Homenajean a MAGUÉN en Argentina

Reconocen también a Aki Yerushalayim

En el marco de la inauguración del III Simposio Internacional de Estudios Sefardíes, de CIDICSEF, , 31 de octubre en Buenos Aires, se reconoció como un triunfo el número 150 de la revista del CESC. He aquí lo que se dijo en el acto.

La Universidad Maimónides y el CIDiCSef, Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí distinguen con un premio a la revista Maguén – Escudo de Venezuela.

Moisés Garzon Serfaty, fundador del Centro de Estudios Sefardíes de Venezuela, desarrolló una brillante trayectoria en el ámbito comunitario y cumple un claro objetivo al crear la revista Maguén – Escudo: acceder a los archivos de la memoria humana para rescatar del pasado la voz de los sefardíes.

Imagino que para sus fundadores, el destino de su publicación ha sido, ante todo, misterioso, considerando la palabra escrita como símbolo de sabiduría y poder, conocimiento y trasmisión.

Podemos pensar, si remontamos nuestros recuerdos, que aprender a leer tiene algo de iniciación, de rito de paso que deja atrás un estado de dependencia y de comunicación rudimentaria. Con la lectura de Maguén se ingresa a la memoria comunitaria, se familiariza con un pasado común que se renueva, con mayor o menor grado, en cada lectura sobre aquellos que acataron el Edicto de expulsión decretado en España por los Reyes Católicos en 1492, y continuaron profesando su fe y conservando su cultura, concepto destacado en las palabras de Beinart cuando dice que el judaísmo sefardí constituyó en la historia un fenómeno único, «un judaísmo español fuera de España».

El significado de los textos en Maguén se amplía de acuerdo con la capacidad y los deseos del lector, que puede transformar las palabras en un mensaje, enriquecer el texto, recreándolo en el acto de darle existencia.

La habilidad de su director para mantener activa la revista en 150 números se advierte en cada publicación, el conjunto se convierte en un conjunto de signos vivos, elocuentes en su capacidad de informar, de difundir, de enseñar la historia, literatura y costumbres de los sefardíes.

Moisés Garzon Serfaty, durante sus treinta y nueve años de director y editor de Maguén, descubrió una comunidad mundial de lectores que, en diferentes circunstancias, individuales y distantes, se reconocieron compartiendo el interés y la experiencia del contenido de sus escritos y el de sus colaboradores permanentes.

150 números marcan un hito en la vida de esta revista y en la de su creador al nombrarla afectuosamente como «Su hijo de papel».
150 números representan el trabajo, el esfuerzo y el tesón de lo que puede un hombre cuando lo alienta un ideal, como lo siente Moisés Garzón, un ideal sionista y sefardí.
150 números de Maguén – Escudo forman un patrimonio que será referente imprescindible de consulta y un estímulo para las jóvenes generaciones que deseen investigar en temas de nuestra cultura.

Una publicación de gran nivel académico, que mantiene su estructura de contenidos bajo el lema «Al servicio del pueblo judío y de su cultura», secciones que se inician en la Editorial de su director, Testimonios para la Historia, Opinión, Crítica Literaria, Relatos, Crónicas, Personajes, Poesía, Culturales, ilustrada con emblemáticas fotografías y la descripción del modo de vida de las diferentes comunidades sefardíes del mundo, en la pluma de conocidos estudiosos e investigadores. 150 números de una publicación que creció, incorporando en su recorrido una gran red de colaboradores, muchos de ellos, inspirados en el entusiasmo de su director, descubriendo historias que de otro modo no se hubieran conocido. Distribuida periódicamente, para preservar, investigar y difundir la vida sefardí, son características para emular, aún en los tiempos más difíciles.

Su nuevo director, Néstor Luis Garrido así lo menciona al asumir el cargo, con el compromiso de honrar la trayectoria de Maguén – Escudo, la obra que hoy distingue con un premio a su trayectoria la Universidad Maimónides y CIDiCSef, Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí.

Carta de AGRADECIMIENTO de Moisés Garzón

Queridos amigos del CIDICSEF, compañeros con los que compartí y comparto ideales y anhelos, sueños y realizaciones.

Muchas gracias por este homenaje a Maguén-Escudo con motivo de haber publicado recientemente su número 150 (ya superado) y por la invitación a asistir al acto, lo que haría con sumo gusto si razones ajenas a mi voluntad no me lo impidieran.

Junto a mi agradecimiento, debo expresar mi admiración por el trabajo que cumple en el seno del CIDICSEF, muy dilectos amigos como Mario E. Cohén, José Menasce, Hélene Gutkowsky y su esposo Salomón Gutkowsky, Graciela Tevah de Ryba y su esposo León Ryba, María Cherro de Azar, Luis León, Liliana y Marcelo Benveniste, Cecilia Lértora Mendoza, Elisa Cohén de Chevonegura, José Mantel, Alberto Benchouan, Pablo Chami, Esther Cohén de Cohén, Félix Romano, Nissim Mayo,Oswaldo y Sergio Sultani, André Gategno y tantos otros que denodadamente, durante muchos años, se vienen entregando a la misión, pues así lo considero, de rescatar y difundir el acervo cultural de los judíos sefardíes, organizando conferencias, foros, exposiciones y publicando la extraordinaria revista Sefárdica. Una labor de mucha trascendencia llevada a cabo con capacidad, entusiasmo y responsabilidad.

Deseo sumarme al homenaje que también tributa el CIDICSEF a la prestigiosa revista Aki Yerushalayim que cumple 30 años y es dirigida por mi buen amigo Moshé Shaul, a quien felicito por sus logros y su tesonera labor.

Como fundador y director y editor de Maguén-Escudo, agradezco a los compañeros del Consejo Editorial y a cuantos desde su inicio hasta hoy han colaborado de diversas formas con la revista y han posibilitado su aparición y su superación. En estos años se han recibido colaboraciones escritas de importantes figuras de las letras, de la política, del quehacer comunitario y sionista, y del mundo de la cultura judía en general, así como de personalidades no judías nacionales y extranjeras del ámbito universitario y de otros campos, y colaboraciones económicas de instituciones y personas, con todo lo cual nos hemos sentido muy estimulados y honrados. Hemos recibido pedidos de suscripciones, de copias de muchos de nuestros artículos publicados, hemos recibido críticas y consejos a los que hemos dado cordial bienvenida. Se nos ha citado y se nos sigue citando en estos 39 años en libros y revistas de renombre, tanto de Venezuela como del exterior. Maguén-Escudo tiene un nombre, un buen nombre, una elevada reputación en los medios culturales, científicos, académicos y hasta en el hombre de la calle en nuestro país y en otros países de la diáspora. Maguén-Escudo llega a todos esos ámbitos y es solicitado desde ellos con avidez, con interés. Hemos recibido elogios, que nos ruborizan, desde los más doctos círculos y en innumerables publicaciones, cartas y reuniones. Esos elogios y toda esa colaboración tan estimulantes, hacen obligante la continuidad y la superación. Maguén y, por su intermedio, el CESC es fuente y recipiente de un nutrido intercambio de correspondencia, con pedidos, consultas, avisos, invitaciones, constituyendo un extraordinario y enriquecedor venero de nuevas relaciones, una tupida red de contactos, una experiencia insospechada y maravillosa. ¡Hasta con profesores universitarios de Japón y de la Federación Rusa mantenemos contacto!

A los que me han sustituido en la dirección de la revista, les toca continuar la tarea revivir la historia, escribir la historia que otros no escribieron, fortalecer las tradiciones, preservar, enriquecer y difundir esa rica cultura de los judíos de Sefarad y de otras ramas de nuestro pueblo. Estoy seguro de que lo harán.

Permitídme repetir aquí mis palabras en la oportunidad de la aparición del número 100 de Maguén-Escudo.

Al mirar retrospectivamente la obra cumplida, surge un colofón incontrovertible, Maguén-Escudo, no sólo ha demostrado unas inveteradas convicciones principistas, de amplitud, de especialización, de dinamismo, sino que también ha dejado constancia de una suprema fidelidad y de una sobresaliente perseverancia, de un fuerte arraigo a un marco de autenticidad, lejos de cualquier tentación desviacionista, apartado de seductoras tesis emergentes y, desde luego, distanciado de cuanto pueda significar acomodamiento oportunista. Ha sido como un anacoreta insistente, obsesionado en su credo.

Es por eso que en su camino, en lugar de evidenciar brincos, ha demostrado una constante profundización. Pienso que esas cualidades son las que le han permitido alcanzar sus propósitos y un encumbrado lugar, porque en su línea de revivir la historia, de preservar y difundir tradiciones, costumbres y variados rasgos de la cultura judía, con especial énfasis en la de los sefardíes, contribuyendo a su promoción y enriquecimiento, Maguén-Escudo ocupa un sitial de prestigio bien ganado y merecido, considerándose por algunos como la mejor revista en su género publicada en español. Espero que sepáis perdonar a un padre que alaba a su hijo.