La magia de la jaquetía ¡WO POR TI, MI WENO!

David Benhamú Jiménez*

No en pocas ocasiones he escuchado en las calles de Israel hablar o hacer referencia al ladino o al español mezclado con ladino que muchos israelíes aprendieron de sus padres y abuelos y han completado a veces con cursos de español. De hecho es cierto, el acento ladino es característico y fácilmente reconocible cualquiera que sea su origen: Bulgaria, ex-Yugoslavia, Grecia, Turquía, etc. Realmente se están refiriendo al yudeo-espanyol o yudezmo oriental. Su tonalidad, folclore y literatura son espectaculares y en Israel hay importantes expertos en la materia que están dedicado su vida a estudiar esta forma de hablar y todos los aspectos de su cultura

Pero, por varias razones, es menos conocido el judeoespañol occidental o jaquetía, correspondiente al de aquellos judíos que en su expulsión de España en 1492 se instalaron en el norte de Marruecos y noroeste de Argelia y siguieron utilizando el español de la Edad Media, que fue impregnándose y fusionándose con las lenguas locales. Ya de por sí el español venía de España con hebraísmos, por ser la lengua de los judíos.

Cuando España se estableció a finales del siglo XIX en Marruecos, cuentan que los soldados se sorprendieron al escuchar a los marroquíes hablar en el español de Cervantes. Sin embargo, los políticos y burgueses espa- ñoles sí que eran conscientes de la existencia de esta población judía, ya que dicha población se dedicaba al comercio con España, o formaban parte de la representación diplomá- tica marroquí en España y Portugal aprovechando el conocimiento del español y de su cultura. Del mismo modo, algunos poetas y escritores, los sefardistas, fueron conscientes de la expulsión y de esta presencia de judíos tanto en Europa del este como en Marruecos.

Tras esta llegada de los judíos a Marruecos en el siglo XV y a pesar del mal que les causó la expulsión de los Reyes Católicos, estos nunca dejaron de sentirse españoles, por lo que no dudaron en reafirmar sus lazos con el que en su momento fue su país, España. No le dieron la espalda ni a su idioma, ni a su cultura ni a su forma de pensar o de desarrollar sus vidas. En este sentido, la entrada mencionada de España en Marruecos en el siglo XIX hizo que la jaquetía sufriera un gran golpe, ya que los propios judíos la veían como un elemento cultural más bien de clase baja y cercano a Marruecos del cual se tenían que deshacer si querían volver a ser «auténticos» españoles. Tenían que hablar el español del «verdadero» y dejar atrás ese español sucio y magrebí del exilio. Sin embargo, en el día a día los judíos de la zona de todas las clases sociales seguían utilizando la lengua en el ámbito familiar y de la comunidad para expresar algunas realidades inexistentes en español, aunque eso sí, cada vez con menos frecuencia y con más mutaciones lingüísticas.

A mediados del siglo XX, la gran comunidad de judíos sefardíes que rondaba los 300 mil comenzó a emigrar a Caracas, la península española (sobre todo Málaga y Madrid), Francia, Canadá, Brasil y otros lugares, y en menor número a Israel, lo que hizo que la representación de la jaquetía en la tierra prometida fuese menor. En este sentido, cabe diferenciar que no todos los judíos de origen marroquí afincados en Israel son sefardíes como a veces se cree erróneamente. Estos ciudadanos provienen del centro y sur del reino magrebí y hablan francés y árabe. Al contrario, los sefardíes marroquíes son los del norte de Marruecos o con su origen en la zona, hablantes de español y de la jaquetía que queda.

Los motivos que llevaron a los sefardíes a partir de Marruecos fueron varios, entre ellos, el sueño americano, y para los que se marcharon a Israel, el sionismo y el miedo a posibles represalias por parte de los marroquíes musulmanes como consecuencia de la fundación del nuevo Estado judío en 1948, en especial tras la independencia de Marruecos en la década de los 50, en el que las potencias europeas salieron del continente africano.

No obstante, España continuó conservando y hasta la fecha, sus dos preciados enclaves en África, Ceuta y Melilla, que nunca fueron consideradas colonias, sino parte del territorio español y que a pesar de ello, han sido reclamadas por Marruecos no en pocas ocasiones. Ceuta y Melilla son las dos únicas comunidades judías en la actualidad en el norte de África que siguen plenamente activas y con una tasa de natalidad considerable. Sin embargo, estos años de fuerte crisis económica en España donde, además, se ha producido un refuerzo de la identidad judía debido al factor antisemita en Europa, muchos miembros de estas comunidades y de las comunidades españolas, en especial los jóvenes, han abandonado sus ciudades con destino a Israel, Francia, Gibraltar, y la propia península ibérica que a veces es meramente un puente hacia otro tercer destino para aquellos provenientes de Ceuta y Melilla.

Al contrario que en la anterior emigración sefardí hispanomarroquí, ahora Israel aparece como la primera opción. Estos sefardíes optan por toda la geografía israelí. En los 50 se asentaron en ciudades como Bet Shean, Tiberias, Ashdod y Beersheva y en la actualidad, además de en las ciudades mencionadas podemos encontrar sefardíes hispanomarroquíes en Jerusalén y en el área metropolitana de Tel Aviv.

Historia de la jaquetía

El número de hablantes es muy reducido, sobre todo si tomamos en cuenta que muchos de ellos no hablan lo que se podría considerar una jaquetía pura, sino una adaptación natural a los nuevos tiempos. Aunque no existe la real academia del jaquetía, ni un estándar definido, los principales referentes se encuentran en la zona de Tetuán y Tánger. La mayoría de los autores clásicos, diccionarios y hablantes en el extranjero provienen de esta región que se extendía también a Alcazalquivir, Larache y Arcila y por el este a Chefchauen. Todavía quedan en el mundo hablantes que podríamos considerar casi normativos, unos 50, entre Málaga,

Madrid, Caracas, Ceuta, Melilla, Montreal, Nueva York e Israel. Estos hablantes conocen siempre a la perfección un segundo idioma que es el español, y a veces un tercero y muchos de ellos no utilizan la jaquetía para nada, a veces con un poco de suerte con sus padres, cónyuge, hermano o amigos del pasado.

En Israel en los años de su fundación se utilizó una política lingüística agresiva para implantar el hebreo como el idioma del nuevo estado, por lo que es incluso más difícil encontrar a hablantes. No obstante, en los últimos 20 años con el hebreo consolidado como lengua materna de la mayoría de los israelíes se está potenciando tanto en universidades como en instituciones culturales, la recuperación de las raíces del pueblo judío, independientemente del origen. El estudio a lo largo de las generaciones que siguen vivas y de las que se puede todavía obtener información de primera mano. En Israel son muy conscientes y ya el doctor Yaakov Bentolila se ha dedicado toda la vida al estudio de la jaquetía. En estos momentos por ejemplo, se ha publicado el maravilloso, bien documentado y divertido libro de la Dra. Pinto Abecasís El pavo, el planchado y la media, sobre los motes, el humor y el folclore en el habla cotidiana de los judíos de Tetuán hablantes de jaquetía

Asimismo, existen una gran cantidad de hablantes repartidos también por todo el mundo, entre los que me encuentro, unos 5 milm que tienen una comprensión completa del idioma y que de forma activa siguen utilizando o podrían seguir utilizando la jaquetía; pero que necesitan obligatoriamente en mayor o menor medida el español como lengua de apoyo porque nos faltan muchas estructuras, sobre todo en contextos formales. Muchos de estos hablantes ni siquiera son conscientes de esta realidad ni saben qué es jaquetía. Eso es lo que me sucedió a mí cuando llegué a la Oficina en Tel Aviv y una compañera venezolana entre dientes dijo que la impresora estaba «jasleada» –no funcionaba/atascada–. Sin embargo, hasta que no fui analizando mi entorno y descubriendo que solo ciertos hablantes del mismo entendían o usaban una forma similar de expresarnos no comprendí que quizás se podría tratar de los restos de un idioma de casi 400 años de antigüedad o más. En mi caso, provengo de la ciudad de Melilla, la ciudad más alejada del foco de influencia de la jaquetía pero donde se produjo una histórica llegada de judíos de Tetuán. Esta lejanía y aislamiento consiguieron que hasta la actualidad, los niños pequeños sigan utilizando expresiones, giros, y frases enteras en jaquetía de manera espontánea y habitual. Por su puesto debido a la evolución del lenguaje y del mismo modo a un grupo de toshavim (judíos marroquíes anteriores a los sefardíes) que provino del campo y de las cabilas marroquíes a Melilla se han producido interesantes fenómenos lingüísticos en esta forma de hablar como por ejemplo su combinación constante con el beréber, hebreo y el árabe marroquí, formación de nuevas palabras, cambios de género, etc.

Hoy en día, todavía podéis acercaros a ciertos lugares, comunidades o individuos que os permitirán estar en contacto con este idioma o sus restos y la cultura sefardí. No obstante, debido a que se considera una forma de expresarse familiar y ajena al otro, al extraño, sus miembros suelen preferir que se mantenga en privado, a no ser que sea en ciertos contextos educativos muy explícitos; pero, nunca de manera pública o con fines lucrativos o comerciales.

No podemos ir contra la evolución, y por ello no tenemos que aguantar la muerte de la lengua, pero sí asegurarnos que dejamos todos los cabos bien atados para que pueda ser estudiada por futuras generaciones.