EL ANTISEMITISMO DE FRANCO: MI EXPERIENCIA PERSONAL, Por Aquiba Benarroch

Por Aquiba Benarroch

La figura de Franco no es fácil de definir. Y especialmente cuando se trata de conocer ciertos rasgos de su personalidad, como el antisemitismo durante su largo reinado, lo es más aun. Aunque durante su vida hizo numerosos discursos y propaganda contra los judíos, también se le atribuye algunos gestos filosemitas.

Yo he preferido exponer mi experiencia personal en cuanto los gestos y acciones antisemitas del dictador durante el tiempo que yo viví en España, en Melilla y el antiguo Marruecos español.

Recuerdo muy nítidamente el día en que se inició la rebelión contra la República que fue en Melilla la tarde del 17 de julio de 1936. Era un viernes, mi madre me había bañado y vestido para recibir el Shabat. Me fui a casa de unos tíos para jugar con mi primo, David Melul, para esperar la hora de ir a la sinagoga. Pero, a poco de llegar se presentó un empleado de mi padre que venía para llevarme a casa, pues se temía que esa tarde se produjeran disturbios.

En el camino de regreso tuvimos que detenernos al cruzar la calle principal, pues pasaba una gran hilera de camiones con milicianos republicanos armados cantando y dando vivas a la República. Al final llegué a mi casa y recuerdo que minutos después escuchamos la música de la Legión extranjera cuando desfilaba y enseguida comenzó el estruendo de disparos de ametralladora. La ocupación de Melilla por los rebeldes tardó algunos días, durante las cuales nos mantuvimos encerrados en la casa, alejados de los balcones, para evitar las balas que podían hacer impacto y pudieran herirnos.

Finalmente las fuerzas militares ocuparon Melilla. Pero, ya desde el primer momento se produjeron asesinatos y encarcelamientos de decenas o centenares quizás, de personas consideradas como leales a la República, o que pertenecían a algunos de los partidos políticos de izquierda. Entre los dos primeros meses, los esbirros de la Falange española asesinaron o fusilaron a catorce jóvenes judíos. Algunos murieron en los enfrentamientos callejeros; pero, la mayoría fue asesinada o fusilada. Entre estos jóvenes había dos empleados de la empresa de mi padre que yo recuerdo perfectamente, Abraham Benarroch y Mimón Levy.

El primero era un joven de diecinueve años que trabajaba como ayudante de contabilidad y el segundo, era un cortador de tejido en el taller. Durante un mes todas las mañanas se oía desfilar los militares que descendían de Rostrogordo después de haber procedido a fusilamientos. Mi padre y el jefe de la hermandad judía (jevrá kadishá) encargada de los asuntos funerarios recogían los cadáveres de los jóvenes israelitas fusilados y los enterraban en el cementerio de Melilla.

No hace falta decir que no hubo juicios de ningún tipo y en muchas ocasiones más que crímenes políticos se producían crímenes por venganza personal. No conozco el número de muertos en total en la población de Melilla; pero, no creo equivocarme si adelanto la cifra probable de dos o tres centenares.

El número de judíos en prisión fue también importante, aunque algunos fueron liberados y otros consiguieron huir a través de la frontera con Marruecos, con la complicidad de amigos árabes. Debo citar el caso del moré Alberto Moreno, que era el director de la enseñanza hebraica en el colegio comunitario de Melilla Talmud Torah. Fue encarcelado durante varios años, cuando lo liberaron había adquirido en la celda una enfermedad reumática que le anquilosó las articulaciones de la espalda y de las piernas. Después emigró a Venezuela, después de pasar por Tánger en donde también fue un gran maestro en las escuelas de la Alliance Israélite Universelle. Murió en Caracas a consecuencia de una operación que se intentó para mejorar su estado. Siento una especial emoción cuando recuerdo el caso del moré Moreno, pues él fue mi primer profesor de hebreo y de religión, y fue una víctima del franquismo.

Se produjeron durante varias semanas persecuciones y vejaciones a los judíos pobres que circulaban por las calles. La afición favorita de los fascistas de la Falange era agarrar a esos judíos, y los obligaban a beber un enorme vaso lleno de aceite ricino con migas de pan hasta que les hacía efecto y defecaban sobre ellos mismos. Otras veces les afeitaban la cabeza dejando cabello que formaba una cruz. El edificio del Talmud Torah fue expropiado por las autoridades y solo fue devuelto muchos años después.

Franco decretó una movilización general a partir de los dieciocho años de edad y muchos judíos de Melilla, Ceuta y del protectorado, con nacionalidad española, fueron movilizados y algunos enviados a los frentes de batalla.

Entre estos recuerdo que había dos primos míos, Carlos y Benjamín Benarroch, que estuvieron casi toda la guerra en el famoso frente del Ebro. Algo digno de citar es que el ejército de Franco citaba en la orden del día correspondiente a dos días antes del día del Perdón «que los soldados judíos que estuvieran en el frente, cuando llegara la víspera del Yom Kipur, deberían ser trasladados a la retaguardia para que pudieran ayunar y rezar y que se le diera una buena alimentación después del ayuno». Lo cierto es que esta decisión, que por lo visto ha debido ser algo estipulado en el ejército español mucho antes, fue respetado por el ejército de Franco. Por cierto que los judíos españoles, aun si tenían un comportamiento ejemplar, no podía llegar en el ejército más que al grado sargento. En las nuevas leyes franquistas se estipuló que para ser oficial del ejército había que ser católico, apostólico y romano. Yo conocí al señor León Wahnón, que fue el único caso que yo sepa que llegó a sargento.

Debido a esta obligatoriedad de ser católico para ser oficial del ejército, los judíos españoles que estudiaban en la Universidad no tenían derecho a ingresar en las milicias universitarias, de las cuales salían, después de dos años de curso durante las vacaciones, como alféreces. Y al finalizar la carrera ingresaban en el ejército durante seis meses con el grado de alférez. No nos quedaba otro remedio a los judíos españoles, fue mi caso personal, de solicitar una prórroga de incorporación hasta el final de la carrera.

Cuando las tropas de Franco ganaron la guerra y ocuparon en último lugar Barcelona y Madrid, ciudades en donde se concentraban algunas comunidades judías, en las dos capitales destruyeron y profanaron las dos sinagogas y centros comunitarios y todos los objetos de culto desaparecieron. En Madrid la sinagoga estaba cerca del Teatro Español, o sea en un lugar muy céntrico. En Barcelona estaba en la calle Balmes, esquina con Provença. También destruyeron el edificio y todos los objetos de culto desaparecieron. Se prohibió la existencia de comunidades judías organizadas así como la instalación de sinagogas. Aunque para ser sinceros también estaban prohibidos los templos protestantes. Tengo entendido que la personalidad más resaltante de la comunidad de Madrid era don Ignacio Bauer, que había sido consejero y amigo del destronado Alfonso XIII, y que al parecer fue detenido algunos días, aunque liberado después. Yo tuve la ocasión de conocerlo.

No fue sino hasta el año 1943, cuatro años después de finalizada la guerra, que el gobernador de Barcelona de la época, gracias a las relaciones amistosas que tenía un tío mío en el ambiente textil, lo que le permitió llegar hasta a él, autorizó la celebración de Rosh Hashaná y Kipur en un teatrito, el Escuela, en la calle Consejo de Ciento. Pero, hubo que esperar aun para que se autorizara la instalación de un templo, que se concedió a título personal a nombre de mi tío, don Fortunato Benarroch, «para que él se reuniera en un apartamento con amigos judíos a celebrar los rezos según la religión mosaica, con la condición de que no existiera ningún signo exterior que se identificara como sinagoga, y que no hicieran ruidos en sus cánticos». Era además la época de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de la autorización nos vimos sometidos en varias ocasiones a visitas de la policía e incluso una vez lanzaron un artefacto explosivo en el portal del edificio en donde estaba la sinagoga que causó algunos daños materiales.

Vale la pena detenerse en el período que viví personalmente en Barcelona durante la Segunda Guerra Mundial. Ya vivían en la capital catalana judíos alemanes, húngaros, italianos y polacos que habían salido de sus países al comenzar las persecuciones antisemitas y se habían instalado en España, además de algunas familias que ya vivían en Barcelona desde hacía varias generaciones.

Creo que mi tío llegó allí en los años 1919 o 1920. Todo el mundo sabe que a través de los Pirineos, en la frontera con Francia, muchos refugiados, en especial judíos, entraron clandestinamente en España, sin visado la mayoría de ellos, evidentemente para huir de los nazis. El gobierno de Franco organizó un campo cerca de la frontera en donde los internaban y tenían autorización para quedarse tres meses, hasta que consiguieran un visado para algún otro país.

Para ocuparse de estos refugiados, israelitas en su mayoría, existía en Barcelona una oficina del American Joint Distribution Committee, que estaba dirigida por un judío portugués, don Samuel Sequerra, y que estaba muy unida a los miembros de la comunidad, pues entre otras cosas había que conseguir albergue cuando Sequerra conseguía visados y sacaba del campo a los refugiados. Éramos un grupo de jóvenes, doce o catorce chicos y chicas que nos ocupábamos de estos refugiados durante su estancia en Barcelona, y nuestra misión era encontrarlos casas de miembros de nuestra comunidad donde albergarlos y entretenerlos durante su estada. Recuerdo que uno de los refugiados alemanes era un afamado director de orquesta de Berlín, con el cual organizamos un coro. Fue mi primera experiencia de cantar canciones judías que nos enseñó ese director los dos o tres meses que estuvo viviendo con nosotros.

La oficina del señor Sequerra fue varias veces atacada e incendiada por la Gestapo o los falangistas. Afortunadamente pudo seguir trabajando y supongo que el gobierno americano ha debido de tener acuerdos secretos con las autoridades españolas. También atentaron contra la vida del señor Sequerra en varias ocasiones.

Durante la Segunda Guerra mundial, sobre todo en los momentos iniciales en los que Alemania dominaba, Franco decidió ocupar la ciudad de Tánger. Mantuvo el estatuto internacional de la ciudad en su aspecto de libertades económicas, aunque anuló todas las instituciones que gobernaban la ciudad. Por primera vez se instaló un consulado alemán en el centro de la ciudad donde veíamos ondear a Benarroch está convencido de que el antisemitismo de Franco (en la gráfica) era de tipo conspiracionista. diario la cruz gamada. Los alemanes tenían interés en que se mantuviera esas libertades económicas, pues mediantes ella hacían operaciones con otras divisas y operaciones de sabotaje y espionaje. La resistencia francesa clandestina en Tánger, dirigida por una profesora de esa nacionalidad, madamme Many, se encargaba de reclutar a jóvenes, muchos de ellos judíos, a los que trasladaba a Gibraltar por submarino que se acercaban a la costa de Tánger para incorporarse a las fuerzas aliadas. En un momento dado fue muy importante esta salida de jóvenes. Inesperadamente, las autoridades españolss hicieron una redada y detuvieron a más de un centenar de jóvenes judíos que fueron trasladados a un campo de internamiento cerca de Tetuán. Yo diría que este acto fue quizás el más preocupante que vivimos. Tuvo una enorme repercusión internacional, aun en plena guerra, y durante un tiempo había mucho temor de que pudieran ser enviados a Alemania.

Nunca se supo exactamente lo que pasó. Probablemente se hizo por iniciativa del consulado alemán en Tánger. Lo que sí supimos es que muchas personalidades intervinieron, judías y gentiles, incluso una protesta diplomática del gobierno británico y americano, entre ellos mi padre que tenía una gran influencia sobre los militares españoles; pero, sobre todo, parece que fue importante la actitud el general español que comandaba en Tánger, el general Joaquín Ríos Capapé. Se supo que tenía una amante judía y parece que por medio de ella se consiguió su apoyo y ayudó a que fueran liberados estos jóvenes.

Franco respaldó sin restricciones a la Alemania nazi. La propaganda nazi y antijudía brillaba en toda la prensa y radio franquista. La Gestapo dominaba las comisarías de policía de las principales ciudades españolas y teníamos la certeza de que los alemanes conocían el número de judíos, con sus direcciones de España y de Marruecos. La Falange, en especial mientras fue ministro de Asuntos Exteriores el cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, dominaba todo lo que se relacionaba con la prensa y propaganda.

Solo se publicaban noticias procedentes de Berlín y la censura era extraordinaria. Franco dio discursos antisemitas notorios, más que nada porque él estaba obsesionado hasta la paranoia, con la idea de la existencia del complot judeo-masónico-marxista. Pero, sería deshonesto si no citáramos que Franco de alguna forma protegió a «sus» judíos de Marruecos y hasta cierto punto impidió que la Falange llevara a cabo alguna acción antisemita. Claro que esto confirma lo que dije al principio de la dificultad de conocer bien a personalidad de Franco, aunque los judíos sabemos bien que cada antisemita tiene su amigo judío a quien quiere y admira.

Para concluir, yo creo que Franco, que había sido educado en Galicia en escuelas y en medios muy religiosos, es muy posible que estuviera influenciado por esa educación religiosa judeófoba. Pero, es también cierto que Franco tuvo su primer destino en Melilla siendo teniente o capitán en 1912, y por primera vez en su vida él conoció a judíos de carne y hueso. Parece que estuvo muy impresionado al darse cuenta de que eran buenas personas y al parecer de alguna forma influyó en aliviar los prejuicios antisemitas religiosos. Estoy convencido de que Franco era un judeófobo que pudiéramos llamar conspiracionista, pues, como antes dijimos, él estaba convencido de la existencia de un complot judeo-masónicomarxista que pretendían dominar el mundo.

Por otro lado, Franco acudió a banqueros y empresarios judíos para que lo ayudaran al comienzo de su rebelión. Siempre se ha comentado que los bancos Salvador Hassán y Pariente, entidades financieras instaladas en Tánger, lo financiaron y ayudaron para su traslado desde Canarias, en donde era comandante en jefe, primero pata trasladarse a Casablanca y después hasta Tetuán, desde donde organizó el paso de las fuerzas a España.

Creo que no debo terminar este artículo sin hacer alguna referencia al comportamiento de Franco y su gobierno durante la Shoá. En un momento se había publicado un libro de un autor judío americano en el que alababa la conducta de Franco que había salvado a muchos judíos, sobre todo sefardíes, de morir en los campos nazis. Lo que hasta ahora sé, al menos, es que el salvamento de algunos centenares de judíos o quizás más, fue sobre todo debido a la acción y a la valentía de cónsules españoles que actuaron por su cuenta, y la mayoría de las veces incluso desobedeciendo las órdenes que recibían del ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid, en especial mientras fue ministro Serrano Suñer, que incluso castigó y expulsó a los diplomáticos españoles que habían dado visado y pasaporte a los judíos. Fue solo al final de la guerra, cuando ya era evidente la derrota de Alemania, que al parecer Franco intervino y se consiguió sacar un tren lleno judíos desde el mismo campo de concentración hasta la frontera española.

Creo que fueron ochocientos los judíos liberados. Es evidente que tanto Franco como su gobierno conocían la existencia de los campos de exterminio, aunque solo sea por la información que transmitían los diplomáticos hispanos.

Y como tantos otros políticos, gobiernos y naciones y el Papa incluido, todos ellos son por lo menos culpables por omisión.