Comunidad judía de Gran Canaria: ¿QUÉ HAY DE NUEVO Y DÓNDE?

Bat-Zion Susskind-Sacks

Su pequeña casa de oración, situada en una de las vías principales de Las Palmas, en la isla de Gran Canaria, no tiene ninguna identificación. Es parte de un edificio sencillo, como cualquier otro de la cuadra.

Su puñado de integrantes se reúnen silenciosamente y con cautela en Shabat y en otras ocasiones especiales para observar sus tradiciones y festividades. Aunque no están amenazados físicamente, esta gente vive bajo la sombra de la incertidumbre, un recuerdo pertinaz de una historia larga y mayormente dolorosa de su pueblo.

Esta es una realidad que enfrentan los judíos de Las Palmas, la comunidad más grande y mejor organizada de Gran Canaria, en el archipiélago del mismo nombre en el océano Atlántico al oeste de África. Me encontré con una pareja hace unas semanas y la historia que me contaron me dejó preocupada y consternada.

La mayor parte de los judíos de hoy en día de las islas Canarias son recién llagados, principalmente de Marruecos y de otros países de Noráfrica. Llegaron allí por razones mercantiles a principio de los sesenta, cuando terminaban la presencia francesa e italiana en esas naciones.

Sin embargo, los judíos no son nuevos en el archipiélago. La primera ola de inmigrantes de esa fe llegó a sus costas a finales del siglo XV. En su mayoría eran cristianos nuevos también conocidos como criptojudíos, quienes se vieron obligados a abandonar su identidad y adoptar el catolicismo, mientras se mantenían firmes y devotos al judaísmo durante la Inquisición en España y Portugal. Vinieron a estas islas remotas buscando un lugar seguro después de la expulsión en 1492.

La segunda ola de inmigrantes judíos a estas islas fue principalmente de judíos portugueses de clase alta, sobre todo en la primera mitad del siglo XVII. El tratado de paz entre España e Inglaterra, firmado en 1604, empujó el comercio de vino y azúcar de las islas y atrajo a muchos marranos lisboetas, y también de Burdeos y Ámsterdam. Este segundo grupo de inmigrantes pudo desafiar a los portugueses y españoles no solo manteniendo su judaísmo en secreto sino también casándose con cristianos viejos que terminaron convirtiéndose a la religión de Moisés. Más aún, muchos individuos que eran parte de los cristianos viejos buscaron distanciarse y liberarse del yugo de la Iglesia Católica convirtiéndose al judaísmo para unirse a esta colectividad.

Desafortunadamente para ellos, la Inquisición pronto llegó a las islas Canarias y allí duró tres siglos. Así sobrevino un final amargo a la vida judía en el archipiélago que perduró cien años hasta el arribo de los judíos de Noráfrica a mediados del siglo XX.

Los pocos integrantes de la comunidad judía que conocí en Las Palmas no conocen a ningún descendiente de los criptojudíos locales. Uno de ellos, no obstante, compartió con nosotros que su última esposa era una médica que acostumbraba visitar las localidades en el área remota de San Mateo y allí se percató de que algunos habitantes prendían velas cada noche de viernes. Nadie podía decirle por qué lo hacía.
La comunidad judía moderna de Las Palmas ni otras más pequeñas y menos institucionalizadas en el archipiélago guanche no están sufriendo ningún tipo de persecución como sí la padecieron sus antecesores. Sin embargo, están enfrentando retos nuevos y difíciles.

Uno de estos escollos es el creciente antisemitismo. El antiguo prejuicio de origen religioso aún se da entre algunos miembros de la iglesia Católica. Lamentablemente, en años recientes, algunos judíos de la comunidad, así como los de otras partes del mundo, están siendo objeto de antisemitismo político, un subproducto del conflicto arabeisraelí y los esfuerzos de adoctrinamiento de su bien aceitada maquinaria propagandística. No es difícil hallar habitantes de las islas que, al preguntársele qué es un judío, responda: «Es uno de esos asesinos de niños palestinos…» No sorprende, por lo tanto, que muchos se sientan inseguros y con incertidumbre.

Últimamente, como en muchas comunidades del mundo judío, los números también están decayendo debido a la emigración y la asimilación. Su rabino inspirador y brillante tiene 94 años y no hay nadie que lo reemplace y asegure la continuidad de la comunidad.

Se sumará Gran Canaria a la lista creciente de localidades que alguna vez tuvieron una comunidad judía? Solo el tiempo lo dirá.