marruecos y la situación inestable del Estado llevaron a la firma del llamado Tratado de Fez a fines de marzo 1912 con el que se instaló un protectorado francés, lo que según la Real Academia Española significa «soberanía que un Estado ejerce, señaladamente sobre las relaciones exteriores, en territorio que no ha sido incorporado plenamente al de su nación y en el cual existen autoridades propias de los pueblos autóctonos » (RAE: protectorado, cf. Sater 2010: 16s.). Asimismo el colonialismo europeo se manifestó en el trato firmado en noviembre de 1912 que confirmaba el control español sobre el norte de Marruecos y la zona sur, mientras que Tánger quedaba como zona internacional, como lo describe William Spencer (cf. Spencer 1980: xxxii, 102). Tetuán se hizo la capital del protectorado español que, tal como el francés, duró hasta 1956.

Levy explica que durante este período el español se convirtió en lengua oficial, lo que significaba una etapa de rehispanización otra vez y esto afectaba al judeoespañol marroquí más tiempo y más intensamente que durante la ocupación de 1860, y también disminuía sus particularidades a beneficio del español oficial (cf. Levy 2008: 229). Mark A. Gabinskij incluso es de la opinión que la hakitía despareció completamente a favor del castellano peninsular (cf. Gabinskij 2011: 29).

Durante la conflagración civil española, que duró de 1936 a 1939, el derecho de guerra también se declaró en el protectorado y, conforme con Michael M. Laskier, las comunidades, es decir también los judíos, tenían que apoyar a Franco financieramente. Además sostiene que el antisemitismo y la época de la Segunda Guerra Mundial afectaban principalmente a los judíos en el protectorado francés y coartaban sus derechos en el sector político y social, mientras que en la zona española si había propaganda antisemita, pero no se introducían leyes en este sentido (cf. Laskier 1994: 59ss.).

Cuando el autor se refiere a Tetuán menciona el problema de la pobreza; pero, también describe la buena reputación de los comerciantes israelitas (cf. Laskier 1994: 66).
En cuanto al tamaño de la comunidad tetuaní de esa época, los puntos de vista de varios autores diferencian. Benady constata la inmigración de judíos de otras comunidades, pero también menciona la emigración de hebreos tetuaníes, lo que Israel Garzón explica con condiciones difíciles y un nivel de vida más alto en Tánger (cf. Benady 2009: 489, Israel Garzón 2000: 63). Levy habla de una población estable con 6.248 judíos en Tetuán en 1931, según Benady la cifra aumentó a 7.631 en 1951 y todavía se contaron 3.103 en 1960; no obstante, describe que el número disminuyó considerablemente después hasta alrededor de 200 en el siglo XXI, mientras que Israel Garzón solamente confesa pocas docenas en su texto publicado en 2000 e incluso sostiene la final de «la historia de la comunidad judía de Tetuán» (Israel Garzón 2000: 63, cf. Levy 2008: 221).

Como ya mencionado, otra comunidad judía importante es la tangerina, según Benady, Tánger se encontró en las manos de los británicos a partir de 1623 , cuando Catalina Enriqueta de Braganza, una infanta portuguesa, se casó con el rey de Inglaterra, Carlos II. Explica que no llegaron muchos judíos europeos después de la expulsión en 1492 y que se quedaron muy separados de los judíos autóctonos de la ciudad. Después de la partida de los ingleses en 1684, la comunidad sefardí creció sobre todo con los judíos de Tetuán que se instalaron en la ciudad. Además mejoraban las condiciones para el comercio que fue reactivado, como ya descrito arriba, por el traslado de los consulados de Tetuán en 1704 (cf. Benady 2009: 490). Asimismo como Benady, Abraham Bengio menciona el bombardeo en 1844 por las tropas francesas del Príncipe de Joinville, que por suerte no resultaba muy grave para la ciudad; sin embargo, se conmemora este acontecimiento con un anual día festivo, llamado «Purim (en español: sorteo) bombitas» o «Purim de las bombas». Continúa que en esta época 3.500 judíos vivían en Tánger (1867) y describe que la cifra había aumentado considerablemente desde 1808, cuando según él solamente quedaron 800 habitantes judíos (cf. Bengio 1996: 77).

Expone, tal como Benady, que la cifra creció continuamente durante el período del protectorado y que el hecho de que Tánger quedase como zona internacional impulsó la prosperidad de la ciudad, hasta que unos 17 mil israelitas (no solamente sefardíes) vivieron ahí en 1956. En las décadas siguientes la población judía disminuyó sin cesar, Benady describe que en 2006 solamente quedaron unos pocos judíos y una sola sinagoga.
Según él, las comunidades judías también desaparecieron completamente en otras ciudades como en Alcazarquivir, cuyos habitantes judíos mayoritariamente se fueron a Tánger después de 1956 o en Larache, de donde también emigraron todos los judíos. A mediados del siglo XX muchos judíos vivieron en Marruecos, Gabinskij habla de 263 mil judíos en total en 1948, entre ellos alrededor de 25 mil sefardíes, pero la historia de aquellos se caracterizaba por la emigración masiva en las décadas siguientes (cf. Gabinskij 2011: 27s.). Este desarrollo tiene varias razones como lo expresan diversos autores: primeramente Levy menciona que se fundó el Estado de Israel en 1948, el año de la primera guerra árabe–israelí, de manera que se intensificaba la emigración hacia este Estado, lo que, según Gold, se consideró ilegal desde el año de la independencia (1956) hasta 1961, cuando se confirmó un «acuerdo secreto entre la Agencia Judía y las autoridades» (Levy 2008: 230, cf. Gold 2009: 483). Pero muchos también se fueron a España, Francia y América Latina, sobre todo a Venezuela; pero, también a Argentina y Brasil (cf. Gold 2009: 481ss., Levy 2008: 230, Israel Garzón 2000: 63). En segundo lugar la llamada Guerra de los Seis Días en 1967 y otra guerra árabe–israelí en 1973 fueron otras causas para la emigración. Gabinskij basa sus cifras en una estadística global de 1966, que habla de 15 mil sefardíes en 1966 y Gold menciona el número de 35 mil judíos en total en 1971, mientras que Levy declara que en los años setenta quedaron 70 mil judíos en Marruecos (cf. Levy 2008: 230, Gabinskij 2011: 27s., Gold 2009: 486). Según Gold, la cifra se redujo a 8 mil en los años ochenta, muchos de ellos comerciantes, dueños de tiendas, obreros o artesanos y continua que en 2006 quedaban solamente 5.500, por ejemplo 250 en Tánger, 300 en Fez y solamente 25 en Tetuán (cf. Gold 2009: 484, 486).

No encontré cifras más actuales sobre los judíos marroquíes que las del año 2006, que desgraciadamente no dan información sobre la comunidad sefardí. Sin pesar se estima que es una cifra muy baja, pero como también se muestra en este trabajo, parece que todavía queda una pequeña comunidad de judíos sefardíes en Marruecos.

3. La variedad ḥaketía

El término que se utiliza para la variedad del judeoespañol de los sefardíes marroquíes, la ḥakitía, según Levy surgió por primera vez después de 1860 y se encuentran muchas posibilidades de grafía, como ḥaketía, ḥaquetía, haquetía o jaquetía propuestas por Alicia Sisso Raz, o también jakitía o jaketía como lo formula el romanista Paul Bénichou (cf. Levy
2008: 230, Sisso Raz 2010, Bénichou 1982: 473). En sus ensayos usa la notación ḥakitía, con un sonido gutural, sordo y fricativo al inicio y esta se utiliza para este trabajo. Se encuentran varias hipótesis en cuanto a la etimología de la palabra: tal Bénichou como Levy se refieren a las ideas de José Benoliel, expresan que por un lado existe la teoría que el término sea una prócope de Ishaquito que otra vez es el diminutivo de Ishac (en español: Isaac). Entonces explican la terminación «ìa» como derivación de la terminación árabe «iyya», que se utiliza para indicar nacionalidad. Bénichou añade que al arabiyya significa «la lengua» y Levy lo profundiza con el ejemplo «alemán> alemaniya “lengua alemana”» (Levy 2008: 230), en conjunto a Bénichou le parece posible que de esa manera surgiera y se transformara el término (cf. Bénichou 1982: 473 ss., Levy 2008: 230). Por otro lado los dos mencionan la idea que ḥakitía se derive de la palabra árabe hekaia, que se traduce con «dicho agudo» o «anécdota» y Bénichou sigue que realmente hay que transcribirlo como akaya, lo que significa «cuento»; pero, le parece casi imposible explicar la transformación para que quede ḥakitía. Además agrega la posibilidad que este término sea un neologismo que surgió a través de una exclamación irónica sobre lo que hablaron los sefardíes marroquíes: «Ni español de España ni arbía, ¿no será ḥakitía?»5 (Bénichou 1982: 477). Por último, Sisso Raz menciona que el término podría originar en la palabra árabe ḥakka que se traduce con «charla» o «hablar» y aparte de eso expone que apareció por primera vez en el libro Los hebreos de Marruecos de Manuel Ortega, publicado en 1919 (cf.  Sisso Raz 2010). Además es interesante que los dos autores cuenten que en sus familias no se utilizaba ni se conocía esta expresión. Levy describe como la variedad desprendida del español medieval se formaba por la influencia de su ambiente, por ejemplo el árabe marroquí, y cambiaba con la historia de sus hablantes, muchas veces influenciada notablemente por el castellano peninsular, que durante el siglo XIX sirvió como «lengua de contactos entre Marruecos y los países cristianos, […] del comercio internacional y de la diplomacia» (Levy 2008: 228), pero también sostiene que este contacto borró la ḥakitía por gran parte. Sin embargo existen muchas pruebas de esta variedad, como los romances que Bénichou recogió en su libro Romancero judeoespañol de Marruecos, publicado en 1968 y también letras, postales o los poemas litúrgicos Manuscritos de piyutim del siglo XIX (cf. Israel Garzón 2000: 41, 50, 74). Como estos son mayoritariamente antiguos, a continuación se analizan ejemplos bastante actuales, dos videos de un joven marroquí subidos en 2008 (hay otra de 2013 que no se va a tratar en este trabajo por el tamaño en total), para enterarse de los diferencias que todavía hoy en día existen en comparación con el español normativo. Enel siguiente se pone atención a las particularidades fonéticas, la morfología, la sintaxis y el léxico y en ello la ortografía utilizada para la transcripción toma como ejemplo la de la Autoridad Nasionala del Ladino.

3.1 Los videos de Aarón: transcripción y comentario

En los videos transcritos, el joven llamado Aaron cuenta fábulas que se basen en la obra de Jean de la Fontaine, la primera, La cigale et la fourmi, trata de una hormiga que disfruta de la vida y no piensa en ahorrar para el invierno y la cigarra avara que no quiere prestarle nada. En la segunda, Le corbeau et le renard, se describe la historia de un zorro alevoso que engaña a un cuervo ingenuo para robarle su queso, adulándole irónicamente su cara de luz al pájaro negro. La cigale et la fourmi ¡A! ¿ke ké me embezí oi en la escuela de la Aliansa? Una konseja: La cigale i la fourmi. ¿Vos la kontaré? Sabrís ke las sigales, komo una ayana, ke kanta komo un griyo i la fourmi, la ormiga. Ḥale ke fourmi, mira ke yamarla fourmi… Uala kike vino el verano. La ayana se fui a Martín.

La fourmi, no. Se kedó en Tetuán, buskando la asofaifas para Rosaná, las gaínas de la kappará pa el Kipur, las kanyas pa la Sukuá y aparejado makḥolí para el invierno como son los iguales. I la hayana, ala, aí al río Martín, verkeada, soleándosey kantando. Si tenía ke kantar tudo el día, ke no deshó ni piyutim, ni aguadim, ni flamenco. Uala ki ke vino el invierno. Bushkó un gorgojo pa komer. No ai. Una aldortita ¿adola? Da kun moshikto, ba´adá. El Dyo le mande. I muerta de ambre se fue alḥaiar a la puerta de la fourmi. Tok, tok, tok.
—¿Kien eđ a estađ oras?
—Soi yo la ayana. Así me kedes tú. Empréstame
algo pa komer el invierno. Kuando venga el
verano te juro por el ke no kueđo enmentar ke
te lo halfearé.
Sabrís ke la ormiga es meherra. ¿Alguna veđ
vođ empređtó algo a vozotros? La disho:
—¿I k´izite todo el verano, ferarsual?”
—¿Yo? Kantar.
—¡Kantar! Eua friete agora i baila.
Ai ua, dezidme: ¿Eso se aze? ¡Ké ajeb! No kede
nada desa fourmi. Ua se aga por eya. Mira ke
mandarla en vazío a la meskina de la hayana.
¿Ande se vyo eso?
A ma todo se izo travashar i arhotar. ¿No aremos
sedaká?
¿Voz gustó? Ua otro día vos kontaré otra konseja.
Si sois buenos y vos apiadáis a los aniyim pa ke Yitbaraj
se apiade de mozotros. Ai ua. Dizid amén.

Le corbeau et le renard
Venido bueno, venido klaro. Alakí a l´uzansade la judería de Tetuán: Le corbeau et le renard.

Ferasmal cuervo preto asentado en un árbol, no
sea su falta, tenía a la boca un kezo endiamantado,
kon un golor de almiske. Alakí ke un sorro
estuvo listo komo el solo. Golió el kezo. Disho:
«¿I ese cuervo preto va comer ese kezo endiamantado?
No al.leguen ni sea en sus días. De ke le
komeré yo i berahá se me ará.
Le disho:
—Buenos días, siñor cuervo. ¿Komo estás, ferasmal?
¿I los niños -no me alten- están buenos?
Ala i tu ḥial luzí. I ese traje negro, no se shenfea
de poner ese kolor. El dio no mos dé por ké. Ya
babá, ke bien te keda. Me vaia kappara por ti.
Pero, nunca te oyí cantar en tefilá. Por eso no
sabo si la hes ke sale de esa garganta cuando paineas
es también ermoza komo esa kara de luz
-no vea yo mal en eya.
Sabís que el cuervo tiene una voz troncada,
derrokada, kefseada -no sepamos de mal- komo
kien mal vos kejiere, kien mal vos ementare.
Pero, el desgrasiado, escuchando esas palabras de
hanifut kijo lusirse cantando, para amostrarle
a ese asno de sorro la vos de baayo ke tenía. Ua
abrió la boka pa kantar se le kayó el kezo, se le
kayó el mazzal. I el sorro saltó de la ves sobre el
kezo y, mirando al amargo del cuervo ke tenía
la boka abierta komo la cuerta de Feddán, le
disho: «Agora a fenearte, ke los haniferos, komo
mí se aprovechan de los hamorin como tí!»
Ua por la herpá del cuervo: «¿Kien me mandó
azer kazo a este hanifero?» I juró por los
saddikim ke ninguno le iva volver a engañar.
¿El kezo? ¿Ke no vos dio a gozar el sorro? A bueno
está, ke vos va dar. El so lo se lo jaleó. I sin
dezir belajá.
¿Ai ua, ké vos pareció el cuento? ¿Los de la
alianza dizen ke le escribió Jean de la Fontaine,
y ese meloh sabía ḥaketía como mozotros?

Primeramente destacan varios fenómenos fonéticos. Los del consonantismo por parte se desprenden del español medieval, como la palatal sorda /Ʒ/ también descrita como jota francesa en konseja o aparejado, la be fricativa y sonora /β/ como en iva o travashar, la palatal sorda /ʃ/ en deshó, disho o bushkó en vez de la fricativa sorda /x/ como por ejemplo en dejó o también en vez de una ese, como se ve en moshkito. Asimismo el hebreo aportaba sonidos como la ḥet, /ħ/, en ḥale que (dice que), makḥoli (guisado de carne) o alḥaiar (golpear) y lo que también llama la atención es la variedad de la ese, aparte de la ese sorda como en escuela, también se utiliza la ese sonora en ocasiones en las que el español normativo exige la sorda, por ejemplo en kezo (queso), ermoza (hermosa) o mozotroz (nosotros) y aparece la palatal /đ/, por ejemplo en ¿Kien eđ a estađ oras, ¿Alguna veđ vođ empređtó algo […]?, kueđo. Aparte de eso en la frase ke le komeré yo en la que el zorro se refiere al queso, se manifiesta el leísmo, el uso de un complemento indirecto en vez del directo, que según Johannes Kabatek y Claus D. Pusch es muy común en gran parte de España en cuanto a personas (cf. Kabatek, Pusch 2009: 116). También describen el yeísmo, es decir que no se distingue entre /y/ y /ʎ/, lo que se puede observar en la pronunciación de palabras como yamar, eya y griyo. Sostienen que este fenómeno está muy extendido en todo el mundo hispano hablante y por eso no parece muy interesante; pero, sin pesar lo es cuando uno tiene en cuenta que la variedad procede del español medieval y en aquel tiempo todavía se hizo esta distinción (cf. Kabatek, Pusch 2009: 290). Manuel Alvar menciona que la i griega incluso desparece ante i, en consecuencia en la transcripción se encuentra gaínas en vez de gallinas (cf. Alvar 1996: 374).

Con respecto al vocalismo hay que mencionar que a veces se pronuncia una i en vez de una e final como lo describe Katja Šmiden su ensayo, Aaron dice que la cigarra se fui y no se fue. En contraste Šmid no habla de que la o aparece en vez de la u, como en troncada, que en español normativo sería truncada (cf. Šmid 2002: 119.

En segundo lugar quiero prestar atención a las particularidades morfológicas, de las cuales algunas también se podrían mencionar con respecto a la fonética. Sobre todo se notan diferencias en cuanto a los verbos, por ejemplo la ge protésica ante u y vocal, es güelo en vez de huelo. Según Gabisnkij esta innovación judeoespañola también aparece en el español popular (cf. Gabinskij 2011: 99). Por razones de analogía, este fenómeno se generalizó en todo el paradigma, así que se dice goler y golió como en el texto. Otra innovación marca el prefijo en ante el verbo mentar, de modo que queda enmentar. Aunque esta manera de formación de palabras es común, no encontré literatura que establece una relación con el judeoespañol. Además destaca la falta de la e en la forma de la segunda persona plural, se encuentra sabris y sabís en vez de sabréis y sabéis, según Gabinskij por ejemplo debería ser sabésh y sabrésh, es decir que queda solamente un vocal, pero en el caso presente es una e y no una i. Aparte de eso menciona la tendencia de uniformar dentro de un paradigma, en consecuencia se dice sabo en vez de la forma irregular sé (cf. Gabinskij 2011: 108, 110, 117). Típico del judeoespañol es conforme a él la metatesis en la forma del indefinido de la segunda persona singular, que cambia otra vez por medio de un síncope, hicites y finalmente hizite en vez de hiciste (cf. Gabinskij 2011: 115). Aún encima describe otra innovación importante del judeoespañol: el cambio de ene a eme en la flexión nominal, que otra vez se basa en la transformación de la ene ante ue y se extendió en el paradigma, en la transcripción también aparece mozotros y mos. En cuanto a la flexión nominal, el autor sostiene una influencia hebrea, los sustantivos terminan en –im en plural, el joven marroquí habla de piyutim y aguadim. Además destaca que muchas veces se quitan partes de la palabra, se encuentran apócopes como en pa y gaínas en vez de para y gallinas. En otras ocasiones se encuentran análisis, es decir que surge una palabra de dos, por ejemplo con el uso de apóstrofos como en k´izite en vez de qué hiciste o la composición de una preposición y el pronombre demostrativo que sigue, desa en vez de de esa.
En tercer lugar, la transcripción solamente muestra muy pocas particularidades en cuanto a la sintaxis, por un lado la oración optativa se realiza sin la introducción que, se dice el Dyo le mande en vez de que Dios le mande o no kede nada en vez de que no quede nada.
Por otro lado resulta particular el orden de las palabras en cuanto a la expresión venido bueno en vez de bienvenido y la introducción de la interrogación con ke ke, lo que Gabinskij menciona en sus explicaciones también (cf. Gabinskij 2011: 130).

Por último queda el sector del léxico, que es muy importante con respecto a las variedades del judeoespañol y dispone de una gran diversidad. En este contexto surgía el problema de descubrir el origen de todas las palabras desconocidas, que finalmente podía resolver en gran parte. Eso resultó posible en unos casos a través de las menciones en el libro de Gabinskij y el ensayo de Benoliel, pero sobre todo con la ayuda de la señora Sisso Raz, que se dedicaba a la ḥakitía y a quien le agradezco mucho posibilitarme terminar este trabajo más completo.

Primeramente, como la religión de los sefardíes es el judaísmo, existen hebraísmos en todas las variedades del judeoespañol, según Gabinskij estos muchas veces tienen que ver con la religión y el modo de vivir (cf. Gabinskij 2011: 174). En la transcripción aparecen los siguientes: kappará (sacrificio expiatorio), piyutim (poema judío), sedaká (caridad), hashem yitbaraj (el Dios), berahá (en el texto también aparece belajá- bendición), tefilá (oración, aquí: nombre de la sinagoga tetuaní), mazzal (suerte), hanifut (ḥanuffá-adulación), hamorin (hamorim- burros), saddikim (piadosos). Algunas de las palabras se desprenden del hebreo, pero ya adoptaron la flexión española: haniferos (halagadores) o la conjugación: paineas (cantar los himnos, de piyyutim- himnos litúrgicos). Aparte de eso el español de los sefardíes de Marruecos no solo fue afectado por el árabe de los moros durante su presencia en la Península Ibérica, sino también por el árabe marroquí, que se puede considerar un adstrato en este contexto. En consecuencia se incorporaron elementos árabes que a veces también se transformaron según la gramática española. Esto muestra el ejemplo de la transcripción, en la que se pueden encontrar los arabismos siguientes: ayana (ayanna- saltamontes), ḥale ke (qalec que- dice que), uala (también: wala) ki ke (así es), berkear (golpear), aguadim (awadin- músicos de música árabe), ba’adá (por lo menos, después de todo), eua (también: ewa, muletilla para introducir o terminar una frase), Ala i tu hialuzí (halaile- he aquí, está, tu ḥial- tu cara), babá (padre), ua (también: wa, pues), a fenearte (ad- por fin, fetneates- date cuenta).

Además aparecen galicismos en la transcripción como cigale (cigarra), fourmi (hormiga), corbeau (cuervo), renard (zorro) y ma como apócope de mais. Varias veces parece que Aarón practica el Code Switching porque utiliza tal las expresiones francesas como las denominaciones españolas. Mediante las escuelas de la Alianza el francés ganaba importancia y también influenciaba en el desarrollo de la ḥakitía, pero en contraste a lo que sostiene Levy, el texto no contiene un «sinfín de galicismos» (cf. Levy 2008: 229). Aún encima la ḥakitía dispone de muchas expresiones que se desprenden del español; pero, no se conocen en el castellano normativo. Una de estas es ferasmal, significa algo como libre de todo mal y según Benoliel muchas veces aparece ante un nombre, por ejemplo ferasmal Ester. Describe que origina en fuera de mal, una apócope marca la desaparición de la u y la e, entonces es fera-d-mal y finalmente la de enmudece, se convierte en una ese por la eme siguiente así que queda ferasmal (cf. Benoliel 1977: 40). Sisso Raz añade que ferarsual, que también aparece en el texto, es la forma irónica y burlona de esta expresión. Asimismo las palabras siguientes se refieren al español: adola (en donde la hay), da kun (dar con- encontrar), endiamantado (magnífico), kanyas (cañas), al.leguen (de alegar en el sentido de llegar, significa: que no lleguen esos días, que no se ocurra), no me alten (no me falten, significa: que se queden presentes, vivos), luzí (apócope de lucido), preto (prietonegro). Aparte de eso, agora es un arcaísmo del español medieval, un derivado del latín ac hora tal como ande se desprende del latín unde y lo que destaca es que el joven marroquí utiliza expresiones que no son muy comunes con respecto al español, como: mira ke (es increíble que), así me kedes tu (que Dios te cuide), no kueđo enmentar ke te lo ḥalfearé (no hay que mencionar que te lo recompensaré, kedo (quedo), enmentar (mentar), friete (vete al diablo), no sea su falta (muletilla: que Dios no lo castigue por ello), no sepamos de mal (Dios nos libre de todo mal), de la ves (de repente, de golpe). Por último Sisso Raz explica que makḥolí es una innovación de la ḥakitía que describe un guisado de carne con patatitas en colorado y orégano, típico del invierno. Aparte de eso quedaron varias palabras de las que se sabe el significado, pero no resultó posible encontrar la etimología: verkear (berkear- golpear, en el sentido de tumbar), alḥaiar (golpear), ḥalfearé (recompensaré), meherra (avara), ke ajeb (que cosa más fea), no se shenfea (no se enoja), kefseada (estropeada, horrible) y jaleó (tragó). En suma se puede decir que con estos rasgos característicos que son muy particular en comparación con el español peninsular, la ḥakitía queda una variedad única.

4. Reflexiones finales

Estudiando la historia de los sefardíes marroquíes, se ve una clara tendencia: la disminución inmensa de las comunidades judías en el siglo XX a causa de la emigración masiva. Razones para este desarrollo podrían ser la inestabilidad política en Marruecos producida por diversas guerras y ocupaciones durante décadas, tendencias antisemitas o también el deseo de vivir en el establecido Estado de Israel después de 1948. En consecuencia, se supone que en la actualidad quedan muy pocos judíos de origen sefardí en Marruecos. Aunque varios autores como Benbassa y Rodrigue o Garbinskij, quienes se dedicaban con esfuerzo al tema de los sefardíes y el judeoespañol en conjunto, consideran extinguida la ḥakitía desde el siglo XX y además Bénichou, el romanista quien se ocupaba mucho de la variedad, explica que la ḥakitía «no es más que un recuerdo que solo permanece vivo entre personas de la generación pasada» (Lázaro Carreter 1953), los videos de Aarón muestran que todavía vive gente en Marruecos que habla esta variedad aún sea diferente a la ḥakitía de los siglos anteriores (cf. Gabinskij 2011: 29, Benbassa y Rodrigue 2005: 53).
Asimismo Sisso Raz hace un esfuerzo para elaborar una ortografía particular marroquí, distribuir sus conocimientos y conservar la variedad que describe como «la lengua que toca muestra alma con ternura; es muestra lengua de cariño» (Sisso Raz 2010). Además en su ensayo, Bengio se pregunta sentimentalmente porque tantos abandonaron su patria y eso muestra que la conexión con Marruecos y el judeoespañol marroquí todavía existe y queda en la memoria de los descendientes como parte de su historia (cf. Bengio 1996: 89.

Aparte de eso, creo que lengua siempre forma una parte esencial de una cultura y estoy convencida de que pertenece a la formación de nuestra identidad. Aunque algún día ya no haya hablantes de esta variedad, sigue teniendo sentido conservar y estudiarla, porque analizar una variedad como esta siempre significa aprender algo sobre lengua en general y, en este caso, llegar a un entendimiento más profundo de la evolución, las particularidades y la manera de funcionar de la lengua española.