CEUTA ayudó a judíos a salir de Marruecos

Francisco Javier García González

La solidaridad de la ciudad de Ceuta ha quedado demostrada en numerosas ocasiones y es bien conocida, pero hay un episodio que apenas trascendió incluso para los propios ceutíes, que duró desde los años 1957 hasta 1961. Hoy en día Ceuta sigue en el recuerdo agradecido de cientos de judíos.

Gracias a Isser Harel, judío de origen ruso y antiguo jefe del Shin Beth y del Mossad, los dos principales servicios secretos israelíes, hoy en día conocemos los detalles de esta historia que describe en un capítulo de su libro «Seguridad y democracia».

En 1955, la independencia de Marruecos estaba en puertas y su población judía que andaba por las 200 mil personas, temían revueltas antisionistas tras la retirada de las autoridades francesas y españolas.

Solamente las elites y una parte de la burguesía y de los intelectuales judíos habían podido abandonar el país vía Francia, o estaban a punto de hacerlo para esa fecha. Sin embargo, la gran masa del pueblo, los artesanos, comerciantes, vendedores ambulantes y agricultores judíos, permanecían en el país, desorientados, pero con una idea clara: partir hacia Sion y reunirse con los miles de judíos marroquíes que ya vivían en Israel.

Harel cuenta cómo en 1955, agentes israelíes enviados por él, llegan ilegalmente a Marruecos con pasaportes falsos. Toman contacto con las comunidades judías residentes en el país, desde las principales ciudades como Rabat, Marraquech o Fez, hasta las montañas del Atlas. En aquel momento, el objetivo de aquellos agentes preparados especialmente para la misión, era formar grupos de autodefensa entre la población judía local, una especie de haganá o ejército israelí en el exilio.

Durante todo el tiempo que se mantuvo el poder francés y español, los judíos podían emigrar libremente hacía Israel; pero, con la independencia no solo se hacía difícil, sino imposible. El nuevo rey de Marruecos Mohamed V temía que el exilio en masa de los judíos hiciera caer la economía del recién creado Estado, y cada judío pasó a ser sospechoso de querer partir para Israel.

El informe de Harel fue examinado por un comité de dirigentes como Ben Gurión, Golda Meir y el doctor Nahum Goldmann, este último entonces presidente de la Organización Sionista Mundial. Ben Gurión y Golda Meir la apoyaron en contra de Goldmann que no estaba a favo
De golpe, los agentes israelíes establecidos en Marruecos recibieron una nueva misión: hacer salir clandestinamente el máximo número posible de judíos marroquíes. A finales de 1956 se comenzaron a fabricar falsos pasaportes marroquíes y organizar la nueva diáspora. En medio de la noche era frecuente que se despertara por sorpresa a los habitantes judíos de todo un pueblo para salir en cuestión de horas, en muchas ocasiones abandonando sus casas y negocios, llevando consigo solamente el equipaje mínimo para subsistir. En otras ocasiones emprendiendo un camino de varios centenares de kilómetros llevando consigo bebés y ancianos.

Pero ¿cómo hacerlo si Marruecos no tenía frontera con Israel? Y he aquí donde entra en este difícil entramado la ciudad de Ceuta, que junto con Melilla, eran las tierras no árabes más próximas, y fue hacia ellas donde comenzaron a dirigirse los primeros grupos de judíos.
Harel describe la llegada de los judíos a Ceuta de la siguiente forma: «Nunca nos reunimos con ningún funcionario español, un gobernador civil u otro representante del poder de Franco. Como no teníamos mucha elección, hicimos atravesar a los judíos la frontera y esperar que hubiera suerte; pero, he aquí que para nuestro alivio y sorpresa, los policías y aduaneros españoles nos dejaron actuar sin problemas. La acogida en Ceuta donde habíamos preparado centros de alojamiento era a veces incluso calurosa (…) Tras una o dos noches en la ciudad, los judíos partían hacía Algeciras para embarcar de nuevo en Gibraltar o Marsella rumbo hacía Haifa en Israel. El hecho es que los españoles acogieron a los refugiados judíos espontáneamente, sin problemas y sin consultar previamente a sus jefes jerárquicos en Madrid. Fue impresionante, emocionante».

Varios fueron los factores que confluyeron para poder comprender la pasividad de las autoridades. Por un lado, los españoles no tenían demasiadas simpatías por un Marruecos que les disputaba lo que quedaba de las posesiones españolas en África del Norte. Además, al régimen de Franco, aunque aliado de Hitler, no le complacían las violentas persecuciones antijudías. España dio refugio a numerosas familias que huían del infierno nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Incluso había ido más lejos: Madrid había autorizado a los cónsules españoles en Europa oriental y central a conceder pasaportes españoles a los judíos cuyos apellidos tuviesen una identidad histórica española, como Toledano, Bejarano, Castro, … lo que salvó a cientos de judíos.

En esta etapa de la emigración de los judíos marroquíes, no hay que olvidar el episodio del barco de bandera hondureña “Pisces”, que había zarpado de Melilla con 42 judíos rumbo a Gibraltar. En la madrugada del día 11 de enero de 1961, naufragó frente a las costas de Alhucemas a consecuencia del temporal reinante o quizás de un sabotaje político. Solo se salvaron tres personas, el capitán y dos tripulantes, todos ellos de nacionalidad española.

Marruecos acusó a España por permitir que se utilizara a Ceuta y Melilla como centros de conspiración sionista para la huida de connacionales judíos marroquíes a Israel, sin pasaporte marroquí y sin la aprobación de las autoridades marroquíes.

Harel finaliza de esta forma su testimonio: «Desde finales de 1961 a marzo de 1963, pudimos encaminar hacia Israel unos 76 mil judíos que con los 25 mil llegados entre 1957 y 1961 hace un total de alrededor de 100 mil. La operación que había recibido el nombre codificado «Yakhin», fue coronada por el éxito. En gran parte gracias a la buena voluntad, los sentimientos humanitarios de los españoles de Ceuta y de Melilla, pese a que Israel no tenía relaciones diplomáticas con España; pero, los españoles tenían corazón».

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