El derecho de nacimiento de los sefardíes a las CIUDADANÍAS ESPAÑOLA Y PORTUGUESA

¿Tenemos los sefaradim derecho a hablar por nosotros mismos?

Carlos Zarur

 

Yo, el sefardí

¿Alguna vez ha conocido un judío sefardí? ¿De veras? No estoy hablando de lo que llaman sefardíes políticos o los que aspiran serlo. Les hablo de un judío étnicamente sefardí que se identifique con orgullo y que viva de acuerdo con el estilo de vida judeoespañol.

 

Como académico de ese origen que está terminando su trabajo doctoral sobre los judíos sefardíes, estoy en la obligación de leer todo lo que se publique sobre el tema, y cada día paso al menos dos hora revisando boletines, periódicos y artículos sobre esta comunidad, su vida, cultura y diáspora. Últimamente, el tiempo que dedico a leer se ha acrecentado debido, en gran parte, a la cantidad de textos que se ha publicado sobre las leyes que se están discutiendo en España y Portugal, que les otorgarían la nacionalidad de esos países a esta parte del pueblo judío.

 

Mucho de lo que la gente sabe e identifica como parte de la judeidad lo obtuvieron de El violinista sobre el tejado y Yentl, o comiendo lox (fideos), bágueles o sopa de bolitas de matzá, o bailando Hava Naguila en una boda judía o en las celebraciones de bar mitzvá. Eso es judaísmo askenazí: el mismo pueblo, pero tribu diferente.

 

Tal vez haya oído hablar de nosotros por nuestra cocina aromática y llena de sabores, que trae esencias y gustos de España, Marruecos, Siria-Líbano, Egipto, Grecia, Turquía y muchos otros países. Pero, de ninguna manera la comida nos define, sino que es apenas un aspecto de nuestra cultura.

 

Si todavía no recuerda haber oído hablar de nosotros, usted no está solo.

 

Desafortunadamente, muchos artículos escritos por judíos que no son sefardíes han estado circulando por toda la Internet y en los periódicos, divulgando desinformación y confundiendo a los lectores. Cerca de 90% de lo que se dice de nosotros carece de sustancia sobre la vida y cultura sefardíes, la diáspora, el conocimiento de España y Portugal, sus gobiernos y burocracias, y los vericuetos de la mentalidad compleja del sefardí.

 

Ser sefardí solo puede ser explicado acertadamente por uno de los nuestros, criado en la tradición judía ibérica, cuya relación intrínseca con España y Portugal no pudo ser alterada después de 500 años.

 

Pintarnos con un solo pincel o color no funciona.

 

Un artículo reciente escrito por Josh Nathan-Kazis me llamó la atención. Se publicó en The Forward el 26 de enero de 2014, con el título My Spanish Inquisition, A Reporter Exercises His Right of Return. Can Sephardic Jews Go Home Again 500 Years After the Inquisition? (Mi inquisición española: un periodista ejerce su derecho al retorno. ¿Pueden los sefardíes volver a casa 500 años después de la Inquisición?).

 

El artículo contiene algunos aciertos; pero, también conlleva errores críticos de comprensión de lo que es la identidad sefardí y los aspectos que conciernen a la recuperación de  las ciudadanías española y portuguesa.

 

Sentí pena mientras leía el artículo de Josh. Soy un sefardí orgulloso y soy un educador comunitario reconocido como promotor de la tradición sefardí que respeta y reconoce el valor de las otras tradiciones judías. Tras publicar su trabajo, cientos de voces sefardíes de todo el mundo empezaron a manifestar su descontento y se quejaron del enfoque que él le dio al texto. Recibí docenas de llamadas telefónicas y mi buzón de correo electrónico se inundó de mensajes de gente que expresaba su incomodidad con su artículo que claramente reflejaba la comprensión limitad de Josh sobre la identidad e historia sefardíes. Y lo más importante, mis compañeros sefaradim sentían que él no estaba preparado para ser nuestra voz y para auténticamente representar los sentimientos colectivos de obtener los pasaportes de España o Portugal.

 

De hecho, a Josh le faltó expresar nuestra alegría, angustias y turbaciones en la lucha por volver a la Península Ibérica como ciudadanos.

 

Para empeorarlo aun más, Josh repite y publica en The Forward el 2 de junio de 2014 un nuevo artículo sobre la abdicación inesperada del rey español, don Juan Carlos, y asume allí otra vez el papel de vocero del pueblo sefardí, para cuestionar si el proyecto de ley que le garantiza la ciudadanía española a los sefaradim continuará tras la renuncia real. En ese artículo, Josh basa sus «predicciones» equivocadas en nada concreto sino su aversión aparente por España, tal como lo expresó en su primer texto. Él sugiere que tras la abdicación del rey, la revisión y la votación del proyecto se demorará debido a otros asuntos más importantes como la coronación del nuevo monarca, o debate público sobre la monarquía y la posibilidad de un régimen republicano. Josh obvia totalmente el compromiso con la causa sefardí que el nuevo rey español, don Felipe de Borbón, ha reiterado en diferentes ocasiones.

 

Su pobre conocimiento sobre la burocracia española y la monarquía sale a relucir de nuevo, como lo demostró el viernes 6 de junio de 2014 cuando el gobierno español emitió nueva información. La propuesta fue aprobada definitiva y unánimemente por el gabinete, y ahora, debe ir al senado y a las cortes para su aprobación.

 

La única información oficial y confiable sobre la propuesta se halla en la página oficial de la Federación de Comunidades Judías de España (www.fcje.org). Allí los lectores pueden encontrar los nuevos requerimientos para probar la descendencia o bagaje cultural sefardí o la identidad, según lo exige el gobierno español. (Sobre este proyecto se puede leer en la página 27, de este número de Maguén). Comentaré sobre estos criterios en las próximas partes de este artículo, y algunos de ellos van a generar algo de controversia.

 

Un elemento fundamental de la identidad sefardí es su nexo casi mítico con la Península Ibérica. Lo que España está ofreciendo no solo son pasaportes o nacionalidades, sino la consolidación de un derecho de nacimiento que nos fue arrebatado hace 522 años.

 

Estoy seguro de que si mi abuelo estuviera vivo, no se opondría a aceptar esta oferta. Él era un judío nacido en Estambul con generaciones tras generaciones de personas con una fuerte identidad española. Nunca dudó ni un segundo en presentarse como judeoespañol, en ladino, «so un yudió español», henchido de orgullo por su herencia.

 

Es por esto que para algunos como yo, con una fuerte identificación sefardí, estas propuestas –ambas, la española y la lusitana– tienen mucho sentido, mientras que para otros, los recuerdos amargos de la expulsión combinados con cuatrocientos años de persecución por parte de la Inquisición son aún muy vívidos y frescos en sus mentes. Pocos pueden recordar que la Inquisición española terminó oficialmente en 1823, mientras que el decreto de expulsión fue abolido apenas el 16 de diciembre de 1968.

 

«Nosotros los sefaradim no podemos olvidar lo que sucedió en España durante siglos, aunque en el último una pequeña comunidad judía se haya establecido en España, aún es un país donde el antisemitismo se siente regularmente en el ámbito público, donde la memoria judía parece utilizarse con fines turísticos y no por razones de una integración real con su componente histórico judío al discurso nacional» (Vanessa Paloma, musicóloga afamada, conferencista e intérprete de canciones judeoespañolas. Nacida en Atlanta, Estados Unidos, y residente en Casablanca, Marruecos).

 

El trato cruel a los conversos, las confiscaciones a los bienes y riquezas de los judíos y de los que abrazaban la fe cristiana, la expulsión masiva y la revocación de nuestros derechos ciudadanos son precisamente lo que España y Portugal están tratando de rectificar. Sin embargo, debido a una ignorancia ampliamente diseminada concerniente al judío, España no está libre de antisemitismo, que generalmente se expresa como un sentimiento antiisraelí. Por ejemplo, hace un tiempo, aproximadamente 18 mil trinos y mensajes en Facebook antisemitas y antiisraelíes fueron emitidos por españoles furiosos tras el triunfo del equipo de baloncesto Maccabi-Tel Aviv ante el Real Madrid. Inmediatamente después del incidente, las organizaciones judías hispanas pidieron a la Fiscalía investigar y tomar acciones contra los responsables de esos mensajes, mientras presentaban una queja oficial. Con un accionar justo y sin miedo, la comunidad judía española no dejará que estos incidentes antisemitas queden impunes para los perpetradores. «Quizá los países ibéricos están reconociendo finalmente el daño que no han causado. Pero, en mi opinión, ellos solo quieren más turismo y los euros que vienen con esto o con inversión judía. En lo particular, no tengo ningún interés en obtener el pasaporte de España ni el de Portugal; pero, tengo algunos amigos que quieren solicitarlo». Alain Biggio, ingeniero y escritor brasileño, nacido en El Cairo, Egipto.

 

Previo a la expulsión de España y un tiempo después, los judíos sefardíes representaban el 80% de la judería mundial. Hoy, solo alcanzamos apenas el 15%. Las conversiones forzosas, las expulsiones, la Inquisición y las guerras han hecho un mella terrible en nosotros; pero, nosotros los sefaradim portamos un alto peso de la responsabilidad por el hecho de que el resto del mundo judío no sepa mucho sobre nosotros y nuestras culturas (sí, en plural). Esto se debe principalmente al hecho desafortunado de que no éramos lo suficientemente fuertes para defender y proteger nuestro patrimonio cultural y religioso, además de algunos intereses externos.

 

Para mal nuestro, con frecuencia descubrimos organizaciones culturales y religiosas sefardíes, así como instituciones y escuelas –especialmente en Estados Unidos e Israel– dirigidas por judíos que no son de origen español y que aplican modelos ajenos, lo que trae como consecuencia la pérdida de identidad sefardí al asimilar modas foráneas.

 

Más del 80% de los jóvenes sefardíes tienen un conocimiento muy limitado de nuestra historia en España, Portugal, Italia, Turquía, Grecia, Siria y Marruecos. Irónicamente, saben muy bien los cuentos jasídicos, el impacto del Holocausto en las comunidades askenazíes (ignorando a la vez los hechos terribles de la Shoá en las comunidades judeoespañolas de Europa) y la historia moderna israelí.

 

Frecuentemente escuchamos en Brooklyn (estado de Nueva York) y en Deal (estado de Nueva Jersey, Estados Unidos) más y más chicos de origen sirio que utilizan vocablos del yidis cuando hablan inglés entre ellos, en vez de las palabras árabes que pertenecen a su cultura.

 

El ladino está casi extinto en las comunidades turcas y griegas de Washington, Portland, Nueva York, California y Florida. Me he topado con algunos programas académicos de enseñanza del ladino que los llevan personas no sefardíes, que literalmente tienen la osadía de corregir a los nativos en ese idioma, solo para demostrar su autoridad mientras ignoran que el ladino o yudezmo –como le decimos– tiene diversos acentos, influencias y dialectos.

 

Los israelíes de origen sefardí o mizrají que hablaban árabe fueron coaccionados social y culturalmente para que olvidaran su lengua materna. En consecuencia, las nuevas generaciones simplemente no la conocen, mientras que cientos de judíos askenazíes están aprendiendo el árabe, cuya demanda está aumentando en las universidades israelíes. Finalmente, un ejército de rabinos marroquíes de Jabad Lubávitch están salvando ahora a los judíos asimilados de todo el mundo. Todo ello pasa mientras algunos miles de judíos sefardíes reciben críticas por tener el deseo romántico de ser ciudadanos de España o Portugal, a la vez que nadie cuestiona el hecho de que Alemania les esté dando su pasaporte a los judíos de origen alemán. ¿A qué se deben las críticas? Los medios masivos anuncia que los judíos askenazíes pueden volver a Alemania, pero que es insoportable que unos cuantos miles de judíos sefardíes vuelvan a España      y Portugal?

 

Un poco de antropología no hace daño. ¿Quién es sefardí y quién no?

 

Esta es una pregunta muy sencilla que tiene respuestas igualmente simples, y que deberían quedarse así, a pesar de los esfuerzos recientes de algunos de hacerlas difíciles.

Un sefardí es una persona que desciende de los judíos que vivieron en España antes de la expulsión de 1492. Un sefardí es también alguien que desciende de judíos que vivieron en Portugal antes y después de la conversión masiva de 1497. Los exilios español y luso, y los refugiados de la Inquisición nos presentan dos realidades muy diferentes:

1.- Los judíos que permanecieron siendo tales y huyeron, y 2.- los que simularon una conversión al catolicismo y que practicaban el judaísmo en secreto. Estos dos grupos crearon la así llamada diáspora sefardí, tradicionalmente dividida en cuatro ramas:

 

1.- Los judíos sefardíes otomanos, que a su vez se dividen en las comunidades balcánicas (Turquía, Grecia, Bulgaria, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Serbia, Croacia, Eslovenia y Montenegro) y las comunidades levantinas (Siria, Líbano, Palestina y Egipto).

 

2.- Los judíos sefardíes de las comunidades de Noráfrica (Marruecos, Túnez, Argelia y Libia)

 

3.- La así llamada diáspora hispanoportuguesa, también llamada como sefardíes occidentales en Europa, el Caribe y América del Norte. A estas comunidades las establecieron exmarranos o conversos que volvieron a la práctica religiosa según la normativa sefardí en Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Holanda y Bélgica. Lamentablemente, fueron ampliamente exterminados en el Holocausto nazi, pero también decrecieron debido a la alta rata de asimilación entre ellos.

 

Con la excepción de Londres, Ámsterdam y algunas comunidades pequeñas en Italia y Francia, nada queda de este grupo que se consideró el más poderoso y rico del mundo judío. Las comunidades caribeñas están casi extinguidas, con dos excepciones: Curazao y Jamaica, donde hay comunidades pequeñas y muy asimiladas que luchan por la supervivencia. Finalmente, de las comunidades norteamericanas, solo queda la congregación Shearith Israel en Nueva York, que ostenta una alta tasa de matrimonios con otros grupos judíos, pero que de alguna manera permanece vibrante.

 

4.- El último y el grupo más difícil de definir está conformada por los descendientes de los conversos de España y Portugal, también conocidos como criptojudíos, marranos o benei anusim. Estos viven en toda América Latina, España, Portugal, Italia e incluso en las excolonias portuguesas de la India.

 

Estos individuos o familias han mantenido endogamia comprobada (de otra manera, es casi imposible declararlos halájicamente judíos), así como sus árboles genealógicos, las prácticas religiosas judías con o sin conocimiento de que lo son, y los testimonios de los antepasados. Todos estos componentes se llaman jazaká, que significa la «fuerza de la tradición», es decir, la memoria viviente. Estos elementos tienen un peso halájico muy poderoso, que generalmente es soslayado por las autoridades rabínicas cuando se relaciona a la población de conversos; aunque muy apreciadas cuando se trata de otros grupos judíos. ¿Me pregunto por qué?

 

Si no se acepta la jazaká personal, virtualmente ninguna comunidad judía –independientemente de su origen– podría aceptar las dinastías de los cohanim (sacerdotes), los leviím (los levitas) y los de la casa de David, cuya credibilidad recae en la tradición familiar.

En ausencia de estos elementos, el caso de la ascendencia conversa no sería posible de determinar. Es importante mencionar que el solo hecho de tener un apellido español o portugués no prueba nada, ya que un gran porcentaje de esos mismos apellidos los llevaron y los usan los gentiles.

 

Curiosamente, uno de los alegatos de Josh sobre su familia es el patrón endogámico, que significa el matrimonio entre primos o parientes en su familia. Él lo llama «elitismo». La endogamia fue una práctica muy común entre los sefardíes occidentales, y aún lo es entre los descendientes de los criptojudíos y entre los sirios. Lo que para unos es elitismo para otros es herencia, pedigrí.

 

Muchos lectores se sorprendieron con la afirmación de este artículo que decía que los judíos sirios, egipcios, libaneses, marroquíes, tunesinos, argelinos, libios y balcánicos son mezclas de sefardíes con judíos autóctonos: judíos magrebíes o bereberes en el norte de África, romaniotas y askenazíes en los Balcanes; y mustarabíes o mizrajíes en el Medio Oriente. Sin embargo, el ancestro sefardí perfectamente es verificable por expertos, académicos y por cada uno. Ellos saben quién        es sefardí.

 

Entre los judíos occidentales, estas mezclas también existen. En Holanda, Italia, Alemania, Francia y los Estados Unidos, las familias sefardíes se han entrelazado con las familias askenazíes locales.

Los judíos sirios de tiempos modernos se componen de tres grupos: mustarabim, sefaradim y franyis (término usado en Siria para llamar a los sefardíes de Italia, Francia e Inglaterra), lo que los hace un grupo muy especial y exclusivo, algunas veces muy criticado, mientras otros los admiran. El único paralelo norafricano son los judíos tunesinos que ostentan una composición similar de judíos autóctonos, sefardíes e italianos.

 

«Mi familia paterna desciende de la comunidad judía italiana de Estambul y de Salónica. Mi madre nació en Damasco, Siria,. Soy sefardí por ambos lados. Siento que este ciclo está llegando a su final. Se está cerrando después de 500 años de expulsiones e inquisiciones, y quién quita, quizá las comunidades sefardíes volverán a florecer en España y Portugal. Si esto es un asunto económico, pues que lo sea. Quiero abrir un negocio de modas en Barcelona». Mónica Martínez-Cohén Anzaroth, diseñadora de moda nacida y radicada en San Diego, California, EE UU.

 

Así pues, para desilusión de Josh, los judíos sirios AÚN SON sefardíes, mientras que los de Irak (con algunas pocas excepciones como la familia Sasson), de Persia, los yemenitas, los etíopes o y de Bujara no están incluidos en la ecuación sefardí.

 

Sorprendentemente, algunos judíos de la India pueden calificar como sefardíes dependiendo de su comunidad de origen. Los Bené Israel y los judíos negros y pardos de Cochín no son de origen español; pero los judíos «blancos» de Cochín, también conocidos como paradeshis, son sefardíes. Algunas familias entre los judíos bagdadíes, específicamente los de origen sirio y turco lo son también.

 

Cuando vivía en la India hace algunos años, me enteré de un rabino del siglo XIV, poeta y viajero, conocido simplemente como Nissim de Barcelona. En uno de sus poemas dice:

He viajado desde España,

He oído sobre la ciudad de Shingly

Tardé para ver a un rey de Israel

A él lo he visto con mis propios ojos.

 

Shingly es una ciudad en la región de Kerala, en la costa suroeste de la India.

 

«Yo quiero a Israel, es mi país, pero mis abuelos siempre hablaron de España, una tierra que nunca conocieron, con amor y nostalgia. Siempre decían: Israel es nuestra alma, España en nuestro corazón y la India en ambos. Los echo de menos. Creo que esta ley tiene el poder de cambiar la historia». Samy Hallegua, ingeniero jerosolimitano, cuyos cuatro abuelos eran paradeshíes (sefardíes) de Cochín, India.

Finalmente, entre los judíos askenazíes, como es el caso de Josh, el tener una gota de sangre sefardí, si se puede verificar, sería suficiente para calificar como españoles.

 

Todo es cuestión de pedigrí. De hecho somos comunidades basadas étnicamente con lazos culturales y emocionales con España y Portugal, Marruecos, Turquía, Grecia, Siria, entre otros.

 

Cuando el tío de Josh, su abuelo y bisabuelo eran presidentes de Shearith Israel,  la congregación judía más antigua de Estados Unidos, lo que lo conecta con la comunidad sefardí, nos consta el hecho de la falta de identidad sefardí de Josh en palabra y acción. Técnicamente hablando, Josh tiene el derecho de alegar sus ancestros y el bagaje ilustre de su familia sefardí; pero, la falta de entendimiento de su identidad es que no creció en una comunidad sefardí como lo hicieron otros miles de judíos y yo mismo. Se crió e una comunidad conservadora, askenazí por definición. Por supuesto, algunos podrán decir que el Jewish Theological Seminary of America (también conocido como JTS) fue fundado por los rabinos sefardíes Sabato di Morais y Henry Pereira Mendes, como una institución ortodoxa moderada. No obstante, la organización actual, alma mater del judaísmo conservador askenazí de EE UU, tomo un rumbo totalmente diferente con la conducción de Solomon Schechter, que eliminó todo influjo y filosofía sefardíes de esta academia rabínica.

 

Para Josh y su familia, ser sefardí significa pertenecer a Estados Unidos. Ese un enfoque muy personal que no es válido para todos. En nuestras mentes judeoespañolas es muy diferente. Para miles de sefardíes en todo el mundo, serlo significa ser español, pertenecer a España o, al menos, tener una cultura hispanoportuguesa, lengua, costumbres y una perspectiva de la religión judía y la interpretación de la Halajá, sin perder la habilidad innata de adaptarnos al entorno. A la vez, somos sefardíes y estadounidenses, o mexicanos o franceses o chinos y no tenemos problemas culturales ni de identidad.

 

Somos multilingües y multiculturales en un mundo judío que a veces se muestra unidimensional ante nosotros.

 

«Espero que esta vez, España y Portugal sean serios con esto. Si lo son, creo que ellos hallarán mucha gente interesada. Pero, les haría mucho bien hacer más por aprender sobre nuestra historia verdadera y celebrar esa historia, no solo repartir favores en un acto vacío de penitencia. Eso haría que todo el esfuerzo fuese más genuino». Eli Bilidirici, desarrollo de programas de computación de Brooklyn, Nueva York, cuyos padres son de Estambul.

 

SEFARDÍES PORTUGUESES: la prueba de ascendencia y la investigación genealógica

 

Como sabemos, es un requisito especial para la naturalización en Portugal de los descendientes judíos sefardíes de origen lusitano depende de la demostración de la tradición y pertenencia a una comunidad de esa misma procedencia. Ya que estamos hablando de situaciones cuyo origen se remonta a los siglos XV y XVI, surgirán naturalmente dificultades para probarlo, sobre todo para aquellas personas cuya tradición judía familiar se fue diluyendo a lo largo de los siglos subsiguientes.

Es necesario tener presente que no existe ningún requisito relacionado con la práctica del judaísmo por parte del interesado, y que basta apenas que este sea descendiente de judíos sefardíes portugueses, independientemente de su credo actual.

En consecuencia, el interesado tiene que probar su ascendencia sefardí portuguesa, de forma tal de cumplir con el requisito especial de naturalización, en lo que tiene el medio de prueba documental un evidente peso en el establecimiento de los lazos familiares pretéritos, no obstante no sea el único admitido.

Los pruebas que posea el interesado serán analizadas por una comunidad judía con estatuto de persona jurídica religiosa, radicada en Portugal, la cual emitirá un certificado que testifica la tradición de pertenencia a una comunidad sefardí de origen lusitana, patentada principalmente en el apellido del solicitante, en el idioma familiar, en la genealogía y en la memoria colectiva.

A falta de ese certificado, el interesado deberá adjuntar un documento legalizado, emitido por la comunidad a la que pertenezca, que dé fe del uso de expresiones en portugués en los ritos judíos o, como lengua hablada por él en el seno de esa comunidad, del ladino, y registros documentales, debidamente legalizados, que prueben los lazos familiares del interesado, por vía de descendencia directa o relación familiar en línea colateral del progenitor común a partir de la comunidad sefardí de origen lusitano (tales como registros de sinagogas y cementerios judíos, así como títulos de residencia, de propiedad, testamentos u otros).

La obtención de los medios de prueba depende frecuentemente de una investigación genealógica especializada, sin la cual mucho costará al interesado establecer la relación con la comunidad sefardí de origen portugués.

 

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