Breve visión de la vida religiosa judía de CORO DURANTE EL SIGLO XIX

Miguel Peña Samuel

Especial para Maguén – Escudo
La ciudad de Coro arriba a sus 487 años de fundada y una parte de esa historia está muy vinculada a la vida de la comunidad judía venezolana, la cual encontró entre sus solariegas casonas el espacio ideal para establecerse desde el segundo cuarto del siglo XIX.

Una breve revisión de aspectos relevantes del acontecer de la pujante comunidad judía establecida en la capital del estado Falcón a mediados del siglo XIX, fue el temario del ciclo de conferencias titulado «Vida religiosa judía en Coro», organizado por la Asociación Israelita de Venezuela mediante el Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, en la sede de la biblioteca de la Fundación Herrera Luque, ubicada en la plaza de Los Palos Grandes.

Un total de tres conferencias conformaron este ciclo, que contó con la participación de la antropóloga Blanca de Lima, el arquitecto Alberto Moryusef y el arqueólogo Carlos Alberto Martín, quienes compartieron con los asistentes los resultados de las investigaciones que cada uno ha realizado sobre la instalación y desarrollo de esta comunidad que se conformó básicamente por judíos sefardíes provenientes de la vecina isla de Curazao.
Más que un cementerio judío
La primera de las conferencias se tituló «Una historia de casi doscientos años: cementerio judío de Coro» y estuvo a cargo de la doctora Blanca de Lima, miembro del Centro de Investigaciones Históricas Pedro Manuel Arcaya de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda de la Ciudad de Coro (Unefm).

El cementerio judío de Coro abre las puertas a la historia de la pequeña comunidad judía sefardí que hubo en esa ciudad, formada por emigrados de la isla de Curazao, quienes se residenciaron allí y sus alrededores desde la tercera década del siglo XIX.

Este cementerio es rico en aportes artísticos e históricos, además de dejar ver el cambio cultural y desaparición de esta comunidad por medio de la expresión funeraria. Posee 178 tumbas, algunas con evidencia documentada de exhumación. Presenta elementos iconográficos que remiten a los gustos de la segunda mitad del siglo XIX; una temática heterogénea, no asociada estrictamente a representaciones religiosas. Se encuentran motivos alegóricos como alas, relojes de arena, ánforas y columnas; motivos arquitectónicos de evocación neogótica, figuras extraídas del romanticismo, figuras angelicales y de niños acompañados de elementos naturales como rocas, flores y otros motivos vegetales.

Al adentrarse en su estudio se advierten cambios de estilos funerarios que expresan la historia social, económica, cultural y religiosa de los sefarditas corianos. Allí reposan personajes sin los cuales no se puede comprender la región falconiana en los siglos XIX y XX, pues sus aportes en distintas áreas fueron fundamentales: médicos, comerciantes, industriales, literatos, políticos, abogados, mecenas del arte. Mujeres y hombres que marcaron rumbos para la región geohistórica integrada por el eje Coro-Curazao.

El cementerio judío de Coro es uno de los más antiguos en tierra firme del continente americano aún activo. El 5 de diciembre de 2003 fue declarado patrimonio cultural del Municipio Miranda, y el 20 de julio de 2004 monumento histórico regional del Estado Falcón. Su reconocimiento como patrimonio municipal y regional es un primer paso en el rescate de un lugar con una particular y compleja trama de valores, único para el estudio de la arquitectura funeraria venezolana, la historia regional falconiana y la historia del judaísmo en Venezuela.

La sala de oración de los judíos de Coro: Reseña de un rescate.
La conferencia del arquitecto Alberto Moryusef estuvo centrada en la casa Manzano Campusano o casa Senior, como actualmente se le conoce, una edificación que al pasar a manos de David Abraham Senior en 1846 tuvo uso residencial, comercial y religioso.

Esta casa de una sola planta, ubicada en el paseo Talavera, sigue el esquema de las casas tradicionales del período colonial con su patio, corredores y zaguán. La sala de oración que allí funcionó ocupaba un salón de solemnes proporciones del ala derecha de la casa: planta rectangular, de casi diecisiete metros de largo por seis de ancho y con más de cinco metros de altura hacia el centro. El techo y las paredes encalados de blanco, las ventanas y la puerta pintadas de verde y el piso de rojo ladrillo.

A mediados de 1996 el Centro de Estudios Sefardíes de Caracas recibió la solicitud de elaborar el proyecto de ambientación de la sala y velar por su concreción, con la finalidad de recrear los espacios y servir como museo histórico de la antigua comunidad judía.

Se optó por diseñar un mobiliario sobrio, meramente indicativo, inspirado en el de la sinagoga Mikve Israel de Curazao, tanto en diseño como en materiales y color. La disposición del mobiliario en la sala se hizo de acuerdo con la tradición. En un extremo contra la pared se colocó el ejal o arón hakódesh. Frente a él, en el centro de la sala se ubicó la tebá y detrás de esta las sillas de los que pudieron haber ejercido como oficiantes. Los bancos que pudieron haber usado los caballeros se dispusieron a lo largo de la sala mientras el de las damas se colocó al fondo, enmarcado por sencillas barandas, marcando la separación entre hombres y mujeres tal como establece la ortodoxia judía.

El piso se cubrió con arena, en este caso de los médanos, otro guiño a la sinagoga de Curazao. En una de las paredes se colocó una frase bíblica en hebreo y en castellano, que suele verse en algunas sinagogas: «Que sea esto escrito para generaciones venideras y que sirva de recuerdo para los hijos de los hijos, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» Isaías 56:7

La Mikve de la Casa Senior
La tercera y última conferencia estuvo a cargo del arqueólogo Carlos Alberto Martín La Riva, coordinador académico de la escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, quien presentó los hallazgos realizados durante unas excavaciones en la casa Senior de lo que pareciera ser una mikvé o baño ritual.
Las fuertes lluvias que cayeron sobre la ciudad de Coro en el año 2010 debilitaron la estructura del inmueble y generaron que se desplomara el techo de la sala de oraciones. Al iniciarse los trabajos de restauración, encomendados por el ministerio de Cultura, con el apoyo de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (Unefm), la escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela y la oficina de Planificación y Diseño para las Áreas Patrimoniales de Coro y La Vela (Opedad), Martín La Riva se percató de un piso con una superficie que llamó su atención y al excavar se topó con unos escalones que conducían a una especie de depósito de agua, que contaba con un triple piso en el fondo y un acabado muy particular.

Dicho hallazgo se realizó en una habitación del lado contrario de donde funcionaba la sala de oración y que además estaba ubicada a escasos metros de un aljibe en donde se recogía el agua de lluvia.

Tras consultar al Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, surgió la hipótesis de que se tratara de una mikve o espacio ritual en donde las mujeres realizaban la tevilá para cumplir con los preceptos de la pureza familiar, en especial antes del matrimonio. La tradición impone que dichos baños rituales debían hacerse con agua de manantial o de lluvia, por lo que la cercanía del aljibe aporta suficiente información al respecto.

Se espera solo la certificación rabínica solicitada al Centro de Estudios Sefardíes de Caracas para afirmar que en realidad se trata de una mikve y poder agregar una pieza más al complejo rompecabezas que conforma la historia de esta comunidad judía que marcó la historia de la región y el país, ya que de comprobarse se podría hablar del establecimiento de una comunidad con una tradición judía ortodoxa, al menos al principio, por la presencia de los tres elementos con las que estas se consideran establecidas: el cementerio, la sinagoga y la mikve.