LA MIMUNA: no solo una tradición judía, sino también de los musulmanes en Marruecos

AomarBoum

Los miembros musulmanes del Club de la Mimuna han convertido el objetivo de aprender de los judíos y de su cultura en una manera de aprender de sus propias costumbres.
Ifrán es un lugar vacacional situado en la parte central de la cordillera de los Atlas en Marruecos, aproximadamente a dos horas al norte de Rabat, la capital. Fue conocida por ser la sede de la reunión entre el rey Hassán II y ShimónPeres, entonces primer ministro de Israel, en 1986 –una iniciativa que le valió al monarca la condena de sus colegas en la Liga Árabe e impulsó a Siria, bajo el mandato de Hafez el Assad, a romper relaciones diplomáticas con el país norafricano–. Ifrán también es el sitio donde, hace menos de una década –en enero de 1995, para ser exactos– Yasir Arafat , en fallecido líder de la OLP, acompañó al rey a la inauguración de la Universidad Al Ajawain, en los albores de la décima quinta sesión del Comité Al Quds, que se realizó en la nueva biblioteca de esa casa de estudios.
Es mera coincidencia el hecho de que Ifrán haya sido testigo de ambos eventos. Pero, Hassán II visualizó a Al-Ajawain –donde yo me gradué en 1997– como una institución destinada a presentarles a sus alumnos las diversas tradiciones religiosas, culturas y civilizaciones mediante la exposición de las sociedades globales y las ciencias sociales. Así, quizás no sea coincidencia que, en 2007, la universidad se convirtió en sede del primer club estudiantil de Marruecos dedicado a celebrar la historia y la herencia judía del país.
El club se llama Mimuna, en honor a la celebración tradicional judeomarroquí posterior a la Pascua con la que se le daba la bienvenida al pan leudado [y en la que tradicionalmente los musulmanes marroquíes les daban dulces a los judíos, que no habían tienido tiempo ara hornear con harina normal]. Para los israelitas del país, la Mimuna o Timimuna significa la promesa de la redención y la esperanzadora venida del Mesías. Israel la reconoce como una fiesta nacional desde 1966. El Club Mimuna sostiene que esta se merece un lugar en la cultura marroquí y en su sociedad, como una fiesta de la diversidad étnica. Hoy, esta organización tiene estatus de fundación y capítulos en Fez, Rabat, Tetuán y Marrakech.
En diciembre pasado, me encontré con algunos miembros de la fundación en Rabat, donde estaban preparando el lanzamiento de una caravana cultural, un viaje de 480 kilómetros para conocer el judaísmo marroquí. Les pregunto por qué se interesan por un tema que potencialmente les podría acarrear nada menos que un estigma y el rechazo social. Casi todos ellos resaltaron lo poco que saben los jóvenes marroquíes sobre su historia y cuán significativo es para sus compatriotas, más allá del perímetro del campus universitario, conocer la diversidad cultural de Marruecos.
Para muchos nativos, particularmente los de menos edad, la historia judía del país es parte del pasado y tiene lugar en sociedad posterior a la independencia. «¿Cómo puede existir un club sobre judíos marroquíes cuando muchos de ellos ocupan las tierras palestinas hoy en día?», me susurró un crítico del grupo en Casablanca durante una visita que hice en 2010. Yo conocía bien esa actitud por mi investigación antropológica y etnográfica sobre las comunidades judías de Marruecos. Sin embargo, la presión social sobre mí como etnógrafo profesional fue mínima en comparación a las que enfrentan los estudiantes del club Mimuna. Algunos me manifestaron su frustración y ansiedad por ser objetos de ostracismo debido a su interés en conocer el judaísmo marroquí, que en verdad es parte de la historia del país. Recientemente, el nombre de uno de los integrantes del club fue mencionado en una lista publicada en línea por el Observatorio Marroquí contra la Normalización de las Relaciones con Israel, junto a otros nombres como el de André Azoulay, consejero del rey Mohammed VI; Driss El Yazami, presidente del Consejo Nacional de Derechos Humanos; y los de activistas bereberes o amazigh, algunos de los cuales han tenido contacto con instituciones israelíes, ciudadanos o con otras organizaciones públicas.
Cuando hablé con estos estudiantes en el curso de terminar un libro sobre la monarquía, los judíos y las políticas sobre el Holocausto en Marruecos, me sorprendí al hallar que el interés por conocer las historia de las relaciones judeomusulmanas surgieron de sus propias vivencias. La mayoría de ellos nacieron y se criaron en Casablanca, Rabat, Marrakech y Fez, y sabían que sus sitios natales tenían historias complejas. ElmehdiBudra, cofundador del club en Al Ajawain –quien posteriormente estudió una maestría sobre coexistencia y resolución de conflictos en la Universidad de Brandeis– me refirió cómo jamás había oído hablar, a pesar de haber crecido en Casablanca, de las relaciones de larga data entre judíos y musulmanes en la ciudad vieja. Budra también recibió influencia del tutor inicial del grupo, Simón Levy, un lingüista renombrado estudioso del judeoárabe y del judeoespañol, disidente político y exdirector del Museo Judío de Casablanca, y quien también tuvo un papel importante en la política local desde la Independecia como uno de los líderes del Partido del Progreso y el Socialismo, fundado por AlíYata. Otro estudiante, Sami Gaidi, contó que iba a la escuela en Rabat con judíos marroquíes con quienes se mantenía en contacto; una tercera, Myriam Maluk, contó que fue recibida por una familia judía de Marruecos cuando estudiaba derecho en Francia.
En 1998, en un artículo famoso de Le Monde Diplomatique intitulado «Israel-Palestina: una tercera vía», EduardSaíd les respondía a los árabes que lo criticaban por su llamado a comunicarse con sus socios judíos hecho en una nota aparecida en el periódico Al Hayat en junio de ese año. Allí Saíd pedía a los árabes de lograr con los judíos una conversación responsable para entender la Shoá. «Cuando mencioné el Holocausto en un artículo que escribí en noviembre, recibí tal cantidad de insultos que nunca pensé posible. Un famoso intelectual incluso me acusó de tratar de obtener un certificado de buena conducta de parte del lobby sionista», escribió Saíd, que añadió: «Por supuesto, yo apoyo el derecho de Garaudy [Roger Garaudy es un filósofo político francés, convertido al islam y negador del Holocausto] de decir lo que le plazca y me opuse a la infame Ley Gayssot [que condena toda minimización y negación de la Shoá] con la cual fue juzgado y condenado. Pero, también pienso que él ha sido trivial e irresponsable, y cuando nosotros los apoyamos, nos traza una alianza con Le Pen [antisemita de la ultraderecha francesa] y todos sus elementos fascistas de la derecha en la sociedad francesa».
Mimuna ha asumido de corazón el reto. En 2011, el club atrajo la atención internacional cuando sus miembros organizaron una conferencia sobre la actuación del rey Mohammed V durante la II Guerra Mundial, en la que él se negó a seguir las órdenes del gobierno de Vichy de deportar a los judíos que vivían en el reino. Para los estudiantes, la razón de organizar una conferencia sobre el Holocausto fue para educar a sus compañeros marroquíes sobre un período en que los refugiados europeos –muchos de los cuales no eran judíos, por cierto– encontraron amparo en Marruecos antes de que los aliadas tomaran Safi y Casablanca a finales de 1942. Uno de ellos me dijo que fue un primer paso: «El cual es oír al otro y construir una relación de confianza mutua y un debate con responsabilidad». Entre los conferencistas se hallaba un sobreviviente de la Shoá, el primero que hablaba en una universidad árabe. Dentro de las fronteras del país, JalidSufiani y otros integrantes del movimiento antinormalización consideraron que tal conferencia socavó el derecho de los palestinos y su lucha contra Israel. Incluso Sión Assidón –un judío marroquí y ex disidente político, que critica el sionismo e Israel, y que propone el boicot al Estado– criticó duramente al club por lo que él consideró que era una llamada tácita a la normalización con las relaciones entre ambos países.
Un año después de esa conferencia, dieciséis integrantes del club viajaron a Israel, donde vivieron personalmente encuentros entre judíos y musulmanes, así como las realidades del conflicto en ciudades como Jerusalén, Tel Aviv, Haifa, Ramala y otros lugares. También pudieron contactar diferentes generaciones de judíos marroquíes asentados en Israel y la margen occidental del Jordán. El viaje fue organizado en colaboración con Kivunim, un programa de la ciudad de Nueva York creado por Peter Geffen, fundador de la escuela Heschel del Upper West Side. Geffen llevó a los estudiantes a Jerusalén y Ramala, así como también a Ashdod, donde visitaron la estatua de Hassan II ubicada en el parque de la localidad. Esos jóvenes alumnos reflexionaron sobre la complejidad del conflicto mientras sus mentes y emociones trataban de entender las distancias entre YadVashem, DeirYasin, el Haram al Sharif y el Muro de los Lamentos. A pesar de la ansiedad generada por la experiencia, apreciaron mucho haberse reunido con israelíes y judíos estadounidenses, así como también con musulmanes y cristianos de Palestina. Cuando le pregunté a uno de ellos si se había arrepentido del viaje a causa de las críticas que suscitó, me dijo confidencialmente: «No, no me lamento (…) He desarrollado una gran amistad con israelíes y palestinos que trabajan juntos por un mundo posible, justo y en paz. Es difícil, pero el hecho de ver mujeres israelíes interponiéndose entre un soldado y un obrero palestino me da esperanzas».
Estos jóvenes de Mimuna no están solos en el mundo árabe. Por la parte judía, más muchachos de Estados Unidos están haciendo alianzas con grupos como el club Mimuna, para propender a un lento cambio en el curso de las conversaciones de paz en el conflicto con Israel mientras aprenden más sobre las lides diarias, sus vidas, y las aspiraciones de sus contemporáneos árabes y palestinos. Y los estudiantes palestinos han comenzdo también a relacionarse en acciones recíprocas. De hecho, un grupo de ellos recientemente visitó Auschwitz, de la mano de Mohamed Dajani de la Universidad Al Quds. Muchos pidieron la destitución de Dajani de su cátedra, pero él no es nuevo en este tipo de controversias. Como fundador del movimiento Wasatia, ha establecido relaciones académicas con muchos colegas en Israel y ha solicitado que se estudie el Holocausto y otros casos de genocidio en las escuelas palestinas, así como también la lucha de su gente por sus derechos en Israel y el reconocimiento de la Nakba.
El club Mimuna está expandiendo sus actividades y redes con las comundiades marroquíes, árabes y judías más grandes en Europa, Oriente Medio y Estados Unidos. Planean organizar más conferencias sobre historia de la los refugiados de la II Guerra Mundial en Tánger y una segunda caravana cultural a otras ciudades del Magreb. Para ellos, Mimuna significa celebrar las diferencias y hallar un piso común de comunicación y ciudadanía en Marruecos.

Tablet Magazine

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