DÖNME: los otros judíos secretos

Un nuevo libro explora la rica historia de los dönme de Turquía, judíos sefardíes que se convirtieron al Islam en el siglo XVII.

Muchos lectores interesados en la historia judía conocen algo de los marranos, los judíos españoles y portugueses forzados a convertirse al cristianismo en los siglos XIV y XV. En las últimas décadas, los historiadores han comenzado a observar la saga de estos no sólo como una tragedia ni como acto de heroísmo –por el hecho de que hayan sido obligados a cambiar de fe y de mantenerse fieles en secreto–, sino como un episodio primordial en la evolución del mundo moderno. Yirmayahu Yovel sostenía el año pasado en The Other Within: The Marranos, que estos «cristianos nuevos» fueron el primer gran grupo en la historia europea en ser efectivamente post-religioso: libres para definir el mundo y su significado por ellos mismos, en vez de aceptar los conceptos del judaísmo rabínico o del catolicismo medieval. Que Spinoza y Montaigne, esas mentes modernas escépticas, hayan sido ambos descendientes de conversos, y que el cristiano nuevo haya tenido un papel principal en la economía del Nuevo Mundo, son evidencia de que estos conversos judíos ayudaron a inventar el mundo secular en el que vivimos.

Muy poco se sabe, sin embargo, del último grupo de conversos, tardío y pequeño, que surgió en el imperio Otomano a finales del siglo XVII. Se trata de los seguidores del archihereje Sabbatai Zeví, quien se proclamó a sí mismo mesías y apoyó la abolición de las leyes judías y costumbres más importantes. A pesar de la naturaleza blasfema de sus propuestas –por ejemplo, declaró a Tishá Be’Av, el día nacional del duelo judío, como una fiesta para celebrar con alegría– Zeví atrajo a muchos seguidores en todo el mundo judío. Pero, en 1666, las autoridades otomanas lo arrestaron y le dieron a escoger entre convertirse al Islam o la muerte. Cuando decidió por lo primero, dejó atrás a miles de creyentes desilusionados. Glüclkel de Halmeln, el autor de una famosa autobiografía, comparó esta experiencia con estar preñado nueve meses, y en vez de parir, sólo se oyó soplar el viento.

No obstante, un grupo de sefardíes, muchos de ellos descendientes de conversos, no creyeron que la apostasía de Zeví le quitara validez a su misión. Por el contrario, ellos decidieron seguirlo y se convirtieron al Islam, mientras continuaban creyendo en su misión mesiánica y en sus mandamientos. Este grupo, compuesto por unas 300 familias, comenzaron a ser llamados dönme en turco –conversos– aunque ellos se hacían llamar a sí mismos ma’aaminim –creyentes– en hebreo. Cerca de 1680, los dönme se congregaban en Salónica, la ciudad de la Grecia otomana más cosmopolita y de mayoría judía. En los siguientes 250 años, llevaron una vida comunitaria independiente: practicando la endogamia, haciendo negocio entre ellos, manteniendo sus propios centros de oración, y practicando en secreto sus propias tradiciones.

Mesías, profetas y caudillos
En The Dönme: Jewish Converts, Muslim Revolutionaries, and Secular Turks (Los dönme: Judíos conversos, revolucionarios musulmanes y turcos seculares), el escritor David Baer produjo su primer acercamiento académico al grupo. Este trabajo consiste en una tesis limitada en sus alcances y se atiene a los archivos escritos, en lo que insiste Baer por una buena razón: mientras los conversos españoles ahora se ven como un fenómeno histórico interesante; y hasta está de moda proclamar el origen converso, Turquía sigue siendo parte de un mundo donde la imaginación antisemita corre libre.
Debido a que los dönme tuvieron un papel descollante en los momentos clave de la historia turca moderna, el mito de una quintacolumna judía secreta se ha convertido en algo muy poderoso. Tal como lo señala Baer en su introducción, hay varios bestsellers en Turquía que sostienen que gente como el actual primer ministro, el devoto musulmán Recep Tayyip Erdogan, y hasta Mustafá Kemal Atatürk, el idolatrado padre fundador de la Turquía moderna y laica, se cuentan como judíos secretos. «Los fantasmas judíos asaltan el imaginario popular turco», apunta Baer.

Esta situación convierte en una materia sensible el escribir sobre los dönme. De hecho, dice Baer, muchos de los descendientes de este grupo que dieron su testimonio para el libro le solicitaron no utilizar sus nombres en el texto. «Aunque muchos creen en las teorías conspiratorias sobre los dönme –escribe el autor– muy pocos conocen el carácter real y la historia del grupo». Su libro, quizás de forma deliberada, no realza mucho el perfil del dönme. No es por ser un libro académico, publicado por la universidad de Standford, sino que Baer dice muy poco sobre el origen de los dönme, o sobre sus prácticas y creencias religiosas, asuntos que a muchos lectores judíos les da curiosidad.

De hecho, Baer enfatiza en que los dönme, a diferencia de los marranos, no merecen realmente el título de criptojudíos. No son judíos que simulaban ser musulmanes, sino una secta por sí sola, cuyas creencias y praxis en realidad distan mucho del Islam y del judaísmo, ya que originalmente eran seguidores del sabataísmo, con lo que se separaron del pensamiento dominante de los sefardíes. Baer cita una opinión rabínica de 1765, que declaró: «No hay diferencia alguna entre ellos y los gentiles; al transgredir todo lo que está escrito en la Torá, siguiendo los dictados gentiles en cada asunto». Los dönme siguen el calendario musulmán y oran en las mezquitas, aunque ellos disientan en privado de alguna manera. Por ejemplo, aunque ayunen durante el día en el mes de Ramadán, tal como lo hacen los musulmanes, deliberadamente comen minutos antes de finalizar, para señalar su independencia.

Casta aparte
En gran parte, sin embargo, de su libro Baer dice muy poco sobre los orígenes de los dönme y sus creencias. Se enfoca, no obstante, en su historia a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en sus instituciones como las escuelas y negocios que están documentados oficialmente. Cuando emerge alguna práctica de los dönme en sus páginas, por ejemplo, la acusación de que celebraban con orgías ciertas fiestas religiosas, rápidamente Baer anota que tales desafueros sexuales siempre se achacan a los cismáticos religiosos, tanto en el mundo islámico como en el cristiano. Por ejemplo, la palabra española bujarrón (del it. buggerone, y este del lat. tardío bugerum). –homosexual– proviene de la creencia medieval de que los cátaros búlgaros practicaban la sodomía.

En manos de Baer, la historia de los dönme se vuelve, no obstante, un juego de moral moderna que se nos hace familiar: una historia de alienación por la presión de la igualdad. Durante siglos, los dönme vivieron en comunidad en Salónica sin interferencia del imperio Otomano, que los aceptaba como musulmanes y no se metía mucho en sus convicciones privadas. Esto comenzó a cambiar a finales del siglo XIX, cuando el sultanato corrupto y multiétnico comenzó a convertirse en un Estado moderno. Los dönme, que eran prominentes en la industria textil y tabacalera, apoyaron inicialmente de forma radical la reforma política. Baer analiza los artículos prorreformistas de los periódicos de los dönme, así como sus revistas literarias, y nota que las escuelas dönme de Salónica formaron a muchos de los más progresistas del imperio (Atatürk fue a una de esas instituciones, aunque las evidencias demuestran que no era de origen dönme).

Más importante aun, muchos dönme fueron líderes del Comité para la Unión y el Progreso, el partido revolucionario conocido como de los Jóvenes Turcos, que en 1908 forzaron al Sultán a establecer una constitución. Los dönme, así como los judíos y los masones, simpatizaban con el programa reformista y científico del CUP, aunque el autor señala que ese no era el partido de los dönme, algo así como los bolcheviques rusos, que aunque incluían a muchos israelitas, no era un partido judío. Sin embargo, muchos de los jóvenes turcos más conocidos eran dönme, incluyendo al editor del periódico del partido y el ministro de finanzas del primer gobierno del CUP.

Este papel predominante se da precisamente cuando la vieja comunidad dönme de Salónica acababa de ser desterrada. En 1912, la ciudad fue conquistada por Grecia, que cambió el nombre turco de Selanik a Tesalóniki, y expulsó a toda la población musulmana. Los dönme se vieron forzados a abandonar sus mezquitas y sus casas, y muchos se establecieron en Estambul. Entonces saltaron a la palestra pública como nunca antes, y fueron objeto de muchos periódicos y panfletos infamantes, que Baer examinó. En 1919, una publicación anónima los acusó de propiciar una degeneración biológica: «Los musulmanes que dan a sus hijas en matrimonio a estos, entre quienes la tuberculosis y los desórdenes neurológicos son comunes, son culpables de asesinato», advertía el libelo. Al mismo tiempo, se decía que los dönme estaban «siempre ocupados del comercio. Ya que éstos no consideran seres humanos a los demás, piensan como parte de sus leyes y virtudes piadosas en su religión hacer trampa a otras naciones con variadas intrigas y triquiñuelas».

También hubo discriminación
Es imposible obviar cuánto esa retórica antidönme se parece a la antisemita, tanto en lo que se refiere a los aspectos biológicos como económicos. Los dönme podían ya no ser judíos; pero, en el imaginario turco funcionaban como tales: eran cerrados, extranjeros poco fiables, que eran mucho más temibles que los propios judíos porque simulaban ser musulmanes. En los años veinte, cuando se fundó el moderno Estado turco sobre una base racial y nacional, los dönme se vieron discriminados. Un prominente periodista de este grupo incluso llegó a escribir: «Este problema tiene que ser finiquitado (para que los dönme)… quienes son turcos y musulmanes de verdad (puedan ser) apreciados por la opinión pública… y dispensados de la necesidad de llevar sobre la espalda un estigma social».

Pronto el «problema» fue solucionado por medio del matrimonio mixto y la asimilación. A mitades del siglo, los dönme comenzaron a desaparecer como una comunidad separada, y hoy, dice Baer, el viejo cementerio dönme de Estambul es «el único lugar donde se manifiesta la existencia de ellos como un grupo separado». Sin embargo, ellos se salvaron de un destino peor. Por musulmanes, los dönme fueron expulsados de Salónica en la década del diez, a pesar de sus protestas. Si se les hubiese permitido quedarse, habrían vivido la invasión de los nazis durante la II Guerra Mundial, y dada la definición racial que los nazis le daban al judaísmo, seguramente los habrían enviado a Auschwitz. En el terrible siglo XX, los dönme demuestran que no había un lugar seguro para aquellos que vivieran a los márgenes de la sociedad.

Tomado de Tablet. A new read on Jewish life.

http://www.tabletmag.com/arts-and-culture/books/23393/the-other-secret-jews/

Traducción: Néstor Luis Garrido.

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