Los Judíos de La Rioja

Los primeros testimonios que evidencian la existencia de comunidades judías establecidas en la región española de La Rioja datan ya del siglo XI y al igual que las comunidades de Castilla fueron expandiéndose y creciendo hasta mediados del siglo XIV, amparadas bajo la protección de las autoridades políticas.

Durante este largo período de esplendor, las juderías riojanas se establecieron principalmente en los valles del río Ebro y de sus principales afluentes: Oja, Tirón, Najerilla, Iregua, Jubera, Cidacos y Alhama. En el Padrón de Huete de 1290, primer padrón fiscal que se conserva sobre los judíos castellanos, aparecen citadas las juderías de Albelda, Alfaro, Arnedo Calahorra, Cornago, Cervera de Río Alhama, Haro, Logroño y Nájera. En la Rioja Baja se concentraban en un reducido número de localidades, con una población judía numerosa en algunos casos, tales como las de Calahorra, Arnedo, Cornago, Alfaro y Cervera de Río Alhama. Sin embargo en la Alta Rioja las comunidades judías se hallaban más dispersas abarcando un mayor número de localidades, algunas de un marcado carácter rural, destacando las aljamas de Haro, Nájera y Logroño.

El Camino de Santiago, una de las más importantes rutas de peregrinación de la Europa cristiana durante la Edad Media que terminaba en Galicia, concretamente la ciudad de Santiago de Compostela, constituyó también un importante motivo para el establecimiento de comunidades judías en La Rioja, entre las que sobresalían las aljamas de Calahorra, Logroño, Nájera y Navarrete.

Al igual que los francos, los judíos contaron desde el primer momento con el favor y la protección de reyes y demás autoridades políticas, conocedores de sus excelentes aptitudes para el desempeño de las actividades artesanales y mercantiles, así como de sus elevados conocimientos sobre las técnicas financieras, que constituirían la auténtica razón de ser de las ciudades que conformaban el Camino de Santiago o ruta jacobea, además de la propiamente religiosa.

La intervención judía en la repoblación y puesta en explotación de las tierras riojanas tiene su más patente expresión en los florecientes burgos que surgieron y se desarrollaron a lo largo del Camino de Santiago, auténticos burgos de artesanos y mercaderes, que se transformaron en centros de actividad artesanal y mercantil, cada vez en mayor relación con el mercado europeo.

Las peregrinaciones a Compostela, que tuvieron unas trascendentales consecuencias para los reinos hispanos desde los más diversos puntos de vista demográfico, social, económico, religioso y cultural, fueron un factor de primer orden en el surgimiento y posterior desarrollo de diversas comunidades judías. El poderoso impulso dado a las actividades artesanales y mercantiles, tuvo un indudable atractivo para la población judía, que se instaló en la mayor parte de las ciudades y villas de la ruta jacobea, dando lugar a la formación de comunidades, algunas de la cual fueron de gran de gran importancia. Cabe resaltar en este punto que el desarrollo de dichas juderías y aljamas se vio potenciado, desde fines del siglo XI, por la llegada de numerosos grupos de judíos andalusíes que huían ante la creciente intransigencia religiosa de los almorávides primero y, principalmente, de los almohades más tarde. Estos judíos llegados desde al-Andalus eran más cultos y gozaban de una más completa preparación técnica que la que poseían los que desde hacía ya largo tiempo residían en los reinos hispano-cristianos, y en su mayor parte se establecieron en Cataluña y el Languedoc, en el valle del Ebro y en las ciudades y villas del Camino de Santiago.

Por otra parte, el Camino de Santiago constituyó a lo largo de los siglos del auge medieval una excelente vía para la penetración en los reinos hispanos de las más modernas técnicas mercantiles y financieras, ya conocidas en otras áreas de la Europa occidental.

No cabe ninguna duda de que el papel desempeñado por los judíos como dinamizadores de la vida económica en los reinos hispano-cristianos fue de una enorme importancia, sobresaliendo en este sentido el papel que tuvo el crédito judío. En los siglos XII y XIII es fácil observar, sobre todo entre los grupos más emprendedores de la comunidad judía, un lento proceso de transformación dentro del ámbito económico-profesional desde el sector primario y los sencillos oficios artesanales hacia actividades más complejas, y un comercio cada vez más exigente de operaciones crediticias.

La documentación riojana de la época bajomedieval ofrece multitud de noticias acerca de la actuación de una auténtica red de prestamistas judíos que se dedicaban, preferentemente, a facilitar créditos a pequeños campesinos con el fin de que pudieran hacer frente a la crítica situación surgida como consecuencia de una mala cosecha. La mayor parte de estos créditos se concertaban durante los meses de mayo, junio y julio, lo que demuestra de forma concluyente su estrecha conexión con necesidades concretas del ciclo agrario.

Análogamente al resto de las comunidades judías del resto de España, los judíos de La Rioja manifestaron durante los siglos XII y XIII una clara preferencia por la vida urbana, debido probablemente a las mayores facilidades que la ciudad les ofrecía para la organización de su vida comunitaria. Durante el siglo XIV, sin embargo, como consecuencia de los asaltos sufridos por algunas de estas comunidades hebreas durante la guerra que enfrentó por el trono castellano a Pedro I y a su hermanastro Enrique de Trastámara (en 1360 las tropas que apoyaban Enrique de Trastámara, asaltaron, entre otras, las juderías de Nájera y Miranda de Ebro) y, principalmente, tras las violentas persecuciones antijudías de 1391 que tuvieron por escenario los reinos hispanos, se observa un movimiento de dispersión hacia los centros rurales de la población judía riojana, que se enmarca en un fenómeno más amplio que afectó a la población judía castellana en general.

El indudable carácter urbano de los levantamientos antijudíos fue la causa principal motivadora de un proceso de migración de numerosos grupos de hebreos desde los centros urbanos a las pequeñas localidades de jurisdicción señorial donde confiaban encontrar mayor seguridad para sus personas y haciendas bajo el amparo de las autoridades locales. Éste fue, muy probablemente, el caso de la comunidad hebrea de Logroño que, al parecer, sufrió persecución en 1391, lo que provocó el abandono de esta población por buen número de judíos, que se dirigieron en su mayor parte hacia Entrena, Navarrete y Ausejo, poblaciones más pequeñas y dependientes del señorío de los Ramírez de Arellano, señores de los Cameros.

Pese a todo, no hay que perder de vista que los núcleos de población, en general, que se desarrollaron a lo largo del Camino de Santiago, mantuvieron siempre, tanto en la temprana como de la tardía Edad Media, un permanente equilibrio entre las actividades propiamente urbanas y el mundo agrario. Y algo muy parecido sucedió con los judíos riojanos, de manera que, no sólo los pobladores de pequeñas localidades rurales, sino también los residentes de núcleos urbanos, compaginaban normalmente los intereses urbanos y los agrarios. De este modo, son muy frecuentes, desde los siglos XI y XII, las referencias documentales a judíos vecinos de distintas ciudades y villas riojanas que aparecen como contratantes o, simplemente, como colindantes o testigos en contratos de compraventa, permuta o arrendamiento de tierras de labor, huertas y viñedos.

La estrecha vinculación de las comunidades hebreas riojanas con el mundo agrario queda también de manifiesto a través de la copiosa documentación histórica con que contamos, testimoniando los enconados pleitos que se suscitaban en algunas localidades riojanas entre las aljamas y el cabildo catedralicio de Calahorra y las iglesias locales con motivo de los diezmos y primicias de las tierras que los judíos adquirían de cristianos y de los que estaban exentos por disposición de las autoridades locales, contrariamente a la opinión de las autoridades eclesiásticas.

El reconocimiento de los judíos por parte de las autoridades políticas como un grupo social organizado y singular queda plasmado en distintos ordenamientos y compilaciones forales. Especial relevancia tuvo la concesión en los siglos XI y XII de fueros propios a algunas comunidades hebreas, tales como las de Haro y Nájera, evidenciando inequívocamente la voluntad regia de regular la condición jurídica de los judíos y de protegerlos frente a cualquier posible atentado contra sus personas y propiedades.

El importantísimo aporte de los judíos riojanos en la repoblación y colonización del territorio riojano, así como en la reactivación y desarrollo de su economía queda constatada por diversos hechos y circunstancias. En primer lugar la cesión regia de algunos castillos y fortalezas de La Rioja a diversas comunidades judías, como en los casos de las de Cellorigo, Nájera, Haro y Arrendó. En segundo lugar, las múltiples evidencias documentadas por numerosos contratos de compraventa y de arrendamiento de bienes inmuebles en los que intervienen los judíos de diversas localidades riojanas (Haro, Nájera y Calahorra en particular) acreditando su alta capacidad adquisitiva. En tercer y último lugar cabe destacar la activa intervención de los judíos en operaciones crediticias, principalmente en préstamos con interés de pequeñas cantidades a campesinos arruinados como consecuencia de una mala cosecha, tal como se expresó anteriormente.

Kidush con vino judiego
Habida cuenta de la fama y el prestigio internacionales alcanzados por los famosos vinos de La Rioja en nuestros días, es especialmente interesante recalcar que, al igual que en otras diversas comarcas hispanas, los judíos controlaron en La Rioja una parte importante del proceso de producción vinícola, de forma que son muy frecuentes las referencias documentales a judíos propietarios de viñedos, desde los siglos XI y XII hasta los mismos tiempos de la expulsión. No en vano, el vino constituye un importante elemento, cuyo consumo le es permitido al judío únicamente después que el producto final haya cumplido con todos los requisitos que exigen las leyes judías para ser considerado vino kasher, es decir, apto para el consumo. El vino constituye, además, un factor fundamental de la liturgia judía, siendo objeto de bendiciones rituales durante las comidas del sagrado día del shabat y de otros días festivos.

Por todas estas razones el vino ocupaba entre los judíos, al igual que en la actualidad, un importante lugar en su norma dietético-religiosa y las aljamas se esforzaron, en consecuencia, por garantizar el abastecimiento de este vino kasher, más conocido en los antiguos textos castellanos medievales bajo la denominación de «vino judiego».

Llama la atención cómo en diversas localidades las comunidades hebreas consiguieron de los concejos concesiones muy favorables en orden a la importación de «vino judiego» desde otras comarcas, especialmente en años de mala cosecha, lo que es altamente significativo de su poderosa influencia, teniendo en cuenta el fuerte proteccionismo que caracterizó a la producción y comercio vinícolas a lo largo de toda la Edad Media. Particularmente interesante es el caso de Haro, donde a fines del siglo XV debía ser tan abundante la producción de «vino judiego» que era muy frecuente que los vecinos cristianos acudieran a la judería para abastecerse del producto; esta práctica fue prohibida mediante una disposición concejil de fecha 24 de marzo de 1490, por considerarla contraria a los usos, costumbres y leyes de la villa.

Parece fuera de toda duda que en época bajomedieval los judíos, junto a los señores laicos y eclesiásticos, impulsaron decididamente la producción vinícola en diversas comarcas hispanas. Es éste un momento en el que la vid se había convertido en un producto de calidad y con fácil salida en el mercado, lo que condujo a una paulatina especialización comarcal vitivinícola; muy probablemente sea éste el caso de La Rioja, donde la extensión del cultivo de la vid se vio favorecida, entre otros diferentes motivos, por la amplia red fluvial y por el cinturón de ciudades ribereñas.

La segura rentabilidad de un producto de primera necesidad y objeto de creciente demanda por los señores y por las ciudades trajo consigo un proceso de expansión de la vid en La Rioja donde tuvieron un destacado papel algunas comunidades judías, a través de emprendedores miembros y familias integrantes de las mismas. Estas circunstancias debieron animar a numerosos judíos riojanos a invertir elevados capitales en este tipo de producción, especialmente a partir del segundo tercio del siglo XV, en un momento en el que, superadas las dramáticas secuelas de las crisis demográficas propias de la segunda mitad del siglo XIV, surgen síntomas evidentes de una progresiva capitalización de la producción agraria. Estos novedosos planteamientos, unidos al crecimiento continuo de la masa monetaria y a la mayor velocidad de circulación de la misma, favorecieron la generalización de prácticas crediticias, de forma que, como antes se indicó, el crédito se transformó en un instrumento de primera importancia en orden a la financiación del sector agrícola; y no hay que olvidar el importantísimo lugar que ocupó el crédito agrícola judío en la Baja Edad Media.

No cabe duda de que la excelente aptitud de algunos miembros de la comunidad hebrea para los tratos dinerarios contribuyó en buena medida a una paulatina modernización en los reinos hispanos de las técnicas de gestión económica. Dicha aptitud tiene también una clara manifestación en el elevado número de judíos riojanos que intervinieron en actividades de arrendamiento y recaudación de impuestos, tanto reales como eclesiásticos, nobiliarios o concejiles y, especialmente, en la confianza que en ellos depositaron, como tesoreros o mayordomos, los reyes y los grandes señores para la gestión de las haciendas regia y nobiliarias.

Por lo que respecta a las tierras riojanas, cabe destacar a dos importantes personajes, llamados don Jachon Faras, vecino de Haro, y don Santo Tuby, vecino de Nájera, quienes a fines del siglo XV ejercían como mayordomos del adelantado don Íñigo de Guevara y del duque de Nájera, respectivamente. Por otra parte, la estratégica situación geopolítica de la comarca riojana, a caballo de los reinos de Castilla, Aragón y Navarra, y en el eje del Camino de Santiago, fue un factor de primer orden en el desarrollo de un comercio interregional, en el que desde muy pronto intervinieron activamente los judíos quienes, con frecuencia, utilizaron la cobertura que les facilitaban las propias comunidades hebreas. Baste como ejemplo señalar que en documentación fiscal navarra de mediados del siglo XIV se encuentran noticias sobre varios judíos vecinos de Logroño, Calahorra y Cervera de Río Alhama que fueron obligados a satisfacer determinadas cantidades en los peajes de Tudela y Pamplona por las mercancías que sacaban desde el reino de Navarra. Llama la atención el hecho de que aparezcan hasta seis judíos riojanos obligados a pagar en el peaje de Tudela en el corto espacio de tiempo comprendido entre marzo y julio de 1365 (Ybraym y Jento de Cervera, vecinos de Cervera de Río Alhama, y Simuel Alboros y Juçe, Juda y Simuel de Calahorra, vecinos de esta ciudad).

Los judíos riojanos se interesaron también, desde muy pronto, por la producción hortícola, siendo muy frecuentes las referencias documentales a judíos propietarios de huertas en las ricas vegas del río Ebro y de sus principales afluentes riojanos (Tirón, Oja, Najerilla, Iregua, Cidacos y Alhama). Es muy probable que la llegada desde fines del siglo XII de los grupos de judíos que huían de Al-Ándalus como consecuencia de la persecución almohade, en algunos casos expertos en cultivos de regadío en sus lugares de procedencia, estimulara el interés de las comunidades judías riojanas por una producción tan básica para la alimentación cotidiana.

La contribución de los judíos al desarrollo de otros sectores de la actividad socioeconómica riojana no fue de menor importancia. Por lo que en concreto respecta a la artesanía, fueron varios los sectores en los que la intervención de los judíos fue especialmente significativa. Tal es el caso de los ramos textil, metalúrgico y alfarero. Sin embargo, probablemente en ninguno de ellos alcanzó la relevancia que conoció la aportación judía en el negocio del cuero, pudiendo llegar a aventurarse la hipótesis de que la industria de las tenerías y de los curtidos fuera en algunas localidades riojanas una actividad principalmente judía. Éste pudo ser el caso de Haro, población en la que las tenerías, ubicadas mayoritariamente en la zona de La Vega, se encontraban en buena parte en manos de judíos.

Las tenerías y curtidos contribuyeron al desarrollo de otras industrias de no menor importancia, como la del calzado, a la que se dedicaban numerosos judíos en diversas localidades riojanas. En el último cuarto del siglo XIV surgió un enconado enfrentamiento entre el cabildo de los zapateros de Logroño y algunos judíos vecinos de esta ciudad dedicados al oficio de la zapatería que, al parecer, les había estado tradicionalmente prohibido. La queja formulada en el año 1377 ante la justicia regia no debió alcanzar una solución satisfactoria para las partes litigantes, pues todavía en el año 1476 los Reyes Católicos se vieron obligados a mediar en la disputa. Mediante una sentencia de fecha 4 de julio, en la que se recuerdan los orígenes del pleito un siglo antes, los reyes renovaban la prohibición de que los judíos ejercieran el oficio de la zapatería en la ciudad de Logroño (Archivo General de Simancas, Registro General del Sello, fol. 359; documento de julio de 1476. págs. 97-103.). También en Haro eran varios los judíos que en el siglo XV se dedicaban a la elaboración de zapatos, pues en el año 1460 el concejo de esta villa ordenaba a García Pérez de Fynganos y a Juan Martínez de Riba contar los pies de alisos que habían cortado los zapateros judíos, pues se sospechaba que habían cortado un número superior de árboles para el que habían sido autorizados (Archivo Municipal de Haro, leg. 100, letra H).

Pero, con todo, debió ser aún más importante la contribución judía al desarrollo de actividades profesionales comúnmente denominadas «liberales». Entre ellas ocupó un lugar de privilegio, sin duda de ninguna clase, la medicina, de manera que no hay prácticamente ninguna comunidad hispano-hebrea de cierta importancia en la que la documentación medieval no conserve alguna noticia sobre médicos o cirujanos judíos.

Eran numerosos los judíos que, al menos desde los siglos XII y XIII, ejercían la medicina en los diversos reinos hispanos, pudiendo también rastrearse en la documentación de estas centurias referencias documentales a médicos judíos en las cortes regias de Castilla y Aragón, lo que constituye una prueba inequívoca de la alta reputación profesional de que gozaban. Otra prueba incontestable acerca del elevado número de judíos que practicaban la medicina, y del recelo cada vez mayor que ello provocaba entre la población cristiana, es que desde fines del siglo XIV comienzan a extenderse por los reinos hispanos acusaciones contra los médicos judíos, quienes aprovecharían su ventajosa posición para causar la muerte de sus pacientes cristianos; una de las primeras calumnias de este tipo es la que recayó sobre Mayr Alguadex, quien fue acusado de la muerte del rey Enrique III. No llama la atención, por tanto, que desde comienzos del siglo XV se prohíba a los judíos la práctica del oficio médico en diversos ordenamientos legales castellanos, principalmente en el Ordenamiento de Valladolid de 1405 y en las leyes de Ayllón de 1412. Pese a todo, los judíos continuaron desempeñando esta profesión a lo largo de todo el siglo XV, hasta el mismo momento de la expulsión; y de hecho, en diversas poblaciones hispanas surgieron muy serios problemas debido a la falta de médicos como consecuencia de la salida de los judíos. Es suficientemente expresivo a este respecto el caso de la ciudad de Vitoria donde, reunidos los representantes concejiles en ayuntamiento el día 28 de octubre de 1492, «conosçiendo la neçesidad en que la çibdad e su tierra e comarca estaba de físicos por la ida e absençia de los judíos e físicos de la dicha çibdad e de sus comarcas», acordaron solicitar al licenciado maestre Antonio de Tornay, físico, que permaneciera en la ciudad, ofreciéndole la suma de diez mil maravedíes por ejercer el oficio médico durante un año. Esta crítica situación se mantuvo durante algún tiempo en la ciudad vitoriana, de modo que en el ayuntamiento que tuvo lugar el día 10 de junio de 1493 las autoridades del concejo se quejaban de que había «escasez de médicos, por la ida y absençia de los judíos».

Al igual que en otras comarcas hispanas, también en La Rioja los médicos judíos desempeñaron un papel fundamental en el cuidado de la salud pública, siendo varios los nombres de maestres, físicos y cirujanos judíos que aparecen en la documentación riojana de época bajomedieval. En algunos concejos, incluso, los judíos debían ejercer un cierto monopolio de la medicina. Éste debía ser el caso de Haro a fines del siglo XV, pues sabemos que en noviembre de 1488 maestre Vidal, médico judío, solicitaba del concejo la concesión de un salario como compensación por los servicios que había prestado de forma desinteresada, y aún facilitándoles medicamentos de forma gratuita, a numerosos enfermos pobres de esta villa, tanto en el hospital como en sus casas. En su reclamación maestre Vidal ponía en conocimiento del concejo que continuamente se le reclamaban sus servicios desde otras diversas localidades; pero, indicaba que su deseo era quedarse en Haro siempre y cuando se le facilitara el salario solicitado. Finalmente el concejo no consideró oportuna la fijación de un salario para maestre Vidal, aunque manifestó que no se opondría a la decisión que al respecto adoptaran el alcalde y los regidores de la villa (Archivo Municipal de Haro, leg. 57, letra Z).

Dos años después, en 1490, ocupaba el cargo de médico del concejo de Haro otro judío, llamado maestre Levi, quien recibía del mayordomo del concejo la cantidad de ocho fanegas de trigo por el desempeño de este oficio. Por acuerdo adoptado el día 18 de febrero de 1491, el concejo decidió no mantener a maestre Levi el salario que venía percibiendo, fuera en metálico o en especie, alegando para ello el sorprendente razonamiento de que los vecinos de la villa estaban sanos; de este modo, en adelante las personas que enfermaran deberían avenirse de forma personal con maestre Levi ( Archivo Municipal de Haro, leg. 57, letra N). El médico judío actuó contra la decisión concejil y logró una carta del Conde de Haro en la que se ordenaba al concejo el mantenimiento del salario que venía percibiendo maestre Levi; la réplica de las autoridades concejiles ante el Conde no se hizo esperar, alegando que la sentencia pronunciada suponía un grave quebranto para los intereses económicos del concejo, por cuanto eran muchas sus necesidades y, además, porque podría servir de precedente para otras de similar naturaleza (Archivo Municipal de Haro, leg. 57, letra AC). La documentación conservada no nos informa sobre el resultado final de este litigio.

Como era habitual entre los reyes y entre los miembros de la alta nobleza, los Condes de Haro tuvieron también a su servicio médicos judíos, entre los que figura en el año 1490 don Santo Setebi como médico de la condesa.

En Logroño se produjo también, a comienzos del siglo XVI, una situación similar a la de Vitoria a la que antes se hacía referencia, lo que hace sospechar que con anterioridad a la promulgación del edicto general de expulsión de 1492 la mayor parte de los médicos de esta ciudad debían ser judíos. Así, el concejo logroñés se vio en la necesidad de nombrar como médico al judeoconverso doctor Béliz, pues no era posible encontrar otro que cumpliera el requisito deseable de ser cristiano viejo. Es posible que el grave problema que debió plantearse en 1492 por la marcha de los médicos judíos se resolviera, al menos parcialmente, gracias al retorno de algunos de los expulsados, convertidos previamente al cristianismo; éste es el caso de maestre Francisco, quien en el año 1493 regresó de Portugal, reclamando inmediatamente la devolución de los bienes que había vendido al salir de la ciudad (Archivo General de Simancas, Registro General del Sello, fol. 177; documento de julio de 1493).

Aprovechando la estratégica situación geopolítica del territorio riojano, algunos judíos riojanos desarrollaron importantes actividades políticas y diplomáticas al servicio de los reyes castellanos o navarros. Éste es el caso del judío llamado Ferrandillo de Haro, posiblemente vecino de esta localidad riojana, quien en el transcurso de la guerra civil que enfrentó por el trono castellano a Pedro I y a su hermanastro Enrique de Trastámara actuó como embajador castellano ante el rey Carlos II de Navarra. En el marco de la misma contienda Judas León, judío vecino de Alfaro, estaba registrado en la Cámara de Comptos como embajador secreto del rey de Navarra, por lo que en el año 1369 se daban órdenes por parte de la tesorería real navarra para que se le libraran veinte florines de oro como recompensa por sus servicios.

En último lugar, hay que hacer una breve referencia a la contribución intelectual de los judíos a la sociedad riojana medieval. A este respecto, no pasa inadvertido que en la comunidad hebrea riojana no sobresalió a lo largo de toda la Edad Media ninguna figura que alcanzara auténtico relieve en la intelectualidad hispanojudía. Esta penuria contrasta con el esplendor intelectual de la aljama navarra de Tudela, tan próxima a la comarca riojana, y que a lo largo de la Edad Media constituyó un auténtico foco irradiador de cultura y centro de consultas rabínicas para el judaísmo occidental.

Probablemente algunos rabinos de las principales comunidades hebreas riojanas se instruyeron en las yeshivot, o centros de estudios judaicos ubicados en Tudela, que alcanzaron gran notoriedad en el ámbito judío, y mantuvieron, además, correspondencia regular con los rabinos de Tudela. En la aljama tudelana brillaron figuras de la talla de Abraham ibn Ezra, Yehudá ben Semuel ha-Levi y Benjamín de Tudela, en los siglos XI y XII; Abraham ben Semuel Abulafia y Sem Tob ben Yosef ibn Falaqerah, en el siglo XIII; Hayyim ben Semuel ben David de Tudela, Moshé ben Shemuel ben Abbos y Sem Tob ben Yishaq ibn Saprut, en el siglo XIV; y Sem Tob ben Semuel ben Yamil, Yehosúa ibn Suayb o Yoel ibn Suayb, en el siglo XV, quienes cultivaron los más diversos campos de la poesía, la filosofía, la ciencia, la geografía, la exégesis, la halajá (leyes y jurisprudencia) y la Cábala o mística judía.

A estas yeshivot de Tudela acudieron, como se dijo antes, los más insignes y preclaros rabinos y estudiosos del judaísmo, por cuya razón no sería extraño que algunas de estas figuras relevantes, comúnmente consideradas como provenientes de Tudela, fueran en realidad de procedencia riojana. De hecho, corrobora esta probable hipótesis una tradición, confirmada por la opinión de R. Abraham Zacuto y del P. del Alamo, según la cual el famoso rabino de la Edad Media y fecundo escritor rabí Abraham Ibn Ezra fue originario de Calahorra, ciudad esta donde supuestamente fue enterrado después de haber regresado para morir allí tras largos viajes por el mundo.

La guerra civil castellana de mediados del siglo XIV supuso el comienzo de un período de crisis para las juderías riojanas, que se extendió hasta mediados de la siguiente centuria; al asalto y saqueo de algunas juderías durante el transcurso de la guerra siguió la huída de grupos de judíos riojanos hacia el vecino reino de Navarra, por el temor a las consecuencias que para ellos podrían derivarse de la victoria de Enrique de Trastámara, siendo acogidos favorablemente por las autoridades navarras A estas circunstancias de tipo político vinieron a unirse las nefastas consecuencias de las pestes, de las malas cosechas, de una coyuntura económica de carácter bajista y de una crisis gravísima y generalizada en el campo, factores todos ellos que incidieron en la decadencia de las comunidades hebreas castellanas, dificultando su recuperación. La situación se agravó tras las persecuciones antijudías de 1391, si bien todo parece indicar que no tuvieron demasiada repercusión en las comunidades hebreas riojanas, con excepción del caso de Logroño, a que antes se hizo referencia.

El tercer decenio del siglo XV marca el inicio de una lenta recuperación del judaísmo hispano en general, y del riojano en particular, de forma que la segunda mitad de esta centuria puede considerarse, en líneas generales, como una nueva época de apogeo de las comunidades hebreas, pese a la actitud cada vez más hostil de las autoridades concejiles y del pueblo mismo hacia la minoría judía. Es particularmente expresivo a este respecto en La Rioja el caso de Haro, población en la que, mediante la promulgación de sucesivas ordenanzas y disposiciones municipales a lo largo de la segunda mitad del siglo XV, se dificultó la normal actividad de la población hebrea, restringiéndose su capacidad de actuación.

La actitud de los judíos riojanos ante el edicto de expulsión general del 31 de marzo de 1492 fue diversa. En tanto que algunos se convirtieron al cristianismo, lo que les permitió permanecer en sus lugares habituales de residencia, otros, probablemente la mayoría, optaron por el exilio, a cuyo fin vendieron o traspasaron sus propiedades inmuebles y abandonaron el reino de Castilla antes de los tres meses fijados en el edicto, trasladándose en su mayor parte hacia Portugal y hacia el vecino reino de Navarra.

A la luz de lo dicho se hace imperativo concluir que, análogamente a otras muchas regiones españolas, la dilatada permanencia de la población judía en tierras riojanas y la contribución de los judíos riojanos al desarrollo de La Rioja constituyen un factor fundamental que ha de ser tenido en consideración para cualquier examen serio y riguroso en torno el proceso de constitución y consolidación de la sociedad riojana durante la época medieval.

*Recopilación basada en las anotaciones del Dr. Enrique Cantera Montenegro, profesor Titular de Historia Medieval en el Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

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