La observancia de ROSH HASHANÁ y YOM KIPUR entre los judíos de Bombay

Yale M. Needel, University of Maryland University College

Este artículo explora la hibridización religiosa y social entre las comunidades bagdadí y de los Bené Israel de Bombay tal como se observó en las festividades de Rosh Hashaná y Yom Kipur en el año 2000.

El término sefardí literalmente se refiere a los descendientes de los expulsados de la península Ibérica a finales del siglo XV, quienes seguían las costumbres y leyes basadas en la tradición babilónica. La connotación sefardí se usa para describir a los judíos del Medio Oriente, el Norte de África y varias congregaciones antiguas de habla ladina del Mediterráneo.
Yo uso el término «oriental» porque las comunidades actuales sefardíes originales de varias regiones del Medio Oriente, el Norte de África, el Sur y el Sureste asiático todas comparten costumbres similares y sus rituales difieren de los judíos clasificados o identificados como sefardíes. La definición expandida de sefardíes demuestra la percepción relativamente estrecha de una cultura comúnmente reservada para aquellos descendientes de judíos de habla española, portuguesa o árabe.

La vida judía en la India resalta las facetas diferenciadoras tanto de la cultura índica como la judaica que generaron individuos capaces de vivir amigablemente durante tanto tiempo en la península, de forma íntegramente india (si así lo deseaban), al mismo tiempo que preservaban su judaísmo ancestral con lo mejor de sus posibilidades. Los judíos de la India, especialmente debido a su aislamiento y por el rechazo de ciertos influencias foráneas, se convirtieron en contribuyentes y miembros de una familia extensa de judíos sefardíes de regiones remotas que incluyen Afganistán, Birmania, China, Egipto, Etiopía, Hong Kong, India, Indonesia, Irán, Iraq, Líbano, Marruecos, Omán, Paquistán, Portugal, Singapur, España, Siria, Túnez, Turquía y Yemen, entre otras. Todas estas comunidades comparten ritos sefardíes «tradicionales» basados en definición común y aceptada; pero, han hibridizado ciertos elementos de sus ascendencia «oriental» y local en su observancia del judaísmo, siempre según la guía de la Halajá (ley judaica), lo que exige una definición más amplia de lo sefardí.

En vez de identificarse según la observancia del judaísmo, las comunidades diaspóricas o minoritarias frecuentemente se agrupan por la nacionalidad, lo que los aísla de las los grandes corrientes de la herencia judaica: la sefardí y la askenazí (judíos de Europa del centro y del Este). Los judíos de la India, específicamente los Bené Israel y las comunidades bagdadíes, comparten elementos de la observancia religiosa que comúnmente se consideran sefardíes, mas debido a las circunstancias relacionadas con su aislamiento del judaísmo dominante y varios eventos históricos, nunca fueron identificados o agrupados con otras comunidades judías. Mientras que otros judíos diaspóricos de Europa, el Medio Oriente, Noráfrica, el Pacífico o Estados Unidos poseen pruebas que los ligan históricamente con un linaje específico, como puede ser la cocina, las costumbres, el ADN(2), la vestimenta, el idioma, la liturgia, etcétera, los judíos de la India no pueden señalar exactamente de dónde vinieron y cuánto tiempo llevan en el subcontinente (a excepción de la comunidad bagdadí). La falta de una evidencia concreta o indiscernible que establezca nexos entre éstos y las otras comunidades ha creado una brecha histórica y simbólica en su vida actual y su identidad como judíos.

INTRODUCCIÓN

Los Bené Israel y los judíos bagdadíes tienen historias muy diferentes. Los Bené Israel han pasado por varias etapas de desarrollo en su observancia del judaísmo desde su llegada histórica a la India desde Éretz Israel hace dos mil años en un naufragio, según su propia tradición.

Esta dice que sus antepasados huyeron de Galilea por la opresión del tirano griego Antíoco Epifanes en el año 175 a.e.c. Se cree que el barco se topó con lo que sería un monzón en el mar de Arabia y naufragó cerca de la costa de Konkán en la India occidental, y sus pasajeros llegaron a la playa de Navgaón, cerca de Alibaug en el distrito de Raigad. Los bagdadíes, por su parte, originalmente llegaron a la India mucha más tarde a mediados del siglo XVIII, trayendo consigo su apasionante cultura judía.

Los Bené Israel, en principio, fueron empleados de los hindúes como trabajadores de las presas de aceite de oliva y coco hasta mediados del siglo XIX, se convirtieron en la mayor comunidad judía de la India, hasta llegar a contar en los años 50 entre 22 mil y 30 mil integrantes en todo el subcontinente índico. A principios del siglo XVIII, con la asistencia y educación de los bagdadíes, los keralitas, los misioneros cristianos y varios movimientos judíos, los Bené Israel pusieron su práctica y entendimiento religioso en conformidad con el judaísmo «normativo».

La comunidad bagdadí comenzó a establecerse permanentemente en la India a finales del siglo XVIII, trabajando principalmente como comerciantes, para asentarse en las principales ciudades mercantiles e industriales del país como Bombay, Calcuta, Puna y Surat. Ya poseían una herencia judía profunda y refinada en su madre patria, su desarrollo comunal, religioso y social y su identidad en la India puede describirse rápidamente en un proceso de cuatro etapas, resultado de varias influencias externas, que incluyen los efectos de su persecución bajo el Imperio Otomano y otros regímenes opresores, los motines de 1857, la II Guerra Mundial (incluyendo el nacionalismo indio, la reclasificación social británica, el nazismo y el sionismo), y la independencia tanto de la India como de Israel en 1947 y 1948, respectivamente.

El período postindependentista de la India y de Israel representa un declive severo del número de judíos en la India. Los Bené Israel tuvieron su mayor reducción de población tras el establecimiento del Estado de Israel. Ahora, motivados por el sionismo y las oportunidades de mejoras sociales y económicas, los Bené Israel han emigrado principalmente a Israel, aunque también para Canadá y Estados Unidos. A pesar de la gran pérdida de población, los Bené Israel se han reagrupado, y en la actualidad cuentan entre 5 mil y 8 mil miembros distribuidos en ciudades como Ahmedabad, Bombay, Chennai, Nueva Delhi y Tane. Un movimiento juvenil aparentemente fuerte ha comenzado en los últimos años, encabezado por líderes comunitarios de los Bené Israel y los bagdadíes, entre otros.

La construcción de un Centro Comunitario Judío (JCC en sus siglas en inglés) ha contado con la colaboración educativa y financiera del American Jewish Joint Distribution Committee (Joint) y de ORT, así como de otros entes judíos internacionales de cooperación.

Estos grupos han traído alerta religiosa y educación, previamente inexistente, a la vez que les han dado acceso a recursos informáticos y pedagógicos, que han completado el alerta global para la comunidad entera. La población bagdadí también llegó a su pico en los años 50, entre 5 mil y 8 mil individuos desde Asia al Pacífico. Sin embargo, actualmente la comunidad india alcanza apenas 150, incluyendo los 70 ó 75 residentes en Bombay, Calcuta, Nueva Delhi y Puna.

El impacto de la emigración masiva ha desvanecido el éxito económico y social que alguna vez tuvieron los bagdadíes en la India. Hoy, la mayor parte de los miembros de la comunidad que todavía viven en el país son ancianos.

Además, la mayoría son solteros o viudos, o, si están casados, frecuentemente sus parejas son gentiles y sin hijos, lo que ha mermado la presencia bagdadí en la India. Por esta razón, no hay movimientos sociales ni religiosos de jóvenes ni de adultos en la comunidad bagdadí. Los que tienen hijos la mayoría de las veces se van o los envían a países como Australia, Canadá, Inglaterra o Estados Unidos para que hagan negocio o tengan mejores oportunidades educativas. Los pocos jóvenes bagdadíes que se hallan en Bombay y Calcuta, todos de edad universitaria (18 a 22 años) tiene poco o ningún interés en su herencia india. Ellos prefieren continuar la tendencia común de sus padres mientras vivían bajo el gobierno colonial británico: ganarse la vida en India, pero, cultivarse y educarse según el estereotipo occidental del estilo de vida moderno, civilizado y globalizado que generalmente excluye el avance religioso y cultural.

Además, comunitaria y socialmente los bagdadíes reservan la sinagoga –excepto en las fiestas y en los eventos religiosos– como lugar de encuentro en vez de sus casas. Para promover la conciencia cultural y religiosa entre los Bené Israel y los bagdadíes, los líderes religiosos y sociales de ambas comunidades regularmente invitan a todos los judíos a asistir a los servicios de alguna sinagoga.

Aunque los jazanim (cantores), presidentes y rabinos en todo el mundo generalmente promueven la asistencia a estos actos, en la India esto se hace no solo como una forma de tener gente para el rezo, sino como algo vital para la supervivencia de la comunidad. En años recientes, las sinagogas principales a los que van los Bené Israel y los bagdadíes han publicado calendarios informativos y panfletos anuales, que se distribuyen gratuitamente en ambas comunidades, financiados por la JDC, ORT, y negocios privados, incluso gentiles (normalmente de piedras preciosas, oro y plata) localizadas en áreas históricamente relacionados con los negocios judíos, hogares, y sitios de culto, así como también información general sobre el judaísmo, lo que ha resultado muy útil.

Al vivir como dos comunidades diferentes y separadas, la emigración masiva y el envejecimiento de la comunidad las han forzado a integrar sus praxis religiosas. Ya que a mediados de los años 70, los administradores de la sinagoga bagdadí y algunos de sus feligreses se aseguraron el quórum pidiéndoles a algunos hombres Bené Israel que fueran a los rezos en sus lugares de culto, por algunos bonos materiales y monetarios. El aumento de la concurrencia mantuvo el estatus de «activas» de algunas sinagogas, sobre todo en algunas sinagogas otrora muy concurridas como las de Calcuta y Puna, así como otras congregaciones de Bené Israel y de keralitas como en Ahmedabad, Cochín, Nueva Delhi y las áreas rurales cercanas a Bombay, el minyán en las sinagogas es raro, y nunca se da diariamente.

Los deberes normales de los hombres Bené Israel incluyen la asistencia cada mañana a los rezos matutinos de shajarit, los del viernes por la noche y el sábado, las fiestas religiosas y las sociales, así como recibir las aliyot (subidas al ejal, armario donde se guardan los rollos de la Ley), lo que se considera un gran honor. Además, a mediados del siglo XX, empleados a tiempo completo como jazanim y shamashim (encargados de la sinagoga) aparecieron en las sinagogas bagdadíes, ocupados especialmente por Bené Israel, y señaló el comienzo de la transferencia y aparición de himnos tradicionales de éstos, así como melodías y costumbres, en la comunidad bagdadí.

Esta interacción y participación de las familias de los Bené Israel en las sinagogas bagdadíes para los rezos y los eventos religiosos condujeron a una aculturación o hibridación de costumbres y prácticas específicas o distintas en ambas comunidades. He aquí que estas kehilot se unieron a la tendencia de los judíos sefardíes de Asia, el Medio Oriente y el Norte de África a seguir los ritos tradicionales sefardíes, pero sin obviar algunos aspectos de su pasado oriental (aborigen) en su identidad religiosa y observancia. A pesar de la integración en los rezos, las comunidades aún llaman «indios» a los Bené Israel y keralitas (o cochiní, como también les dicen allí) e «iraquíes » o más comúnmente «sefardíes» a los judíos bagdadíes.

ACTIVIDADES RITUALES

Según el académico Nathan Katz, los Bené Israel pueden catalogarse como «reactivos [a su ambiente]… Se aferraron a vestigios de una observancia judaica altamente atenuada [debido al aislamiento], mediante una serie de encuentros fortuitos con otros judíos, misioneros cristianos, colonos británicos y nacionalistas indios, dejaron de ser una casta de aceiteros en la costa de Konkán para convertirse en judíos modernos y urbanos». Katz sostiene que los Bené Israel son «una contraparte perfecta a los judíos de Cochín [o keralitas]». Asimismo insiste en este punto a pesar del hecho de que, según lo relatan los mismo Bené Israel, el asunto de las castas nunca fue importante para ellos. Asimismo, la comunidad bagdadí adquirió su singular identidad indojudía por medio de una serie de encuentros azarosos con otros grupos, tanto gentiles como judíos. En general, los bagdadíes emularon principalmente a los británicos. Sin embargo, en Bombay, había otro grupo, los Bené Israel, que ya habían construido una sinagoga antes de que los bagdadíes llegaran en 1796. En comparación, las castas comerciantes hindúes como los marwaris, y otros grupos minoritarios como los angloindios, los armenios, los chinos, los griegos y los portugueses, se convirtieron en referencias grupales para la comunidad bagdadí en Calcuta. Katz concluye que los keralitas podrán establecerse y preservar su identidad religiosa y social mediante la construcción de «una leyenda original que refleja ambos estatus como indios y como judíos, mediante una hábil adaptación de rituales hindúes y elementos simbólicos en el marco de la ley judía, y mediante la emulación de la estructura social india (castas). Ellos [los keralitas] son actores en el drama finamente balanceado de la identidad indojudaica».

La conclusión de Katz es consistente con mis hallazgos, excluyendo el asunto de las castas. Desde su llegada a la Indida, los Bené Israel y los judíos bagdadíes han readaptado su ambiente religioso y social para crear su identidad y papel en la sociedad india.

Donde las prácticas Bené Israel y bagdadí se apegan a las normas tradicionales sefardíes no hay necesidad de describirlas. Sin embargo, es importante señalar que los lazos interculturales e intercomunitarios que comparten, tal como se evidencias en las prácticas y ritos singulares que exhiben durante las fiestas mayores, específicamente, en Rosh Hashaná y Yom Kipur. Mientras que en el pasado el fenómeno de la aculturación religiosa estaba limitado a los Bené Israel, algunas de estas costumbres están apareciendo en el lado bagdadí, algunas de ellas inauditas hasta mediados de los años 70 cuando los Bené Israel comenzaron a asistir a las sinagogas de ese otro grupo cuando la mayor parte de esa congregación emigró a otros países.

Rosh Hashaná

Los judíos de Bombay observan los dos días de Rosh Hashaná. En la víspera del año nuevo, es costumbre que ambas comunidades realicen servicios especiales en honor a los parientes difuntos con las oraciones pertinentes (Hashkabot) durante la noche. Después de shajarit al día siguiente, cada visita sus respectivos cementerios en zonas alejadas de la ciudad y rezan en tumbas específicas a petición de la comunidad y de los miembros de la sinagoga.

Previo a los rezos, los bagdadíes limpian el túmulo: lavan las lápidas con agua de rosas y restriegan albahaca por toda la superficie de la tumba, y colocan una flor o una hoja en la tumba como indicio o marca de su visita reciente. (La costumbre entre judíos occidentales es colocar una piedra sobre la tumba).

En el cementerio Bené Israel, se hace una limpieza rápida en la tumba, y algunas familias encienden incienso en la tierra en frente de la tumba o en cajitas especiales, siguiendo la costumbre de los budistas, hindúes, jaimistas, musulmanes, cristianos ortodoxos y persas de reverenciar a los antepasados y a las figuras religiosas antiguas con el uso ritual del incienso.
En tales creencias, éste se usa para endulzar el aire de los dioses o espíritus y las almas de los muertos, y para relajarse uno mismo. Al igual que los Bené Israel, los cementerios bagdadíes algunos deudos o feligreses encienden discretamente algunos palitos de incienso en la tierra en frente de la tumba, en la lápida o túmulo. El uso bagdadí de esta esencia en esta ocasión se nos explicó de la siguiente manera:

«Es algo que empezamos a hacer cuando nos vinimos a la India». Adicionalmente, en Rosh Hashaná, el pan utilizado para el hamotzí (la bendición), siempre de tipo indio aplanado cocido en horno de arcilla, se unta en azúcar en vez de sal, como deseo de un año nuevo «dulce» y se distribuye a los feligreses. (El uso del azúcar es similar a la práctica askenazí de untar el pan con miel). Asimismo, es de hacer notar la costumbre entre ciertos miembros prominentes de las sinagogas bagdadíes de regalar una camisa nueva y un par de pantalones a todos los fieles regulares (generalmente Bené Israel) en honor al año nuevo, mientras que los fieles más opulentos dan dinero. Más allá, ambas comunidades observan la tradición de estrenar ropa en todos los servicios de Rosh Hashaná.

Llama la atención que el historiador Haeem Samuel Kehimkar señala que los Bené Israel anteriormente llamaban a estas fechas Naviacha San o «Festival del Año Nuevo», en lengua marathi en sustitución del hebreo; pero que ahora ya no, en respuesta quizá a la emigración parcial hacia las grandes juderías desde mediado del siglo XX(23). Varios Bené Israel explicaron que ellos ahora prefieren rechazar cualquier relación directa o indirecta de sus prácticas judaicas con otras religiones gentiles (indias), incluyendo el uso de terminología que no sea hebrea, para así evitar la ridiculización o el cuestionamiento por parte de forasteros.

Tashlij (soltar los pecados en el agua)

El rito de Tashlij o de «echar al agua los pecados » se hace el primer día de Rosh Hashaná entre los bagdadíes, incluso si cae en Shabat. Tras los servicios, la congregación procede a irse al estanque adyacente al hito llamado «Puerta de la India», justamente cerca de los «muelles Sasoon» que pertenecían a un bagdadí en el centro de Colaba. La multitud se reunía en la orilla, el jazán entonaba los cantos litúrgicos apropiados y agitaba un pañuelo blanco nuevo en el aire sobre el agua, con lo que simbolizaba la liberación de los pecados en el estanque para comenzar el año purificados.

Tras preguntarles a varios bagdadíes dónde se había originado esta costumbre, la respuesta común fue que se había transmitido de padres a hijos, por lo que se remontaba a Bagdad. Los Bené Israel llevan los servicios de Tashlij normalmente el segundo día de Rosh Hashaná, y celebran la ceremonia antes o después de Shabat, si es necesario. Tras el rito, varios cientos de fieles de las comunidades de Bombay y de Tane, incluyendo aquellos que no asistieron temprano a los rezos, viajan en grupo por toda la ciudad hasta las playas del mar Arábigo cerca de la mezquita de Hayí Alí.

Después de rezar, los niños vuelan cometas blancos con ayuda de la brisa marina, simbolizando la liberación de los pecados. El jazán Benjamín Simón Dandekar sostiene que el formato tradicional «también incluye vaciarse los bolsillos como expulsión simbólica de los pecados y recitar versículos de Miqueas».

El relato siguiente explica el razonamiento por el que van a un cuerpo acuífero externo en Rosh Hashaná para ejecutar el Tashlij: en la antigüedad, las culturas bíblicas ungían a sus reyes con agua, y como Rosh Hashaná es la época en que los judíos reconocen a Di-os como rey, van a estos cuerpos acuíferos. Quizás en el pasado, agitar un pañuelo o volar una cometa eran actos que se hacían delante de los monarcas y por eso a lo mejor se incluyeron en las costumbres de Tashlij.

La creación e institucionalización de estas prácticas singulares pudieron haber sido un esfuerzo para disimular la observancia del judaísmo cuando vivían en países o gobiernos antisemitas, haciéndolas pasar como honores al rey. Sorprendentemente, los bagdadíes no recuerdan haber visto o haber practicado estos rituales en ningún lugar. Tradicionalmente, al carecer de líderes educados religiosamente debido a su aislamiento, los Bené Israel estaban menos pendientes de los cánones litúrgicos de Tashlij, lo que les permitió adaptar lo que sabían de este ritual judío con la tradición de la cultura india., en la que los niños elevan cometas en fiestas religiosas y sociales.

El autor Carl Mark Gussin señala que la popularidad del Tashlij entre los Bené Israel se puede deber a que recuerda los ritos de purificación de los hindúes, tales como el Avabharta Snana (que en sánscrito significa «baño de purificación»), en el que los devotos lavan simbólica y físicamente sus pecados en un río, el mar, estanque, cascada, etcétera, mediante una inmersión espiritual o física. Gussin más adelante explica: «Esto, por lo tanto pudiera ser un ejemplo de aculturación de un rito poco importante de otra manera, que se vuelve significativo debido a su aceptabilidad en el contexto indio particular donde la purificación por medio del agua tiene mucha aprobación», lo que ayuda a explicar su popularidad. La noción de la autopurificación mediante el uso de aceite, agua u otros líquidos es un lugar común en casi todas las religiones; la similitud entre las costumbres hindúes y judías no deberían tomarse como prueba de asimilación religiosa con el hinduismo u otras creencias que tengas actos rituales de limpieza.

Es de resaltar que los judíos indios no han adoptado la práctica popular askenazí de lanzar pedazos de pan al agua para hacer el Tashlij, aunque algunas familias bagdadíes lo han hecho durante algún tiempo. Según la Halajá, tal como lo dice el Shulján Aruj Oraj Jaím 583:8 (Código de la Ley Judía sobre la forma de vivir), las plegarias de Tashlij tienen que decirse en un cuerpo acuífero al aire libre donde haya peces. Adicionalmente, en el verso 496:2 se dice que está prohibido lanzar comida a los peces en Yom Tov porque está prohibido alimentar a los animales que no dependen de uno. Llama la atención que Kehimkar subraye que los Bené Israel antiguamente llamaban Jiricha San o «Fiesta del jir» al cuarto día de Rosh Hashaná. Más adelante asegura que esta fiesta de la cosecha de los Bené Israel era análoga a la fiesta de Sucot, que normalmente se celebra dos semanas más tarde. En el pasado, los Bené Israel quemaban incienso, recitaban la Shemá y comían jir (que en marathi e hindi significa pudín hecho de leche de coco, azúcar, arroz, nueces variadas y confites). Ahora, los Bené Israel celebran Sucot, y prácticamente han olvidado y reemplazado la Jiricha San, aunque en algunas zonas aisladas todavía se observa.

Yom Kipur

En la noche previa a Yom Kipur, junto a varios Bené Israel y bagdadíes de la sinagoga Knéset Eliyahu, dormimos allí, siguiendo el precepto judío de evitar la pérdida de la pureza mediante el contacto con los gentiles durante Yom Kipur. La atmósfera era similar a la de dormir en un campamento. Esta creencia es muy parecido al concepto hindú de la autocontaminación cuando se está cerca o se toca a los otros o las hindúes descastados, y por esto, los comerciantes gentiles y sus casas cercanas a las sinagogas respetan esta creencia, evitando el contacto directo con los judíos durante Yom Kipur. Además, los Bené Israel y los bagdadíes se abstienen de salir de la sinagoga después de los rezos, y prefieren tomar siestas cortas en los bancos entre los servicios.

Aquellos que no van y se quedan en casa, cierran con llave las puertas y evitan todo contacto con los demás. Kehimkar de nuevo señala que los Bené Israel reemplazaban el hebreo con el marathi, y llamaban antiguamente a Yom Kipur con el nombre de Darfalinicha San o «fiesta de las puertas cerradas».

En la mañana de Yom Kipur, ambas comunidades observaban el ritual de Malma, un baño en agua caliente y fría alternativamente antes de irse a los rezos. Tradicionalmente, ambas kehilot usaban ropas nuevas blancas, tal cual algunas culturas occidentales en ocasiones especiales, y no entran en la sinagoga con las sandalias o zapatos puestos (los Bené Israel acostumbran esto siempre), lo cual coincide con las costumbres de los budistas, hinduistas, jaimistas, musulmanes, persas y sijs de descalzarse antes de entrar o pisar un suelo consagrado como señal de reverencia.

También se acostumbra en ambas comunidades a no usar nada hecho de cuero (como por ejemplo cinturones o billeteras) durante este día. Previo a los servicios, los jazanim les piden a los fieles que traigan un pañuelo blanco nuevo para ser utilizado más adelante en los servicios de Yom Kipur. Ahora bien, los bagdadíes de Bombay siguen la costumbre de los Bené Israel de tender el lienzo en el piso, hacer una oración, y postrarse con la cara hacia el piso (sobre el pañuelo). Esta costumbre se estableció a mediados del siglo XX cuando los jazanim Bené Israel empezaron a conducir los servicios de las dos sinagogas bagdadíes de Bombay. Esta tradición coincide con la creencia halájica de que durante el rezo adicional de la mañana (musaf) hay una repesentación de parte del que se hacía en el primer Templo (Avodá).

Los miembros de la congregación se postran cuatro veces, tal cual lo hacían los judíos que iban al Primer Templo, quienes se inclinaban cuando el nombre de Di-os se pronunciaba durante los rezos.

Todos los que físicamente sean aptos hacen el ayuno de Yom Kipur. Algunos niños Bené Israel también lo realizan tal como lo hacen sus mayores, aun cuando no están obligados antes de hacer el bar mitzvá. No obstante, la costumbre de la bendición de los cohanim (sacerdotes) sólo tiene lugar en las sinagogas bagdadíes, debido a que entre los Bené Israel no hay hombres de este linaje.

Shila San (fiesta de las cosas robadas) El día posterior a Kipur, se celebra la fiesta de Simjat Hacohén o «celebración del Sumo Sacerdote», en que la gente se reúne con amigos y parientes. Los siguientes cuatro días hasta Sucot, los amigos y parentela visitan a quienes han tenido decesos entre sus familiares hasta el último Rosh Hashaná. Aunque poco se ve en las comunidades judías, el Simjat Hacohén se da en algunas otras comunidades sefardíes orientales como los marroquíes. Los Bené Israel celebran este día como Shila San (que en marathi significa la fiesta de las cosas robadas), llamada así porque los alimentos que se utilizan en ella tienen que prepararse antes de Kipur, y por eso se consideran sustraídos. Por la influencia de los maestros keralitas, los Bené Israel transformaron esta fiesta en Simjat Hacohén.

Los Bené Israel creen que las almas de los muertos visitan sus familias el día previo a Yom Kipur, y se quedan con ellos hasta la noche de Shila San. Los bagdadíes también celebran Simjat Hacohén con algunas variaciones: la comida se prepara ese día, y algunos encuentros pequeños privados se dan entre familias y amigos; la conversación generalmente gira alrededor de la memoria de los difuntos. Muchos bagdadíes sostienen que esta práctica se originó en su juventud, de sus padres y abuelos.

La visita al cementerio en esta fecha con los bagdadíes también avala esta creencia. Los fieles y parientes hablan a las tumbas individuales como si sus muertos estuvieran aún vivos, con lo que inician un lazo espiritual o conexión con los difuntos, parecido al que se da entre los Bené Israel. Reubén Kelly, un miembro veterano de la comunidad bagdadí de Bombay, lo explica de la siguiente forma: «Hoy, ellos [los difuntos] rezan con nosotros [para garantizar un año nuevo fructífero]».

Después de los rezos matutinos de Shila San, toda la congregación de la sinagoga bagdadí escogida para hacer rezos (durante ese año) va a su propio cementerio y visitan varias tumbas de familiares de los fieles así como también la de ciertos miembros prominentes y, después de limpiar el área que las rodea, se hace el rito de Malida, que explicaremos más adelante, y que consiste en el ofrecimiento de una comida a todos los participantes, en especial a las familias Bené Israel y algunos hombres bagdadíes.

Resalta el hecho de que la mayor parte de los bagdadíes se niega a participar físicamente de la parte del servicio referente a la Malida. Ellos sostienen que la incorporación reciente del ritual Bené Israel de este rito es una concesión hecha para complacer al jazán Bené Israel que lleva los rezos diarios en la sinagogas bagdadíes, Benjamín Simón Dandekar, así como también a los numerosos Bené Israel que asisten a sus lugares de culto.

El rompimiento del ayuno de Kipur se hace en casa con una gran comida, generalmente consistente en un menú tradicional y ancestral: indio para los Bené Israel e iraquí para los bagdadíes. Las recetas utilizadas para ello y otros eventos religiosos, fiestas sociales y religiosas se han mantenido inalterables según la tradición de cada grupo.

La Malida (rito de ofrecimiento) El día después de Yom Kipur una tradición específica de los Bené Israel se observa, la Malida (que en marathi significa ofrenda, una oración de acción de gracias asociada al profeta Elías y que consiste en el ofrecimiento y diversos alimentos). La investigadora Shalva Weil escribe que la Malida se practica en tres tipos de ocasiones: «Ritos cíclicos asociados al calendario; ritos de transición; y ritos individuales únicos».

La Malida u «ofrenda» generalmente consiste en un plato que contiene varios alimentos: arroz jazmín al vapor, caña de azúcar, coco recién rallado, granos de cardamomo, nueces, pasas y agua de rosas, así como también galletas gruesas de arroz, y cinco tipo de frutas frescas (según la estación), todas muy bien arregladas en una gran bandeja de plata. La ofrenda va acompañada por el rezo de Veyitenlejá, la bendición que se dice después del rito de havdalá al finalizar el Shabat, cuando se le pide al profeta Elías que aparezca (invisiblemente) en los hogares de los Bené Israel. La exposición del plato de Malida va acompañada de una invocación a Elías para que se presente y bendiga, y esto se hace recitando la Shemá y diciendo Eliyahu Hanaví (profeta Elías, en hebreo) doce veces.

Tras los rezos, la Malida se distribuye entre los presentes. Kehimkar señala que alguna vez esta ofrenda se llamaba Jumdache Nave Tabak (que en marathi significa plato de ofrenda en el nombre de Di-os), aunque en la actualidad los Bené Israel se abstienen de llamarlo así. Hemos de recalcar que Malida es el nombre marathi utilizado por los hindúes maharashatran y los musulmanes para una mezcla de harina de arroz y azúcar que se emplea en algunos ritos, aunque no se sabe cuándo los Bené Israel empezaron a llamarlo así ni cuándo se instituyó esta costumbre.

La singularidad de la Malida está no en la ofrenda de alimentos en sí, sino en la referencia y reverencia hacia el profeta Elías, considerado el precursor del Mesías. El historiador Ezekiel Jacob Gadkar, perteneciente a los Bené Israel, sostiene que las creencias de este grupo sobre el profeta Elías son parecidas a las de otros judíos, pero que en la vida religiosa de ese grupo «El profeta se exalta a tal punto de considerarse un santo patrono de los Bené Israel y la profunda veneración hacia él es inmutable e inquebrantable».

La veneración hacia personalidades religiosas prominentes también se halla entre varias religiones de la India, tales como el budismo, el hinduismo, el islam, el jainismo, el sijismo y el zoroastrismo. El rito de la Malida directamente refleja las interacciones diacrónicas de los Bené Isarel con el hinduismo (y el islam) en la cultura konkani (44). Según la tradición, los Bené Israel creen que el profeta Elías se les aparecía en la antigüedad en la villa konkaní de Jandala, cerca de Navgaón en las afueras de Bombay, cuando les prometió la redención futura.

Los Bené Israel han conectado este evento con la historia bíblica de la ascensión de Elías a los cielos en una carroza de fuego (Reyes II. 2: 1-2). (46). En el pasado, los Bené Israel iban en peregrinación a Jandala a la cima de cierta roca para ver lo que creían que era la huella del casco del caballo de Elías y unas marcas blancas que supuestamente eran las dejadas por su carroza. Hoy la peregrinación es poco frecuente, más que todo debido a la distancia y a los malos caminos.

La idea de una huella sagrada nos relaciona con la costumbre konkaní de venerar la pakuda (huella en hindi) de los ascetas hindúes y santones después de su muerte. Este elemento también se encuentra en la tradición local islámica: los musulmanes ajmadiyas creen que unas huellas encontradas en Cachemira pertenecen a Jesús de Nazaret, que ellos creen que murió allí. Además, ya que el profeta Elías es honrado con el rito de la Malida, y debido a que no hay referencias judías o gentiles antiguas (pre David Rahabi) de que los Bené Israel lo hacían, la autora y académica Rebecca Reubén, pertenciente a ese grupo, sugiere: «Cuando [el famoso maestreo keralita] David Rahabi revivió el judaísmo entre los Bené Israel él deliberadamente sustituyó con el profeta Elías a varios santones indios locales en las invocaciones de ayuda contra los males de la vida».

Las referencias a los Bené Israel recogidas por los primeros misioneros cristianos sostienen que un keralita llamado David Rahabi vino a la región de Konkán alrededor del año 1000 y «descubrió» a los Bené Israel como una comunidad judía aislada. Él vio ciertas prácticas judías entre ellos, tales como la distinción entre el pescado casher y el prohibido, la observancia del Shabat, el rezo de la Shemá, y la ejecución del brit milá (circuncisión), lo que lo llevó a la conclusión de que eran judíos.

La historia sigue cuando David Rahabi se quedó con los Bené Israel y les enseñó un grado mayor de observancia del judaísmo del que tenían, incluyendo algunos rezos hebreos, tradiciones y leyes, lo que contrastaba con el solo recitado de la Shemá, la única oración judía que conocían cuando llegó.

El ritual de la Malida tiene una analogía obvia con la puya (ofrenda en hindi). En la costumbre hindú, la comida se presenta de forma artística y se sirve públicamente antes de ser ofrecida a una deidad. Después de que ésta «consume» la esencia del alimento, los devotos reciben los restos o prasadam (gracia, en sánscrito); la comida se ve como un regalo de un dios, además de ser sagrada después de la ofrenda.

Conclusión

La distinción religiosa y la individualidad son esenciales en la identidad religiosa y cultural de los Bené Israel y los judíos bagdadíes, así como para todas las culturas y creencias en la India. Es muy fácil reconocer las similitudes entre los judíos indios y las comunidades diaspóricas en cualquier lugar: las instituciones clave, es decir, aquellas que apoyan la vida religiosa, existen en todas partes; sin éstas, la comunidad dejará de ser judía en el sentido tradicional. También es fácil reconocer las diferencias entre ambos grupos: los Bené Israel, debido a su aislamiento del resto de la judería mundial, carecen de una tradición independiente de enseñanza judía, frecuentemente han asumido distintas costumbres indias y prácticas en su sistema de creencias.

Por su parte, los bagdadíes, debido a que se han tenido que integrar con ellos y depender de una audiencia Bené Israel y de sus jazanim para mantener activa la vida judía, han tenido que modificar su larga tradición sefardí. Este amalgamamiento de los ritos indios y sefardíes se atribuye a la política particular de la India que insiste en que cada grupo (denominación religiosa) puede expresarse libremente y mantener su identidad cultural y religiosa.

En relación a los estudios de Katz sobre la comunidad keralita con la identidad religiosa de los Bené Israel y los judíos bagdadíes, «la identidad de los judíos [keralitas] de Cochín no tiene parangón: ellos son simultáneamente totalmente indios y totalmente judíos. Su experiencia [en la India] elude la dicotomía fácil entre el Oriente y el Occidente, ya que están firmemente anclados en dos grandes civilizaciones: índica y judaica».

Mientras los comentarios de Katz pueden aplicarse a todas las comunidades judías de la India, se adaptan mejor a las Bené Israel y keralita, debido a su hibridización y relación con la cultura índica y su sociedad, mientras que los bagdadíes ya poseían una herencia y creencia bien enraizadas en el judaísmo antes de su llegada al subcontinente. Es también importante hacer notar otra analogía del análisis de Katz con las dos comunidades: «Ellos [los keralitas] no han escondido su judeidad asimilándose a la cultura recipiendaria ni han utilizado su judaísmo como refugio ante una sociedad gentil hostil». Sus comentarios sobre la comunidad keralita de nuevo reflejan la experiencia de los Bené Israel y los judíos bagdadíes a pesar de sus diferencias en cuanto a sus orígenes geográficos y ancestrales.

Aunque hay muchas similitudes entre los hallazgos de Katz, existen algunas diferencias insalvables entre nuestros análisis y conclusiones. Sobre todo, Katz señala que los keralitas «emulan y con ello reafirman la jerarquía social de Kerala». Sus comentarios implican que ellos forman parte del sistema estricto de castas de los hindúes y que han alcanzado un grado de estatus social basado en ese mismo sistema.

Mientras el tema de las castas tiene relevancia entre los keralitas, entre los Bené Israel es delicado y muy pocas veces se menciona. Los escritos de Katz insisten en el estatus y el papel de las casta entre los Bené Israel, y señala: «Así como los Bené Israel utilizan las castas hindúes como grupos de referencia, la sanscritización abunda». El término sanscritización implica que los Bené Israel establecieron una identidad grupal en el sistema hindú de castas para hacerse de un lugar en la sociedad india.

Mis hallazgos sugieren que los Bené Israel históricamente han rechazado cualquier intento de asimilarse o de colocarse en el sistema de castas. Prefieren que se les conozcan como judíos diaspóricos de la India que se han aclimatado naturalmente al ambiente hindú sin absorber ni incorporar la esencia de sus creencias ni prácticas gentiles (hindúes, musulmanes, jaimistas, persas, sijs, etcétera).

En vez de imitar a los judíos keralitas, que aparentemente buscaron comodidad y refugio en el sistema de castas, los Bené Israel han hecho cada esfuerzo para separarse y distinguirse como una cultura y creencia cuyos seguidores no tienen una designación ni un papel en el sistema hindú de castas. Esto se debe al hecho de que los Bené Israel creen que provienen de judíos de Israel, que llegaron posteriormente a la India (como judíos) tras un naufragio, por lo que se elimina cualquier posibilidad o conexión con el sistema jerárquico de castas, que se basa en el estatus hereditario y religioso. Mientras que su religión es la judía, su identidad como indios, al rechazar una etiqueta estricta y, a cambio, la degradación a la que toda casta no hindú está sujeta en la sociedad india en el pasado. Para los bagdadíes, la casta nunca fue importante porque ellos inmigraron a la India mucho después que los judíos keralitas y los Bené Israel, lo que les permitió integrarse a las comunidad multiétnica de los mercaderes y comerciantes indios e inmigrantes. Los bagdadíes trataron de conectarse e identificarse con las elites británicas en vez de los indios locales. Mientras Katz explica que una vez que los Bené Israel se fueron a la ciudad de Bombay, «comenzó el principio del fin de su identidad india» debido a la occidentalización británica, aún reitera que eran parte de las castas de Konkán.

Mientras este tema es relevante para los keralitas que imitan a los hindúes, las clases altas cristianas, musulmanes y en cierta forma los bagdadíes con los británicos, el de las castas han quedado como un tema poco tratado entre los Bené Israel de hoy en día. Sólo más tarde en Israel los Bené Israel han experimentado alguna forma de cuestionamiento similar al de sistema de castas cuando trataron de establecerse como judíos que merecían todos los beneficios y estatus que da la sociedad israelí.

Al igual que otras comunidades diaspóricas judías en el mundo, los Bené Israel y los judíos bagdadíes de Bombay han hibridizado su identidad religiosa según el ambiente. El impacto de la India en su comportamiento ritual es muy interesante y refleja lo mismo que otras culturas diaspóricas judías: su vida litúrgica muestran su herencia sefardí en combinación con su cultura receptora, la hindú.

Los resultados de este estudio muestran una conexión directa entre los judíos indios y las comunidades sefardíes es patente en su libertad de expresarse, adaptarse y modificar (cuanto sea necesario) su identidad judía en la India. Sin embargo, debido a la singularidad de ciertas costumbres, prácticas y ritos, no se pueden considerar exclusivamente sefardíes, sino sefardíes orientales, una distinción religiosa que indica cuánto impactó e influyó la vida en la India durante los siglos en la práctica del judaísmo. El concepto de sefardismo oriental describe las prácticas complicadas y a veces mal interpretadas de esas comunidades del Oriente que generalmente no están asociadas con las juderías principales y que desarrollaron formas autóctonas de tradición judía.

La continuidad y el éxito de los Bené Israel y de los judíos bagdadíes en la India son un ejemplo de aculturación sin asimilación. En términos del proceso de hibridización, los judíos de la India han desarrollado una identidad religiosa única mediante un proceso de ósmosis selectiva en el que ciertos objetos, prácticas, ritos, etcétera que se observan y se usan públicamente y regularmente en la actividades diarias y religiosas de los vecinos gentiles, fueron absorbidos selectivamente en su sistema de creencias, dependiendo de la necesidad o la relevancia tal como lo dicta la tradición ancestral y, lo más importante, sin violar la Halajá.

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