EL SEFARDÍ DE LOS JUDÍOS desterrados en 1492 entra en la Academia Española

La RAE expresa su decisión de cuidar una lengua como el ladino, en peligro de extinción, por justicia histórica

JORGE S. CASILLAS

Hubo un tiempo en que los españoles aspirábamos la letra «h», diferenciábamos entre «s» sorda y «s» sonora y sabíamos si una palabra iba escrita con «b» o con «v» con afinar un poco el oído. Así era el español antes de la expulsión de los judíos, que al contrario que nosotros sí mantuvieron en el exilio estas señas de identidad fonética. Por esta razón, la Real Academia les rinde tributo con la incorporación de ocho académicos correspondientes, ocho expertos en judeoespañol que ahora trabajarán para mantener activa esta versión del castellano.

El pasado jueves, el pleno de la Academia eligió a estos especialistas(cuatro hombres y cuatro mujeres) como académicos correspondientes, que tienen unas funciones distintas a las de los académicos de número, pero que desarrollan trabajos de tipo académico. De esta forma, la RAE quiere «premiar» a la comunidad judía, que conservó con mimo las peculiaridades del castellano antiguo dando lugar al judeoespañol, una lengua que hoy está al borde de la desaparición. «Me parece muy importante, especialmente después de la decepción que me produce la ley de nacionalización de los sefardíes, en la que se les exige un examen de castellano», explica Aldina Quintana, que se enteró de su nombramiento por la llamada de ABC.

Castellanizados

«Los pocos hablantes de judeoespañol que quieren solicitar la nacionalidad española están siendo castellanizados», insiste Quintana, profesora Románicas y Estudios Latinoamericanos de la Universidad Hebrea de Jerusalén. «En una situación así el castellano se sobrepone sobre el judeoespañol. Es decir, que de hablar judeoespañol pasan a hablar una interlingua que no es ni judeoespañol ni castellano, sino una mezcla de los dos».

Con esta decisión, la Real Academia llega a tiempo de reivindicar un idioma que surgió a partir de 1492, cuando los judíos fueron expulsados de la península. Aquellos que salieron de España se llevaron consigo el castellano del siglo XV y lo fueron enriqueciendo con términos, sonidos y expresiones de los distintos países de acogida: Italia, Turquía, Alemania, el norte de África… Así hasta formar lo que hoy conocemos como judeoespañol.

¿Por qué los españoles del siglo XV y XVI no mantuvieron esa fonética que sí conservaron los judíos exiliados? Pues porque a lo largo del siglo XVI se produjo lo que los lingüistas llaman «transfonologización», es decir, un proceso por el cual los sonidos del castellano actual fueron sustituyendo a los sonidos del castellano antiguo. En un espacio relativamente corto de tiempo, los cristianos viejos y los judíos conversos –aquellos que aceptaron quedarse en España a condición de abrazar la fe católica– dejaron de aspirar la letra «h» y empezaron a pronunciar igual las letras «b» y «v» para dar lugar al castellano que ha llegado a nuestros días.

Canetti, Nobel judeoespañol

«Donde sí hubo una evolución distinta fue en aquellas comunidades sefardíes que se mezclaron con el árabe, el turco, las lenguas eslavas, el alemán… Y de ahí han salido grandes figuras como el Premio Nobel de Literatura EliasCanetti, que escribía sobre todo en alemán pero su apellido procedía de la italianización del apellido Cañete», explica a modo de anécdota Darío Villanueva, director de la Real Academia Española. «Él venía de los Cañete, que es una localidad de la provincia de Cuenca, pero su apellido se italianizó al pasar por Italia».

En efecto, Canetti era hijo de comerciantes sefardíes y nació en la actual Bulgaria. Sin embargo, tras la muerte de su padre se marcharon a Viena, donde empezó a utilizar el alemán, idioma con el conseguiría la máxima distinción de las letras en el año 1981.

La incorporación por unanimidad (y en un proceso muy parecido al del resto de académicos) de estos ocho expertos es un guiño a los judíos sefardíes, a los que el gobierno concedió la doble nacionalidad el pasado verano. Con el tiempo, se ha ido reconociendo la influencia que tuvo la cultura judía en el desarrollo de España. «Hay un componente de tipo emocional, sentimental e incluso de justicia histórica –añade Darío Villanueva– porque ellos conservaron la lengua como un don precioso y fue lo único que se pudieron llevar de aquí».

«Pienso que el interés de la RAE representa un reconocimiento fundamental del valor de esa lengua», opina Laura Minervini, otra de las nuevas académicas correspondientes, profesora de la Universidad de Nápoles. «No creo que se puedan “saldar deudas” en perspectiva histórica, pero sí me parece importante que se considere el judeoespañol parte de la tradición lingüística hispánica».