Los judíos romaniotas de Grecia se extinguen 70 años después de AUSCHWITZ

Menos de 50 integrantes permanecen en la comunidad de Ioanina, que fue diezmada por los nazis en la II Guerra Mundial
Gavin Rabinowitz

Cuando los judíos de Ioanina se reunieron en su sinagoga construida en piedra blanquecina el fin de semana del 30 de marzo, no fue para conmemorar los 70 años desde que los nazis destruyeron su comunidad, sino que la reunión de ese día sirvió para resaltar la fuente de nostalgia de los últimos tiempos: el desvanecimiento de la tradición romaniota judía, de 2.300 años de existencia.
Yoanina, un pueblo hermoso de postal en el noroeste de Grecia con una fortaleza medieval resguardada por un lago de azul brillante y rodeada de montañas nevadas, una vez fue el centro de la vida judía romaniota. Hoy, sin embargo, la comunidad de allí apenas cuenta con cincuenta individuos, muchos de ellos de la tercera edad. La última vez que la comunidad celebró un bar mitzvá fue en el año 2000.
Los líderes comunitarios temen por su futuro.
«Es muy difícil… Tratamos de hacer lo mejor que podemos para mantener las tradiciones, pero por los números es muy cuesta arriba», dice Moses Elisaf, el presidente de la congregación.
«Yo no pienso en el futuro. Es muy difícil ser optimista», afirma mientras está parado frente a la plaza Mavili, que da hacia un apacible lago, lugar donde los nazis montaron a prácticamente toda la comunidad en camiones que partieron hacia Auschwitz.
Los judíos romaniotas, que no se pueden considerar ni askenazíes ni sefardíes, provienen de las primeras comunidades de Europa. Los registros indican que la primera presencia judía en Grecia se remonta al año 300 antes de nuestra era. Las ruinas de una sinagoga del siglo II antes de la era común, ubicadas en la isla de Delos en el Egeo, se consideran las más antiguas de la Diáspora.
A estos judíos se les conoce como romaniotas y hablan su propio idioma, el yevanic o judeogriego, una versión de la lengua helénica con préstamos del hebreo y escrito con el alefato.
Las sinagogas romaniotas tienen un patrón específico. Tienen su propias tradiciones religiosas y sus propios libros de rezos, el Majzor Romania. Gran parte de su liturgia es en yevanic, y las melodías, incluyendo las que se usan para leer la Torá, están muy influenciadas por la música bizantina.
«La tradición romaniota es muy muy importante. Es de origen prediaspórico basada en el Talmud Yerushalmi», afirma Zanet Battinou, directora del Museo Judío de Grecia y romaniota nacida y criada en Yoanina.
Pero, es una comunidad que ha estado declinando desde hace mucho.
Tras la expulsión de los judíos de España en 1492, muchos sefardíes hallaron refugio en el Imperio Otomano que entonces gobernaba Grecia. Pronto, las comunidades judías más grandes se expandieron, especialmente la de Salónica, conocida como la Jerusalén de los Balcanes.
Las comunidades romaniotas preexistentes muchas veces fueron absorbidas por las de habla ladina, que eran más grandes y prósperas, y los sefardíes se convirtieron en sinónimo de la judería griega.
«La gente no sabe nada de la antigua comunidad judía romaniota. Salónica era tan grande y exitosa que opacó todo lo demás», dice Battinou.
Solamente en las islas más remotas y en las montañas del occidente de Grecia la tradición romaniota siguió teniendo preeminencia, y Yoanina era la más grande de estas comunidades.
A comienzos del siglo XX, unos 4 mil romaniotas vivían en Yoanina; pero, a consecuencia de las penurias económicas y los disturbios que siguieron al rompimiento con el Imperio Otomano, muchos se unieron a la corriente de sus compatriotas griegos y emigraron.
La mayoría se fue a Estados Unidos y a Éretz Israel, y establecieron sinagogas romaniotas en Jerusalén y Nueva York. Más tarde, se estableció una tercera congregación en Tel Aviv. Al comienzo de la II Guerra Mundial, cerca de 2 mil judíos quedaban en Yoanina.
El 25 de marzo de 1944, los invasores nazis alemanes sitiaron a los judíos de la localidad. Mientras caía la nieve, los metieron en camiones abiertos y los llevaron a la ciudad más cercana. Desde allí, se enfrentaron a un viaje en tren de nueve días hasta Auschwitz.
Los nombres de los 1.832 judíos lugareños asesinados están grabados en placas de mármol puestas en la sinagoga. Entre los desaparecidos había 500 niños de menos de trece años.
Solamente 112 judíos de Yoanina sobrevivieron a los campos de concentración. Otros 69 escaparon de las redadas y se escondieron con familias cristianas o huyeron hacia las montañas, donde algunos lucharon al lado de la resistencia griega. Cuando volvieron a Yoanina, muchos encontraron que sus propiedades habían sido saqueadas o invadidas.
Pero, no son solo las personas las que fueron borradas, sino siglos de una tradición también.
«La tradición oral depende mucho de la tercera generación: todos los abuelos desaparecieron, fueron todos asesinados de una vez», señala Battinou. Entre los pocos sobrevivientes estaba su abuela Zanet, por quien recibió su nombre.
«Los jóvenes que sobrevivieron solo perpetuaron aquello que recordaban», explicó.
Mientras Yoanina fue la comunidad más grande e icónica de la cultura romaniota, muchas otras pequeñas congregaciones que se identificaban con esa tradición continuaron existiendo en lugares como Chalkida y Volos. Pero, hoy la mayor parte de los romaniotas que aún perviven, al igual que sus compatriotas sefardíes, están en Atenas, donde reside la comunidad judía más grande de Grecia. En algún momento hubo una sinagoga romaniota en Atenas, construida en 1906, pero solo se utiliza en las fiestas más importantes del calendario judío.
Mientras tanto, los romaniotas que se fueron a Estados Unidos e Israel se han mezclado con otras comunidades más grandes.
Muchos israelíes descendientes de este grupo fueron a los festejos del aniversario, que se caracterizaron por los lazos familiares.
Yosef Baruch vino con su hermano y su tio, por instrucciones de su abuela de 90 años, quien sobrevivió a los nazis y se mudó a Israel tras la guerra. Baruch afirma que nunca ha rezado en la sinagoga romaniota de Jerusalén. «Es una tradición que se destruyó en el Holocausto», explicó.
Ninguno de los descendientes estadounidenses de este pueblo asistió a la conmemoración.
En Grecia, con una comunidad judía tan disminuida después de la guerra, no hay lugar para comunidades separadas. La mayor parte de los servicios religiosos ahora se hacen según la tradición sefardí.
Hoy por hoy, solamente el hazán Haim Ischakis, que condujo el rezo conmemorativo, conoce cómo leer la Torá según la tradición romaniota, algo que él aprendió de su padre, también cantor, que sobrevivió a los campos de exterminio.
«Soy el único que queda», sostiene Ischakis. Les está enseñando a sus dos hijos, pero si estos no siguen su profesión, los únicos ejemplos de las melodías que quedarán son unas grabaciones subidas a Youtube.
De hecho, Internet se está convirtiendo en la herramienta más útil para la preservación de la tradición romaniota, y el ímpetu de este empuje en línea proviene de una fuente inusual.
El embajador de Canadá en Grecia, Robert Peck, que ayudó materialmente a la organización de estas conmemoraciones, con su país a la cabeza de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, se dio cuenta de la falta de información disponible sobre los judíos de Yoanina.
A instancias de Peck, el laboratorio de Nuevos Medios de Comunicación de la Universidad Simon Fraser de Vancouver diseñó una página web que describe la historia judía de Yoanina, y una aplicación a punto de ponerse al aire permitirá a la gente explorar los lugares judíos de esta ciudad y escuchar los testimonios de los sobrevivientes.
«Vine a Yoanina y visité la sinagoga, y sentí que era muy importante llevar más allá de las fronteras de Grecia lo que esta comunidad representa, el legado de la comunidad judía de aquí», dijo Peck.
Mientras tanto, los romaniotas tienen la esperanza de que mediante sus esfuerzos y dedicación, algo de su herencia y de su comunidad podrá sobrevivir en el mundo real.
«Esto es muy preciado para mí y voy a tratar de transmitirlo a mis hijos con la esperanza de que ellos le den valor al hecho de que por el lado materno ellos han heredado una tradición tan especial… Todavía está viva y no se ha extinguido aún», dice Battinou.