EL KASHRUT, ¿POR QUÉ?

Rabino Isaac Cohén

En el siglo IV antes de la Era Común, Aristóteles comentó que tuvo una entrevista con un judío y que en su primer contacto con el judaísmo quedó muy impresionado por dos cualidades: Su filosofía digna de admirar y su muy estricta alimentación.
Hoy en día, 2 mil 400 años después de Aristóteles, la alimentación ritual del judío es algo muy conocido. Todos han oído hablar de la comida kasher. Cualquiera puede pedirla durante un viaje en avión.
La palabra kasher aparece en todos los buenos diccionarios, sin embargo sabemos muy poco del kashrut, ¿Por qué algunos alimentos se pueden consumir y otros no? ¿Cuál es este misterioso factor que hace que algunos animales o aves sean kasher (puros) y otros terefá (impuros)?
Pienso que el tema de las prohibiciones alimenticias es el que más ha suscitado explicaciones y justificaciones, desde Filón en el siglo I en Alejandría hasta hoy en día con los antropólogos. Siempre encontramos nuevas teorías que tratan de entender el sentido de esta larga lista de alimentos permitidos y prohibidos que tiene tanta importancia en la Torá y alrededor de los cuales gira la vida judía a lo largo de los siglos.
Primero los insectos, peces, aves y animales prohibidos. Después el sacrificio ritual de los animales con su manera, bien particular, de extraer la sangre. Además de que los alimentos cárnicos y lácticos no se pueden cocinar o comer juntos.
La Torá tampoco nos explica la razón de todas las prohibiciones, excepto la prohibición de la sangre: «Porque la vida de un viviente está en su sangre». (Levítico 17:11-12). Para todas las otras reglas de alimentación el único motivo que nos da es este: «Porque Yo soy el Di-os que los sacó de Egipto. Sé santo porque Yo soy santo». (Levítico 11:44-47).

La Santidad
Existen varios textos de la Torá que hablan del kashrut (Éxodo 22:30 – Deuteronomio 14:21): «Han de ser hombres santos; por lo mismo, no comerán la carne descuartizada por las fieras en el campo (…)». «No comerán ninguna cosa mortecina… porque eres tú un pueblo santo a Di-os». «No guisarás el cabrito en la leche de su madre».
Aparece claramente que el objetivo es lograr la santidad. Esto viene a refutar la teoría de muchos judíos modernos que estén en desacuerdo con esta manera de ver las cosas y piensan que estas leyes tenían sentido y validez en la antigüedad, mas hoy en día con los métodos modernos de matanza, la vigilancia continua del Estado y las precauciones sanitarias tomadas para la preparación de los alimentos, estas quedarían obsoletas.
El rabino Isaac Arama (1420-1494) en su libro Akedat Itzjak opina que la interpretación considerada por Maimónides, que el kashrut son reglas de higiene, ha sido refutada hace siglos. Las reglas alimenticias no son como algunos piensan, motivadas por consideraciones terapéuticas, ¡Di-os libre! Si esto fuera así la Torá sería solamente un simple tratado de medicina.
La idea de que «la comida forma la naturaleza» o según un adagio alemán: «El hombre es lo que come», nos remonta a Filón que escribía hace 2.000 años que el consumo de alimentos prohibidos podría afectar nuestra personalidad. Explicaba que las leyes alimenticias influyen a controlar nuestros deseos y no caer en el exceso. Además prohíbe el consumo de animales carnívoros y aves para enseñarnos la dulzura y la bondad.
Filón ve una explicación simbólica a la autorización que nos fue otorgada en consumir animales que son rumiantes y que tienen la pezuña hendida.
El hombre puede crecer en sabiduría, solamente si asimila lo que estudió y cuando aprende a preservar y a distinguir entre diferentes conceptos. (Filón – Leyes Alimenticias IV: 97).
Según una teoría más pragmática, las reglas alimenticias fueron dadas a los judíos para ser elevados espiritualmente. Si esta fuese la meta o no, en realidad, las leyes del kashrut jugaron un papel importante a nivel social en la preservación de la identidad judía y la lucha contra la asimilación. Hasta hoy en día ellas favorecen los encuentros entre judíos, bien sea en casa o de viaje. En todas partes, los restaurantes kasher son lugares donde los judíos se reúnen entre ellos, y donde pueden sentir un calor en un ambiente familiar en este mundo tan grande donde muchas veces se sienten extranjeros.
La elección esencial
Muchos grandes pensadores entre ellos el rabino Shimshón Rafael Hirsh Z´L, consideraban que la prohibición alimenticia es como un lenguaje simbólico hecho para hacernos entender de manera más concreta el concepto de la Santidad Divina, a la cual Israel se debe adherir.
La conclusión que se impone después de contemplar estos diferentes conceptos sobre el sentido de estas leyes, es que la Torá nos quiere inculcar el respeto por la vida. Para algunos es la principal lección del kashrut, según otros estas leyes son un compromiso del judaísmo con su ideal: alimentar sin matar, en otras palabras ser vegetariano.
Lo óptimo para la Torá sería que los humanos se alimenten solo de frutas y verduras y que no maten para comer.
En el Jardín del Edén, en su origen el hombre habría recibido la orden de ser vegetariano (Génesis 1:28-29). En la perspectiva utópica escatológica el profeta Isaías (11:7) describe un mundo donde todas las criaturas serían vegetarianas. La Torá no ve con buenos ojos el consumo de carne, considerándola como un «deseo» incontrolable. La Torá no instauró el vegetarianismo, pero instituyó en su lugar el kashrut.
Según esta idea, las leyes del kashrut vienen a enseñarnos que, a priori, el judío debería adoptar una dieta vegetariana.
Si a pesar de todo no puede evitar su «deseo» de carne, debe comer kasher para recordar que el animal que está comiendo fue creado por Di-os y que la vida de este no puede ser suprimida a la ligera, que cazar como deporte está prohibido, que no podemos tratar ningún ser viviente con insensibilidad y que somos responsables del destino de otros seres humanos, animales, aunque no hayamos tenido contacto personal con ellos.