LA SEMANA SEFARDÍ DE CARACAS palpará la memoria y la identidad judía

Entrevista con Miriam Harrar de Bierman

Natán Naé

Para tratar de responder a las preguntas clásicas de qué somos y por qué somos como somos, la XIV Semana Sefardí de Caracas, que se realizará entre el 1° y el 7 de noviembre próximo, asumió como tema central de estas jornadas bianuales la relación entre
memoria e identidad, sobre todo en un mundo signado por la postmodernidad y por el hibridismo cultural, que puertas adentro, se manifiesta por la interacción interétnica, que obliga a la definición de lo que es sefardí, askenazí, judío, venezolano, religioso o laico.

Para adentrarnos en este camino farragoso conversamos con Míriam Harrar de Bierman, presidente del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, ente organizador de esta semana, que explica de dónde surgió la necesidad de abordar este tema en la Venezuela de hoy.

—¿Cómo surge la idea de enfocarse en la memoria e identidad para una semana sefardí? ¿Acaso la identidad sefardí no está claramente definida?

MHB —En marzo de este año tuvimos la suerte de asistir a la Cumbre Erensya, la plataforma creada por el gobierno español para reunir a todas las comunidades sefardíes del mundo, y uno de los temas de discusión fue precisamente memoria e identidad. Nosotros los directivos del área cultural de la Asociación Israelita de Venezuela tenemos o creemos tener muy claro qué es sefardí y qué no; pero, ¿hay concordancia entre lo que nosotros creemos saber y lo que realmente piensan los integrantes de la comunidad de lo que son? Recientemente, en Internet se suscitó una polémica con una muchacha egresada del colegio comunitario que está haciendo vida en las redes sociales y que está residenciada fuera del país. Palabras más, palabras menos, la chica cuyo primer apellido era sefardí y el segundo askenazí, planteaba que ella no se sentía venezolana, ni española (la nacionalidad que ahora ostenta), sino judía, sin determinar exactamente qué quería decir. Por otro lado, vemos cómo en el pleno corazón de Jerusalén, en su mercado, se levantan areperías y muchos olim venezolanos van y se toman fotos en la fachada y las muestras con orgullo. O vemos como Ilan Chéster saca una colección de música venezolana con la que gana el Grammy latino, o una joven como AishaStambouli protagoniza una novela sobre la gesta independentista del país. Por otro lado, hemos observado que una institución como el Museo Sefardí de Caracas organiza un concierto de klezmer o que la dirección de Cultura de la Unión Israelita de Caracas reedita un ciclo de charlas sobre los judíos de Coro. Eso nos lleva a pensar en que la multiculturalidad y el mestizaje, signos inequívocos de lo venezolano, también se han instalado en el seno de la kehilá, y que los límites en las clasificaciones clásicas que se hacían en el campo de la cultura se han borrado: Dalia Czenstochowski enseña por televisión a hacer hallacas a los israelíes, mientras cantantes venezolanos como YvánPineda hacen un concierto ante un público igualmente gentil y todos terminan coreando «Vivan todos los yudiós».

—¿Qué relación tiene todo esto con la memoria?

—Digámoslo de esta manera: la identidad es un acto personal y la memoria es algo colectivo. Yo no soy ni psicóloga ni socióloga, pero no hace falta serlo para darse cuenta de que cuando dos personas responden a la pregunta «¿Qué eres tú?», cada quien hablará a partir de su experiencia y de aquello con lo que siente mayor afinidad. En una familia donde se ha dado la mezcla entre sefardíes y askenazíes, como la mía, e incluso con el aporte de nuevos componentes provenientes de matrimonios mixtos o de conversiones, como en muchas familias judías de Venezuela, dos hermanos responderán diferente si se les presiona a contestar la pregunta de a qué grupo étnico pertenecen: algunos responderán por uno u otro, o por la más genérica de «judío» o «venezolano».

—El problema aquí parece ser la necesidad de definirse por uno o por otro.

—Exactamente. La complejidad está en que se puede ser uno u otro, o todos a la vez. En estos momentos ello tiene más vigencia, pues con la entrada en vigencia de la devolución de la nacionalidad española a los sefardíes se añade otro elemento crítico, del que no escapan ni siquiera los israelíes. Aunque es cierto que los sefardíes hemos preservado una identificación con lo español, también es cierto que muchos otros solo lo conservan como un recuerdo colectivo, no necesariamente positivo, sino marcado por la persecución y los autos de fe. Lo mismo sucede con la memoria. Como experiencia colectiva, el pueblo judío siempre ha asumido que las experiencias buenas o malas, y sobre todo las tragedias, como parte de su propia historia, tal como se nos enseña en la Hagadá de Pésaj, de esta forma  la Shoá, los pogromos en Rusia  o la Inquisición nos atañe a todos como si uno mismo hubiera sufrido esas tragedias en carne viva. Esa identificación viene dada por los dos mil años de persecuciones y ello explica que algunos judíos venezolanos, askenazíes por los cuatro costados, y que jamás han pisado una sinagoga, hayan llorado en las puertas de la Tiféret Israel de Maripérez cuando se produjo la profanación de  esta en 2009. Estos son algunas de las cosas que nos hace reflexionar y que es necesario verbalizar para tratar de comprender.

­—¿Cómo lo piensa abordar la XIV Semana Sefardí de Caracas?

—Nosotros comenzaremos con nuestro acto inaugural, el 1° de octubre, precisamente en Maripérez, donde una representante auténticamente judía y auténticamente venezolana como Paulina Gamus tendrá a cargo el discurso de orden. Ella es una testigo de excepción de la transformación de dos comunidades que comenzaron por separado y poco a poco se fueron fusionando, y de cómo esa unión se hizo en armonía con el resto de la sociedad. Asimismo, como aguda analista política, de cómo elementos extraños al venezolano han tratado de sembrar el antisemitismo, disfrazado de antisionismo, que desde mi punto de vista, solo ha florecido en ciertos sectores, pero que no es un fenómeno generalizado.  El miércoles 3, en la sede de la Fundación Herrera Luque, en la plaza de Los Palos Grandes, el profesor Harry Almela estará hablando de la poetisa israelí Margalit Matitiahu y su poema KurtijoKemado (Campo quemado), que aborda en yudezmo el tema del Holocausto de la judería tesalonicense. El jueves 4, en el paraninfo de la Universidad Monteávila tendremos un foro justamente sobre memoria e identidad con la psicóloga Yorelis Acosta, que hablará sobre la conformación de la identidad del venezolano; el rabino principal de la AIV, Isaac Cohén, que tratará sobre el papel de la religión en la conformación de cómo nos percibimos; y del profesor Néstor Luis Garrido, quien tiene un trabajo sobre las tendencias de la identidad actual del judío venezolano. Ese mismo día, se presentará de manera gratuita la obra Dios al otro lado del mar, de Johnny Gavlovski, en el Teatro del Centro Cultural Chacao, que indaga sobre identidad secreta de Cristóbal Colón. Como siempre, el viernes en la noche en todas las sinagogas adscritas a la AIV se leerá la Haftará en ladino y culminaremos el sábado 7 a las 8 de la noche con un concierto para la juventud con la cantante judeo venezolana Aisha Stambouli, que además de los temas contenidos en su más reciente producción Cielo y mar, interpretará para la comunidad temas en hebreo popularizados por cantantes sefardíes de Israel como Rita, Sarit Hadad y Miri Mesika,  y otros en judeoespañol del Magreb y de la tierra de sus antepasados, Egipto.

 

 

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