N.160 Julio – Septiembre 2011 Tamuz – Elul 5771

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El profesor de judeoespañol de la Universidad Ben Gurión y rabino de origen bosniaco Eliézer Papo, en una conferencia ofrecida en el Instituto Cervantes de Sofía a los asistentes a la I Cumbre de la Plataforma Erensya, organizada por la Casa Sefarad-Israel de España y el Centro Shalom de Bulgaria, al referirse al futuro del ladino contó una anécdota: recién llegado a Israel se hizo amigo de un rabino alepino, con el que fue a una de esas reuniones sobre el dialecto judío del idioma de Cervantes. Al salir su colega sirio le dijo: «nosotros nunca hablamos el judeoárabe, ni cantamos canciones en ese idioma, ni nos importa si se habla, si se cuenta, si hay una tradición así o asado; pero, ustedes los sefardíes organizan conferencias, hablan de sus canciones, se pelean por si un dicho es de esta u otra manera, que si en casa se comía esto o aquello, que si una palabra se usa de esta u otra forma, y al final de la jornada, se sientan a llorar porque el judeoespañol ya no se habla más».

Con este cuento, Papo no hace sino retratar el estado actual de la lengua ancestral de los judíos expulsos de España (ya sea yudezmo o jaquetía) y su futuro. Si bien hay un tono optimista en las palabras del joven rabino, también se nota que el porvenir de la lengua quedará limitada a la curiosidad de estudiosos y académicos, y que su valor como medio de comunicación, ya sea en el seno de la casa, o en el campo más abierto de la literatura o las artes escénicas, tiene sus días contados. La pregunta es la siguiente: ¿nos sentamos o no a llorar por la muerte del judeoespañol? Si nos propusiéramos hacer un número de Maguén-Escudo escrito todo en jaquetía, ¿sería comprendido por nuestros lectores? ¿Habrá suficientes artículos para llenar sus 72 páginas? ¿Empezaría la gente a «adrear» en sus casas relegando el español moderno? Y por otro lado, ¿está llamada nuestra generación a recitar el kadish por un bien cultural como este? La respuesta es incierta y quizá debamos decirla en ladino: está hazina ama ainda no está muerta.

En Plovdiv (la antigua Filibé o Filipópolis en Bulgaria) un grupo de mujeres y hombres de edad avanzada fundaron el Klubo del Ladino, y de esta maneramantienen viva la tradición en una comunidad que hoy cuenta con 450 inscritos de los cuales solo 46 judíos, según palabras de la tante Sophie Danon. El pueblo judío sabe resucitar idiomas: con la ayuda de Ben Yehuda rescató el hebreo de las cuatro paredes de las sinagogas y lo hizo una lengua vibrante y moderna, con la que Israel edita tratados de nanorrobótica. Es cuestión de propósito y de acción. Por lo tanto, ¡No hay que sentarse a llorar a las orillas de los ríos de Babilonia, sino trabajar! Buena anyada tengan todos.

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