N.164 Julio – Semptiembre 2012 Tamuz – Elul 5772

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Las palabras

Como religión abstracta que es, el judaísmo tiene su centro gravitacional en la palabra: no solo porque por medio de ella Di-os creó el Mundo, sino que mediante ellas el hombre se comunica con Él. En todo caso, las palabras tienen un carácter transformador en la vida judía: se considera que hay palabras que crean y hay otras que destruyen; unas que bendicen y otras que maldicen; unas que generan la paz y otras, la guerra.

En estos momentos que nos toca vivir en Venezuela y el Mundo, las palabras que pronunciamos y sobre todo las que escribimos —ya en papel, ya, y sobre todo, en el mundo cibernético— son responsables de contaminar o de descontaminar el entorno enrarecido de un mundo susceptible al insulto, la mentira, la manipulación, la descalificación, el odio y la maledicencia. Los medios de comunicación sirven de cajas de resonancias de estos discursos corrompidos y corruptores que nos han hecho olvidar la cortesía como estándar de intervención en el ámbito público, y con ella algunos valores como el respeto y la decencia, esenciales para que la paz se respire día a día.

Los judíos sabemos que las palabras no son inocentes: cuando nuestros padres nos advertían de no hacer del lashón hará nuestra forma natural de expresión, más allá de los planteamientos supersticiosos de algunos, nos lo decían por la necesidad de construir un mundo libre de malos sentimientos, que ellos llamaban «ángeles malvados». Ahora vemos con claridad cuánto daño hace un discurso, sobre todo si es público, lleno de improperios. De alguna manera, cada maldición lanzada al voleo crea odio y división, y abre las puertas para que el mal y la guerra entren a sus anchas. Así sucedió en la Alemania nazi, donde el verbo desmesurado de su líder llevó a la locura a una parte de la población que se lanzó en contra de nuestros correligionarios europeos hasta lograr prácticamente su desaparición.

Más recientemente, en Ruanda pasó algo similar, donde desde las alturas del poder se incitaba a una parte de la población a ir contra otra, con el supuesto de que se trataba de «cucarachas» que debían ser exterminadas. En la batalla verbal, los ciudadanos conscientes de que la malas lenguas pueden provocar tragedias, deben dar el primer paso en la construcción de la paz y moderar el lenguaje para no insultar ni devolver el insulto al prójimo, de forma tal de neutralizar el odio que estas palabras conllevan.

El Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, uno de los órganos culturales de la Asociación Israelita de Venezuela, con estas palabras quiere hacer un llamado a nuestros conciudadanos para que cultiven la paz, la convivencia pacífica, la tolerancia, el respeto y la democracia mediante el buen decir, a utilizar la lengua en función del progreso de los seres humanos y no para su degradación, y con estas palabras les deseamos un año 5773 de armonía y muchas buenas cosas para decir.

Índice
Jesús “Chúo” Torrealba recibe Premio Moisés Sananes
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Museo Sefardí inauguró exposición titulada Presencia judía en el arte venezolano
Asociación Internacional de Críticos de Arte premia al Museo Sefardí de Caracas
Elaboran dulces kasher en la AIV para eventos religiosos
Un Nobel para SERGE HAROCHE
Tesoro de Preceptos donde se encierran Las joyas de los Seys cientos y treze Preceptos que encomendó el Señor a su Pueblo Israel
La Nación imaginaria de los escritores judíos latinoamericanos –II parte-
¿Quién fue David Curiel?
La Pascua de SUCCOT en Israel
La judería o mellah de Tetuán
Justicia para el restaurador de la comunidad judía de Portugal
No so komo las de agora: las cantigas judeoespañolas en el siglo XXI

 

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