La comunidad judía y SU CEMENTERIO EN BARCELONA (Anzoátegui)

José Hurtado Moy

Especial para Maguén – Escudo
Cuando recorremos las calles de nuestra Barcelona nos encontramos edificaciones antiguas, muy significativas según lo que escuchamos de otros, pero por lo general y gracias a la poca información que sobre estos lugares que deberían ser icónicos de la ciudad no encontramos nada o muy escaso material sobre la historia de los mismos, y muchas veces quedamos como turistas ante gente que nos visita y desea saber más información de nuestra historia de lo que nosotros mismos podemos ofrecer y realmente apenas cuando demostramos nuestro desconocimiento en torno al caso.
Ahora bien en este capítulo de nuestra Barcelona trataré de mostrar a ustedes, amigos lectores, un pedacito de nuestro ayer de lo que podemos presumir y sentirnos parte de nuestra Barcelona. Hablaremos del antiguo cementerio de los judíos ubicado en la calle hoy conocida como Juncal, del barrio Cayaurima de Barcelona.
Es por ello que en este humilde trabajo nos permitimos presentar a ustedes la génesis o los pioneros de la comunidad judía que llegó a nuestras tierras dejando aquí una semilla aún viva en nuestra Barcelona, la cual podríamos identificar en apellidos como Morón, De Lima, Valencia, Henríquez o Baiz entre otros no menos connotados apellidos sefarditas radicados en la urbe. Quizá cuando caminamos o pasamos por la calle Juncal del barrio Cayaurima y encontramos una poco usual construcción y escuchamos decir: «Es el cementerio de los judíos», y nos preguntamos: ¿y eso por qué? ¿Desde cuando está allí en pleno centro, prácticamente? ¿En que se diferencia del cementerio Municipal de Barcelona?
Bien, trataré de sintetizar parte de esta interesante e importante historia y colocaremos entonces una moneda en nuestra máquina del tiempo y nos trasladaremos al siglo XIX.
Cruzar la década de los años veinte en su postrimería cuando la depresión económica arruinó en la isla de Curazao a los dueños de plantaciones por causas de plagas, sequía entre otras y al abrir la tercera década del siglo XIX recae sobre la isla la epidemia de la viruela lo que fue la causa de lo cual muchas familias judías emigraron hacia otras islas del Caribe y Sur América; muchas de ellas partieron hacia Coro en Venezuela y a Barranquilla, Río Hacha, Puerto Plata, Cartagena y Santa Marta de Colombia, también a Santo Domingo, Puerto Rico. En nuestro territorio también emigraron a Puerto Cabello, Valencia, Barcelona, Maracaibo y Caracas.
Los judíos curazoleños inicialmente se asentaron en diversas partes de Venezuela y la mayoría eligió la ciudad de Coro donde ya desde 1832 estaban instaladas algunas familias, aunque se dice que la creencia popular venezolana dice que por el año de 1693 ya había existido en Tucacas en el Estado Falcón una comunidad judía llamada «Santa Irmandade».
Decidieron asentarse en Venezuela debido a que sintieron seguridad la cual se las otorgaba el decreto del 22 de agosto de 1821 en el cual se abolió el Tribunal de la Inquisición, también llamado «del Santo Oficio» estableciéndose en el artículo 11 del Decreto de Libertad de Cultos. Esto brindó garantías a esta comunidad y que según se dice en la historia popular contada de boca a oído que una pequeña comunidad sobrevivió varios años a pesar de la actitud vigilante del referido tribunal eclesiástico, luego la Constitución Nacional de 1830 garantiza el respeto y la libertad de cultos religiosos para los ciudadanos, lo que abrió las puertas para que esta noble comunidad sintiera esta tierra como suya, pues le brindaba paz, estabilidad y la libertad de cumplir con su vocación religiosa libremente, situación que generó la construcción de sinagoga y cementerio comenzando en por la comunidad con mayor número de colonos pioneros, la cual era de la establecida en Coro, según un censo nacional tomado en el final del siglo XIX, solo 247 judíos vivieron en Venezuela como ciudadanos para 1891. En 1907, se creó la Sociedad de Beneficencia Israelita, que cambió en 1919 su nombre a Asociación Israelita de Venezuela, como organización para aglutinar a todos los judíos que se fueron dispersando a lo largo de varias ciudades y pueblos del país.
En Barcelona los judíos sefardíes llegaron en 1844 aproximadamente esta comunidad estaba conformada por algunas familias pioneras dedicadas al comercio, entre sus líderes podía mencionarse a los ciudadanos Abraham Henríquez Morón e Isaac Valencia, quien para el año de 1855 y aun hasta el año de 1862 se desempeñó como vicecónsul holandés. También este señor Isaac Valencia fue Venerable Maestro de la Logia Masónica Protectora de las Virtudes Número 1 teniendo para el año de 1862 el grado 32, este último de los mencionados ciudadanos fue muy activo en su comunidad, asistía en los oficios religiosos al señor Moisés Salés, quien también era cantante, pero la sombra de la muerte tocó a su puerta robándole la vida de su esposa, siendo esta una tragedia no solo para el señor Isaac Valencia, sino para toda su comunidad, ya que no poseían en la urbe un BetHaim (cementerio) para su comunidad por lo que este ciudadano debió salir de Barcelona con el cuerpo de su esposa para darle sepultura en la isla de Santo Tomás (colonia danesa para entonces), situación esta que conmovió a toda la comunidad, por lo que casi de inmediato se conformaron en la Sociedad Benéfica-Israelita y escogieron como presidente al señor Abraham Valencia, que de inmediato ofició buscando aportes económicos a la comunidad judía de Curazao, la cual responde aportando 50 florines. También la Comunidad Judeo-Reformista aportó para tal fin 112 florines. Los miembros de la comunidad paralelamente vendían agua, hierbas, hortalizas a fin de reunir dinero para la construcción de su BetHaim, por lo que el señor Valencia, prevalido de la seguridad jurídica y la libertad de cultos religiosos que brindaba la República y exponiendo la tragedia recién suscitada con la muerte de la esposa del ciudadano Isaac Valencia, en la cual por no tener un lugar acorde con sus creencias religiosas, debió salir hasta Santo Tomás a darle sepultura, por lo que solicitó ante el ilustre Concejo Municipal que se le vendiera un lote de terreno para la construcción de un cementerio para su comunidad.
Ante tal solicitud, la Corporación de Gobierno Municipal acordó lo siguiente: «Visto el informe de la Comisión nombrada por esta Corporación para demarcar el lugar más apropósito para construir el cementerio, concédale veinticinco metros de frente por otros tantos de fondo en el punto Los Dos Caminos, hacia el poniente de la ciudad, particípesele al ciudadano Abraham Valencia esta resolución, expidiéndose copia de todo lo actuado y archívese el original de conformidad con la Ley de la materia; firman: Manuel Plácido Silva (Presidente) y Diego Torres (Secretario)».
Es así como aquella gestión del señor Abraham Valencia logró esta comunidad obtener del concejo municipal el terreno aquel 2 de diciembre de 1875, para esta fecha los aportes recibidos y lo que como comunidad habían ahorrado con actividades como la venta de agua, de legumbres y los aportes de cada familia que sentían el deber de tener este necrópolis en el cual pudiesen enterrar a los suyos, ya que habían decidido sembrar raíces en esta tierra con el paso del tiempo esta no tan numerosa comunidad, que no sintió rechazo de los lugareños, que los recibió como suyos en este terruño, y quizás derivado de esto se dio un progresivo sentimiento de asimilación a la sociedad barcelonesa, por lo que el grueso de los residentes judíos llegados de Curazao fueron abandonando sus prácticas religiosas y hábitos culturales, dándose además uniones mixtas que contribuyeron a acelerar el proceso de cambio cultural.
En este BetHaim que comenzó a construirse en 1876 en aquel lote de tierra que otorgara el concejo municipal han sido sepultados los restos mortales de los pioneros de la comunidad judía sefardí de la isla holandesa de Curazao que llegaron a esta ciudad de Barcelona y allí se encuentran sus mausoleos entre ellos podemos mencionar a Rebeca Baiz de Morón (1891), David de Lima Valencia, Ignacio Baiz de Blaine 1911, Levy Baiz, Ignacio de Lima, Jacob Morón, Adolfo Baiz, las señoras Neneta y Rebeca Baiz 1906 , Abhigail Morón, Isaac Ignacio de Lima Valencia, Edoardo Morón, las más recientes lapidas pertenecen a Esther C. de Morón 1975 y Saúl Morón de 1985. Existen otros panteones y mausoleos cuyas lápidas no existen, pero se puede percibir la antigüedad de las mismas lo que indica que deben pertenecer a algunos de los pioneros llegados a estas tierras. Este cementerio judío es el segundo construido en Venezuela.
Esta comunidad, con el paso de los años, se integró completamente con nuestros connacionales asumiendo la mayoría de estos nuestras costumbres e integrándose por completo sin olvidar sus raíces y la huella que han dejado en nuestra historia, dejándonos un interesante legado histórico, amén de hombres que han aportado inmensamente a nuestro desarrollo en el mundo de las de la belleza, artes gráficas, de la música, de la literatura y de la política y entre ellos podemos mencionar a los fotógrafos Moisés y David de Lima, Jacob Jesurum, músico y maestro consagrado, destacado en esta área del cual se tienen noticias sobre su desempeño en Aragua de Barcelona; Enrique Pérez Valencia, autor de la letra del himno del Estado Anzoátegui; Susana Duijm (hija de Abraham Duijm nacida en Aragua de Barcelona) Miss Mundo 1958; don Salomón de Lima, destacado investigador y cronista barcelonés, que dejó un importante legado en sus publicaciones además de su creación «El Museo La Tradición» hoy Museo Anzoátegui. De esta estirpe de descendientes hemos tenido en nuestro terruño a concejales entre ellos Simón Morón; un gobernador, David de Lima Salas; Oscar Morón, poeta y hombre de medios, entre otros connotados ciudadanos de origen judío que han aportado su granito de arena en el desarrollo de nuestra Barcelona y de nuestro Estado Anzoátegui.
Cerrando estas líneas donde tratamos de sintetizar la historia del cementerio de los judíos de Barcelona y de parte de la historia y la integración de esta comunidad a nuestro pueblo como tal, podemos decir que aún está allí como testigo incólume erguido en el mismo lugar que le escogieron los miembros del concejo municipal aquel 2 de diciembre de 1875 cuando le notificaron el ciudadano Abraham Valencia la ubicación en aquel sector entonces conocido como Los Dos Caminos, hoy calle Juncal del barrio Cayaurima, esta edificación un poco maltratada físicamente que ha sufrido los avatares del tiempo, el ultraje de quienes, por vandalismo más que por otras razones de índole xenofóbico, lo han profanado robando en la entrada sus símbolos y letras colocadas allí en la última restauración lograda tras la gestión del exgobernador David de Lima Salas, quien intervino con la Asociación Israelita de Venezuela y logró la vista del rabino PynchasBrener y Salomón Cohén, quienes junto el doctor Manuel Vicente de Lima, su hijo Salomón de Lima y otro grupo de importantes personalidades visitaron este BetHaim (cementerio) y realizaran dicha restauración externa e interna.
Este camposanto es declarado por el Instituto de Patrimonio Cultural de Venezuela «bien de interés cultural», según el censo realizado por este ente de poder público y recogido gráficamente en el catálogo publicado en el cual se recoge los registros de los bienes de interés cultural de los municipios Bolívar, Urbaneja y Sotillo.