«La más antigua de las naciones es la más joven» Israel en la LITERATURA argentina

Mario Eduardo Cohén

Especial para Maguén – Escudo

Son muchos los escritores argentinos que, desde distintos ángulos, se han ocupado en comentar y explicar el renacimiento del Estado de Israel, que cumple en estos días sus primeros sesenta años de existencia. Es desde la perspectiva de los valores y de la creación cultural que queremos sumar nuestro homenaje en este aniversario.

«No podemos imaginar la cultura sin Israel» aseveró uno de nuestros más grandes escritores, Jorge Luis Borges , quien agregó en otra ocasión que se trata de «un pueblo admirable, al cual todos pertenecemos, más allá de las vicisitudes de la sangre».

Destacamos la importancia de transcribir las opiniones de nuestros escritores, porque repre-sentan el pensamiento vigente y se constituye en Argentina y en América Latina, en general, una interesante tendencia: los escritores y poetas del continente son quienes se han convertido en portavoces del pensamiento. Y esto ya lo señaló el recientemente desaparecido Patricio Lóizaga: «Los latinoamericanos acreditamos una intere-sante paradoja: nuestros mayores pensadores no son filósofos, sino escritores». No es casualidad que cuatro latinoamericanos (entre ellos dos ar-gentinos) hayan sido merecedores del más alto galardón literario que otorga el Estado de Israel: el PremioJerusalén; como sucedió con Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato, el peruano Mario Vargas Llosa y el escritor mexicano Octavio Paz.

La literatura argentina entendió la creación del Estado de Israel como la reparación de una injusticia histórica frente al tremendo drama de 2.000 años de persecuciones y el posterior desencadenamiento del horror de la Shoá (Holocausto), y vislumbraron en el nacimiento del flamante Estado una acción de justicia universal. Escribe, al respecto, Antonio Requeni en un poema refiriéndose a la espantosa visión de la montaña de zapatos de niños víctimas de la Shoá, que le impactaron en su visita al Memorial del Holocausto (Yad Vashem) de Jerusalén: «Ahora estás allí, breve memoria/de una atroz pesadilla. /Te contemplo/ lejos del tiempo y de las lágrimas / en tu inocencia, náufrago. / Y quisiera ponerme de rodillas y pedirte perdón por estar vivo, /porque en unos instantes saldré al mundo/ del sol y de los árboles, y acaso/ encuentre a un niño en mi camino, /un niño rubio y sonriente/ con los zapatos nuevos».

Respecto a la antigua y nueva Jerusalén, escribió Eduardo Gudiño Kieffer: «El que asciende a Jerusalén asciende hacia sí mismo y, al hacerlo, asciende a todos los hombres y mujeres del mundo que en esa ciudad pueden darse la mano sin que importen edades, sexos, credos, razas». A estos conceptos se agregan los del crítico de arte Osvaldo Svanascini: «Jerusalén, elegía para el insomnio /desnuda para vigilar el tiempo. /Acaso entraña-ble ventana en el espacio/ extraviada en el Viejo Testamento. / Jerusalén revivida en lo intempo-ral / de las memorias…». A lo que agregaba Jorge Luis Borges: «Jerusalén es una gran copa donde se ha decantado y acumulado los sueños, las vigilias, las oraciones y las lágrimas de quienes no la vieron nunca, pero sintieron hambre y sed de ella. Esto no es una fábula. Esto lo he sentido en Jerusalén»

Israel: obra de la fe y la palabra

Hablamos del pueblo del Libro. Sabemos cuánta importancia tiene la palabra y la cultura para el joven Estado en que se cristalizó la más antigua de las naciones. Contra todas las dificultades habidas, la cultura tuvo siempre un espacio primordial en el desarrollo de la nación. Baste recordar, como ejemplo, que la Universidad Hebrea de Jerusalén nació apa-drinada por tres de los más grandes exponen-tes de las ideas del siglo XX: Einstein, Freud y Buber.

Las letras sagradas de la Biblia echaban luz sobre la esperanza de trocar las espadas en arado. El Estado de Israel halló esto como su realidad, la cual fue construida a base del arado y del libro. Las ciencias, las artes y educación en ge-neral han elevado a Israel a la consideración de todo el mundo. (Cabe mencionar que el presupuesto que destina el gobierno israelí a la educación es el más alto, después del de defensa).

Hace algo más de una década, el que era presidente de la Academia Argentina de Letras, Raúl Castagnino puntualizó: «Como Estado, Israel aún no tiene medio siglo; como centro cultural tiene la antigüedad de nuestra civilización (…) Pero, es ejemplo de lo que puede la inteligencia y el esfuerzo del hombre cuando lo anima un ideal ».

En cuanto a la conjugación del milagro y la modernidad en la recreación de la más vieja nación en el más moderno Estado, Silvina Bullrich definió a Israel como «milagro dentro del tiempo y del espacio» y supo ver en este país «una profecía que se cumple», considerándolo «misión del Pueblo de Moisés y de Cristo». En el mismo sentido, el presbítero Carlos Cuchetti afirmó: «En maravillosa para-doja, el pueblo judío realiza hoy, en el medio social, lo mejor del cristianismo» y agrega una cita de Maritain: «El destino de Israel, glorio-so y trágico, no se explica solo con la filosofía de la historia, sino con la teología, según un plan que escapa a las investigaciones».

Arturo Capdevila supo conjugar la alegría de la creación del nuevo Estado con el retorno a la naturaleza, en su poema Sion. Allí escri-bió: «…Entre los cedros y los encinares / encontrarán [los judíos] su viejo Edén. / Como entre danzas y canciones / llegando allí se ven. // Y ahora avisan las encinas / y los cedros también / ¡oh sí! que el año nuevo / estarán todos en Jeru-salén. // Llamad a fiesta, encina, cedro, / lozana vida, olivo azul, / como en los tiempos de David, / como en los años de Saúl. // ¿Se le soltó la lengua al viento / y se puso a cantar? / Palmeras hay que parecían / estar bailando frente al mar…».

Idea necesaria para la civilización

En síntesis, la idea de un Israel renacido cautivó a los grandes escritores argentinos, quienes lo entendieron como obra cultural del pueblo de la Biblia, trascendiendo la singularidad del hecho político. Al respecto, escribió Syria Poletti: «Es la tierra del Libro, evidente-mente. Se palpa. Se respira. Tierra de búsqueda. Si no descubriéramos el árbol de la tinta escribiríamos sobre la arena. O sobre las piedras .Y entre los milagros… la resurrección de un idioma viejo como el mundo». La lengua de la Biblia –anti-guamente de los profetas y hoy de los poetas– es la misma en la que se vuelve a hablar, escribir, pensar y soñar luego de un interregno –ni más ni menos– que de dos milenios…

Israeles un lugar en el que Oriente y Occidente, el pasado y el presente confluyen y se dan la mano; es tal vez un caso excepcional el del renacimiento de una lengua antigua convertida en moderna y vigente en los hogares, los cafés, los comercios y las profesiones.

Concluimos apoyándonos en la exquisita pluma de Jorge Luis Borges: «¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia, / sino esa volun-tad de salvar, / entre las inconstantes formas del tiempo, / tu viejo libro mágico, tus liturgias, / tu soledad con Di-os?…». Y en otra ocasión expresó: «Israel no solo es una idea necesaria para la civilización, sino que es una idea imprescindible», y enfatizó asimismo: «La más antigua de las naciones es también la más joven».

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