El drama de los desplazados Mizharíes

Es probable que a ustedes, al igual que a mí, les hayan venido a la mente las siguientes preguntas: ¿por qué muchos de nosotros no sabíamos nada o sabíamos tan poco de la tragedia que vivieron las comunidades judías en los países musulmanes, sobre todo a partir de la creación del Estado de Israel? ¿Por qué 61 años después de la existencia de Israel como Estado, el mundo conoce el drama de los refugiados palestinos y se conmueve con él; pero, ignora el de los judíos que fueron expulsados o debieron huir de sus países de origen en ese mismo tiempo?
Creo que las dos preguntas se complementan y sus respuestas también. Los expulsados y desplazados judíos que vivieron desde tiempos remotos –en algunos casos desde la era bíblica– en países de mayoría musulmana, lograron tener un nuevo hogar en Israel o bien se asentaron en países de Europa, América Latina, Estados Unidos o Canadá, gracias a familiares que les brindaron ayuda para llegar a esos lugares e iniciar una nueva vida. Al no constituir un grupo obligado a vivir en la miseria, en campamentos sin condiciones mínimas de salubridad y confort, y expuesto permanentemente a la compasión universal, resulta lógico que se desconocieran sus padecimientos. Ni Israel ni las comunidades judía de la Diáspora hicieron del drama de los más de 800 mil desplazados judíos de los países musulmanes, una tragedia para ser permanente exhibida sin límites en el espacio y el tiempo.

Hay además una razón que obliga a la autocrítica y es la ignorancia –y en muchos casos indiferencia– de las autoridades israelíes y de organizaciones judías internacionales, por el tema de los derechos de esos desplazados judíos orientales o mizrahim. En Nuevo Mundo Israelita aparecieron unas declaraciones del catedrático emérito de La Sorbona, Haim Vidal Sephiha, sobreviviente de Auschwitz, quien dice que casi la mitad de los judíos de origen sefardí que había en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial, unos 165 mil, fueron exterminados en varios campos de concentración. La primera vez que él estuvo de visita en Auschwitz para recordar el Holocausto, observó que no había ningún tipo de homenaje para el pueblo sefardí, algo que se consiguió el 24 de marzo del 2003 gracias a una petición firmada por más de veinte mil judíos de origen español.

Esta cifra es evidentemente menor que la de los askenazíes que sufrieron el mismo destino; pero, la catástrofe para el sefardismo puede medirse por la casi total desaparición de una comunidad tan pujante y de tantos logros como la de Salónica, en Grecia y las comunidades de la ex Yugoslavia y una parte de Bulgaria. Con el exterminio de sus integrantes, fue aniquilada también la rica cultura sefardí que se expresaba en judeoespañol.

Otra razón del desconocimiento al que nos venimos refiriendo, puede ser la incomunicación entre las diferentes comunidades judías del mundo antes de que existiera el Estado de Israel. Es factible creer que ni un ilustrado judío alemán y menos un campesino judío polaco o ucraniano, estuvieran enterados de la existencia de muy antiguas comunidades judías en Yemen, Irán, Irak, Libia, Egipto o Túnez.

Forzados a salir
Cuando buscaba algún material para preparar esta ponencia, supe que el 18 de enero de 1948, cuando aún no había sido creado el Estado de Israel, pero que ya la ONU había acordado la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, el presidente del Congreso Judío Mundial, el doctor Stephen Wise, apeló al Secretario de Estado de Estados Unidos, George Marshall, para expresarle lo siguiente: «Entre 800 mil y un millón de judíos de Oriente Medio y África, Palestina aparte, se encuentran en el mayor peligro de aniquilación a manos de musulmanes que son incitados a la guerra santa sobre la partición de Palestina… Los actos de violencia ya perpetrados, junto con los contemplados, están claramente dirigidos a la total aniquilación de los judíos, y constituyen genocidio, que según las resoluciones de la Asamblea General, es un Crimen contra la Humanidad».

Es obligante reconocer el enorme esfuerzo que significó para el Estado de Israel absorber a una buena parte de las comunidades judías expulsadas de países del Medio Oriente y del Norte de África, con sus distintas culturas y lenguas hasta lograr su total integración al resto de la sociedad israelí. Eso ocurrió en los inicios del Estado judío cuando éste distaba mucho de ser el país próspero y desarrollado que es hoy día, y su población sufría privaciones de distinta índole.

Los unos y los otros
Si uno revisa distintas páginas de Internet sobre el tema de los refugiados palestinos, se encuentra con una gran disparidad en el número de los supuestamente expulsados en 1948 al crearse el Estado de Israel. Algunas dicen que son tres millones, otras hablan de dos y medio, en ciertos casos se llega a cuatro. Lo cierto es que la población total de Palestina para la fecha en que se crea el Estado de Israel, en mayo de 1948, era según el último censo realizado por las autoridades británicas, de 2 millones 100 mil habitantes de los cuales un millón 450 mil eran árabes palestinos y 650 mil judíos y de otros credos. 61 años después la población de Israel es de 7 millones de habitantes de los cuales cinco millones son judíos, u millón 400 mil árabes y 360 mil de otros credos.

Si volvemos a los portales y páginas que tratan el tema de los refugiados palestinos, todos sin excepción plantean como solución a su problema, el retorno a los hogares de donde fueron desplazados en 1948. Para 1998 los autodenominados refugiados palestinos eran 7 millones 389 mil, se estima que en 2005 su número se habría elevado a 9 millones y medio y, según las proyecciones basadas en la tasa de natalidad que se ha mantenido hasta ahora, para 2025, la población de refugiados palestinos sería de 18 millones.

No vayamos tan lejos como el año 2025, basta con pensar lo que ocurriría si ahora mismo, en 2009, se hiciera realidad la aspiración de los nueve millones de palestinos que reclaman su derecho al retorno. Israel que fue creado por la Organización de Naciones Unidas en 1947 como un estado judío, dejaría de serlo.

Del Magreb hasta Persia
Una diferencia radical, que se agrega a las ya planteadas, entre las dos clases de refugiados: judíos originarios de países musulmanes y palestinos que fueron desplazados por la creación del Estado de Israel (o sus descendientes) es que los judíos fueron despojados de todos sus bienes y obligados a marcharse con la ropa que tenían puesta, dejando atrás sus viviendas, negocios y otras pertenencias. Ni ellos ni alguna organización que los represente y menos aún el gobierno de Israel que recibió a esos desplazados, han reclamado indemnizaciones a los países que vejaron, expoliaron y expulsaron a sus habitantes judíos.

Hubo algunas comunidades acosadas y perseguidas en países musulmanes, que no se mencionan en el documental, como es el caso de Marruecos. En junio de 1948, poco después la creación de Israel y en medio de la primera guerra araboisraelí, hubo revueltas antijudías en Oujda y Yerada, causando la muerte de 44 judíos. Entre 1948-1949, 18 mil judíos abandonaron el país con rumbo a Israel.

En 1948, vivían en Túnez aproximadamente 105 mil judíos. Después que Túnez se independizó de Francia en 1956, una serie de políticas antijudías condujeron a la emigración de esa comunidad. Alrededor de la mitad emigró a Israel y la otra mitad a Francia. Después de los ataques terroristas en 1967, la salida a ambos países se aceleró. También hubo ataques en 1982, 1985 y, más recientemente, en 2002, cuando una bomba en Yerba causó la muerte de veintiuna personas (la mayoría de ellos turistas alemanes) cerca de la sinagoga, en un atentado terrorista reivindicado por Al Qaeda. Hoy quedan en Túnez apenas mil 500 judíos.

En el caso de Siria, manifestantes en Alepo –en 1947– quemaron el barrio israelita de la ciudad y asesinaron a 75 personas. En 1948 había aproximadamente 30 mil judíos en Siria. El gobierno sirio impuso severas restricciones a la comunidad, en particular a su emigración. En las décadas siguientes muchos lograron escapar, ya que su difícil situación en Siria llamo la atención del mundo judío e hizo tomar conciencia de su situación. Después de la Conferencia de Palestino-Israelí de 1991 en Madrid, Estados Unidos ejerció presiones sobre el gobierno sirio para aliviar las restricciones, y en el Pésaj de 1992, el gobierno del presidente Asad comenzó a conceder visados de salida a los judíos, a condición de que no emigraran a Israel. La comunidad de Siria se ha exiliado, principalmente, a la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos y algunos han ido de allí a Israel.

En Argelia había 140 mil judíos con ciudadanía francesa desde 1870, casi todos huyeron después de la independencia en 1962. En su gran mayoría emigraron a Francia y el resto a Israel. Luego, durante la guerra civil en 1990, se desató una persecución contra todos los no musulmanes del país. La mayoría de los mil 300 judíos que aun vivían principalmente en Argel, emigraron. La sinagoga de esa ciudad fue abandonada después de 1994. Esos judíos eran los últimos representantes de los aproximadamente 10 mil que habían optado por permanecer allí en 1962.

En el Líbano había aproximadamente 20 mil judíos en 1948, vivían en Beirut y en aldeas cerca del Monte Líbano. La comunidad judía apoyó activamente la independencia del país, que estaba sometido al mandato francés después de la Segunda Guerra Mundial. Las actitudes negativas hacia los judíos se hicieron patentes después de 1948. En 1967 la comunidad fue especialmente afectada por la guerra civil. En 1971, Albert Elia, de 69 años de edad, secretario general de la comunidad judía libanesa, fue secuestrado en Beirut por agentes sirios y encarcelado bajo tortura en Damasco, junto a otros judíos sirios que habían intentado huir del país. Un llamamiento personal del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, el príncipe Sadruddin Agha Khan al presidente Hafez al Asad no logró la liberación de Elia. En la década de 1980, Hezbolá secuestró a varios empresarios judeolibaneses. Hoy quedan menos de cien israelitas en el Líbano. La mayoría de sus correligionarios emigró a los Estados Unidos, Canadá, Francia e Israel.

En agenda
En 2002 el Congreso Judío Mundial hizo un llamado a la Organización de Naciones Unidas: «Pongan a los refugiados judíos en su agenda» y abrió una página web para que estos refugiados denunciaran la confiscación de sus bienes en los países de donde fueron expulsados o debieron huir.
La declaración del CJM fue la siguiente: la Organización de las Naciones Unidas tiene que examinar con imparcialidad a los dos lados del problema de refugiados del Medio Oriente –árabes y judíos– si desea desempeñar un rol significativo para encontrar una solución al conflicto regional.

Maya Ben-Haim Rosen, representante del CJM ante la sede de la ONU en Ginebra, exhortó a la subcomisión para la Promoción y Protección de los Derechos Humanos, de la siguiente manera: «La verdad es el camino a la justicia y la paz. No habrá paz duradera ni coherente en el Medio Oriente sin que también se tenga en cuenta la crasa y sistemática violación de los derechos humanos de las comunidades judías en los países árabes».

El Congreso Judío Mundial presentó su testimonio al Alto Comisionado para los Refugiados, Rud Lubbers, aportando dos recientes estudios suyos sobre el tema: «Los judíos de Irak: un caso olvidado de limpieza étnica». También puso estos estudios en manos del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Bertrand Ramcharan, del Informante Especial sobre restitución de Viviendas y Propiedades en lo que se refiere al retorno de refugiados y de personas desplazadas en el ámbito interno; y de miembros de la Comisión para los Derechos Humanos.

En esa misma oportunidad, el doctor Avi Beker, secretario general del CJM declaró: «La verdad es que se produjeron dos problemas de refugiados en el Medio Oriente en los años que siguieron al nacimiento de Israel. Más fueron los judíos expulsados de los países árabes que las personas árabes que se marcharon de Israel. Se trató, en los hechos, de un intercambio de poblaciones (…) Pero, – agregó – los refugiados judíos fueron absorbidos por Israel, en tanto los otros fueron confinados, adrede, en campamentos de refugiados armados en los países árabes. Esos campamentos se transformaron en centros de actividad terrorista, perpetuando no solamente la miseria de sus habitantes, sino todo el conflicto del Medio Oriente en conjunto. Tal como Israel absorbió y reasentó a los refugiados judíos de la región, los estados árabes deben reasentar a los refugiados árabes, como un primer paso hacia la paz. Una solución equitativa, justa y realista al Mapa de Ruta, depende de una visión honesta y realista de la cuestión de los refugiados. Desentenderse de la mitad de la cuestión es incitar al desastre».

Finalmente, el doctor Beker exhortó: «La ONU debería inspirarse en la decisión adoptada por el Consejo de Europa y explorar opciones constructivas para la normalización de los refugiados palestinos».

El Congreso Judío Mundial ha sostenido en los últimos dos años, en Norteamérica y Europa, diez conferencias sobre los refugiados judíos oriundos de los países árabes y muchas otras están siendo planificadas.

El silencio no contribuye a la paz
El 1° de abril de 2008 la Cámara de Representantes estadounidense aprobó una resolución sin precedentes que reconoce como refugiados a los aproximadamente 850 mil judíos que, para salvar sus vidas, abandonaron sus casas y pertenencias huyendo de la persecución, la expulsión, los pogromos y las dictaduras de los países árabes. Este tema –generalmente ignorado y silenciado– constituye un eslabón fundamental a los fines de avanzar hacia una paz justa y duradera en el conflicto palestinoisraelí.

Quisiera concluir con el justo reconocimiento a las organizaciones judías internacionales, principalmente el Congreso Judío Mundial, que han colocado en lugar prioritario de la agenda de Israel y de esas organizaciones, el tema de los refugiados judíos de los países musulmanes, Sin embargo, a pesar de los datos tan ciertos y fácilmente comprobables sobre el número de judíos desplazados y no obstante la posibilidad de contabilizar los muchos millones de dólares de los bienes que les fueron confiscados; la propaganda árabe respaldada por la actitud de los partidos de izquierda en Europa y en América latina, hace muy difícil que el tema de los refugiados judíos logre despertar los sentimientos de compasión real o calculada, que se manifiestan ante el problema palestino.

En esa diferencia pesan no solamente la ya mencionada absorción de esos refugiados por parte de Israel, sino también los viejos y nunca desaparecidos prejuicios antisemitas que hoy se maquillan como antisionismo y que hacen de Israel el judío entre las naciones. Promover la ley del retorno para los palestinos, como lo hacen muchas de esas almas «compasivas» que abundan en el mundo actual, es decretar la desaparición de Israel como estado judío. Es lo mismo que procura el tirano iraní Majmud Ajmadineyad, aunque por otros métodos.

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