La más antigua de Estados Unidos LA SINAGOGA TOURO lucha contra la Corte y contra su propia desaparición

Paul Berger

La voz del rabino Marc Mandel llena con la sinagoga Touro durante la mañana de un Shabat no muy lejano, atravesando las columnas de madera que conforman la basílica para después elevarse hacia la galería de las mujeres, tal como lo hicieron las voces de los baaleitefilá o los conductores de las plegarias hace 250 años.

Miles de turistas hacen el mismo recorrido por lo que se considera la sinagoga más antigua de Estados Unidos, cinco días a la semana. Pero, solo durante los servicios religiosos el majestuoso edificio colonial vuelve a la vida.

Hace dos años, el 11 de junio, un juez federal engavetó un juicio de dos semanas, llevado a cabo en Providence, en el estado de Rhode Island, que pudiera determinar el futuro de esta sinagoga como un lugar con vida para el culto.

La congregación Jeshuat Israel, que reza en la sinagoga Touro, está demandando el derecho a vender un par de dos rimonim (coronas con cascabeles) de plata, provenientes del siglo XVII, al Museo de Bellas Artes de Boston. Los rimonim, que normalmente adornan las puntas de madera de los rollos de la Torá, cuestan 7,4 millones de dólares según el avalúo.

Jeshuat Israel, que ha estado perdiendo miembros y tiene dificultades financieras, dice que necesita el monto para pedir un fideicomiso irrevocable para asegurar su supervivencia financiera.

Frente a las aspiraciones de esta asociación está la congregación Shearith Israel, de Nueva York, la más antigua de Estados Unidos, fundada en 1654, que sostiene que los rimonim son suyos y que a ella pertenece el edificio donde funciona la sinagoga en Newport.

El espectáculo de dos iconos de la historia judeoamericana lidiando entre sí en las cortes federales ha llamado la atención de todo el país, y ha causado angustia y vergüenza entre muchos de los judíos de Newport. «¡Qué mancha tan negra para la judería de Norteamérica en general», dice Robert Friedman, quien nació y creció en Newport, pero que ahora vive en Florida.

El juicio es producto de algo más que la falta de comunicación. Es un síntoma de un problema mucho mayor: la desaparición lenta de la comunidad judía de Newport.

Es una escena mortal muy familiar para otras comunidades judías en ciudades pequeñas y pueblos por todo Estados Unidos: una comunidad vibrante atraviesa malos tiempos; los muchachos crecen, se van a la universidad y nunca regresan; las pocas familias jóvenes que permanecen no están interesadas en asistir a la sinagoga.

Pero, Newport es diferente.

Sede de los festivales legendarios de jazz y de música folk, de las regatas internacionales y de las mansiones de la Época de Oro, Newport sigue siendo un lugar vibrante y al que mucha gente desea para vivir.

También es diferente porque Newport es una de las seis kehilot de la época de la colonia inglesa, junto con Savannah (Georgia); Charleston (Carolina del Sur); Richmond (Virginia), Filadelfia (Pensilvania) y Nueva York.

Si la vida judía desaparece de aquí –y es muy probable– una parte de la historia judía estadounidense se va con ella.

Cuando la madre de Friedman, Phyllis «Chickie» Friedman, piensa en la posibilidad de que la sinagoga Touro se quede sin minyan (cuórum) un sábado en la mañana, siente pena no solo por los judíos de Newport, sino por toda la colectividad israelita de su país.

«Me siento muy triste en particular por aquellos que se están perdiendo la oportunidad de estar allí, porque … hay una atmósfera en esa sinagoga que no se respira en ninguna otra parte», dice Friedman.  Ella tiene 85 años y se sienta en salón de recibo del ancianato de Blenheim-Newport tratando de hallar las palabras para describir el ambiente interior de la sinagoga, a la que asiste cada semana que puede.

Sus ojos celestes otean en la distancia para alcanzar en su memoria lo necesario para describir lo que se siente el estar sentada en ese lugar de culto diseñado por el afamado arquitecto Peter Harrison y que está pintado con de verde colonial.  «No es grandiosa», dice. Hace una pausa y casi como si rezara su voz se alza: «No sé qué es». Finalmente, Friedman dice: «Quizá sea la historia, porque la nuestra se escribió dentro de esa sinagoga».

Cuando habla de «nuestra» historia, Friedman se refiere a la historia del pueblo judío de Estados Unidos. Ella sostiene que los líderes de la congregación, incluyendo a su esposo,  que en muchos períodos sirvió de presidente e integró varias directivas, y quien murió en enero de 2015, «hicieron todo eso no para ellos, sino para el futuro. Así podían legar algo que tuviera significado».

La desaparición de la comunidad judía de Newport  no solo es concebible, sino que ha pasado ya en dos ocasiones anteriores.

La ciudad se ubica en la punta más al sur de la isla Aquidneck, que está en la bahía de Narragansett.

Los primeros judíos llegaron en 1665 procedentes de Barbados, pero treinta años más tarde se desintegró.

La siguiente comunidad  echó raíces por los años de 1730 y esta vez permanecieron.

Ambos grupos eran sefardíes, con raíces en España y Portugal descendientes de aquellos que habían sido perseguidos y expulsados de la Península Ibérica durante la Inquisición en el siglo XV.

Con nombres como Aarón López o Jacob Rodríguez Rivera, hicieron fortunas navegando, haciendo velas y con la banca.

El primer día de Janucá de 1763, una verdadera procesión de feligreses y de dignatarios gentiles caminó por las calles de Newport siguiendo tres rollos de la Torá para su consagración de lo que luego se conocería la sinagoga Touro.  Las celebraciones duraron poco.

Durante la guerra de independencia, Newport fue atacada y ocupada. Su población cayó de 9 mil personas a 4 mil, y todas sus industrias fueron arrasadas.

La sinagoga fue uno de los pocos edificios públicos que sobrevivió al ataque, pero su congregación nunca se recuperó.

La mayoría de los judíos de la ciudad se fueron antes de la revolución. Después, la economía de Newport estaba tan mal que no había mucha razón para regresar.

El motivo por el que se conoce tanto a la judería de Newport, la visita de Jorge Washington, sucedió en una de sus horas más aciagas.

Washington estuvo en Rhode Island en 1790. El custodio de la sinagoga (shamash), Moses Seixas, saludó al presidente ante una concurrencia disminuida y lo felicitó por su victoria electoral y le pidió garantías para que los judíos pudieran practicar su religión en los nacientes Estados Unidos de América.

La respuesta de Washington, en la que él sostuvo que EE UU no iba a dar «ninguna aprobación a la intolerancia ni ninguna ayuda a la persecución», se considera ampliamente como su declaración más elocuente a favor de la libertad de culto.

A los treinta años de la visita de Washington, la comunidad judía de Newport despareció. Las llaves de la sinagoga Touro y la custodia del edificio fueron entregadas a Shearith Israel.

Pasaron unos 60 años  y por la afluencia de judíos de Europa del este que la vida religiosa hebrea se restableció en Newport a finales del siglo XIX.

A principios del siglo XX, dos comunidades rivales de Newport peleaban por el derecho de rezar en la sinagoga Touro. Shearith Israel ayudó a ambas kehilot a ceder, y y en 1903 le cedió en comodato el edificio a la congregación recién creada que tomó el nombre de Jeshuat Israel por un arrendamiento anual de un dólar.

Joshua Nemtzow llegó a la ciudad con sus padres en 1918 a la edad de un año.

A la edad de 97, Nemtzow recuerda cómo durantes los años 20 y 30 la mayor parte de losjudíos vivían cerca del centro de la ciudad lejos de Broadway, en las avenidas Burnside y Kingston. En gran medida eran mercaderes, que tenían tiendas de víveres o negocios del ramo.

El padre de Nemtzow, Harry, era dueño de una tienda de heno y granos. Tras la gran depresión de los año 30, cuando muchos agricultores abandonaron la tierra, se mudó al ramo de la venta de muebles y posteriormente vendió pinturas.

Nemtzow calcula que en el período interbélico (1918-39) llegó a haber unas 200 familias judías en la ciudad, suficientes para mantener dos carnicerías kasher y otra sinagoga ortodoxa, más pequeña, llamada AhavasAchim, que se reunía en una sinagoga de ladrillos rojos a pocas cuadras de Touro.

Nemtzov sostiene que entre los fundadores de AhavasAchim estaban los de las generaciones más viejas, que miraban a Touro como una sinagoga «no lo suficientemente ortodoxa», debido a que el rabino de Jeshuat Israel pronunciaba sus sermones en inglés.

La comunidad judía continuó creciendo a lo largo de los años 40 y en los 50, cuando la armada norteamericana hizo de Newport su base para los cruceros destructores de la Flota Atlántica. La naval trajo cientos de familias a Newport, algunas de las cuales eran judías. Los barcos también muchas oportunidades navieras para aquellos negocios judíos como licorerías, venta de ropa, muebles e imprenta.

Phyllis Friedman, que llegó a Newport a finales de los años 40, recuerda que durante los 50 y los 60 era difícil asistir aTouro porque no había espacio allí para nadie más y porque no alcanzaban los asientos en la sección de mujeres.

En esos días, «el “rabino irlandés” Theodore Lewis guiaba la comunidad».

Alto e imponente, con un acento gaélico fuerte, Lewis era tan popular entre los católicos irlandeses del Batallón V de Newport como entre la comunidad judía de la ciudad.

Además de ser rabino, Lewis era el director de la floreciente Escuela Unidad Hebrea, de la que la sinagoga Touro era rectora.

Aunque es cierto que durante su apogeo, algunos de la generación más joven se mudaron a otras partes tras culminar la universidad, no fue sino hasta 1973, cuando el presidente Richard Nixon decidió mudar de Newport la base de los cruceros destructores, que se acabaron definitivamente las oportunidades para los jóvenes judíos más ambiciosos.

De la noche a la mañana, el dinamo principal de la economía de Newport se había ido.

Durante las décadas siguientes, la ciudad hizo mucho hincapié en el turismo, que era una fuente de empleo mal pagada y por temporadas.

Para empeorar las cosas, la ubicación envidiable de Newport como destino veraniego disparó los precios de los inmuebles, lo que encareció la vida le las familias trabajadoras.

El rabino Marc Jagolinzer celebró recientemente sus 40 años como líder espiritual de única sinagoga conservadora de Aquidneck, el Templo Shalom. Su kehilá está ubicada a unos cinco kilómetros de Newport, en Middletown, un área que se popularizó entre los judíos hace unas décadas cuando se vieron imposibilitados de vivir en Newport.

En sus primeros años en Middletown, Jagolinzer duplicó y triplicó el tamaño de su comunidad, que llegó a un máximo de 195 famlias en 1990. En los últimos quince años ha observado un declive progresivo. Hoy tiene en su sinagogas unas cien familias, en su mayoría compuesta de gente mayor.

Jagolinzer dice que la salida de la armada no es la única culpable. Cree que al menos 300 familias judías quedan en la isla; pero, sencillamente la gran mayoría de ellos no asiste a las sinagogas, tal como lo hacían sus antepasados.

Esta situación ha afectado a las iglesias del sector. El padre John MacNulty, de la iglesia católica San Agustín, de Newport, considera que su feligresía ha disminuido de 750 familias hace veinte años a menos de 550 en estos días. «Muchas de estas están compuestas por viudas y viudos», explica MacNulty.  Él achaca el hecho al la falta de puestos de trabajo bien remunerados acompañada del aumento de los  bienes raíces, lo cual afecta a las familias trabajadoras. MacNulty dice que los precios de las propiedades se han elevado tanto que la mayoría de los compran son millonarios de Nueva York, Connecticut y Pensilvania que quieren una segunda vivienda.

El cambio demográfico se refleja en las escuelas públicas del distrito de Newport, que se ha visto reducido de 3 mil en 1998 a 2 mil alumnos en el presente.

«Los hijos de la gente que conforman la base familiar de esta comunidad se van a la universidad y no regresan jamás» cuenta JimGillis, columnista del periódico The Newport Daily News. Según él, hubo 114 graduandos del bachillerato de la ciudad. En los años 70, el número pudo haber alcanzado los 450.

La congregación Touro se negó a dar declaraciones públicas para esta entrevista, bajo la excusa del juicio que se está llevando a cabo en la corte. El juez de distrito John McConnel les pidió a ambos bandos que envíen expedientes postjudiciales. Ha previsto cerrar los alegatos el 20 de julio.

Asistí a los servicios litúrgicos de Touro el viernes en la noche y el sábado en la mañana.

Cerca de quince personas fueron el viernes, entre las que se encontraban una pareja del Reino Unido que estaba de vacaciones en Newport y que querían tener la experiencia de ver un rezo en una sinagoga.

En los meses de verano, Touro tiene una gran cantidad de turistas que asisten a los rezos, así como muchos vacacionistas que desean continuar con sus obligaciones religiosas. En julio y agosto, Touro tiene un minyán diario cada mañana.

El sábado en la mañana que estuve en Newport, aproximadamente 80 personas fueron a rezar, la mayor parte de ellos forasteros que habían venido a una ceremonia nupcial, el aufruf, de una pareja de adultos que se casarían el fin de semana.

Quizás debamos decir que tampoco la novia ni el novio eran de la ciudad. Viven a 130 kilómetros en Newton, en el estado de Masachúsets, y como muchas otras parejas, escogieron Newport debido a su ubicación y a lo que representa casarse en la sinagoga Touro, puesto que este edificio ocupa la cima de una colina, así como también un faro viejo, con vista al mar.

Durante la ceremonia, la luz alumbraba a través de las ventanas en forma de arcos y una brisa marina se colaba por las puertas abiertas.

Tal como lo observó otro reportero de Forward, quien estuvo en la ciudad en 2009, las comunidades judías «se van y vienen de Newton como la marea». Aún con la desaparición lenta de esta última comunidad, la que más ha permanecido en la localidad al contar con 135 años, la vieja sinagoga levantada por los sefardíes hace 185 años ha de perdurar, lista para aceptar la próxima oleada de inmigrantes judíos, provengan de donde provengan.

Forward / eSefarad

Traducción: Natán Naé.

 

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