El juego renacentista de EL PERAL DE LAS PERAS en la tradición sefardí de Rodas (extracto)

Entre los chascarrillos y diversio-nes que reunió Luis de Pinedo en un curioso manuscrito del siglo XVI titulado Liber facetiarum et similitudinum de Luduvici de Pinedo et amicorum, figura el siguiente chiste de contenido pícaro e irreverente:

Cuentan que cerca de Plascentia está un monesterio al qual llaman Perales. Las monjas del no tenian buena fama. Paso el Dean de Plascentia y scribio en la pared: –Este peral tiene peras: cuantos pasan comen dellas–. Scribieron debaxo las monjas: –Vos, vellaco, passastes y no las probastes–. Respondió el Dean: –En peras tan passadas no empleo yo mis quijadas–. Respondieron las monjas: –Nunca vimos te-xedor que no fuese dezidor.

Para comprender este chiste de Pinedo hace falta estar en antecedentes del doble sentido erótico que desde la cultura medieval y áurea ha tenido el disfrute de las peras del peral, así como de la fama de mentirosos y bellacos que por entonces arrastraban quienes tenían el oficio de tejedor o de sastre. Pero, lo que a nosotros nos interesa ahora recalcar es que en el chiste se alude también a un juego que debió gozar de bastante popularidad en el Siglo de Oro. Margit Frenk, que se ha ocupado de él en su monumental catálogo de la antigua lírica popular hispánica, apunta que lo conocía Rodrigo Caro, quien lo llamaba al caer, recordaba que «en la escuela jugábamos los muchachos» y lo describía como un entretenimiento de corro alrededor de un palo en el que se sujetaba un trozo de comida que era mordida poco a poco por los niños participantes, hasta que perdía el juego el que ya no podía seguir mordiéndolo y lo dejaba caer al suelo. Por la misma época era utilizado para fines «edificantes» por Alonso de Ledesma, en sus luegos de Noche Bvena mora-lizados a la vida de Christo, martirios de Santos,y reformación de costumbres… publicados en Madrid en 1611 y en seguida prohibidos por la Inquisición. La lectura moralizante que proponía este autor (dentro de la tradición tan al uso de aquella época de difundir cantares y juegos con un sentido a lo divino) jugaba con la comparación del palo con el árbol de la cruz que ofrecía su alimento a los hombres:

Este peral tiene peras {xe «Este peral tiene peras»},cuantos passan comen d’ ellas;ayudádmele a tener,que se me quiere caer,y a quien diere, que se lo tenga

A la cruzEs el árbol de la cruzun frutal sabroso y sano,cuya fruta es dios y hombre divino engerto y humano.Ya se puede comer della,que amor la tiene en el árboltan sazonada y maduraque es un palo regalado.Y pues no es árbol vedado,ve de su fruta cogiendo,que ella misma está diciendo «Ea, pecador, ¿qué esperas? Este peral tiene peras Si te viste en tu desgraciapor ser dios y por comer,comiéndolo puede ser,pues que darás dios por gracia.A todos se da de gracia,que por eso está plantadoen un monte sin cercado;y así, destas peras bellas cuantos pasan comen dellas. Este palo de la cruzserá, cuando tú te mueras,o báculo en que te arrimes,o palo para tu afrenta.Tómale ahora en tus manos,antes que a las de dios vengas;que será palo de ciegosi su justicia le adiestra.virgen, que estáis a su diestra,ayudádsela a tener,que se le quiere caer.Danos dios por gran regalosu cuerpo sagrado en pan, porque los hijos de Adán sepan del agua y del palo.Coma el hueso y huya el malo,que esto mismo nos declara el maná junto a la vara,porque el hombre se prevengay a quien diere, que se lo tenga

Existe además una versión insertada den-tro de un Baile curioso de Pedro de Brea pu-blicado en Barcelona en 1616, que da otra lectura a lo divino de este juego o de alguno muy relacionado con él, volviendo a comparar la inestabilidad de las posturas de los par-ticipantes con la de la vida humana («En este juego procuro / decir al más empinado, / que en ningún humano estado / no hay nadie que está seguro»). La variante que glosa reviste para nosotros menor interés, ya que sustituye las alusiones al peral por las de un pino:

Pino va, pino venga, {xe «Pino va, pino venga,»}a quien diere que se lo tenga No tengo noticias de que el juego de El peral de las peras {xe «El peral de las peras»}, que tanta popularidad debió de tener durante el siglo XVII, haya dejado huellas textuales en la actual tradición folclórica española, aunque sí sé de algunas diversiones cuya forma mímica se parece a la del juego descrito por Caro, y recreado poéticamente por Ledesma y por Brea8. Pero sí se ha conservado la canción, y con el rasgo conservador de la alusión al peral citado en varias de las versiones antiguas, en la tradi-ción sefardí de Oriente, en la que su ocasiona-lidad se ha desviado desde el folclore infantil hacia las funciones de acompañamiento en las bodas. Conozcamos ahora una versión inédita que fue recogida por Alberto Hemsi en Rodas en la década de 1930, y que ofrece varias curiosas peculiaridades: en primer lugar, su con-taminación con otro epitalamio tradicional en Oriente, el de Los augurios de la boda {xe «Los augurios de la boda»}. Y en segundo lugar, el desarrollo paralelístico que ha calcado, sobre el molde formal de la primera frase («De aquel peral / cortí una pera») una segunda que la amplía («De aquel savién / cortí un saviento»):

Oí cantar {xe «Oí cantar»}al páˇjaro en la rama:-Oí di’cirque casa la galana.

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»}que mos sea para bien.

Vestilda de oro {xe «Vestilda de oro»},calzalda de sedas;principio de año la traigo a mi me’sa.

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»}que mos sea para bien.

De aquel peral {xe «De aquel peral»}cortí una pera;de la gente honrada tomaría elmuera.

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»}que mos sea para bien.

De aquel savién {xe «Yo vengo a ver»}cortí un saviento;de la gente honrada tomaría yerno.

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»}que mos sea para bien.

Isaac Jack Lévy dio a conocer en 1959 otra versión procedente de Rodas que vuelve a mostrar las mismas contaminaciones que el texto anterior, además de mostrar una incli-nación similar a la ampliación paralelística que le hace aportar una nueva estrofa: «Di akel pilar / kortí un punˇcero»:

Venid, viréˇs {xe «Venid, viréˇs»}el páˇjaro en la rama.Venid, oidki kaza la galana.

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»}ke moz sea para bien.

Di akel peral {xe «Di akel peral»}kortí una pera.De la ˇgenti onradatomaría elmuera.

Estribillo

Venid, viréˇs {xe «venid, viréˇs»}il páˇjaro en la rama.Venid, sentidke kaza la galana.

Estribillo

Di akel pilar {xe «Di akel pilar»}kortí un punˇcero.De la ˇgenti onradatumaría yerno.

Estribillo

Venid, sentid {xe «Venid, sentid»}el páˇsaro en la rama.Oíd dezirke kaza la galana.

Estribillo

La siguiente es una versión, proceden-te también de Rodas y contaminada con Los augurios de la boda {xe «Los augurios de la boda»}, que pertenece al fondo documental del Proyecto Folklor de la Radiodifusión Israelí:

D’ aquel peral {xe «Yo vengo a ver»}cortí una pera.De la ˆgente honradatumaría ermuera.

Yo vengo a ver xe {«Yo vengo a ver»}que mos sea para bien.

Oyí cantar {xe «Oyi cantar»}el páˇjaro en la rama:–A.h, oyí decirque ca’sa la galana

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»}que mos sea para bien

La última versión sefardí que conozco procede también de Rodas. Esta vez está con-taminada con la canción de Los campos de la novia: {xe «Los campos de la novia»}:

Ahí, ahí, {xe «Ahí, ahí»}a los campos dengalíscasó la noviacon su chelibí

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»} que gocen y logreny tengan mucho bien.

Ahí, ahí, {xe «Ahí, ahí»}a los campos vedres,casó la noviacon todos sus parientes.

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»} que gocen y logreny tengan mucho bien.

D’ aquel peral {xe «D’ aquel peral»}corté yo una pera;de gente buenatomí yo ermuera

Yo vengo a ver {xe «Yo vengo a ver»} que gocen y logreny tengan mucho bien

El cotejo de los textos españoles de la época áurea con los de los sefardíes de Rodas vuelve a ofrecer una buena oportunidad de comprobación de lo que tantas veces se ha puesto de manifiesto al hablar de la tradición sefardí: la importancia de su ingrediente conservador de cantos viejos hispánicos prácticamente desapa-recidos de cualquier otro ámbito de esta tradición. Ingrediente que, por supuesto, no es el único que define a una tradición caracterizada por su eclecticismo y originalidad, y que, cuando se presenta, no lo hace revestido de formas puras y fosilizadas, sino filtrado por el tamiz lingüístico, poético e ideológico del mundo judío sefardí. De ello son buena prueba los cambios de diverso tipo sufridos por la antigua cantilena española en su lejano refugio del oriente mediterráneo: en lo léxico, al incorporar voces turcas o judeoespañolas como savién, saviento, o punchero; en lo formal al variar unas estructuras que solo mantienen algunos rasgos formulísticos y la asonancia poética de la antigua canción; y en lo funcional al convertir el viejo juego infantil en epitalamio propio de las bodas de Rodas

Puede que, entre todos estos cambios, merezca un subrayado especial, por su recurrencia y valor caracterizador de la poética del cancionero sefardí, el de la ampliación paralelística que ha desarrollado nuevas fórmulas a partir de la vieja traída de España:

Este peral tiene peras, {xe «Este peral tiene peras»}quantos passan comen d’ ellas.

(Ledesma)

De aquel peral {xe «De aquel peral»}cortí una pera;de la gente honradatomaría elmuera.

(Hemsi, PF y Weich-Shahak)

De aquel savién {xe «De akel savien»}cortí un saviento;de la gente honradatomaría yerno.

(Hemsi)

Di akel pilar {xe «Di akel pilar»} kortí un punˇcero. De la ˇgenti onrada tumaría yerno.

(Levy)

En fenómenos como este, repetidamente documentado en el cancionero sefardí, vuelve a hacerse visible la compleja personalidad, mezcla de herencia ancestral, de original recreación y de vena poética propia, que caracteriza a la poesía tradicional judeoespañola. Y que obliga a ampliar con los datos que aportan este puñado de versiones salidas de las ju-derías de Rodas el mapa de la geografía y de la evolución tradicional de esta vieja canción que inspiró a los autores satíricos y a los reli-giosos, a los ensayistas y a los dramaturgos de nuestro Siglo de Oro.